Diploma y Medalla de la Cultura II

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Comparto con ustedes las palabras que  pronuncié en viernes pasado en la ceremonia donde el Municipio Provincial de Arequipa me otorgó el Diploma y  Medalla de la Cultura: A fines del s XVI, William Shakespeare nos decía que los seres humanos no somos otra cosa que tristes juguetes del destino. En 1918, César Vallejo también nos señaló, muy convencido, que Dios juega con nuestras vidas como un dado sin ningún propósito o rumbo; en 1953, Daniel Santos nos cantaba junto con La Sonora Matancera El Juego de la Vida, y el propio Jorge Basadre en 1971, nos demostró que, aunque de manera relativa, la historia está atravesada por el azar.

Antes que todos ellos, Shakespeare, Vallejo o Basadre… y Daniel Santos, los clásicos griegos ya sabían que  al hombre sólo le quedaba respetar y seguir los planes que el destino le había trazado. En la actualidad, nosotros, seres que nos decimos pensantes o  racionales, no creemos en el destino, pues planificamos y proyectamos todo para que nada se nos escape de las manos. Pero hay que reconocer que en medio de todo ese férreo control, sí le hemos dado cabida al azar, porque lo real es que nuestras libertades, si bien no se enfrentan al poder divino, sí están en mano de lo mundano e impredecible, que es otra forma de expresión de esa divinidad.

 Todo este marco literario, filosófico, histórico y bolerístico lo he hecho para decirles, en serio, que un acto como este en el que soy protagonista, jamás lo pensé, ni siquiera lo  imaginé; es decir, esta ceremonia en la que varias instituciones me entregan diplomas y medallas nunca estuvieron planificadas o, como diría Weber, no formaba parte de mi acción racional sujeta a fines. Todo esto forma parte del azar; de un juego del destino.

 He de confesar que las cosas que he hecho y pienso seguir haciendo, no forman parte de un plan premeditado o programado. Responden a una lógica más sencilla e incluso lúdica, pues las hago para satisfacer mi propio gusto, como otra forma de esparcimiento; es decir, los seminarios, cursos, diplomados, mesas redondas, congresos nacionales e internacionales que he organizado o intervenido; las publicaciones, libros, revistas, semanarios, diarios, etc. en los que he participado, como autor, promotor o sencillo animador, han sido hechas meramente con ánimo gozoso; ni siquiera con ánimo económico, pues, muchos saben, por ejemplo,  que mis libros han sido editados o publicados por generosidad de algunas universidades y cuestan diez veces menos que los libros de inicial de mis hijos, y ni siquiera así se han vendido.

 Otras cosas que he hecho, y eso sí no pienso seguir haciendo, están atravesadas no sólo por el gozo sino también por la responsabilidad. Es decir, cargos públicos o sociales como la decanatura del Colegio de Sociólogos, la Dirección de la Escuela Profesional de Sociología, la presidencia de la Coordinadora de DDHH, la secretaría regional de juventudes, la secretaría de las Coordinadora Regional de Colegios Profesionales del Sur, etc. etc. y lo más reciente, al coordinadora de la MCLCP, creo haberlas asumido con esa cuota de responsabilidad que me inculcó mi padre, don Pedro Vargas, a través de su lema “no temas en ensuciarte las manos, con una lavada se arregla todo”. Los que me conocen, saben que esos cargos también fueron productos del azar, pues jamás los busqué, no me peleé o resentí con nadie para conseguirlos porque son cargos que me los fueron a entregar a mi casa, y ha sido así por una sencilla razón: todos esos cargos son honoríficos; es decir, son obligaciones que nadie los quiere por eso, porque hay que chambear, a veces duro, simplemente por compromiso o responsabilidad y, muchas veces, poniendo plata de nuestro propio bolsillo. Por eso es que ya los he ido dejando, porque creo que ya cumplí con mi cuota de voluntariado social.

 Repito, todo ese itinerario, mi itinerario,  ligado al quehacer sociológico, institucional, cultural, educativo, de promoción social, etc. las he realizado sin pensar en este momento. El acto que hoy nos congrega es resultado, sencillamente, de la gran generosidad de amigos e instituciones que creen que lo poco que aún he hecho, merece ser reconocido, y yo lo tomo más que como un punto de llegada, como un punto de partida, como un compromiso para trabajar más en todo lo que me gusta; es decir, en la sociología, en el quehacer científico, en la promoción social, en la animación artística y cultural, etc.

 Este acto es, pues, una muestra de un derroche de generosidad que creo no merecer, pero, créanme, así es. Y  pongo énfasis en eso porque desde ayer ya empecé a recibir currículos porque hay quienes han empezado a creer que todo esto no es más que un montaje para construir mi candidatura política; hay colegas que me han criticado por mi manera inescrupulosa de armar mi futura lista a las elecciones universitarias, y hay otros que, incluso, han asegurado que detrás de todo esto hay una especie de Club Bilderberg; es decir, una conspiración que involucra a corporaciones mineras y bancarias para sacar de escena a los nuevos y tradicionales candidatos que sueñan con el sillón provincial  o regional.

 Les aseguro a todos y en especial a los que se les ha quitado el sueño ante esa posibilidad, que no hay nada de eso. Así que les digo a mis colegas, que duerman tranquilos, no pienso quitarles o rivalizarles el puesto; a los candidatos también les digo que no se pongan nerviosos, no pienso competir en nada; no pretendo, no persigo ningún poder; el único poder que  deseo, como diría Bayly, es el poder dormir 8 horas sin interrupciones. Nada más.

 Otros me han advertido que este reconocimiento me va a envanecer o que va a motivar recelos o envidias que terminarán devorándome. No es así. Es absurdo pensar que eso ocurra, ya nuestro único nobel, Mario Vargas Llosa, nos ha demostrado que en la actual sociedad del espectáculo, donde reina la frivolidad, huachafería, ligereza y mal gusto es absurdo envanecerse o inflarse el pecho.

 Y no sólo absurdo, sino hasta ridículo es ser arrogante en un país como el nuestro, donde, al contrario, hay que ser humildísimos; pues, si nos envanecemos por algo, no pasará un segundo para que alguien, o uno mismo, recuerde que en nuestro país el principal producto de exportación cultural es Laura Bozzo, que a pesar de tener toda la plata del mundo, ninguna universidad pública regional ha producido en todos estos años una sola investigación, que sólo el 18% de nuestros escolares entienden lo que leen, o que el 49% de la población infantil menor de tres años vive e situación anémica. ¿Ser arrogante, en medio de eso? ¡Por favor!  Al contrario, esos datos y muchísimos más debieran hacernos entender lo mucho que hay por trabajar.

 Así que, los que creen que este premio me va  envanecer, están errados. Con toda seguridad, les digo a mis amigos que no importa el diploma y la medalla, pues, igual, les seguiré cocinando.

 Recibo pues, estos reconocimientos con humildad y un agradecimiento infinito a quienes lo han hecho posible: la Asociación Cultural Casa de Cartón, el Colegio de Sociólogos del Perú, el Municipio Provincial de Arequipa y a todos los que se adhirieron a esta postulación. Confieso que hay quienes me insinuaron que no los reciba, pues, al fin y al cabo, para qué me servirían. En el fondo tienen razón, pues en un medio donde la meritocracia es desdeñada, esto poco o nada me servirá. Sin embargo, Jorge Bedregal, me dio la respuesta: hazlo por tus padres y hermanas, tus tías y principalmente por tus hijos, Fabio y Josué para que les sirva de inspiración y orgullo. Tiene razón, para ellos y sobre todo para Merly, mi amada esposa, compañera y partícipe de todo lo que hago, dedico este reconocimiento. Gracias a todos por estar aquí.

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