Archivo por meses: agosto 2008

Encuentros

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Marcar el número no me fue más difícil aún que hablarle, sí, hablarle… marcar los números, recordar ese cero-cincuentaicuatro… escuché su risa particular no sé cuantas veces, y por dentro la adrenalina me corría a golpes como si se tratara de correr hasta llegar al final, no importando el lugar. En ése momento tuve ráfagas de felicidad, de futuros, de nubes y palabras (dichas y por decir). Es curioso, me alegré tanto que extrañé saber de mí misma. Cuando colgué el teléfono caminé unos pasos encabritados, riendo, sonriendo, cogiendo mi cabello de atrás a adelante, mi cuerpo se balanceaba al ritmo de esas sensaciones nuevas. Pasaron esos seis minutos, quizás cinco, quizás diez. Pronto seguí pensando. ¿Qué tal si había sido él y yo había equivocado el rumbo?

En fin, tan llena de libros, llena de recuerdos de esos primeros meses del año, viendo los que seguirán, con fastidios diversos y alegrías múltiples tengo una seudo cita en unas semanas, un café que con suerte podrá ser té chai en algún lugar público y ventilado, si tengo suerte podría ser cerca al mar, mirando no exactamente la tarde caer sino el tufillo de mar poblando mis mejillas de sal y las manos de frío.

ps. es curioso, yo seguía con la voz sonando a vergüenza y el sólo dijo “entre amigos..” y algo más, pero me complacía escucharlo lejano como ese enero (literalmente).

marzo

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Algo simple (2)

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Sí, P. fue hoy una de esas pequeñísimas alegrías en una tarde peculiar. No lo vi, no me vio, no nos vimos.. pero un no-se-qué a travesura me pobló el ánimo llenándome de curiosidad… extrañaba su sonrisa… quizás su “jetita” escondida en ésa mirada que hoy en que en Lima llueve (llueve?), recuerdo con mucho cariño…

ps. bueno, yo sí creo que él me vio… Sigue leyendo

Todo (pero menos viernes)

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Me he sentado circunspecta frente a la máquina sin hacer demasiado. He cumplido obligaciones. He recibido saludos. He correspondido a los mismos. Extrañezas: discusiones y temperamentos insoportables. Tuve un encuentro tan agrio con alguien que el benéplacito que me había invadido de ver tantos libros en la feria, sucumbió a mis ánimos. Nueve de la noche aquel día, emociones diversas, palabras, gestos, ecos silenciosos y decisiones apresuradas. A la mañana siguiente tenía dolores diversos en el cuerpo. Pero ninguno como el del día anterior, dolor que creció durante el domingo y se hizo vivo. Sólo he tenido una vieja aliada durante todos esos días con sus noches. Y conforme las horas pasan, no fumo (no lo hago), no bebo (no lo hago), no duermo como antes… la comida llega a tientas a mi estómago. Tengo un sensación de vértigo. De malestar. De ofensa. De hastío y de lástima…

Janis

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