Oswaldo Chanove

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De sus ya habituales retornos a Arequipa, su ciudad natal, la que acaba de hacer Oswaldo Chanove ha tenido un motivo muy especial: la presentación de toda su creación reunida en una impecable edición hecha por el Gobierno Regional de Arequipa. Es decir, en cerca de seiscientas páginas, podemos releer todo lo que Oswaldo ha creado en poesía y prosa, desde su opera prima, El héroe y su relación con la heroína, hasta lo último, su maravilloso Plexo solar; desde su primera novela Inka trail, hasta La vida de los vertebrados; o sea, todo y más, pues en el libro vamos a encontrar poesía y prosa inédita.

La presentación de esta Obra Reunida, poesía y prosa, se hizo hace pocos días en un ambiente casi íntimo, de patas o amigos, los mismos que en los finales setenteros y principios ochenteros, nos reuníamos en una de las habitaciones de Rolando Aragón o La Casa de Rolo, como bien lo recuerda Alonso Ruiz en el epílogo del libro. De ese antro que apiñaba a todos los que estábamos haciendo nuestro servicio revolucionario obligatorio, como diría Ribeyro, salieron grupos y productos notables, como la revista La Casa de Rolo, Aguijón, Mordisco, Cadenza, Amor y Anarquía, Virtual, etc. Incluso yo también formé un grupo que sacó Pal Song y La Mosca, pero de todos ellos, y de lejos, lo más representativo de toda esa movida era Ómnibus, poemario que reunía los versos a iniciáticos de Alonso Ruiz Rosas, Rosario Nuñez, Carmen Ollé, Patricia Alba, Rosa Elena Maldonado, Misael Ramos, Dino Jurado y, sobre todo, la de Oswaldo Chanove que usualmente abría estos poemarios que eran de dos hojas, hechos a máquina de escribir y con un colorido dibujito que lo hacía Eleana Llosa.

El viernes pasado que nos concentramos para el nacimiento público de esta obra reunida, Willard Díaz nos dio más detalles de esos años y además hizo el análisis al trabajo prosístico de Oswaldo. Mientras Willard nos removía la memoria, yo me reencontraba con pasajes de esos momentos que van más allá del trabajo literario de Chanove, como por ejemplo las comilonas, pero principalmente las informales clases de cocina que, cuchillo en mano, nos daba Oswaldo. Por eso no me extrañó cuando leí en su web, ya instalado en los Estados Unidos, un recetario de cocina arequipeña que era una manera de no desconectarse de su tierra y que luego fuera la semilla del monumental La gran cocina mestiza arequipeña, de Alonso Ruiz.

Ese viernes, el propio Oswaldo habló de la génesis de su obra y, principalmente, de cómo ha hecho para dedicarse al lujoso trabajo de sólo leer y escribir. Lujo que está hoy plasmado en una obra que lo ubica entre los grandes de la literatura peruana actual, haciendo que gente como yo se sienta más orgulloso de haber pertenecido a esa collera y que, ahora me doy cuenta, influyó en mis propios logros.

Esa noche también habló Juan Manuel Guillén Benavidez, Presidente Regional de Arequipa y, para sorpresa de todos, sólo agradeció al público y cerró la ceremonia. Le pregunté luego porqué hizo eso y me contestó que para qué más, refiriéndose a toda la poesía y buena literatura que hay en el libro. En ese momento me imaginé que otro político en una situación similar hubiese descargado una palabrería cursi, aburrida e impertinente. Juan Manuel no lo hizo, pues en el fondo parece recuperar la consciencia que no es un político más y que si hay algo que lo distingue de sus homólogos, es esa sensibilidad para, a pesar del mundo de problemas que le da su cargo, reencontrarse con la poesía. Solo esa cualidad salva a Juan Manuel de un juicio mayor a su débil gestión regional. Es decir, no importa que en obras poco o nada haya hecho. Pero sólo el haber propiciado que se publiquen bellísimos libros poéticos y literarios como la del gran Oswaldo Chanove, ubican a Juan Manuel como otro grande.

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