Un martes en setiembre..

Esta es una de esas noches en que todo me recuerda a todo: la brisa a la soledad, las lagrimas al mar, el frio a enfermedad, las luces de la noche a la esperanza… y todo lo malo, curiosamente me ha llevado a recordar su inesperada visita en mi vida.

Era setiembre, aun lo recuerdo. El trayecto a casa, como si fuera hoy, fue el mas largo de todos. El sol terminaba de quemar, la vida sonreia leve. Harta, me abandone a la calle y mis pasos. Espere minutos interminables. Y por fin, en la mas inexplorable ausencia un auto blanco aparecio.

Despues de negociar el precio, subi. Exhale el aire que consumia mi cansancio y en un segundo nada mas nos pusimos en marcha. Tenía un perfil agradable y gracioso. De pronto interrumpió mis pensamientos.

– Parecías querer salir de allí , no? Por qué?

En líneas cortas le dije que el camino había sido largo, la gente no paraba de discutir , había tenido una clase dificil, el sol seguia ardiendo, tenia que llegar a casa antes de las 6 pm, etc.

– Entonces, trabajas no?

Y un no-se-que se apodero de mi. Conforme las calles pasaban el seguia conversando. Era aviador, esperando la entrada del año siguiente para comenzar todo formalmente. Tenia una sonrisa risueña y pequeña. Sus ojos relucian en rima a sus palabras. Yo respondia nerviosa.

– Y bueno, si quieres te llevo a conocer donde estudio, y quizas si esta mi instructora de vuelo, podamos volar un poco.

No hice mas que asentir con la mirada. Calcule su edad, su nombre y su modo de vida a tientas. Pregunto mi nombre, y yo el suyo. A pocas casas de la mia, me estaba invitando a salir.

– Bueno, yo trabajo, mucho. Generalmente no paso el tiempo aqui.

Busco un papelito cualquiera, anoto mi nombre, mi telefono, las monedas cayeron vacias a su mano y en unos segundos me estaba despidiendo de el con un gesto simple. Abri la puerta del carro y al cerrar la puerta lo vi desde el espejo retrovisor. Vaya! – pense. que manera de terminar el dia.

Hoy, tantos dias despues recuerdo el martes en el que iba a llamar, recuerdo su voz traslucida al robar mis problemas y hacerlos historias, recuerdo sus manos blancas y el contraste de sus ojos al mirarme de lado. Desde aquella tarde he repetido el mismo trayecto y ni rastro de el. Alguna vez he deseado encontrarme con el y compartir un cafe. Entonces, he pensado que hablariamos de todos los cafes habidos y por haber, y luego le diria que el Te Chai con Leche es mi favorito, le preguntaria si lee a Ribeyro y si acaso se atreveria a pasear conmigo por las tardes de junio o ser mi voz en abril donde usualmente me quedo a guarecerme del invierno. Acaso volariamos el cielo infinito para soñar sin limite? Con suerte y quizas le gusten los Beatles, las caminatas en un atardecer de playa, las galletitas dulces sin relleno… acaso le gustaria ir conmigo a husmear las esquinas colmadas de libros por doquier?

Y pensar que ese dia fue tan parecido a hoy, donde el dia se hizo tan largo que solo era todo noche, no habia mañanas ni horas interrumpiendo la rutina.

– Te llamo el martes. Temprano.
– (Sabiendo que no lo haria) Esperaré ..

Quizás algún dia lo vuelva a ver, mientras tanto soy toda pensamiento..

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