Archivo por meses: Mayo 2008

5 de la mañana.

Me desperezé en la cama después de una hora de no poder cerrar los ojos. Diez años habían entrado a mi vida, sin querer, de un sólo ventarrón. Allí estaban las historias escondidas, las palabras últimas dichas, la buena tierra, el adiós de tantos amores y el destino que se iba escribiendo paso a paso. Alguien, alguna vez, en algún lugar me había dicho que la felicidad estaba hecha de pequeños momentos.. hoy, soy un ser conmovido por el final de una historia que nunca tuvo inicio, y que hasta el día de hoy, todos ignoran…

La mañana prende despacio, leve, compungida de húmedo y silencio. A mi izquierda las primeras luces entraban anunciando un nuevo día. Y aún recuerdo a la graciosa y enjuta mujer china que me dijera cerca, muy cerca, haciendome sonrojar…

– Mira sus ojos, que bonitos ojos no? .. (risas) … miralos, que bonitos…

Así terminaba la Buena Tierra…
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Epistolarios

…….estrujan las articulaciones del verbo en sus metáforas ……..y casi al ocaso, las palabras a las cuales yo seduzco nacen al escribir…

Imposible imaginar lo que esos veinte años me deparaban en aquel entonces. Moza, trigueña, mirada hundida en el horizonte y una cabellera larga donde ocultar tantas cosas. Así era mi rumbo cuando entré en mi primera veintena de años. Las palabras siempre me han significado colores, gente, sentimientos, hidalguías de pasiones ya huídas y enfrentamientos a la vida en una sinrazón melancólica y solitaria. Desde ése abril en que ya el invierno recorría mis mejillas en este acostumbrado aire húmedo y enfermizo de nuestro propio gris ciudadano, me enternecía leer la correspondencia ajena. Me hacía cómplice de otras historias, de los hombres detrás de ése escaparate y ya desmembrados y deshilvanados en frases mil, contaba una a una las comas separadas de tantos versos arrancados -como ya dije antes- a la vida. Ahora la que escribe no es la mujer que se entregaba a un puñado de años y sensaciones. Diferencia mucha de aquella no hay hoy excepto que un raro gris tiñe el borde de sus ojos haciendo las ojeras más seductoras y nostálgicas. Aún sóla en esta gran ciudad – me digo. Sonrío, recuerdo algún estribillo de canción con esa misma línea, sonrío doble, meto las manos a los bolsillos, ajusto el sombrero a mi cabeza y persigo mi paso entre la sombra dibujada en zigzag, mientras la luna avanza conmigo y me hace volver a sonreir, pensar, sentir, y que sé yo..

ps. y ahora la misma curiosidad hace que me lea tanta gente que no conozco aún, y que rara vez me detengo a imaginar.. Sigue leyendo