Archivo por meses: julio 2008

Busco a Arim A.

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Arim,

Escribiéndote éstas líneas tengo la vaga (pero enorme) esperanza de encontrarte. ¿Dónde estás? fue tan fugaz el conocerte pero eterno y lindo. El día en que te vi por primera vez me sentí impresionada físicamente por ti. Si hubiésemos tenido mas tiempo quizás hubiera podido acercarte un par de minutos de mi vida, quizás te hubiera escuchado hablar más de Arequipa (ciudad de la que vivo enamorada, aunque como limeña debería odiarla no? jaja). fuiste quien vio mis fotos en las pampas y reconociste inmediatamente donde había estado. ¿Cómo podría no querer conversar contigo más de la cuenta? Han pasado meses Arim, meses y he querido volver a verte en un no-se-qué mezclado de simpatía y curiosidad. Podemos pasar tardes conversando y no cansarnos eh? Podría ser un día cualquiera y podría ser tu mirada la que me lleve a pensar que era lo que estaba detrás de ti, de tu cumpleaños aquel marzo en que pusiste en mis manos ese regalo tan simple y tan bonito. ¿Recuerdas? Yo sólo escuché que alguien muy rápido dijo alguien te busca y cuando te vi no hice más que sonreir. Me sorprendí al verte (y encima tan elegante!) y bajo esa barbita pelirroja no hice más que escuchar tu voz profunda e inconfundible. Estaba nerviosa, tenía sólo unos minutos, y estaba tan confundida. Hasta ahora no sé cómo descubriste cuándo era mi cumpleaños, y recuerdo la inscripción en el Cd que pusiste con tu letra: “……” (no puedo mencionarlo! es personal y bonito!). Sé que quizás sea un intento inútil, que ya nunca más te veré, y entonces veré frustradas todas las veces en que pregunté a todas esas personas por ti. Quizás sólo querías ser amable. Bueno, lo fuiste. Pero, si lees ésto, donde quiera que estés, quiero que sepas que quiero verte, no sé donde, no sé cuando sólo escríbeme, tú, Arim A., que un día se sentó a mi lado y me dijo que era una mujer con inteligencia emocional (acaso fue un piropo? jaja), tú chico bonito, especial, interesante, quien quisiera fuese mi amigo, quisieras acaso acompañarme al ballet los domingos y los sábados después del teatro podemos tomar un té chai en Starbucks (único lugar dónde los hacen!)? Si quieres lo pedimos y nos vamos a la orilla del mar en Miraflores, yo te puedo contar algo de Ribeyro, compartirte unas frasecitas en portugués, te puedo dar un apretón de manos y un beso de hasta luego, como el que te envío ahora, sin saber dónde estás….

ps. oh, he perdido ya toda la vergüenza…

ribeyro

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Noche

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Tan fuerte la noche y por entre los rostros diversos, la luna se iba haciendo gigante, enorme, blanca, inmensa.. yo? estaba a no pocos pasos de ver después de mucho tiempo a J. y la sóla idea, me encrispaba la piel. Habían transcurrido días largos, llenos (algunos) de recuerdos, de palabras, de gestos y a veces, de desazón. ¿Qué nos diríamos? – entonces fue que decidí ir a verlo no importando mucho el qué decir sino el cómo decirlo. Es cierto que lo había extrañado, quizás como se extrañan esas cosas imperceptibles pero propias. En ese mundo que teníamos juntos no siempre todo fue rosa, pero tampoco gris. Habíamos tenido esos días que apenas uno se puede arrancar de la mente. Este, probablemente, sería uno de ellos.

Cuando divisé las luces de su auto, escuché su acostumbrado tuuun y avancé despacio. Me acerqué a la puerta y él miraba de lado. Pensé vaya, son ya varios meses, asomé mi rostro y con una señal algo extraña, le pregunté si podía abrir la puerta. Asintió. Entré al carro como siempre, de lado. El olor a su perfume invadía todo, hasta mis memorias, aquellas que recordaban lo mucho que él había hecho y dicho y lo mucho que durante éste tiempo él había dejado en mí. Sonreí. Me provocó procurarle un fuerte abrazo y no fue hasta que terminada la conversación, después de diálogos cortos, lo hice. Éste es un abrazo atrasado de cumpleaños– le dije. Sonrió. Miraba a mis ojos, yo a los suyos y después de un beso angustiante, prorrumpí.

– Mira la luna, mírala J., la ves?
– ¿Dónde? (mirando a todas partes), ah, claro, que bonita…
– (silencio..) Sabes? me gustaría quedarme un rato más aquí…
– A mí también pequeña..

Lo despedí con un beso fuerte, sin comprender enteramente que había sucedido. Y mientras todo regresaba a su lugar, mientras las luces de la calle corrían como flechas llenando todos los espacios, mientras la luna se alejaba más y más, reconocí el perfume de J. en mí. Ese olor peculiar me acompañó toda la noche, incluso en mi regreso a casa. Comprendí entonces que era un sueño, que no necesitaba describir lo que mi sangre ya sentía… J. estaba quizás de regreso , pero aún no sabía por cuánto tiempo más..

playa

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viaje

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Cuando entré a aquella casa un frío me recorrió el cuerpo entero. Habíamos llegado mi cuñada y yo a ese recinto cubierto de azules por sus cuatro costados. Sin embargo cuando entré mi mente se puso a vagar sin rumbo, reconociendo las grietas en la pared como marcas de un pasado ajeno a mi sangre. El primer saloncito sólo tenía algunos cuadros pero en cada esquina se respiraba algo lúgubre. Se sentía tristeza, gritos, alegrías, lágrimas… la gente ensimismada en pasear por los corredores y a pesar de ser una casa pequeña, el paseo corto me hizo tomar mas tiempo del esperando escudriñando en cartas y relatos que uno al otro se prodigaban en esa distancia llena de libros, pinturas, retratos, plantas, dolor, engaño, pasión y amor. Para cuando salíamos, la lluvia había comenzado fuerte. Se podía oir el chasquido del agua contra las paredes de piedra. Todo se torno silencio y espera. Nos tomamos un par de fotos y salimos luego, yo con el sabor de ese sepia enclaustrado en mi garganta cuando pude ver la cama que había recibido su cuerpo tantas veces. Entonces no evité sentir una pena ajena y en silencio.. luego carraspeé confundida y dejé el tiempo correr, faltaban sólo dos semanas para regresar a casa…

casafrida Sigue leyendo

Restricciones

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Dia tercero aún. Ojalá fueran treinta y no tres los días transcurridos. Un dolor mudo apareció por entre mis costillas pero he decidido no hacerle caso, pues probablemente así desaparezca más rápido. He tosido repetidas veces y sin mucha fuerza, pero gracias a alguna de esas mágicas inspiraciones, pude ver el día clarear hoy. Como ya dije, día tercero, y ojalá fueran ya más días porque ese breve dolor en las costillas me hace recordar la intención única de toda ésta vorágine de sensaciones.

En fin, todo por llamar la atención de aquel hombre de labios profundos y voz inquieta. Sigue leyendo

momentos previos

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Tenia que venir y sacar esta rara sinrazon de las entrañas.. hoy apenas en un espacio de tiempo pude tener nuevamente muy cerca mio a P., y sonroje miles de veces y sin saber para donde mas mirar ancle mi mirada en sus palabras. Escuche miles de voces acercandome comentarios diversos por el fin de semana. Sin embargo, el fondo de todas esas voces hacian eco en una sola para mi: P. riendo, P. en silencio, P. escuchandome sin hacerlo notar, P. carcajeando, P. bostezando, P. tratando de entenderme mientras murmuraba y compartia ideas sin cesar ajenas a el… tuvimos ganas de estar solos – ahora si lo puedo aseverar- mas siempre las posibilidades de ceder y arriesgar en un mundo plural y por veces convexo hicieron de hoy, tal como el dijera el sabado “una solucion”. Lo cito en comillas pues despues de imaginar sus mejillas rojas al saberme atrapada en su conquista, siento un airecillo tibio a calidez, un tufillo soso a miedo incorporeo… un silbido mudo que emula el chasquido de nuestras voces apretandose mas y mas para hacer del silencio que anhelamos una realidad…

* omiti tildes, todas ellas salian sobrando.. Sigue leyendo

Jueves frío

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“Querido P.,

He vuelto a verte hoy con una alegría inmensa que ya no me daba más en el rostro. Viéndote es como conservo la imagen lejana de un primer encuentro: los dos sólos, gente alrededor, comentarios vanos (el clima, el frío, el trabajo) y algo de café. ¿Caminando? no lo creo. He preferido estar sentados de manera que en alguna pausa de esa conversacion puedas buscar mi mano y sostenerla en la tuya propia, haciéndome sentir tu calor…

¡Cómo es posible tanta cursilería! A mi modo de ver, P. era un ser dulce y tierno, con un sentido del humor exquisito. Fino en sus ademanes, me encantaba, que más podría decir. Me hallo en ésta condición incierta y sorprendente después de la huída de J. , experiencia mayúscula en mi vida si se la ve de costado. En efecto, J. dejó espacios inexplorables pero extraños. Aún es de sorprender lo vehemente de su carácter, sus ímpetus, sus descortesías, pero sin embargo su noble corazón, que sólo vi asomar un par de veces.

Y ahora, después de agonías y de ideas ausentes, P. había ganado una nueva alegría en mí. Hoy estaba tan cerca mío y pasé mi mano levemente por su espalda. El sonreía, me miraba, enfundaba en esa mirada todo lo que yo pudiera necesitar para sentirme bien. Vivo éste romance pequeño como si se tratara de un nuevo juego. Su mirada intensa siempre me deja pensando en un segundo como sería de distinto todo si él estuviera cerca. ¡Qué ganas hoy de acercarme a sus labios, de provocar las emociones más diversas sin pensar en lo que fue ayer! P. miraba el contorno de mis ojos y en silencio sé que dijo mucho pero no se atrevió. Estaba por irme y retándolo en la indiscreción más cierta comenzamos a jugar. ¿Él? Estuvo a punto de tirar de mi bufanda y cuando escuché tengo desde hace mucho tiempo ganas de.. mi respiración aceleró su paso, mi sangre se llenó de tiempo y en ése momento P. se convirtió en papel y letras, se convirtió en agua y frío.

Hoy él tenía las manos frías y tosía repetidas veces…
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Evocando a P.

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Esta mañana levanté con la mayor de las perezas posibles. Me sentí fea, con una llenura y sensación de hartazgo y hiel en la boca y mirada. Esperé quince minutos exactos después que la alarma sonó y me levanté de golpe, a la fuerza, empujando todo el cuerpo al borde de la cama. De un brinco desperté a éste nuevo día. Pueden entender entonces el porqué de mi pequeña rabieta.

En media hora terminé de hacer todo lo buenamente posible (agua, peine, agua, espejo, ropa, agua, arriba, abajo, subir, bajar, holas, adioses, zapatos, bolso, ribeyro, dinero, salida) y ya saliendo al trabajo, al abrir la puerta, el aire literalmente golpeó mi rostro. Un paso acostumbrado y de espacios cortos me llevó al paradero. Subí al primer carro vacío y poco a poco la gente subió también, y perdí cuenta de ello cuando me supe dormida. Desperté a pocos metros pensando en que avenida bajar. Desestimé esa pequeña duda y dejé a mi cuerpo escoger por mí, decisión que me llevó al puesto de café más cercano, pero no había nadie que atendiera allí. Así que mascullando una falsa sonrisa, seguí mi rumbo. El aire era agradable, mi voz se iba perdiendo por una extraña congestión atrapada en el aire, y recordé en el ruido de la cascada de agua a P. con la sonrisa que no pudiera ver el lunes. La gente iba y venía, más era tan temprano y el día tan lejano… ya pronto será viernes y los días que se suceden unos a otros delatarán pronto su ausencia.. y no volveré a saber de él más…

Y me pareciera tan real verlo en la esquina de aquel pasadizo murmurando alguna nueva broma, mirándome de cerca, riendo, y yo muda y silencios por dentro, solamente para evocar mi cariño por él…

rib Sigue leyendo