De plagios y planes oníricos

El semanario El Búho, se ha encargado de revelar la catadura ética de gran parte de nuestros políticos que aspiran, ansiosos, a gobernarnos. En sus últimas ediciones, ese semanario ha descubierto que muchos planes de gobierno que han presentado las organizaciones ante el Jurado de Elecciones, no sólo son rosarios de alucinaciones e incoherencias, sino, lo peor de todo, son burdos plagios de otros planes de gobierno, incluso, de otras regiones.

Ese semanario, nos ha vuelto a poner los pies en la tierra respecto a nuestros políticos: que poco o nada han cambiado, que siguen siendo una sarta de picaros con una medianía paralizante y que, cada vez con menos escrúpulos, nos demuestran que ven a la política y en especial a las elecciones, como trampolines de ascenso económico y social. Es decir, el arribismo achorado, como diría el sociólogo Oswaldo Medina.

En el fondo, no hay novedad alguna; es decir, sabíamos eso, pero abrigábamos la esperanzas (es de sabios no perderla) que algo podía cambiar, que algo o alguien, nuevo, podía hacer el esfuerzo de asociar la política, si no a la ciencia, por lo menos a la decencia. Pero, por lo visto, todo sigue igual.
Y aquí no hay excusa posible, pues me consta que organizaciones como la Mesa de Concertación para la Lucha Contra la Pobreza, se ha reunido con ellos para guiarlos en la confección de sus planes de gobierno. Me consta de la entrega de toneladas de información que se les ha hecho llegar con datos actualísimos para que elaboren propuestas que tengan que ver con la solución de los problemas más sensibles de la región y ciudad, etc. Por lo visto, para nuestros políticos, los temas ligados a reducción de la pobreza, déficit calórico, desarrollo rural, aprendizaje lecto-escribal y lógico-matemático, transparencia en la gestión pública, etc. no sirven. Es más, parece que ese es un lenguaje “políticamente incorrecto”; es decir, no gana votos. ¿Qué gana votos?, por lo visto, obras faraónicas, nuevas ciudades imaginarias, trenes y subterráneos alucinados; en otras palabras, puro fierro y cemento.

Lo peor de todo, como decimos arriba, es que todas esas propuestas oníricas ni siquiera son originales, pues como lo ha demostrado este semanario, varios son burdos plagios de otros programas oníricos.

¿Qué hacer? A estas alturas, nada. Simplemente seguir insistiendo, desde la sociedad civil y, principalmente, los medios, en educar a nuestra población a que no se deje engatusar tan fácilmente, o en todo caso, como reza una campaña a “no botar el voto”. Pero también nos queda, en el poco tiempo que falta, insistir con nuestros políticos para convencerlos que más allá de puentes, trenes y obras de cemento, existen otros temas que sí son la garantía para resolver nuestros problemas históricos, pero fundamentalmente hay que convencerlos que la ética existe y que, incluso, aunque no lo crean, también genera riqueza.

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