Archivo por meses: Abril 2008

(En)-sueño

Había salido de viaje en la primavera de marzo. No dijo mucho cuando salió, sólo movió la cabeza al salir, hizo un ademán tosco con las manos y parecía despedirse sin mucho esfuerzo. Cuando me desperté esa mañana, supe que sería un viaje largo pero simulé sorpresa. Desperté de improviso. Había sido tan sólo un sueño.

El breve chirrido de la carne friéndose me había sobresaltado – pensé. Sentí los pasos apurados en la cocina, de lado a lado. Allí estaba él, Iván, sirviéndose tragos apurados de agua. Sería aún de madrugada pues las luces aún estaban prendidas. Apenas y podía verlo, mis ojos a medio cerrar (o despertar?) encontraron su silueta en plena noche. Se acercó a la cama, apagó la luz y con un beso en la frente me volvió a cerrar los ojos. Acarició mi pelo repetidas veces y me sentí protegida, apaciguada en una rareza de sentimiento único. Me cobijó hacia sí mismo. Luego prendió la luz y me susurró muy despacio.

-“Sabes que te necesito, no?… A veces sé que soy un tonto…(a veces? pensé) pero aún…”

En ése preciso instante escuché a alguien toser. Desperté nuevamente. Que caray, andaba durmiendo… sabe dios cuantos días más me costaría despertar de este nuevo y apacible ensueño.. Sigue leyendo

Que sí, que no..

Encontrándome con un viejo amigo después de mucho caí en cuenta del tiempo. Hace como ocho años o quizás más que sus carnes escuetas entre sus costillas se me habían fugado de la mente. Su sonrisa era grande, “chinita”, como siempre pensé. Sus ojos cerraban rápido en un breve chasquido de tiempo y tenía los dientes grandes. Sonreía sin más atractivo que una burla infantil en su mirada y quizás algún par de besos robé de su candor, más ahora no logro ni un recuerdo de esos días.

Escritor. Su nariz y la mía siempre husmeaban algún libro a nuestro alcance. Era nuestra afición más grande, la que pronto se convirtió en adicción, pasión, genuflexión incauta ante la barbaridad de comprar sin saber con que dinero regresar a casa. Yo vivía a expensas de mi padre, él vivía de sus pocos centavos ahorrados en el trabajo. Pero los libros caían y sin más medida que la respiración jadeante, cargábamos sobre la espalda tomos gruesos de una literatura entrañable, tierna y triste. Así era su amistad también, triste y vaga. Despiertos, apareábamos sueños lejanos y quimeras que distinguíamos en lo profundo de la noche negra. Gorki llenó tantas de nuestras lágrimas que se secaron con las sonrisas. Rusia llegó luego a mí a través de Daria, mejor amiga mía. Más en otras líneas de ella y de mí se hablará.

Aunque sin agotar la entrada de este brevísimo párrafo, lo extrañé con demasía. Su voz sonaba a muchachito inquieto. Tosía y carraspeó la garganta un par de veces. Tragó saliva rápidamente. Me miraba … Abrió en su recuerdo mis abrazos, nuestras voces, el eco de mis pasos y mi soledad al leer. Ahora, yo con la espalda hecha un quiebre casi perfecto y él con el cabello olor limón yacemos lejos.

Tendrá la nariz más pequeña? Habrá escrito largo y tendido? Escribirá? Años han pasado y tiempo ha sido recorrido… Así era el buen Ernesto, bonachón y ciego. Así era cuando una noche antes de marcharse me dijo simplemente adiós y mis ojos lo vieron irse por donde comenzaba a hincharse el río.

Que será de él, me preguntaba… que será de sus ojos agua verde y su insolencia traducida en verso… si lo vuelvo a ver, sonreiré quizás…
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