“Éramos abril y marzo..”

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“te has dado cuenta de que ya estamos en julio”- me dijo. Era su peculiar distingo al referirse al tiempo y a las cosas que vivimos y que a veces pasan desapercibidas. Con una carcajada siniestra y pícara, probablemente le respondí tantas veces, pero el jamás escuchó…

La última vez en que nos vimos, caminábamos por las cortas calles de Miraflores. Jamás lo vi fumar, y un presentimiento me dijo siempre que no lo hacía. Alguna vez vi una colilla de cigarro en su apartamento, pero sé que mentía… al menos él no lo hacía. Eran algo más de las seis de la tarde. Yo pegué mi nariz a alguna de las librerías. Era domingo, y la gente andaba mas ociosa que de costumbre. Vi el libro de Louis Hay en el primer escaparate y aunque perdida en mis pensamientos por unos segundos breves, sentía al instante un tibio calor que acompañaba de lado mi abstracción. Era él, probablemente veinte minutos más tarde que siempre, en un chalequito azul panda y con la mirada traviesa que nunca cambió hasta el día último en que me dejó subir al carro, y yo volteé la vista atrás sabiendo que jamás volvería y más aún, sabiendo que yo ya no quería volver a verlo, nunca más…

Oh!.. aquellas horas después de las seis fueron tontas y divertidas. Caminábamos hablando no sé muy bien de qué, pero siempre había una pregunta en sus labios y una respuesta le hacía réplica en los míos. Comimos algún pastelillo dulce a medio camino y entonces la tarde se hizo noche y no quedó otra cosa que asirnos más a la poca luz que ya se iba… ese rumbo nos llevó al mar..Mientras más nos alejábamos del ruido, jugábamos y reíamos tanto y creo que en ese momento me enamoré de él. Corríamos pequeñas distancias y luego otra vez, caíamos en nuestras propias voces y nos piropeábamos sin cesar y con ternura. Sin cesar… Quería sostener su mano, pero siempre (o casi siempre) las llevaba en los bolsillos así que hice que mi cuerpo se juntara al suyo mientras caminábamos y sentía su calor, como el primer momento en que lo vi llegar cerca al escaparate de vidrio.

Antes de llegar al mirador del mar, cruzamos la última avenida que nos separaba del malecón. Un auto cruzó intempestivamente y alli pude sorprender su rabia cuando gritó no sé cuantas cosas al auto que sin embargo ya se había marchado. Fue uno de los momentos en que sorprendí sus mejillas hinchadas y sus ojos antes chillones, enfundados en un ceño adusto que se borró en cuanto le di una palmada en las nalgas y lo miré con una picardía increíble. En este instante volteó los ojos y se rió en un estruendo que me (nos) hizo olvidar su mal humor..

Recuerdo que había mucha gente en aquel ocaso. El sol ya se engullía en el horizonte. Las voces crecían y cuando la noche cayó las risas se iban volando y de rato en rato caían silencios que me hacían verlo mucho mayor que yo. Le dije “tengo una piedrita en el pie” y comencé a saltar sin más. Buscamos un sitio donde sentarnos y luego cogió mi zapatilla y comenzó a reírse y a caminar con ella en la mano. No recuerdo los rostros de la gente, menos aún si decían o mascullaban algo al vernos jugar. No paró de reírse y me retaba a seguirlo hasta que alcancé su mano y me puse la zapatilla otra vez. El se atoraba de risa, es raro, solo recuerdo eso de aquella noche…

“Es bonito este sitio no?”- me dijo. Le pedí permiso para acercarme al malecón y pude ver la playa y a la gente caminar por todos lados, en todas direcciones. Me quedé un largo rato sola, a la orilla. Él se acercó después de verme de espaldas por algún rato. Me dio un beso en el cuello y me abrazó fuerte. Creo que nunca ninguno supo que era un despedida, y en ese momento, en sus brazos, supe que nunca olvidaría ese momento..

” Te has dado cuenta que ya es noviembre” le diría hoy… Ya es noviembre y mira todo lo que hemos hecho..

Puntuación: 4.75 / Votos: 4

Un pensamiento en ““Éramos abril y marzo..”

  1. Anónimo

    Hola, que tal. Acabo de revisar dos… ¿prosas? Esto no es simple narrativa (como la mía jaja)… es algo más.

    Quería felicitarte por las entradas. Muy buenas, qué buen estilo. Éxitos.

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