A PROPÓSITO DE LA SENTENCIA DEL TC SOBRE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LAS CORRIDAS DE TOROS Y LAS PELEAS DE GALLOS. ALGUNAS IDEAS DE ADELA CORTINA SOBRE EL VALOR DE LOS ANIMALES- II parte.

En el libro reseñado en la primera parte, Cortina busca responder una pregunta doble y compleja: ¿tienen los seres humanos deberes de justicia con respecto a los animales y tienen los animales derechos por el hecho de serlo?

 

Desde la perspectiva social- constructivista (no fundacionista) no se considera necesario categorías trascendentes como dignidad, persona, autoconciencia, derechos humanos absolutos para seres humanos, etc. Se sostiene que todos los seres tienen derechos apropiados a su naturaleza y a sus capacidades. Si esto funciona para los seres humanos (proyecto de vida, desarrollo de la personalidad, etc.), ¿Por qué no para los animales para que disfruten de una vida según sus capacidades (Tom Regan) o para desarrollar sus capacidades (Martha Nussbaum) o para evitar el dolor y sufrimiento (Peter Singer)?

 

Con una visión opuesta y a lo largo de su libro, nos parece que Cortina señala que la persona tiene un estatus moral diferente a los restantes seres (p. 179), lo que es acorde con su perspectiva fundacionista (tradición kantiana adaptada por Habermas, que sostiene que para fundar una perspectiva ética es necesario apoyar el pensamiento en algo trascendental: en la moral como sujeto (excluye a los seres que no formal parte de la comunidad moral). Tratando de desarrollar la lógica de Cortina seguiríamos esta secuencia:

  1. Las personas poseen capacidades comunicativas que responden a las características naturales del ser humano: razón, autoconciencia, dignidad, reconocimiento reciproco.
  2. Las capacidades comunicativas son necesarias para deliberar y dialogar sobre normas morales sociales, y son absolutas, inalienables y no negociables. Es decir, las capacidades comunicativas son presupuestos o precondiciones del discurso moral
  3. El discurso moral es el foro público de dialogo moral y proceso legislativo, que establece las normas de la sociedad.
  4. Como los seres humanos son seres sociales, el proceso de establecer la moral es una actividad intersubjetiva.
  5. Los derechos humanos son absolutos, no negociables y premorales, y son prerrequisito necesario para el dialogo social sobre normas morales.
  6. Los animales no tienen competencia ni capacidades comunicativas intersubjetivas para el dialogo social para establecer las normas morales de su sociedad[1]
  7. Los animales no forman parte de la comunidad de dialogo moral, y no tienen derechos humanos anteriores a toda consideración moral.
  8. La dignidad es una característica propia de la autoconciencia y la autoestima y el reconocimiento de sus deberes, lo que sí genera derecho a las personas (y los derechos son humanos. Los animales no gozan de esa capacidad, no tienen la dignidad de las personas ni derechos morales);
  9. Los animales tienen por naturaleza un valor inherente o interno – pero no tienen dignidad y, por tanto, no tienen derechos- que se debe tomar en cuenta en el dialogo moral social, por lo que la sociedad debe protegerlos.
  10. Como los seres humanos tienen derechos previos al dialogo moral, sus derechos son siempre superiores al valor de los animales (el valor de los animales es siempre inferior y está al servicio de los seres humanos).El mundo ético no es solo el de los derechos de los seres humanos: Los animales tienen un valor interno y, por ello, las personas tenemos ciertas obligaciones hacia ellos. (Es una exigencia ética el cuidado de lo valioso, la actitud de no dañar, de proteger lo valioso).

 

Así, el tema ético es ¿Cómo ponerle limites al derecho humano de servirse de los animales? Si decimos que el valor de los animales es negociable, tenemos una posición antropocentrista (porque importan los valores que establezca el hombre) y especista (porque ubica de modo absolutamente preferente a la especie humana sobre cualquier otro ser viviente), que brinda menos protección a los animales no humanos, pues todo animal que obstaculice o afecte algún derecho humano, puede ser prescindible; amen de justificar cualquier investigación u explotación comercial.

 

Así, podemos concluir con ella que, todos los seres capaces de experimentar dolor, merecen consideración, pero si como ha hecho el TC, el sufrimiento es el concepto central de la ética, el concepto de “persona” deviene en irrelevante. “La noción de persona tiene relevancia moral, porque reconocemos como persona a quien tiene las capacidades requeridas para la autoconciencia, para el mutuo reconocimiento de la dignidad, para actuar desde la libertad y para asumir su responsabilidad” (p. 185). Por ello, la dignidad humana debió ser el concepto en torno al cual gire el pronunciamiento del TC.

 

 

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[1] Las capacidades y derechos anteriores a la argumentación moral son muy amplias: derecho a la libertad de conciencia, de expresión, de información, libertad religiosa y de opinión, de asociación, derecho a participar en las normas que me afectan, etc.

A PROPÓSITO DE LA SENTENCIA DEL TC SOBRE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LAS CORRIDAS DE TOROS Y LAS PELEAS DE GALLOS. ALGUNAS IDEAS DE ADELA CORTINA SOBRE EL VALOR DE LOS ANIMALES (I parte)

El último pronunciamiento del TC sobre la constitucionalidad de las corridas de toros y las peleas de gallos en el Perú por ser eventos culturales, sigue una línea jurisprudencial constante a lo largo de los años y en diversas ocasiones:  Sentencia Nº 0042-2004-AI/TC del 15 de abril del 2005y sobre todo la Sentencia Nº 00017-2010-PI/TC del 19 de abril del 2011   que reconoce a las corridas de toros como un espectáculo cultural.

A muchos no les parecen espectáculos culturales y respeto eso, pero a mí, pues son espectáculos que aprendí a disfrutar de niño, en compañía de mi familia y otros amiguitos, allá, en la Tierra del Mercurio. 

Al ver la transmisión de la sesión del TC por la televisión[1], lo único que constato es que cada magistrado ha ido a exponer su posición para el público que le interesa, y se ha perdido la oportunidad de debatir temas trascendentes y/o esclarecedores. También lamento que la constitucionalidad de estos espectáculos se haya dado por razones como es el sufrimiento animal, sin trabajar consideraciones éticas en base a la dignidad de las personas u otras consideraciones jurídicas y valorativas más relevantes. Y justamente por eso, adjunto un breve resumen de una interesante obra de la filosofa valenciana Adela Cortina sobre la dignidad de la persona y el valor de los animales* como una forma de irnos formando para promover el debate de ideas y argumentos, a favor y en contra, pero siempre con tolerancia y respeto.

Para Cortina (2009: 19) hay tres posturas con respecto a las consideraciones éticas de los animales:

  1. Aceptarlos en la ética “en pie de igualdad con los seres humanos”.   Ej. Los animalistas son quienes sostienen que los animales tienen derechos, al igual que los seres humanos con la Declaración Universal de los DD.HH. de 1948.

 

  1. “Dejar las cosas como están” y no modificar las creencias.

 

  1. Aceptarlos en la ética “pero introduciendo una gradación en la relevancia moral”. Se revisan cinco (5) perspectivas sobre el tema:
  2. Teoría de los deberes indirectos: Es una teoría antropocéntrica, pues solo atribuye derechos morales a los seres humanos, en tanto son miembros de una comunidad de sujetos morales. Señala -siguiendo la tradición kantiana- que, quien no se habitúa a ser compasivo, agradecido y responsable con los animales, tampoco lo será con los demás hombres, y esto debe ejercitarse (p. 65).  Así la crueldad es un mal hábito, un vicio que expresa un mal carácter y no una virtud. Nuestro deber no es directo con los animales, sino es indirecto, porque hay 3 razones: a) La gente aprecia a los animales y sufre si los dañamos; b) los animales son propiedad de su dueño y debemos respetar la propiedad; c) quien maltrata a los animales, se predispone a maltratar a las personas. Así el tratar bien a los animales es una forma de desarrollar nuestro carácter (objetivo principal), pero eso no significa que los animales tengan algún valor interno que obligue a los hombres a tratarlos bien directamente (p. 82) Cortina dice que es posible generar obligaciones en el hombre, con seres que no tienen derechos.
  3. Los teóricos del contrato social: Es una teoría antropocéntrica, pues -siguiendo a John Rawls- solamente los sujetos que pueden suscribir un contrato -lo que implica características como la autorreflexión, la capacidad de exigirse mutuamente responsabilidades a través del lenguaje y concebir planes a largo plazo, o instalarse en un mundo mas allá del entorno, capacidad de hacer promesas o adivinar intenciones- pueden ser sujetos morales y formar parte de una comunidad moral, lo que excluye a los animales, pero no tienen derechos porque carecen de la capacidad de saber que es un derecho, como lo han acreditado paleo antropólogos, primatologos, zoólogos, etólogos y genetistas. Pág. 100.  No excluye que los mismos hombres puedan pactar alguna forma de atención y consideración a los animales o a la ecología, quienes solo son beneficiarios).   ¿Y que pasa con los hombres que no pueden razonar, no pueden contratar por capacidades limitadas como discapacidades mentales o niños muy pequeños? Pues en este caso se dice que pertenecen a la especie humana y por eso entran en una comunidad moral (p. 154).
  4. Los utilitaristas: Señalan que la regla o máxima de oro de la función de la moral es maximizar los intereses de todos en cuanto sea posible.   Cortina señala que los utilitaristas kantianos siguen la regla de oro y la aplican a todos los seres sensibles en la medida de su naturaleza, pues no se debe dañar a los seres con capacidad de sufrimiento (p. 115), pues la idea es incorporar a los animales en la consideración moral por cuanto -como seres sensibles- tienen intereses naturales de sobrevivir, estar bien y no sufrir, y así, excluirlos de consideraciones morales -como es fomentar su bienestar-, es injusto.  Los utilitaristas resaltan que los animales no tienen mas derecho que el que les reconozca el Estado, y todo derecho puede ser abolido si ello redunda en un mayor bien para la mayor cantidad de beneficiarios.    *Los utilitaristas como Bentham reservan la palabra “derecho” para asuntos legales de los seres humanos; otros utilitaristas como Peter Singer utilizan la palabra “derechos” para aludir demandas legales o morales. Cortina lo utiliza para referirse solo a los derechos naturales, que preexisten a la formación de una sociedad moral, por lo que la reserva solo para el uso y aplicación de seres humanos (P. 119-120). Aquí sustenta que los animales tienen valor (sin dignidad) y las personas tienen dignidad y derechos. Así los utilitaristas señalan que la moralidad social es la base para abogar por los animales, para evitarles sufrimiento inútil, pudiendo utilizar la idea de un “derecho natural” en el sentido moral y un derecho legal sin inconvenientes.
  5. La perspectiva del florecimiento: Más allá del sufrimiento de los animales, esta vez se invoca la capacidad de los animales: El concepto de “florecimiento” alude al derecho moral de cada especie de lograr su plenitud según las funciones que la naturaleza ha brindado a cada especie. Aquí no se trata de igualar a todos los animales con los seres humanos, pues ambas especies tienen cualidades diferenciadas con la cual deben de desarrollarse (p. 157). Así, los hombres tienen una obligación de justicia de lograr empoderar las capacidades de los animales. Cortina dice que la perspectiva del florecimiento no fundamenta una perspectiva ética porque no son derechos fundamentales anteriores a la ética.
  6. Deontologísmo animalista: Aquí se sostiene que los animales merecen consideraciones morales y legales, no porque tengan intereses, sino porque tienen derechos (anteriores a la formación de la comunidad política), porque se valen por si mismos; tienen valor interno -y no solo instrumental- del que gozan todos los seres capaces de experimental una vida. Por ello tienen derechos -que no pueden someterse al calculo de permitir el sufrimiento de unos en beneficio de muchos- surgen directamente deberes de justicia (p. 61) y en los hombres genera obligaciones morales de cuidado y responsabilidad (p. 62). Cortina señala nuevamente que no es necesario atribuir derechos o asignarles dignidad a los animales, para afirmar que son valiosos, que tienen valor (p. 172), pues esos conceptos deben de estar reservados a los seres humanos.

Cortina finaliza señalando que, la exigencia de la ética del presente y del futuro es saber diferenciar -y establecer prioridades- entre el valor moral de las personas y la de los animales; entre el respeto de los derechos de los seres que tienen dignidad y el cuidado de lo valioso que tienen los animales. Así, en la actualidad, la mitad del mundo está bajo la línea de pobreza y una quinta parte, bajo la línea de extrema pobreza. Erradicar la pobreza extrema y el hambre es el primero de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, Así, los animalistas deben de defender el cuidado de los animales, pero más la protección y promoción de los derechos humanos. Los defensores de los derechos humanos deben buscar la protección efectiva de todos los seres humanos, pues ellos también son benéficos para la vida del hombre.

 

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  • Cortina, Adela (2009).  Las fronteras de la persona. El valor de los animales, la dignidad de los humanos. Taurus, Madrid. 240 pp.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=OiZmSB4PINc&fbclid=IwAR1yaU3bnGfXBl584OQXtKFzXyHCcZIG7wdkPsGooWN_Sfv2IS98TtRd8ZM#action=share

EL NIÑO DIOS Y EL CONCEPTO DE DIGNIDAD HUMANA (III)

Durante las fiestas navideñas pensé en profundizar sobre el contenido del concepto “dignidad humana” y su origen en el cristianismo. Grande fue mi sorpresa al descubrir que los orígenes son filosóficos y más antiguos que el nacimiento de Cristo. Aunque no era el objetivo inicial, me animé a indagar un tanto el sentido jurídico y constitucional del concepto  “dignidad humana”.

DIGNIDAD HUMANA: CONTEXTO HISTÓRICO EN QUE SURGE LA NOCIÓN VIGENTE.

 La dignidad humana es un concepto multifacético, pues como hemos visto está presente en la filosofía, en la religión, en la política y en el derecho, de una gran diversidad de países y en diversidad de presentaciones o manifestaciones en cada uno de ellos. Y todas estas circunstancias no pueden contenerse en una sola definición o conceptualización, por lo que debemos aspirar a entender el contexto en que se da el concepto vigente de dignidad humana.

 

El pensamiento jurídico clásico o positivista enfatizaba la separación del derecho, la moral y la política; y se caracterizaba porque el derecho era visto como un “sistema” es decir como un conjunto dotado de fuerte coherencia estructural interna basada en la triada: la summa divisio entre el derecho público y el derecho privado; las creencias en el formalismo y el razonamiento puramente deductivo o razonamiento jurídico interpretativo; y, el individualismo. Desde una concepción liberal de los derechos del hombre, operaba un status negativo que permitía hablar de un constitucionalismo abstencionista del Estado, en cuanto ponía restricciones a actuaciones del Estado que pudiesen convertirse en posibles violaciones de sus derechos a la vida, a las libertades personales, etc, que se traduce en el principio de autonomía de la voluntad: “nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda, ni impedido de hacer lo que ella no prohíbe”.

 

Esta visión jurídica clásica, se fue debilitando y reforzado un abandono de la cultura positivista que hasta entonces imperaba y orientándose a formar una cultura postpositivista: una cultura jurídica más cercana a la filosofía moral y a la filosofía política, aceptando que el derecho implicaba lagunas, conflictos, desacuerdos, ambigüedades, etc., donde los principios constitucionales cumplían una función importante en la labor interpretativa de los jueces por lograr la justicia aplicable al caso concreto (Los tribunales debían recurrir a la moralidad política para aplicar los principios correctamente): una nueva cultura fuertemente influenciada por los hechos sociales y los valores éticos, con afirmaciones en el sentido que los materiales jurídicos no producen soluciones únicas para los casos individuales, pues el trabajo deductivo no siempre es solo deductivo, sino también involucra la formulaciones de políticas, por lo que los juristas tienen que hablar y pensar sobre consecuencias, sobre estadísticas, sobre ética, etc.;  con autores como John Rawls, Ronald Dworkin la dignidad humana toma un papel preponderante. Es aquí donde podemos hablar de una perspectiva contemporánea de los derechos humanos que parte de un status positivo de la libertad, en tanto promueve las capacidades humanas y sociales.

 

LA NATURALEZA JURÍDICA QUE LE CORRESPONDE: ¿VALOR, PRINCIPIO O DERECHO?

Así, la noción de “dignidad humana” es parte de un sistema de valores democráticos, propios de la posición humanista -con un aura iusnaturalista-  que el mundo asumió luego de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, abandonando así el relativismo moral, el carácter científico o técnico y de neutralidad ética que había jugado el Estado de Derecho -liberal, social, positivista- que existía entonces, y que subordinó los derechos del hombre a la ley regida por el poder y la economía predominante,  permitiendo el holocausto (La técnica del Derecho se usó en beneficio del poder de turno nazi o facista).

 

En este contexto Barroso señalaba (2014: 109)[1]: “Por sus raíces en la ética y en la filosofía moral, la dignidad humana es, en primer lugar, un valor, un concepto vinculado a la moralidad, al bien, a la conducta correcta y a la vida buena.”, para luego dar una contenido mínimo de la misma (2014: 130), precisando que “(…) esta es mi concepción minimalista:  la dignidad humana identifica (1) el valor intrínseco de todos los seres humanos, así como (2) la autonomía de cada individuo, (3) limitada por algunas restricciones legitimas impuestas a ella en razón de valores sociales o intereses estatales (valor comunitario).”.

 

Y en sede nacional[2] se afirma que “… la dignidad se convierte en un principio constitucional portador de los valores sociales y de los derechos de defensa de los hombres, que prohíbe consecuentemente, que la persona sea un mero objeto del poder del Estado… (…) Pero la dignidad no solo es un valor y un principio constitucional, sino también un dinamo de los derechos fundamentales. Por ello sirve tanto de parámetro fundamental de la actividad del Estado y de la sociedad, como también de fuente de los derechos fundamentales de los ciudadanos.”. En similar sentido, el Tribunal Constitucional, en la Resolución Nº 1417-2005-PA/TC señaló:

”El contenido esencial de un derecho fundamental no puede ser determinado a priori. Dicho contenido esencial es la concreción de las esenciales manifestaciones de los principios y valores que lo informan, su determinación requiere un análisis sistemático de este conjunto de bienes constitucionales, en el que adquiere participación medular el principio-derecho de dignidad humana, al que se reconducen, en última instancia, todos los derechos fundamentales de la persona (FJ 21)[3]”.

 

Pero, en otra resolución, esta vez en el Nº 02101-2011-PA/TC[4] el Tribunal Constitucional señaló:

“Que el Tribunal Constitucional a través de su jurisprudencia ha manifestado respecto del derecho invocado que:

“[…] la dignidad de la persona humana constituye un valor y un principio constitucional portador de valores constitucionales que prohíbe, consiguientemente, que aquélla sea un mero objeto del poder del Estado o se le dé un tratamiento instrumental. Pero la dignidad también es un dínamo de los derechos fundamentales; por ello es parámetro fundamental de la actividad del Estado y de la sociedad, así como la fuente de los derechos fundamentales. De esta forma la dignidad se proyecta no sólo defensiva o negativamente ante las autoridades y los particulares, sino también como un principio de actuaciones positivas para el libre desarrollo de la persona y de sus derechos” (STC 10087-2005-PA, fundamento 5).

“[…] la realización de la dignidad humana constituye una obligación jurídica, que no se satisface en la mera técnica de positivización o declaración por el Derecho, sino que los poderes públicos y los particulares deben garantizar el goce de garantías y niveles adecuados de protección a su ejercicio; y es que, la protección de la dignidad es solo posible a través de una definición correcta del contenido de la garantía.

Sólo así, la dignidad humana es vinculante, en tanto concepto normativo que compone el ámbito del Estado social y democrático del Derecho, aunque no comparte la naturaleza claramente determinada de otros conceptos jurídicos –v.gr. propiedad, libertad contractual, etc.– ello no puede llevarnos a colocarla, únicamente, en el plano prejurídico o de constructo filosófico. Pues, en la dignidad humana y desde ella, es posible establecerse un correlato entre el “deber ser” y el “ser”, garantizando la plena realización de cada ser humano. Este reconocimiento del valor normativo de la dignidad humana, atraviesa por establecer, […] , que en la fundamentación misma de los derechos fundamentales que potencia y orienta los desarrollos dogmáticos y jurisprudenciales, se encuentra la afirmación de la multifuncionalidad que les es inherente, atendiendo a la diversidad de objetivos que pueden perseguir estos derechos en un sistema axiológico pluralista.

Este despliegue en múltiples direcciones inherente a los derechos fundamentales, […] , también se encuentra presente en la dignidad humana, que es comprehensiva enunciativamente de la autonomía, libertad e igualdad humana, siendo que todas ellas en sí mismas son necesidades humanas que emergen de la experiencia concreta de la vida práctica […]” (STC 02273-2005-HC,  fundamentos 8 y 9).”

 

En resumen: el Tribunal Constitucional peruano nos dice que la dignidad humana es un valor, un principio y un derecho a la vez, por lo cual estamos ante un concepto jurídico indeterminado o abierto.

 

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[1] Barroso, Luis Roberto. (2014). La dignidad de la persona humana en el derecho constitucional contemporáneo: la construcción de un concepto jurídico a la luz de la jurisprudencia mundial.   Teoría Jurídica y Filosofía del Derecho Nº 70. Universidad Externado de Colombia. Bogotá.

[2] Landa A., Cesar (2000). Dignidad de la persona humana.  En  Ius Et Veritas, 10 Nº 21.  Pág. 10-21. https://doi.org/10.18800/ius.v10i21.15957

[3] https://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/principal-jurisprudencia/?action=categoria_detalle&id_post=143974

[4] https://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2013/02101-2011-AA%20Resolucion.html

EL NIÑO DIOS Y EL CONCEPTO DE DIGNIDAD HUMANA (II)

La ya superada noción romana de dignidad –dignitas- estuvo vigente hasta el Estado premoderno, y presuponía una sociedad jerarquizada, vinculada a un estatus superior, a una posición o clase social elevada, derechos exclusivos y privilegios. Y el incumplimiento del deber, respeto y consideración a la “dignidad” de determinada persona o institución, tenía sanciones civiles y penales. Pero hoy nos centraremos en el dignitas hominis y veremos las razones filosóficas (referencias griegas y romanas), religiosas (cristianismo y judaísmo), políticas (humanismo e ilustración), jurídicas (tratados, constituciones y postpositivismo) que sustentan el concepto actual de la dignidad humana.

 

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO NOS REFERIMOS A DIGNITAS HOMINÍS?

El concepto actual de dignidad humana -fundamentado en la libertad, igualdad y solidaridad- incorporado en documentos internacionales, tratados y constituciones nacionales parte de un presupuesto: cada ser humano tiene un valor intrínseco y disfruta de una posición especial en el universo. Esta noción contemporánea de la dignidad humana se basa en otro concepto romano -la dignitas hominis– y, como tal, tiene una evolución y desarrollo histórico diferente, que -siguiendo a Barroso- se puede graficar en las siguientes etapas:

  1. Muchos autores señalan que las primeras alusiones a la dignitas hominis se encontraría en la filosofía griega, específicamente en Panecio de Rodes[1], pero dicha obra se habría perdido en el tiempo, por lo que la primera alusión documentada a la noción de “dignidad del hombre” es varias décadas anteriores al nacimiento de Cristo y se le atribuye al filósofo romano Marco Tulio Cicerón haberla usado en su obra De Officiis (De los deberes, 44 A. C.) para diferenciar la naturaleza de los hombres de la de los animales: “Sin embargo, es esencial a todas las investigaciones sobre el deber, que nosotros mantengamos delante de nuestros ojos lo superior que el hombre es, por naturaleza, del ganado y de otros animales: ellos no tienen pensamiento, excepto  para el placer carnal, y a la búsqueda de eso, ellos son impelidos por el instinto, pero la mente del hombre es alimentada por el estudio y por la meditación; el hombre está siempre investigando o actuando, y es cautivado por el placer de ver y oír (…). De eso vemos que el placer carnal no está a la altura de la dignidad del hombre y que debemos despreciarlo y alejarlo de nosotros; pero, en caso de que haya alguien que atribuya algún valor a la gratificación carnal, él debe mantenerse dentro de los limites de la indulgencia moderada. (…). Y sí tenemos en cuenta la superioridad y la dignidad de nuestra naturaleza, debemos percibir lo erróneo que es abandonarnos en la lujuria, voluptuosamente, y lo correcto que es vivir de forma parsimoniosa, con autonegación, simplicidad y sobriedad”.

 

  1. La noción de dignidad humana fue retomada luego por la tradición judeo-cristiana, que postulaba que, la unidad de la raza humana comparte la naturaleza divina, conforme se desprende de:

El Antiguo Testamento: Génesis 1:26 (Y entonces Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; y señoree en los peces en el mar, en las aves en los cielos, en las bestias en toda la tierra, y en todo animal que se arrastre sobre la tierra; y  Génesis 1: 27 (Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó); Levítico 19: 18 (No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo, Yo soy el señor.   Conforme a estas enseñanzas, Dios creo al hombre a su propia imagen y semejanza, por lo que compartimos un grado de semejanza;

El Nuevo Testamento: Efesios 4:24 (Y vestidos del nuevo hombre, creados según Dios en Justicia y santidad de la verdad) y Mateo 22:39 (Y el segundo mandamiento es semejante: amarás a tu prójimo como a ti mismo). Así, se encuentra en estos textos sagrados elementos de individualismo (la relación de Dios con su creyente es directa, individual e independiente de la comunidad del creyente); igualdad (todos los seres humanos -hombre, mujer, romano o bárbaro- somos hijos y criaturas de Dios); y, solidaridad (amar al prójimo como a ti mismo), nociones también presentes están en la concepción más modernas de dignidad humana.

Estos textos bíblicos sirvieron luego para el desarrollo de encíclicas como la Rerum Novarum y la Laborem Esercens del Papa León XIII de 1891; Pacen in terris del Papa Juan XXIII de 1963, Populorum Progressio y la Gaudium et spes del Papa Pablo VI de 1965, cuyo primer capítulo se titula: “La dignidad de la persona humana”.

3.  La Edad Media (Aquí existió una gran vinculación entre la dignidad humana y la religión, pero queremos resaltar el enfoque humanista de autores como Giovanni Pico, Conde de Mirandola, que, en 1486, escribió el discurso: “Oración sobre la dignidad del Hombre” o Francisco de Vitoria que, defendió en Salamanca, los derechos de los indígenas aztecas e incas contra los conquistadores y colonizadores del Nuevo Mundo, entre otros autores catolicos.).

 

4. La ilustración (Se denominó así a este movimiento por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la ignorancia de la humanidad -que la manipulación de la religión y la fe había realizado durante siglos- mediante las luces del conocimiento, la razón y la libertad, y con ello sobrevino la tolerancia religiosa, el individualismo, el liberalismo (y las revoluciones liberales francesa y americana), el siglo de las luces, el desarrollo de las ciencias, etc. y con ello se refuerza el concepto vigente de “dignidad humana”).

 

  1. El final de la II Guerra Mundial (con los horrores del fascismo y el nazismo, los países victoriosos crean la Organización de las Naciones Unidas y buscan generalizar el concepto “dignidad humana” en diversos tratados internacionales y documentos nacionales. Esto no vino solo, sino reforzado a un abandono de la cultura positivista que hasta entonces imperaba y a retomar una cultura jurídica más cercana a la moral y a la filosofía política; una cultura fuertemente influenciada por los hechos sociales y los valores éticos, con autores como John Rawls, Ronald Dworkin y donde la dignidad humana toma un papel preponderante.                                                                                                                            Sobre dicha formalización del concepto, es conveniente precisar :

Antes de la II Guerra Mundial, con el influjo del movimiento denominado constitucionalismo social, ya habían cartas magnas que utilizaban el concepto “dignidad humana” en diversos sentidos: La Constitución de México (1917), de Weimar (1919) , Ecuador (1929), de Estonia e Irlanda (1937) y Nicaragua (1939). Y luego de la guerra, se ha plasmado en distintas constituciones: Alemania, Italia, Japón, España, Sudáfrica, etc. o se ha reconocido su existencia e importancia en el ordenamiento jurídico nacional, gracias a la labor jurisprudencial de Cortes Constitucionales o Supremas: Canadá, E.E.U.U.;

Después de la II Guerra Mundial se plasmó en diversos documentos internacionales y transnacionales: La Carta de las Naciones Unidas (1945), la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), la Convención Internacional para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial (1965), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966), la Convención Americana sobre Derechos Humanos (1978), la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres (1979), la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos (1981),  la Convención contra la Tortura y otros Tratamientos Crueles, Deshumanos o Degradantes (1984), la Convención de los Derechos del Niño (1989) y  la Carta Europea de los Derechos Fundamentales (2000)[2]  entre otros muchos más.  Y todo esto no surgió de una base religiosa -como yo creí inicialmente- sino del pensamiento filosófico clásico romano, que utilizaba el concepto dignitas hominis muy vinculado con la razón y la capacidad de tomar decisiones morales libremente.

Con todo esto, entonces, finalmente, ¿Cuál es la naturaleza jurídica de la dignidad humana: derecho fundamental, valor absoluto o principio jurídico?, ¿Y cuál su contenido mínimo ?, ¿Que dice nuestro Tribunal Constitucional al respecto?  Estos son temas ya más jurídicos, que no son de mi interés ni especialidad, y por ello los referimos a otros especialistas e interesados.

 

 


[1] Ortega y Gasset, como muchos otros, dijeron que en Roma no había filosofía,  y que  Marco Tulio Cicerón (a) Cicerón (106-43 a.C.) no fue  un filósofo o pensador original ni profundo, pero sí un gran difusor -aunque torpe- de la filosofía griega y un orador elocuentisimo, y seguidor de Panecio de Rodes.    Ortega y Gasset. José. (1983).  Una interpretación de la historia universal. En: Obras Completas. Alianza, Madrid, Vol. IX. Pág.159.

[2] Al respecto es importante el caso Omega -surgida entre una empresa británica que buscaba exportar un juego electrónico a Alemania consistente en simular homicidios con rayos láser- donde la Corte alemana de  ese entonces prohibió la importación del juego por considerarlo ofensivo a la dignidad humana, pero -y aquí lo trascendente- reconoció que dicho concepto podía tener diferentes significados y alcances en cada uno de los ordenamientos jurídicos de Europa.

EL NIÑO DIOS Y EL CONCEPTO DE DIGNIDAD HUMANA (I)

En mi infancia huancavelicana y conforme la religiosidad de la época, la noche del 24 de diciembre se adoraba al Niño Dios, por ello pensé en profundizar sobre el contenido del concepto “dignidad humana” y su origen en el cristianismo, como alguna vez me dijeron en el Seminario SantoTo. Pero mi sorpresa fue grande al descubrir que los orígenes del concepto son cientos de años más antiguos aún al nacimiento de Cristo. Y eso es lo que quiero compartirles hoy.

 

DE QUÉ HABLAMOS: ¿DIGNITAS O DIGNITAS HOMINÍ?

 

Bien decía Barroso (2014: 12-13)[1]:

“… en términos prácticos, la dignidad, como concepto jurídico, funciona frecuentemente como un simple espejo, en el cual cada uno proyecta sus propios valores. No es casualidad entonces, que la dignidad, en todo el mundo haya sido invocada por las partes en disputa, en  materias como el aborto, la eutanasia, el suicidio asistido, las uniones homosexuales, el hate speech (manifestaciones de odio hacia determinados grupos, por motivos de raza, religión orientación sexual o cualquier otro actor), la clonación, la ingeniería genética, las cirugías de cambio de sexo, la prostitución, la despenalización de las drogas, el derribo de aviones secuestrados, la protección contra la autoincriminación, la pena de muerte, la cadena perpetua, el uso del detector de mentiras, la huelga de hambre o la exigibilidad de los derechos sociales. La lista es larga.”

Así, la dignidad humana se ha convertido en el mejor ejemplo de consenso ético, por estar en incontables documentos internacionales, constituciones nacionales, leyes y decisiones judiciales. Sin embargo, a lo largo del tiempo y del espacio, no han faltado posiciones contrapuestas, pues algunos documentos se basan en el concepto romano dignitas y otros documentos en el romano de dignitas hominí que sustenta el concepto que ahora está vigente y que me interesa profundizar.

Desde el Mundo Antiguo con los romanos, la Edad Media y en el Estado premoderno (hasta el surgimiento del Estado Liberal en el SXVIII), la dignidad –dignitas– es un concepto especial:

  1. Asociado al estatus personal, de algunos individuos por serle reconocidos determinados logros personales o por su integridad moral; por la relevante posición política o social debido a determinada función pública.
  2. Asociado a la prominencia de algunas instituciones, como la persona del soberano, la corona o el Estado, en referencia a la supremacía de sus poderes. Ej. En la Declaración Universal de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1879 se hacia referencia a cargos y posiciones públicas: “Art. 6… todos los ciudadanos son iguales a los ojos de la ley e igualmente admisibles a todas las dignidades, lugares y empleos públicos, según su capacidad y sin ninguna otra distinción que no sea la de sus virtudes y talentos”.

En resumen: La dignidad –dignitas– desde Roma hasta el Estado premoderno, presupone una sociedad jerarquizada y estaba vinculado a un estatus superior, a una posición o clase social elevada, derechos exclusivos y privilegios.  Así, el incumplimiento del deber, respeto y consideración a la persona o institución, tenía sanciones civiles y penales.

La noción actual de dignidad se basa en la dignitas hominis, otro concepto romano que sustentan la idea contemporánea de la dignidad humana, y como tal tiene una evolución y desarrollo histórico diferente; tiene orígenes filosóficos (de la tradición político romana) y orígenes religiosos (de la tradición judeo-cristiana) diferentes, tan antiguos como el anterior concepto de dignitas.

Entonces, si debemos responder la pregunta del rótulo, la respuesta es ¡Hoy, en el mundo, hablamos de dignitas hominis!

 

 

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[1] Barroso, Luis Roberto. (2014). La dignidad de la persona humana en el derecho constitucional contemporáneo: la construcción de un concepto jurídico a la luz de la jurisprudencia mundial.   Teoría Jurídica y Filosofía del Derecho Nº 70. Universidad Externado de Colombia. Bogotá.

PUTREFACCIÓN Y CORRUPCIÓN

Un tema usual en los noticieros de los últimos tiempos es la lucha anticorrupción en la que nos encontramos inmersos como sociedad. Pero  exactamente ¿qué es eso?   Sabiendo de que trata y por qué es algo malo, tal vez encontremos mejor la forma de combatirlo.

En el lenguaje cotidiano, el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua[1] nos dice que la voz “corrupción” alude a diversos significados:

  1. Acción y efecto de corromper o corromperse;
  2. Alteración o vicio en un libro escrito;
  3. Vicio o abuso inducido en las cosas no materiales;
  4. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización y medios de aquellas en provecho económico o de otra índole, de sus gestores.
  5. En desuso: diarrea.

En agosto asistí a un curso de Compliance o Cumplimiento en la PUCP. Allí, la profesora española que nos ilustraba hacia notar que la corrupción es un figura que tiene realización en el ámbito público, porque según nuestra legislación no hay corrupción entre privados, pero ¿eso es así?   Es decir, el hecho que nuestro código penal no recoja la corrupción entre privados, significa que ¿las relaciones entre privados son siempre honestas? o ¿tal vez estamos tipificando solo un aspecto del problema?

Volviendo al diccionario, a primera voz me parece la mas esclarecedora, pues según la misma RAE[2]  “corromperse” es:

  1. Alterar y trastrocar la forma de algo;
  2. Echar a perder, depravar, dañar o pudrir algo;
  3. Sobornar a alguien con dádivas o de otra manera;
  4. Pervertir a alguien;
  5. Hacer que algo se deteriore;
  6. Incomodar, fastidiar, irritar;
  7. Oler mal.

Entonces, la palabra “corrupción” es muy pedagógica, pues alude al echar a dañar algo, a echar a pudrir un organismo.  Por eso  -en la conversación coloquial- se le relaciona con oler mal, y -en un sentido castizo- la corrupción alude a lo que pudre, a lo que echa a perder algo orgánico, a lo que daña u hecha a perder el organismo social: ¡a la sociedad!   Y por eso el corrupto ¡es un podrido!

Reiteramos: La  noción de “corrupción” alude a lo que pudre, a lo que echa a perder el organismo social, y allí estamos todos: sector público, sector privado. Cuando se daña a la sociedad, se daña a todos.

Volviendo nuevamente al diccionario, la cuarta voz del diccionario de la RAE señala que “corrupción” es: “En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización y medios de aquellas en provecho económico o de otra índole, de sus gestores.”.   Esta conceptualización se parece mucho a la elaborada por Transparencia Internacional que dice que  define “corrupción” como el mal uso del poder encomendado (público o privado)  con el propósito de obtener ventajas o beneficios para sí mismo o para terceros.  En ambos casos, se deja abierta la posibilidad de que la corrupción se produzca en las organizaciones privadas.

Personalmente prefiero reseñar al historiador Alfonso Quiroz que, en su libro Historia de la corrupción en el Perú, define la corrupción como: “El mal uso del poder político-burocrático por parte de funcionarios coludidos con mezquinos intereses privados, con el fin de obtener ventajas económicas o políticas contrarias a las metas de desarrollo social mediante la malversación o el desvío de recursos públicos, junto con la distorsión de políticas e instituciones”.

Y si a la definición de Alfonso Quiroz le sumamos el sentido putrefactor que tiene la palabra analizada, creo que tenemos una buena conceptualización  básica para responder,  castizamente,  ¿Qué es la corrupción? y responder  ¿a quienes afecta y contra qué se lucha?

 

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[1] https://dle.rae.es/?id=B0dY4l3

[2] https://dle.rae.es/?id=AzzkG49

 

LA UNIDAD (UNUM). LOS TRASCENDENTALES (II)

Todos dicen que el conocimiento intelectual humano empieza con lo primero y más fácil de conocer: a sí mismo, al ser, al ente. Y esto es porque el ente es cognoscible y verdadero, y uno quiere conocerla, porque es bueno y deseable.  Así, al entender al ser, al ente, tenemos la base metafísica de una teoría del conocimiento, de una teoría de la acción humana.

Los filósofos consultados consideraban que, el Ser está en continuo cambio, transformación, evolución. Por eso:

  • El Ser es “uno”, pero también es “múltiple”, lo que conceptualizaban como “la unidad en la diversidad” (uno es el mismo y a la vez es diverso). Todo ente es cuanto es, es uno. Y por tanto la unidad consiste en la indivisión.   La unidad que consiste en la indivisión agrega la”negación de división interior”, pues lo que se fracciona, se descompone pierde la unidad. Y si la materia está contenida por la forma y la materia se corrompe, entonces la forma ya no puede sostenerla: el ente deja de ser lo que es. La idea de multitud, de “múltiple” implica división (muchas cosas que la componen tiene entidad y unidad), por eso primero entendemos al ente (la unidad) y luego la división, la multiplicidad.
  • El Ser tiene diversas características suyas, pero le faltan las características de otros, es decir: es finito, es perfectible;
  • Sí juntamos a todos los seres, tendremos una “Unidad Múltiple” o una ¨multiplicidad unificada”. Pero como el Ser es “uno” y a la vez es “múltiple” conviene precisar que es un “Uno” indivisible: Si fuera divisible, sería varios Seres a la vez; si fuera divisible perdería su esencia como “Uno” y se transformaría en otra cosa. ¡Perder la unidad hace que deje de ser el Ser que es y lo convierte en otra cosa!

El Ser es uno porque está definido y es indivisible (antes decían ens et unum conventuntur); tiene una esencia que lo caracteriza (y sin esa esencia es in-definido, es in-determinado, no existe como Ser).  La persona humana tiene cuerpo y alma, y por eso cada Ser es una unidad indivisible, irremplazable.

El ser es uno, pero hay diversos tipos de unidad:

  1. Hay unidad de simplicidad: Carece de partes, principios, elementos constitutivos. Es la unidad que tiene Dios.
  2. Hay unidad de composición: El ser tiene multiplicidad de principios, partes y también la unión accidental (unión de accidentes a la sustancia). Esta es la unión que tienen las criaturas humanas, pues compartimos la esencia de Dios, pero también tenemos elementos de composición y accidentales, como el cuerpo.
  3. Hay unidad de relación: Es la que surge de la actividad de cada Ser, genera nuevos seres, los afecta, etc.

Como en la “Unidad” hay “multiplicidad”, aun cuando tienen todas la misma esencia, vemos que se originan relaciones opuestas: En las categorías de:

  1. La sustancia: A veces hay una sustancia que cuando es uno, es un Ser (ej. Un pino), pero cuando son muchas sustancias de lo mismo, es algo diverso (ej. Un bosque de pinos).
  2. La cantidad: Encontramos que Seres, individuos, mientras mantienen la misma cantidad, son iguales (Ej. Dos vasos), pero si varían las cantidades o hay cantidades múltiples, tenemos seres desiguales (Vasito, Vaso, Vasote).
  3. La cualidad: Encontramos que Seres con una misma cualidad pueden ser semejantes (mellizos gemelos) o desemejantes (mellizos hermano y hermano) 

Todo esto origina una relación de razón, que aumenta nuestro conocimiento y el manejo de conceptos que usamos en la toma de decisiones.

VERDAD, BONDAD Y BELLEZA: LOS TRASCENDENTALES (I).

En los años de EE.GG.LL. aprendí que para saber de la verdad, la bondad y la belleza había que estudiar lógica, ética y estética. Poco después, leyendo sobre los Principios Fundamentales encontré que estos y otros temas encajaban con lo que los filósofos denominaban “Los trascendentales”.  Ahora presento algunas ideas que sobre ellas recogí por allí, porque son  conceptos esenciales para formarse ideas solidas al momento de tomar decisiones.

 

La metafísica es la filosofía primera y estudia toda la realidad y sobre aquello que todas las cosas tienen en común, en cuanto son: estudia al ser en cuanto tal, estudia al ente en cuanto tal, y también estudia las propiedades y las causas de los entes.

Y, en base a lo anterior (en base al estudio del ser, del ente), se puede llegar a estudiar al origen de todo cuanto es: a Dios mismo.  Aquí, procuramos no ver el tema de los trascendentales desde una perspectiva teológica (Dios como causa del ser, del ente),  sino desde una ontológica (en lo que es común al ser), aunque a veces hacemos referencias a Dios, porque lo encontramos necesario.

El ser, el ente (ens) en cuanto es el mismo, es el primer concepto que aprende el intelecto.  Por eso debemos entenderlo y manejarlo bien, pues funda todo nuestro pensamiento racional. Y por lo mismo, los distintos modos o categorías del ser -y los trascendentales de belleza, verdad o bondad- añaden a nuestro conocimiento  más conocimiento: añaden  una relación de razón (no añaden nada fáctico, nada material, nada real).

Sea que veamos cosas diferentes -hombres, mujeres, animales, plantas, autos, pinturas, etc.- todas ellas tienen algo en común: cada una de ellas es un “ser”, todas ellas son entes. Todas las cosas son y tienen un modo de ser: tienen algo que las constituye como ese ser, que hace que ese ente sea, que es su principio constitutivo, algo específico o referido  a las propiedades o aspectos necesarios que caracterizan al Ser en su máximo grado de generalidad (y no a este Ser o aquel Ser, en particular).

El tema de los trascendentales fue desarrollado en la edad media, iniciándose con Aristóteles -para quien el ente y la unidad (ens y unum) son realidades idénticas, equivalentes, pues todo ente es uno (ens et unim convertuntur)- continuándose con filósofos árabes y parisinos, considerándose la teoría más acabada la de Santo Tomas de Aquino -posición cercana a la posición de la Iglesia católica. Así, el numero y orden de los conceptos trascendentales puede variar al momento de predicar o según el autor o filosofo que sigas, pero para Sto. Tomas contaban:  ente (ens), cosa (res), uno (unum), algo (aliquid), verdadero (verum) y bueno (bonum).  En la filosofía escolástica y católica, hablamos de lo uno, lo verdadero, lo bueno y lo bello.  Pero hay un trascendental previo: El unum  ¿Y el Universal: uni-vers-al: unum versus alia?

Cómo católico me parece importante reseñar que Santo Tomas dice que Dios es el Ser subsistente y las criaturas somos entes compuestas que participamos del Ser, y por ello somos su imagen y semejanza, lo que implica que no somos lo mismo. Alguien dijo que somos “desemejantes”. Por eso Sto. Tomas decía que “Lo primero que concibe el entendimiento, como lo más conocido… es el ente…Por eso, es necesario que todos los demás conceptos del entendimiento se tomen por adición al ente”. Así, el ente es el primer concepto del intelecto, debemos entenderlo y manejarlo bien, pues funda todo nuestro pensamiento racional.

El disidente soviético Alexánder Solzhenitsyn, autor del libro “Archipiélago Gulag” propuso en algún discurso al que tuve acceso, el retornar a tres trascendentales: verum (verdad), bonum (bien) y pulchrum (belleza). Y como estos son los temas que me gustan, pues me apunté a incursionar en ellos.

Todas las cosas son distintas, pero tienen en común que son entes. Pero el ser, el ente tiene diferentes modos de ser: un modo especial de ser. Así tiene características que le son sustanciales (ens per se), es decir que la sustancia es del ente y otras características son accidentales, que caracteriza al ser en otra cosa (ens in alio). Los trascendentales se predican de todo ente -trasciende las categorías en base a sustancia o accidente-

El ente se considera según su conformidad con el alma (aquello que es, en cierto modo, todas las cosas), que tiene facultades cognoscitivas y apetitivas.  Ej.:

1.- Lo verdadero expresa la conveniencia del ente con la facultad cognoscitiva: el ente es verdadero y puede ser conocido por la inteligencia.

2.- El bien expresa la correspondencia del ente con la facultad apetitiva, pues el bien es deseado por todos.  Todo ente es bueno, es deseado y voluntariamente nos movemos hacia él.

3.- La belleza puede ser aprehendida o contemplada, pues lo bello agrada, causa placer. Como el ente es bello, se relaciona con el conocimiento y con el apetito (voluntad)[1].

El orden de los trascendentes -en sus distintos grados- es importante para definir las jerarquías metafísicas: Para los antiguos griegos, nada puede aprehenderse si no es cognoscible y verdadero;  En el idealismo, prima la verdad; En el voluntarismo, prima el bien; En el esteticismo, prima la belleza; En el mónada o monadología de Leibniz, lo uno es el primer principio y abarca la verdad y el bien.

Todo conocimiento intelectual humano empieza con lo primero y más fácil de conocer: a sí mismo, al ser, al ente. Y esto es porque el ente es cognoscible y verdadero, y uno quiere conocerla, porque es bueno y deseable.  Así, al entender al ser, al ente, entendemos a los trascendentales, y por eso es la base metafísica de una teoría del conocimiento, de una teoría de la acción humana.

 

 

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[1] Los expertos dicen que Sto. Tomas en De veritate no incluye a la belleza en su enumeración de los trascendentales, pero muchos filósofos dicen que sí, pues recoge en sí el Verum (lo bello se da a conocer porque es verdadero, intelegible) y el Bonum (lo bello nos deleita porque es bueno).

VOX POPULI, VOX DEI (3) ¿ES TIEMPO DE VOTAR?

Pese a que mi opinión sobre este Congreso comparte el parecer de la mayoría de los peruanos, debo señalar que su mandato constitucional se extiende hasta julio del 2021. Espero que, entonces, los peruanos hallamos elegido mejores representantes. Y de lo que sí estoy seguro es que, ahora no es tiempo de ir a nuevas elecciones, pues no hay garantía de mejora alguna, por las razones que a continuación comparto.

 

¿Es tiempo de ir a nuevas elecciones?  Depende de que noción tengamos del concepto “tiempo”. En la mitología griega había diversas divinidades vinculadas al tiempo, entre las cuales estaba:

KRONOS:Es el conocido dios de las edades, del tiempo cronológico, secuencial, que se unió a Ananké(lnestabilidad) y cuando se separaron formaron el universo ordenado del cielo, la tierra y el mar, y él permaneció como guardián de todo, garantizando la rotación y los ciclos sucesivos. Se puede decir que su paso cronológico, secuencia y, por tanto, medible, hace que su naturaleza sea cuantitativa.

KAIROS: Era un dios no muy conocido, por estar vinculado al tiempo adecuado, al momento oportuno, a la época decisiva o lapso indeterminado en que algo importante sucede. Por ello se le invocaba, para lograr el éxito, en situaciones inusuales, imprevistas, de crisis. Se puede decir que su naturaleza era cualitativa.

Así, viendo  la realidad normativa que nos rige, en el mundo constitucional y legal, tenemos que:

Los artículos 90º y 112º de la Constitución Política del Perú, las Elecciones Generales (para elegir presidente de la República, Congreso de la República y Representantes al Parlamento Andino) son cada cinco (5) años. Por ello las elecciones fueron realizadas en el 2016, y nuestras autoridades del Ejecutivo y Legislativo, asumieron en julio del 2016 y tienen mandato hasta el 28 de junio del 2021.  (Ese es el periodo constitucional y democrático para el cual fueron elegidos, pese a que a muchos no guste.).

Esta parte de nuestro ordenamiento, nos permite decir que no se ha cumplido un periodo congresal, que no se ha agotado un ciclo de 5 años para el cual fueron elegidos democráticamente, que aun no es el tiempo de ir a un nuevo proceso electoral, pues eso corresponde al 2021 y por ello podemos relacionarlo con Kronos.

Y como estamos hablando de la Constitución y tiempo cronológico, secuencial, medible,  podemos volver 20 años atrás, a inicios de la década de los 90 cuando empezaba clases en la Facultad de Derecho, donde en abril los profesores nos explicaban del “poder constituido”, del “poder constituyente”, de las partes que forman una Constitución [a) La parte dogmática (donde se veían los temas de derechos fundamentales) y b) La parte orgánica (donde se veía la estructura del Estado, del poder)] y señalaban que cada una tenía con una lógica y filosofía distinta, como distintos eran sus mecanismos de protección. Y también señalaban que por eso esas reglas e instituciones se ponen en la Constitución: es una norma difícil  de desconocer y cambiar según la voluntad voluble de la población o autoridades, pues las normas constituciones son eso: previsiones y reglas de juego que hay que seguir y respetar siempre, puesto que han sido pensadas -como toda ley- con supuestos generales y abstractos: para regir para todas las personas y para regular diversas situaciones futuras.   En resumen, estoy en desacuerdo con el proyecto de adelanto de elecciones, pues las normas constitucionales se pusieron como una garantía de seguridad jurídica y certeza ante los devaneos  políticos de ciertas autoridades o sector de la población.

Pero sigamos ahora con la realidad y  la noción del tiempo Kairos:

El Proyecto de Ley Nº 04637/2019-PE pretende acortar el periodo constitucionalmente establecido para la vigencia de nuestras autoridades legislativas y ejecutivas y así adelantar las Elecciones Generales. señalando que “se requiere adoptar una decisión que genere un recambio en la clase política que permita fortalecer a las instituciones, pero sobre todo optimizar las relaciones entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo, lo que redunde en una mejor y mayor representación de la ciudadanía, lo que permita, además, ir recuperando la confianza y la legitimidad en la clase política”   Estoy en contra porque una elección improvisada no es garantía de elegir mejores autoridades políticas.  En efecto, y como ya hemos dicho en post anteriores:

1.- En el 2020 iriamos a elegir, entre los candidatos de los mismos partidos que participaron en el proceso del 2016 ((donde elegimos este Congreso, del cual ahora denostamos).

2.- En el 2020 iriamos a un proceso electoral con -sustancialmente- los mismos partidos que participaron en el proceso del 2016 (donde elegimos a este Congreso, que ahora repudiamos)

3.- En el 2020 iriamos a un proceso improvisado (I), donde se suspenderian ciertas leyes electorales probadas en su utilidad (han garantizado procesos desde la recuperación de la democracia en el año 2000) e

4.- En el 2020 iriamos a un proceso improvisado (II)  donde iriamos a elegir con normas administrativas y reglamentarias aprobadas por un Presidente del JNE (investigado por los fiscales anticorrupción) y por un Jefe de ONPE y un Jefe de RENIEC ¡ambos provisionales y con nombramiento pendiente por la Junta Nacional de Justicia)

5.- En el 2002 iriamos a un proceso improvisado (III) pues antes de un proceso electoral hay muchas actividades de instituciones como el CIES que sistematizan información para que los partidos políticos puedan elaborar planes de gobierno más realistas; ONG que comparan planes de gobierno o realizan actividades de educación, formación y sensibilidad cívica y ciudadana, para que sea un “voto informado”, etc.

6.- En el 2020 iriamos a un proceso electoral sin haber incorporado las mejoras sustanciales por las que votamos en el Referéndum ¡y que se han plasmado ya en leyes! (estaríamos retrasando la voluntad popular, ya legislada, por todo un periodo congresal de 5 años)

Estas razones me parecen sustanciales para decir que no es conveniente ni oportuno ir, ahora, a un nuevo proceso electoral, y por ello lo podemos relacionar con el tiempo Kairos.

Finalmente debo señalar que, viendo las noticias sobre la participación popular en la marcha “que se vayan todos”, es entendible el sentir de la ciudadanía harta de todas nuestras autoridades incompetentes y corruptas. Pero los ciudadanos con formación jurídica debemos recordar que, el Derecho es la ciencia del “deber ser” y como tal estamos para hacer lo correcto, no lo que mandan las encuestas del momento.

“VOX POPULI, VOY DEI”(II) ¿VAMOS A ELECCIONES GENERALES?

En abril de 1990 distinguidos profesores expresaban razones opuestas a las que ahora sustentan con gran erudición y convicción. Parece que en esas fechas ellos me dieron la lección equivocada, pues me enseñaron que el Derecho es la ciencia del “deber ser” y no lo que dicen las encuestas o la masa.

 

El 5 de abril de 1990 estaba ya inscrito en la Facultad de Derecho y por ello, al día siguiente, fui a clase con la esperanza que la universidad estuviera cerrada o los profesores nos dieran libre (y así cruzar la pista para ir al Leo´s), pero no. Nuestros insignes profesores en cada clase que tuvimos -aunque no fueran profesores de derecho constitucional- indignados nos repetían que la democracia tenia diversos mecanismos para superar las diferencias políticas; que no podíamos ser como Kiko -del Chavo del 8- que patease el tablero y se llevase la pelota si algo no salía como él quería; que las instituciones eran eso: reglas de juego que había que seguir siempre, más aun cuando había desorden y caos, pues eran las que daban seguridad ya que habían sido pensadas -como toda ley- con supuestos generales y abstractos: para regir para todas las personas y para regular diversas situaciones futuras; y recuerdo que ese día aprendí que el Derecho es la ciencia del “deber ser” para hacer lo correcto, no lo que mandan las encuestas del momento o lo que dicen las turbas, las manchas, las portátiles o ese concepto indeterminado y voluble: “pueblo”.

 

Recuerdo especialmente un joven profesor de Derecho Constitucional General que había venido de estudiar de Alemania y que tenía una forma compleja de expresarse porque el conocimiento lo desbordaba, y que hizo que me interesara en esta materia y fuera luego asistente de otro profesor de constitucional.  Este profesor nos explicaba que las constituciones pueden agruparse en dos grandes temas, cada una con una lógica y filosofía distinta, como distintos eran sus mecanismos de protección:

a) La parte dogmática (donde se veían los temas de derechos fundamentales) y

b) La parte orgánica (donde se veía la estructura del Estado, del poder)

Y recuerdo que señalaban  que nada, ni invocar lo uno (pese a la situación de del país: hiperinflación, terrorismo, escasez de alimentos, luz, agua, etc.)  justificaba lo otro: cerrar el Congreso, pues para eso la parte orgánica tenia  el dialogo como instrumento esencial de  la política;  que dialogar no es pactar ni claudicar; que en otros países estas situaciones -y otras más complejas- se debatían ardorosa y exitosamente en el Congreso o en el Parlamento (que viene de parlare, etc.) y que eso debió hacerse aquí, etc.

 

Recuerdo que esos días estaba yo sentado al lado de mi amigo apodado “el escarabajo perdido” cuando un profesor -que luego saldría disfrazado, en una encerrona, de conquistador español-  decía: “El ingeniero ese, porque presidente ya no es después de esto”,  Creo que luego, como muchos otros,  meses después aceptó algún  cargo de confianza de ese gobierno.

 

Y recuerdo especialmente a estos dos profesores porque -con el mismo brío y convicción de esas fechas juveniles- ahora los escucho decir que, sí cabe cerrar el Congreso, que ésta o aquella es la vía correcta; que ésta es una salida política y legitimada por el sentir ciudadano y la voluntad del pueblo; que la interpretación textual no es la mejor forma de resolver un problema que tenemos al frente, pues el constitucionalismo no es normativismo, como lo dice tal o cual autor; que no podemos quedarnos congelados en el pasado o en un entrampe político y que debemos buscar salidas políticas, etc.

 

Es decir, estos flamantes profesores han tenido una epifanía y ahora, tocados en la razón e iluminados en su fe democrática, alaban lo que antes ardorosamente combatieron. Claro, ahora son más viejos, más vividos y por ende más sabios y famosos:  Y por ello deberíamos escucharlos y atender sus razones, supongo.    Lastimosamente yo les oí y creí cuando ellos eran jóvenes y daban lecciones “equivocadas”.   Y por ello solo espero que hoy, que se reúnen los dos Presidentes de dos poderes del Estado, dialoguen con sinceridad y teniendo por objetivo el bien común del Perú y de los peruanos.