Hogar

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Este año me ha dejado un sinsabor con sabor dulce -me dijo. Hemos sido uno pero a la vez he recordado todo ese sendero que se aleja de mi…

Bostezó por largo rato y luego escuché sollozar a alguien bajo el inmenso y largo árbol de eucalipto tendido en plena calle, solitario.

Eres tú? – le dije.

“Si, soy yo… pero sientate a mi lado y olvidemos todo ese ayer, quieres?”

Sostuvo mis manos en la suyas y vi como una a una caian sus lagrimas, y en silencio lo miré con un cariño inmenso, pero su mirada no encontraba la mía… su pena, ahora entiendo, le hacía eco al follaje del eucalipto meciendose de lado a lado. Cuando por fin me miró a los ojos, una hojita larga cayó a su rápida a su frente, arrugando su ceño. Yo reí y él, sin mucho por decirme, sonrío con el mismo brío que desde pequeño tenía.

Su pelo manzanilla brillaba en lo espeso de aquel pedazo de tierra suyo hoy ajeno, su sonrisa henchida de paz hacía relucir esos dientes perla que siempre temblaban en el frío mas intenso.. le di un beso en la frente y comencé a recoger las semillas, apurandonos un poquito pues ya se hacía tarde y había que regresar a casa y poner el agua a hervir….

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