Archivo por meses: Febrero 2008

Espacios..

He dejado de escribir por tanto tiempo sin que eso me esquive de lo primordial. Los diarios de vida de Ribeyro ya estaban postrados como estacas en mi cabecera, el dinero corría rápido entre las manos, las tosidas de media noche no me dejaban respirar. Un par de tufos helados a media noche me anunciaban los achaques de mis primeras enfermedades y entre tanto destello y tanto gris, el rostro meditabundo de Jorge aún titilaba a lo lejos como queriendome decir en secreto algo inmenso y yo solo llegaba a escuchar…

– “ay vida vida vida…” Sigue leyendo

Después de ese ayer..

Escuché una voz que me decía : “en buena hora… en buena hora se fueron, se marcharon…….. te dejaron y la muerte se fue con ellos…”

De pronto desperté. Eran sueños, sueños todos. Las mujeres con sus cestos recogían aún flores allá afuera, la primavera se dejaba sentir y todo era el mismo camino extenso. Mi cama aún dura pero tan familiar y tibia y Bonnie, perra fiel, refugiada a mis pies guareciendose del frio. Los sabores de la mañana se confundían con el café colándose de lado, y Jorge, con sus brazos grandes y su sonrisa gigante me besó en la frente como todas las mañanas para despertarme.

Me asusté. Era todo tan real.. las memorias eran muy vívidas. Mis pies rozaron el piso de barro recién formado. ” Ah! seguro Jorge ya regó las plantas”-mascullé. Bonnie se levantó de golpe y corrió a los brazos de Jorge que gigantes, le dieron un abrazo rápido. Le rascó la cabeza y el lomo de arriba a abajo. Bonnie se marchó rápido. Foster llegaba con el último empujón de pereza que le quedaba. Él, mucho más grande que cualquiera en la casa era capaz de golpear con su cola si tenía ganas de jugar. Jorge le rascó la cabeza más fuerte que a Bonnie y él sonrió. Se fue corriendo tras el pasto y desapareció a lo largo de su extenso matorral..

Jorge se acercó despacio, recogió mis cabellos, los puso detrás de mi oreja y sonrió. Me besó fuerte, como no queriéndome dejar sola en esa mañana tan nueva. Cogió mi mentón, y mirándome a los ojos me dijo:

-Sabes que te quiero mucho no?

Y con esa suave frase calló mi boca y borró el sueño largo que me había sobrecogido toda la noche anterior.
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Luego…

Después de todo, el tiempo y la vida en si se llevaron de mí a dos personas que quería. La muerte, en efecto, con ese manto negro que cubre el llanto en los ojos me había dejado un sentimiento de nostalgia infinita. La muerte se los llevó, la muerte, y quizás todo sería más fácil si supiera que aún viven pero no… nunca dos muertes físicas me dieron tanta tristeza… si Ernesto y Lucio estuvieran vivos… que diferente sería esta mi vida… Sigue leyendo