AQP-PPK, un año después

De rodillas debiera estar PPK ante Arequipa, la región que prácticamente le dio el triunfo presidencial en las elecciones generales del año pasado. El magro 21% que obtuvo PPK a nivel nacional en la primera vuelta, fue compensado con el triunfo que alcanzó en Arequipa (la única que optó por él), pero que sirvió para que el resto de la región sureña lo catapultara en la segunda vuelta con promedios que rozaron el 70% de votación. Así, PPK inauguraba su gobierno con un mayoritario respaldo del sur peruano, especialmente de Arequipa, que creyó que, por fin, se terminaba la racha de los presidentes que gobernaban de espaldas a la región. Lamentablemente, nos volvimos a equivocar, pues un año de gobierno ppkausista y el sur, y Arequipa en particular, vuelven a ser tratados como el patio trasero del país.  

De allí se entiende porqué, a un año del gobierno, es el sur peruano quien viene protagonizando la ola de protesta que ya amenaza expandirse por todo el país, debilitando aún más a este gobierno que, penosamente, no da el mínimo indicio de rectificación.

Hay que recordar y reconocer que no es la primera vez que el sur peruano sirve de termómetro para medir no sólo la popularidad sino también las tendencias de los gobiernos. Tanto García, Toledo y Humala gozaron del inflamado apoyo sureño al inicio de sus respectivos mandatos, mucho más cuando éstos alentaron el sentimiento antifujimorista que caracteriza al sur peruano. Sin embargo, así como disfrutaron del apoyo inicial, también sufrieron el rechazo mayoritario que hizo tambalear sus respectivas gestiones. En menos de un año, PPK viene experimentando lo mismo, pero de manera más crítica; pues sin ningún respaldo, sin ningún bastión nacional de apoyo, su gobierno no sólo corre el riesgo de tambalear, sino desplomarse.

Veremos qué pasa dentro de unos días para rectificarnos a afirmarnos al respecto. Pues, el mensaje del 28 será vital para saber si nuestro mandatario recupera la brújula de su gobierno (si alguna vez la tuvo) o por lo menos reconquista ese apoyo inicial que tuvo del sur peruano, el mismo que fue obtenido con gestos nimios como retomar el tema de las descentralización o reunirse con los gobiernos locales y regionales en el Cusco, antes que asumiera el mando.

Es fundamental para cualquier gobierno contar con un mínimo colchón de apoyo popular. La gobernabilidad se pone en riesgo no sólo cuando no hay una ruta o plan definido, sino cuando el apoyo merma y el rechazo aumenta. Luego de un año, el pepekausismo, contra todo pronóstico, sólo ha dado muestras de desorientación e incapacidad. Ese lloriqueo justificatorio de que “el fujimorismo no me deja gobernar”, fue válido inicialmente, pero ya no funciona.  Ojalá que el 28 nos reencontremos con el PPK que el país, y especialmente el sur, confió en la segunda vuelta; es decir, el estadista experimentado, cosmopolita y cultísimo que prometió revolucionar al Perú con seis grandes políticas. Ojalá no veamos al gringo vejete, pendejo, lobista y encima chiflado que ha empezado a mostrar cada vez con menos rubor.

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