Madres ciudadanas

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Un poco más de 8 millones, a partir de los 12 años, son madres en nuestro país. De ese universo, que equivale al 65% de nuestra población femenina entre ese rango de edad, el 16% son jefas de hogar; es decir, son las únicas responsables en sostener su hogar. Obviamente esas cifras son incomodas cuando se trata de seguir con el carácter endulcorado que el capital ha construido de la madre para negociar con ella un día como hoy.

Las cifras son oficiales, pues provienen del INEI que además nos señala que más del 40% ya tiene educación secundaria, seguido de un 30% que alcanzó educación primaria y el 25% que estudió educación superior (universitario y no universitaria). Con una cada vez mayor educación y capacitación, cada vez se eleva el porcentaje de madres que han dejado el tradicional papel hogareño para emplearse en  menesteres varios (el 36% o son vendedoras están en el rubro de servicios; seguido del 27,1% que se dedica a la agricultura y el 13,2% en el ámbito profesional, técnico o gerencial, entre otros).

 Si esas cifras nos parecen preocupantes, qué diremos si recordamos que en nuestro país hay cerca de 4000 denuncias anuales por violencia familiar y sexual contra esas mismas madres, a las que “adoramos”. Es decir, economía y cultura se ha encargado de endiosar esa codición que, creo, está cada vez más devaluada, cuando los problemas que tiene hoy la mujer peruana, ván más allá de dicha condición.

 Pienso que en eso es lo que deberíamos centrarnos hoy: que las madres no exigen este domingo un trato especial por serlo, mucho menos piden ser consideradas excepcionales o maravillosas, pues saben que mañana lunes esa magia acaba. Estoy seguro que lo que realmente ellas reclaman  es ser tratadas como ciudadanas, sujetas a derecho, como cualquiera de nosotros, para gozar de las mismas oportunidades que el país aún les niega.

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