VOX POPULI, VOX DEI (3) ¿ES TIEMPO DE VOTAR?

Pese a que mi opinión sobre este Congreso comparte el parecer de la mayoría de los peruanos, debo señalar que su mandato constitucional se extiende hasta julio del 2021. Espero que, entonces, los peruanos hallamos elegido mejores representantes. Y de lo que sí estoy seguro es que, ahora no es tiempo de ir a nuevas elecciones, pues no hay garantía de mejora alguna, por las razones que a continuación comparto.

 

¿Es tiempo de ir a nuevas elecciones?  Depende de que noción tengamos del concepto “tiempo”. En la mitología griega había diversas divinidades vinculadas al tiempo, entre las cuales estaba:

KRONOS:Es el conocido dios de las edades, del tiempo cronológico, secuencial, que se unió a Ananké(lnestabilidad) y cuando se separaron formaron el universo ordenado del cielo, la tierra y el mar, y él permaneció como guardián de todo, garantizando la rotación y los ciclos sucesivos. Se puede decir que su paso cronológico, secuencia y, por tanto, medible, hace que su naturaleza sea cuantitativa.

KAIROS: Era un dios no muy conocido, por estar vinculado al tiempo adecuado, al momento oportuno, a la época decisiva o lapso indeterminado en que algo importante sucede. Por ello se le invocaba, para lograr el éxito, en situaciones inusuales, imprevistas, de crisis. Se puede decir que su naturaleza era cualitativa.

Así, viendo  la realidad normativa que nos rige, en el mundo constitucional y legal, tenemos que:

Los artículos 90º y 112º de la Constitución Política del Perú, las Elecciones Generales (para elegir presidente de la República, Congreso de la República y Representantes al Parlamento Andino) son cada cinco (5) años. Por ello las elecciones fueron realizadas en el 2016, y nuestras autoridades del Ejecutivo y Legislativo, asumieron en julio del 2016 y tienen mandato hasta el 28 de junio del 2021.  (Ese es el periodo constitucional y democrático para el cual fueron elegidos, pese a que a muchos no guste.).

Esta parte de nuestro ordenamiento, nos permite decir que no se ha cumplido un periodo congresal, que no se ha agotado un ciclo de 5 años para el cual fueron elegidos democráticamente, que aun no es el tiempo de ir a un nuevo proceso electoral, pues eso corresponde al 2021 y por ello podemos relacionarlo con Kronos.

Y como estamos hablando de la Constitución y tiempo cronológico, secuencial, medible,  podemos volver 20 años atrás, a inicios de la década de los 90 cuando empezaba clases en la Facultad de Derecho, donde en abril los profesores nos explicaban del “poder constituido”, del “poder constituyente”, de las partes que forman una Constitución [a) La parte dogmática (donde se veían los temas de derechos fundamentales) y b) La parte orgánica (donde se veía la estructura del Estado, del poder)] y señalaban que cada una tenía con una lógica y filosofía distinta, como distintos eran sus mecanismos de protección. Y también señalaban que por eso esas reglas e instituciones se ponen en la Constitución: es una norma difícil  de desconocer y cambiar según la voluntad voluble de la población o autoridades, pues las normas constituciones son eso: previsiones y reglas de juego que hay que seguir y respetar siempre, puesto que han sido pensadas -como toda ley- con supuestos generales y abstractos: para regir para todas las personas y para regular diversas situaciones futuras.   En resumen, estoy en desacuerdo con el proyecto de adelanto de elecciones, pues las normas constitucionales se pusieron como una garantía de seguridad jurídica y certeza ante los devaneos  políticos de ciertas autoridades o sector de la población.

Pero sigamos ahora con la realidad y  la noción del tiempo Kairos:

El Proyecto de Ley Nº 04637/2019-PE pretende acortar el periodo constitucionalmente establecido para la vigencia de nuestras autoridades legislativas y ejecutivas y así adelantar las Elecciones Generales. señalando que “se requiere adoptar una decisión que genere un recambio en la clase política que permita fortalecer a las instituciones, pero sobre todo optimizar las relaciones entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo, lo que redunde en una mejor y mayor representación de la ciudadanía, lo que permita, además, ir recuperando la confianza y la legitimidad en la clase política”   Estoy en contra porque una elección improvisada no es garantía de elegir mejores autoridades políticas.  En efecto, y como ya hemos dicho en post anteriores:

1.- En el 2020 iriamos a elegir, entre los candidatos de los mismos partidos que participaron en el proceso del 2016 ((donde elegimos este Congreso, del cual ahora denostamos).

2.- En el 2020 iriamos a un proceso electoral con -sustancialmente- los mismos partidos que participaron en el proceso del 2016 (donde elegimos a este Congreso, que ahora repudiamos)

3.- En el 2020 iriamos a un proceso improvisado (I), donde se suspenderian ciertas leyes electorales probadas en su utilidad (han garantizado procesos desde la recuperación de la democracia en el año 2000) e

4.- En el 2020 iriamos a un proceso improvisado (II)  donde iriamos a elegir con normas administrativas y reglamentarias aprobadas por un Presidente del JNE (investigado por los fiscales anticorrupción) y por un Jefe de ONPE y un Jefe de RENIEC ¡ambos provisionales y con nombramiento pendiente por la Junta Nacional de Justicia)

5.- En el 2002 iriamos a un proceso improvisado (III) pues antes de un proceso electoral hay muchas actividades de instituciones como el CIES que sistematizan información para que los partidos políticos puedan elaborar planes de gobierno más realistas; ONG que comparan planes de gobierno o realizan actividades de educación, formación y sensibilidad cívica y ciudadana, para que sea un “voto informado”, etc.

6.- En el 2020 iriamos a un proceso electoral sin haber incorporado las mejoras sustanciales por las que votamos en el Referéndum ¡y que se han plasmado ya en leyes! (estaríamos retrasando la voluntad popular, ya legislada, por todo un periodo congresal de 5 años)

Estas razones me parecen sustanciales para decir que no es conveniente ni oportuno ir, ahora, a un nuevo proceso electoral, y por ello lo podemos relacionar con el tiempo Kairos.

Finalmente debo señalar que, viendo las noticias sobre la participación popular en la marcha “que se vayan todos”, es entendible el sentir de la ciudadanía harta de todas nuestras autoridades incompetentes y corruptas. Pero los ciudadanos con formación jurídica debemos recordar que, el Derecho es la ciencia del “deber ser” y como tal estamos para hacer lo correcto, no lo que mandan las encuestas del momento.

“VOX POPULI, VOY DEI”(II) ¿VAMOS A ELECCIONES GENERALES?

En abril de 1990 distinguidos profesores expresaban razones opuestas a las que ahora sustentan con gran erudición y convicción. Parece que en esas fechas ellos me dieron la lección equivocada, pues me enseñaron que el Derecho es la ciencia del “deber ser” y no lo que dicen las encuestas o la masa.

 

El 5 de abril de 1990 estaba ya inscrito en la Facultad de Derecho y por ello, al día siguiente, fui a clase con la esperanza que la universidad estuviera cerrada o los profesores nos dieran libre (y así cruzar la pista para ir al Leo´s), pero no. Nuestros insignes profesores en cada clase que tuvimos -aunque no fueran profesores de derecho constitucional- indignados nos repetían que la democracia tenia diversos mecanismos para superar las diferencias políticas; que no podíamos ser como Kiko -del Chavo del 8- que patease el tablero y se llevase la pelota si algo no salía como él quería; que las instituciones eran eso: reglas de juego que había que seguir siempre, más aun cuando había desorden y caos, pues eran las que daban seguridad ya que habían sido pensadas -como toda ley- con supuestos generales y abstractos: para regir para todas las personas y para regular diversas situaciones futuras; y recuerdo que ese día aprendí que el Derecho es la ciencia del “deber ser” para hacer lo correcto, no lo que mandan las encuestas del momento o lo que dicen las turbas, las manchas, las portátiles o ese concepto indeterminado y voluble: “pueblo”.

 

Recuerdo especialmente un joven profesor de Derecho Constitucional General que había venido de estudiar de Alemania y que tenía una forma compleja de expresarse porque el conocimiento lo desbordaba, y que hizo que me interesara en esta materia y fuera luego asistente de otro profesor de constitucional.  Este profesor nos explicaba que las constituciones pueden agruparse en dos grandes temas, cada una con una lógica y filosofía distinta, como distintos eran sus mecanismos de protección:

a) La parte dogmática (donde se veían los temas de derechos fundamentales) y

b) La parte orgánica (donde se veía la estructura del Estado, del poder)

Y recuerdo que señalaban  que nada, ni invocar lo uno (pese a la situación de del país: hiperinflación, terrorismo, escasez de alimentos, luz, agua, etc.)  justificaba lo otro: cerrar el Congreso, pues para eso la parte orgánica tenia  el dialogo como instrumento esencial de  la política;  que dialogar no es pactar ni claudicar; que en otros países estas situaciones -y otras más complejas- se debatían ardorosa y exitosamente en el Congreso o en el Parlamento (que viene de parlare, etc.) y que eso debió hacerse aquí, etc.

 

Recuerdo que esos días estaba yo sentado al lado de mi amigo apodado “el escarabajo perdido” cuando un profesor -que luego saldría disfrazado, en una encerrona, de conquistador español-  decía: “El ingeniero ese, porque presidente ya no es después de esto”,  Creo que luego, como muchos otros,  meses después aceptó algún  cargo de confianza de ese gobierno.

 

Y recuerdo especialmente a estos dos profesores porque -con el mismo brío y convicción de esas fechas juveniles- ahora los escucho decir que, sí cabe cerrar el Congreso, que ésta o aquella es la vía correcta; que ésta es una salida política y legitimada por el sentir ciudadano y la voluntad del pueblo; que la interpretación textual no es la mejor forma de resolver un problema que tenemos al frente, pues el constitucionalismo no es normativismo, como lo dice tal o cual autor; que no podemos quedarnos congelados en el pasado o en un entrampe político y que debemos buscar salidas políticas, etc.

 

Es decir, estos flamantes profesores han tenido una epifanía y ahora, tocados en la razón e iluminados en su fe democrática, alaban lo que antes ardorosamente combatieron. Claro, ahora son más viejos, más vividos y por ende más sabios y famosos:  Y por ello deberíamos escucharlos y atender sus razones, supongo.    Lastimosamente yo les oí y creí cuando ellos eran jóvenes y daban lecciones “equivocadas”.   Y por ello solo espero que hoy, que se reúnen los dos Presidentes de dos poderes del Estado, dialoguen con sinceridad y teniendo por objetivo el bien común del Perú y de los peruanos.

 

 

 

VICTOR FRANKL: LA VOLUNTAD DE SENTIDO III. Un ejemplo de actualidad.

Las enseñanzas de Frankl no son moralinas, pues tienen base científica, medica, como lo dijimos antes, y por eso pueden brindar un mayor sustento lógico y racional a algunas personas (en especial, a aquellas en  búsqueda del sentido de su vida en el mundo y con los demás).

Para Victor Frankl el hombre busca sentido y lo encuentra por tres caminos (tricotomía):

1.- Un sentido de hacer y producir algo: Valores creativos (+)

2.- Un sentido de vivenciar algo, amar a alguien: Valores vivenciales (+).

3.- Firmeza para enfrentar un destino inevitable y fatal; convertir un sufrimiento en un logro: Valores de actitud (+++)

El citado autor también precisa que, la plenitud  no se logra dentro de si mismo, sino fuera, en el mundo: El hombre apunta por encima de sí mismo, hacia algo que no es él mismo, hacía otro ser semejante y así -la realización de uno mismo- es un efecto colateral.  Frankl cita a Maslow señalando: “Las personas que buscan la autorealización directamente, separadamente de una misión en la vida, de hecho no lo logran”.  Y en estos casos, Frankl señala que, la frustrada voluntad de sentido se busca compensar con:

1.- Busqueda de placer,

2.- Voluntad de poder.

Y en esta búsqueda de placer, Flankl nos habla de la sexualidad precisado:  “el intento de vivir la sexualidad por parte de la mujer, y en el hombre de probar su potencia sexual, no como una consecuencia de la espontánea capacidad de entrega en ese terreno, sino considerándola como finalidad, lleva a transtornos del orgasmo y de la potencia sexual respectivamente (…) ”.   En abundancia de su razonamiento señala:  “Maslow dijo: “La gente que no sabe amar, no obtiene del sexo la misma calidad de emoción que la gente que puede amar” (…) Cuanta razón asiste a Maslow cuando aboga por el amor aun con argumentos hedonistas. Esto urge del resumen de 20.000 respuestas a 101 preguntas formuladas que fueron formuladas por la reconocida y ampliamente difundida “Psychologia Today”. Se llegó a la conclusión de que entre los factores que cooperan para lograr la máxima elevación de la potencia y el orgasmo el más importante era el “romanticismo” (que va desde el enamoramiento al amor).”.

Pero dejando de lado el romanticismo y la sexualidad cómo culminación y expresión de un amor bonito y consentido entre dos personas, el autor tantas veces citado -hablando de la etapa inmadura de la sexualidad humana-  señala que Freud diferenciaba al hablar de:

  1. La meta motivadora: Es la descarga del automento de tensiòn sexual, sin reparar en el modo en que se llega a la misma. Ej. La masturbación, la promiscuidad.
  2. Objeto motivador: la otra persona como medio para mi satisfacción.

En esta etapa inmadura de la sexualidad humana, la otra persona no es vista como un sujeto, sino solo como un objeto para lograr la autosatisfacción, aunque sea acudiendo al comercio sexual y la promiscuidad (retroceso, regresión en la persona) o pornografía (regresión que califica de mayor gravedad, porque termina de cosificar a la persona, ya no usando directamente su cuerpo, sino solo su imagen).    Si para Frankl la pornografía es un grave retroceso en la persona ¿cómo calificaría las violaciones y feminicidios que se dan en el Perú cotidianamente?

Finalmente, Frankl señala que, se llega a la madurez de la sexualidad humana solo cuando la relación no significa un medio para un fin: cuando la otra persona ya no es un medio, sino es vista y comprendida en toda su humanidad, en su individualidad, en su unicidad: ¡una persona! “Entonces sí, el encuentro entre los dos, se convierte en una relación de amor” concluye sonando un poco “moralizador”.  Pero no es conservador o moralizar cuando entendemos, nuevamente, la trascendencia de una buena educación: La educación no solo debe transmitir conocimiento, sino también debe ayudar a refinar la conciencia para escuchar la exigencia que cada situación cotidiana contiene, inmunizándonos contra el conformismo y contra el totalitarismo y así ser responsable y “respondón” ante cada situación carente de sentido de la vida,  es decir (en la interrogante planteada lineas arriba): aprendiendo a no quedarnos callados ante cualquier tipo de violencia -en especial contra la violencia de género y los crímenes de odio- porque  independientemente del género u la opción sexual que cada uno tenga, son ataques a un ser humano, son ataques a la calidad de persona. ¡Y es que si tocan a uno/a, nos tocan a todos!

VICTOR FRANKL: LA VOLUNTAD DE SENTIDO II. Llenando el vacío existencial.

Aun siendo creyente, uno busca razones para entender mejor el sentido y finalidad de su permanencia en este mundo, donde parece existir una obligación a ser feliz a toda costa o a parecerlo por lo menos.  En ese sentido, considero que  Frankl resulta mas esclarecedor que un libro de autoayuda (¿happycracia?) o que las lecturas de Coelho u Osho, entre otros. 

 

Frankl señala que la sociedad industrial y consumista en que nos desarrollamos no dota de sentido pleno a todas las personas, y así el vacío existencial (falta de sentido) que muchos sienten genera tres consecuencias:

1.- Conformismo: El hombre aprende a querer lo que hacen los demás.

2.- Totalitarismo: El hombre aprende a hacer lo que los demás quieren.

3.- Neurotismo: neurósis noógena (sociógena: sociedad industrial y de consumo que crea necesidades que no llenan al hombre) =/= neurósis común (psicógena).

 

Ante la frustrada voluntad de sentido, Frankl señala que el hombre busca compensarlo con:

1.- Busqueda de placer,

2.- Voluntad de poder.

Y aquí es esencial el consejo de Frankl. “(…) Debemos superar el prejuicio de que el hombre busca fundamentalmente la felicidad; lo que quiere, en realidad, es encontrar una razón para ello. Y cuando encuentra esa razón, el sentimiento de felicidad se presenta por sí solo. En cambio, en la medida en que la busca directamentepierde de vista el fundamento en que se basaba y el sentimiento de dicha se desmorona. En otras palabras, la dicha debe ser una consecuencia y no puede lograr a voluntad”.

 

Frankl también señala la importante responsabilidad que tiene la educación para evitar el vacío existencial, la falta de sentido de nuestra existencia. Así, la educación:

No solo debe transmitir conocimiento, sino también debe ayudar a refinar la conciencia para escuchar la exigencia que cada situación contiene, para ser responsable y “respondón” ante cada situación de la vida, sabiendo que es importante (lo que tiene sentido) y que no lo es, inmunizando contra el conformismo, contra el totalitarismo (ya definidos antes).

Aún más, Frankl precisa: “El sentido no se puede dar sino que se debe encontrar: dar el sentido equivaldría a moralizar (…) No podemos dar un sentido a la vida de los demás: lo que podemos brindarles en su camino por la vida es, más bien y unicamente, un ejemplo: el ejemplo de lo que somos. Pues la respuesta al problema del sentido final del sufrimiento humano de la vida humana, no puede ser intelectual, sino solo existencial: no contestamos con palabras, sino que toda nuestra existencia es nuestra respuesta. Ésa es, entonces, una respuesta existencial. Por supuesto que también existe una respuesta autoritaria cuando alguien le impone a otro sentido y valores. Pero la condición humana podrá recuperarse solo en la medida en que se la encomienda como responsabilidad frente a un deber, frente al cumplimiento del sentido(…) Cuando más vivo es el sentimiento de responsabilidad de un hombre, tanto más fuertemente està inmunizado contra la neurosis colectiva, la neurosis masiva, el vacio existencial (…)”.

 

Frankl precisa que, el hombre busca sentido y lo encuentra por tres caminos (tricotomía):

1.- Un sentido de hacer y producir algo: Valores creativos Por ej. los que encuentran realización mediante un trabajo artístico, o la investigación y descubrimiento, o simplemente la satisfacción del deber cumplido.

2.- Un sentido de vivenciar algo, amar a alguien: Valores vivenciales. Por ej. los casos de madres que, sacrifican  su vida o se inmolan,  para que sus hijos sobrevivan.

3.- Una actitud y firmeza para enfrentar un destino inevitable y fatal. Valores de actitud (+++) Por ej. aquellos que pueden convertir un sufrimiento en un logro, como los mártires religiosos,  los enfermos terminales o los presos de conciencia.

Así, finalmente, Flankl señala:  “Ser hombre significa estar preparado y orientado hacia algo que no es él mismo. En cuanto una vida humana ya no trasciende más allá de si mismo, no tiene sentido permanecer con vida: más aun, sería imposible. Ésta es la lección que aprendí en tres años durante los cuales tuve que permanecer en Theresienstadt, Auschwitz y Dachau”.

 

Así, el que quiera oír y entender, aprenda.  La lectura de los textos de Frankl complementan magníficamente diversas enseñanzas  de toda formación -espiritual y religiosa- sobre el sentido de la vida, y ni que decir de complementar el ordenamiento constitucional peruano que guía el accionar profesional de un abogado y de un docente -como es mi caso-, donde la persona es el fin supremo de la sociedad y del Estado, y donde la Educación “tiene como finalidad el desarrollo integral de la persona humana” (art. 13º).

VICTOR FRANKL: LA VOLUNTAD DE SENTIDO I. La búsqueda

Hace años sufrí un grave accidente que motivó una búsqueda intelectual y espiritual que me permitiese responderme ¿por qué y para qué había sobrevivido?  Y en las diversas lecturas -filosóficas, éticas, religiosas, etc- un nombre que siempre surgía era el de Victor Frankl, sobreviviente del holocausto nazi.  Aquí va un -brevísimo y personal- resumen para quienes quieran iniciarse en sus lecturas, muy recomendables, por cierto, pues no tienen una base religiosa, sino médica, psiquiátrica, neurológica y filosófica.  

Ante la pregunta ¿Por qué llegamos a un estado de vacío existencial?, Frankl[1] decía: “los instintos ya no indican al hombre lo que tiene que hacer, y las tradiciones ya no le dicen lo que debe hacer y, a menudo, éste ni siquiera parece saber lo que quiere hacer. Tanto más se inclina entonces, ya sea a quererlo que hacen los demas o hacerlo que los demás quieren”. Luego agregaba: “(…) la perdida de las tradiciones no afecta al sentido sino solo a los valores. El sentido en sí está a salvo del derrumbe de las tradiciones. El sentido siempre es algo único e inigualable, algo que siempre habria que descubir, mientras que los valores son…. situaciones típicas que se repiten, es decir, que corresponden a la condicion humana. De cualquier modo, la vida puede permanecer plena de sentido aunque las tradiciones del mundo desaparecieran y no quedara ni un solo valor válido para todos. En la vida, empero, no se trata de dar sentido, sino de encontrar sentido…”

Y claro, así, algunas personas buscan encontrar sentido en sí mismas y otras en los demás personas. Al respecto Frankl recurría a dos conceptos que son esenciales en su obra:

La autorealización:

Frankl definía la autorrealización cómo el buscar y lograr la plenitud dentro de sí mismo.  Pero él también precisaba que la plenitud  no se lograba dentro de uno mismo, sino fuera, en el mundo: “El hombre apunta por encima de sí mismo, hacia algo que no es él mismo”, hacía otro ser semejante y así -la realización de uno mismo- es un efecto colateral.  Frankl citaba a Maslow señalando: “Las personas que buscan la autorealización directamente, separadamente de una misión en la vida, de hecho no lo logran”.

Voluntad de sentido:

Es una clase especial de percepción humana, de adjudicar sentido al ambiente, de interpretar, de organizar los estímulos para construir totalidades llenas de sentido. Es “especial” porque el hombre no busca solo encontrar una interpretación que lo acredite, revele como un individuo con un propósito que cumplir para completar su Gestalt total, sino para más: para encontrar un propósito, una justificación para su existencia, una apología pro vita sua. (Es encontrar sentido no solo en lo que el hombre es, sino también en lo que puede ser, por eso diversos autores califican la voluntad de sentido como “la capacidad humana real de descubrir Gestaltencargadas de sentido, no solamente en lo real sino tambièn en lo posible”). Así, la voluntad de sentido es ese aspecto de la autotrascendencia donde el hombre apunta más allá de sí mismo hacia un sentido que primero debe descubrir y cuya plenitud debe lograr primeramente (y así -la realización de uno mismo- es un efecto colateral).

Una voluntad básica de sentido es -decía Frankl- “un importante valor-motivo por lograr una vida llena de sentido, y por eso es un termómetro de normalidad psíquica”.  Su ausencia la relaciona con agresión, represión, distracción, huida a la realidad, búsqueda de placer, voluntad de poder, consumo de LSD, etc. que no les da sentido a sus vidas, pero sí sensación de sentido.

La conciencia es el órgano del sentido, es lo que guía al hombre en su búsqueda de sentido, pero tambièn lo puede guiar mal: lo puede extraviar, confundir: ignoramus et ingnorabimus (ignoramos lo conocible hoy, ignoramos lo que siempre se ignorará: lo incognoscible).  Frankl señala así que, el hombre solo sabe sí ha logrado el sentido de su vida en el último respiro.

Estos dos conceptos son muy cercanos a las enseñanzas religiosas católicas, pero no tienen una base espiritual o religiosa, sino médica, psiquiátrica, neurológica y filosófica, con lo que es fácil estar de acuerdo.

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[1]Frankl, Victor (2002).  La voluntad de sentido. Conferencias escogidas sobre logoterapia. Herder. Ed- Herder. Barcelona.

VOX POPULI, VOX DEI: ¡VAMOS A ELECCIONES GENERALES!

La última vez que escribí en este blog, fue en Julio 2017. Vuelvo a reabrirlo dos años después  porque al escribir voy compartiendo ideas, retroalimentándome con las diversas opiniones y sentando posición ante la vida.

 

Desde el año pasado y el primer semestre del presente, estuvimos petardeados por el tema de la “reforma política” que enarbolaba el Poder Ejecutivo. Incluso el Presidente Vizcarra creo una “Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política – CANRP”.  Su presidente, el destacado académico Fernando Tuesta señalaba por diversos medios las cuatro (4) ventajas de la reforma:  “La reforma política es el medio para intentar mejorar la representación, la calidad de las instituciones y la gobernabilidad, así como combatir la corrupción[1].

Y tan efectiva fue esa campaña y tan atractivos los ofrecimientos, que más del 70% de la  población apoyó con su voto en el referéndum de diciembre del 2018, la propuesta del Poder Ejecutivo, para que el Congreso de la República legislase sobre la gran mayoría de los temas propuestos, pues a todos los peruanos nos interesa:

  1. Mejorar la representación,
  2. Mejorar la calidad de las instituciones,
  3. Mejorar la gobernabilidad,
  4. Mejorar el combate contra la corrupción.

Ahora que el Congreso venía legislando -a regañadientes- los cinco (5) -de los once (11)-  temas que el Poder Ejecutivo señaló como prioritarios, nos dicen que la reforma política no importa, que hay otros temas más importantes y urgentes: el Poder Ejecutivo y Poder Legislativo deben renovarse en el 2020 en un nuevo proceso electoral general. ¿Y esto no lo sabian cuando propusieron el Referendum de diciembre del 2019?

Si quien ahora propone la Elección General de abril del 2020 me asegura que el 28 de julio del 2020 entrará un nuevo gobierno que logrará los cuatro resultados ofrecidos para el Referéndum del año pasado, yo no tengo inconveniente el olvidarme lo ofrecido e ir al nuevo referéndum y a las nuevas Elecciones Generales; yo tampoco tengo inconveniente de guardarme las respuestas a mis dudas sobre la viabilidad constitucional y funcional de esta nueva propuesta electoral.

Esta es la inquietud y estas las respuestas:  ¿En abril del 2020, a quienes vamos a elegir, y cómo los vamos a elegir? 

1.- ¡En abril del 2020 vamos a elegir, con las mismas normas electorales que rigieron el proceso electoral del 2016! (donde elegimos este Congreso, del cual ahora denostamos).

2.- ¡En abril del 2020 vamos a elegir, a los candidatos de los mismos partidos que participaron en el proceso del 2016 ((donde elegimos este Congreso, del cual ahora denostamos).

3.- ¡En abril del 2020 vamos a ir a un proceso electoral sin haber realizado ninguna de las mejoras sustanciales por las que votamos en el Referendum!  (Y, esta vez,  no por culpa del Congreso)

4.- ¡En abril del 2020 vamos a elegir sin la garantía de ciertas normas electorales probadas y vigentes desde hace varios procesos electorales (que serían dejadas sin efecto, conforme al proyecto de reforma constitucional).  Y serán reemplazadas  por decisiones decisiones reglamentarias que serán aprobadas por un Presidente del JNE ¡investigado por el Ministerio Público!; por un Jefe de ONPE y un Jefe de RENIEC ¡ambos con nombramiento pendiente por la Junta Nacional de Justicia, que la preside Vizcarra!

Atribuyen al sabio Albert Einstein haber dicho: “la definición de locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”. Teniendo en cuenta lo dicho  y  que vamos a seguir -básicamente- con las mismas reglas electorales para elegir entre candidatos fracasados que resenten a los mismos partidos políticos que participaron la última Elección General, sin mayores garantías de mejora de las reglas de juego de la elección,  ¿Cuál crees que será el “producto” resultante de esta futura elección?

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[1]Tuesta, Frenando (2019).   Politika. Blog de Fernando Tuesta Soldevilla. Fecha de consulta:  8/8/2019. http://blog.pucp.edu.pe/blog/fernandotuesta/2019/04/12/la-reforma-politica-en-su-segunda-fase/

GESTOR PUBLICO: PALABRAS CON SENTIDO ARISTOTELICO, TOTALMENTE VIGENTES PARA EL GESTOR PUBLICO DE HOY (FRONESIS, VIRTUD, FELICIDAD)

Hace muchos años realicé una pasantía en Japón y -en nuestro afán de conocer y aprender de esa cultura tan educada y avanzada- visitamos un santuario shintoista. Allí se vendían unos amuletos y talismanes para atraer la felicidad y la calma a distintos bienes materiales.  Si, como suena.

 Me explicaron que todos los bienes materiales –refrigeradora, autos, televisor, etc- tenían una especie de alma. Esa alma era feliz si cumplían su finalidad, pero un bien malogrado, o que no es utilizado para lo que fue diseñado,  tenía su “alma” infeliz.  Se vendían talismanes no para atraer la buena suerte o felicidad, al comprador, sino a ciertos bienes materiales.

 

Y así, con esa visita al templo shintoista, renació mi inquietud por conocer más sobre la relación entre la utilidad, la finalidad y la felicidad, que la había adquirido cuando pulpín. En Estudios Generales Letras aprendí que, Aristóteles en su libro “Ética a Nicomáco” analizaba la relación entre el carácter, la inteligencia y la felicidad. Especialmente en los libros VI y VII  distingue:

  1. Entre saber qué hacer para ser feliz,
  2. El estar dispuesto a ejecutar ese quehacerpara ser feliz.

En ese libro, pensado en su padre Nicómaco, Aristóteles señala: ”La virtud humana no puede ser ni una facultad ni una pasión sino un hábito”.  Así, para Aristóteles “hábito” quiere decir:

  1. La virtud NO ES algo que aparece espontáneo y por corresponder a la naturaleza, sino como consecuencia de la práctica o repetición; como consecuencia del aprendizaje.
  2. Los hábitos pueden ser malos (aquellos que nos alejan del cumplimiento de nuestra naturaleza y reciben el nombre de vicios) o ser buenos (aquellos por los que un sujeto cumple bien su función propia y reciben el nombre de virtudes).

Siguiendo a Aristóteles, cuando una entidad –persona u objeto- realiza su función propia, pero no de cualquier manera, sino de un modo perfecto, entonces es “virtuosa” o “buena”.   

Aristóteles también precisa que, la felicidad (o placer) es “aquello que acompaña a la realización del fin propio de cada ser vivo” (NOTA 1), o lo que es lo mismo,  dice que la felicidad viene cuando el hombre realiza la actividad que le es más propia, y –además- cuando la realiza de un modo perfecto.

En consecuencia:

  1. Un hombre que haga bien lo que tenga que hacer, no solo será virtuoso, sino también será feliz.
  2. La misma lógica se aplica para las cosas:

2.1.- Si hablamos que todos los días llegamos al trabajo en “un auto”, aludimos a un carro que nos transporta día a día, y denotamos que dicho carro cumple con su naturaleza: ser medio de transporte.

2.2.- Si especificamos o resaltamos que, todos los días llegamos al trabajo “en un muy buen auto”,  implícitamente resaltamos que cumple su finalidad –transportarnos de modo seguro, económico y eficiente- y con ello –también implícitamente- lo etiquetamos de “virtuoso”.

Y también en base a lo anterior, ¿Cómo aplicamos estas enseñanzas aristotelicas al funcionario público peruano?, ¿Qué tiene que hacer el  ciudadano que ejerce labores o función pública para ser considerado virtuoso por los demás y él ser feliz por lo que hace?

El gestor público -trabajador o funcionario- tiene una finalidad: brindar un servicio público, satisfacer el “interés público”.  ¿Qué es el interés público? No hay una respuesta clara y precisa, pues es un concepto jurídico indeterminado, que es llenado de diversas formas (En otro post, ya trabajamos el enfoque tradicional de cómo entenderlo. Hoy retomaremos el enfoque moderno). 

El gestor público tiene por finalidad brindar un servicio público, el satisfacer el “interés público” que, desde un concepto moderno parte de que:

  1. Son las autoridades electas que conforman el gobierno las que tienen la responsabilidad de definir y responder a las siguientes preguntas genéricas, abstractas:¿Qué es el interés público?, ¿Qué interés público debe atenderse?, ¿Cómo debe atenderse?
  2. El directivo, gestor o funcionario público es un estratega que tiene la responsabilidad de descubrir, definir y crear “valor público” para cada una de las peculiares actuaciones que le son sometidas. Para ello, él debe ver:

#1.- Hacia arriba, para renegociar el mandato político y lograr una definición política de “valor”.

#2.- Hacia afuera, para ver el valor de la producción, del producto que logra la organización.
#3.- Hacia dentro, para ver la situación y actuación organizacional actual (como contexto).
#4.- Hacia abajo, para ver la situación y actuación organizacional actual (sobre todo de sus colaboradores)

#5.- Debe ver hacia dentro de sí mismo, para certificar que su decisión trasciende el formalismo legal y es una decisión ética, justa, conforme a los valores y principios constitucionales más elevados: Enfoque de los derechos humanos en la gestión pública.

Para actuar como tremendo visionario y estratega, el gestor público, no solo debe ser culto, debe ser más: ¿sabio?.  Creo que no. ¡Debe ser más aún!.  Los filósofos entienden el contraste y la diferencia:

  1. La sabiduría (sophia)es la habilidad para reflexionar, teórica y correctamente, sobre lo que pasa en el mundo en abstracto.
  2. La frónesis –algo de lo que ya hemos hablado en otro post– incluye algo más: la habilidad de evaluar situaciones particulares a la luz del contexto y elegir bien los medios y los fines, pensando en cómo se aplicarán y repercutirán en dicho contexto o caso concreto.  Por ello, la literatura americana sobre educación llama Phronesis a la virtud del pensamiento que nos remite a una sabiduría práctica y cotidiana, y por tanto contribuye al embellecimiento o perfeccionamiento de nuestra vida. Y  con ella, de la vida de quienes nos rodean.

En base a lo anterior, considero que el gestor público, de cualquier nivel, debe desarrollar su labor con un enfoque fronético.

Solo cuando el gestor público –funcionario o trabajador- comprende la trascendencia de su labor: que más allá de ser un ganapán que hace lo que se le ordena, él debe  actuar de modo práctico y cotidiano para reducir brechas socio económicas en la población, y con ello, contribuir a lograr el embellecimiento o perfeccionamiento de la vida de quienes lo rodean y dependen de él: los ciudadanos; solo cuando el gestor público –funcionario o trabajador- realiza dicha labor, pero no la realiza de cualquier modo, para solo cumplir el mandato legal y justificar su sueldo; sino porque realmente cree que esa es su labor; él será feliz por hacer su labor, y será reconocido por los demás.

En las últimas navidades, celebrando un almuerzo con el personal a cargo, les dije: “La gente ve el cargo, pero no la carga” refiriéndome a que muchos solo aprecian la remuneración que el trabajador publico percibe, pero no se fijan en la responsabilidad  civil, penal y administrativa que uno tiene durante 10 años después de haber dejado un cargo. Por eso, quien guste de la gestión pública, debe saber que le gusta y  ama realmente trabajar en ello. Y luego deberá recordar esto, en los muchos momentos que surgen y te dan razón para estar desanimados o arrepentido de trabajar para el Estado.   

 

 

TEORÍA DEL VALOR PUBLICO (VI): ¿QUE TIPO DE GESTOR SE PROPONE? 

En nuestro país no hay una política pública en la determinación de que gestor queremos.  Me permito decir ello, por ser muy crítico y pensar: SERVIR no ha establecido realmente un perfil técnico del ciudadano y profesional que deberá ocupar cargos de responsabilidad, pues esos perfiles que salen en sus convocatorias, muchas veces son llenados por personajes de dudosa reputación personal o profesional.  Y de esos conozco bastantes.

Así que –desde mi personal punto de vista- el perfil del gestor público que ocupa los cargos de gobierno “depende” del gobierno y de la política NOTA 1 que éste gobierno quiera establecer en un momento determinado.   Ante ello, veamos algunas alternativas existentes:

1.- Conforme al modelo weberiano:

El gestor público debe ser un funcionario técnico (profesional especializado en su área) y apolítico (apolítico en el sentido de que no sea un militante partidario en el centro de labores ni en el desarrollo de sus funciones, ni utilice el puesto público para ponerlo al servicio de su organización partidaria, de su ideología o doctrina personal.

 

2.- Conforme los diversos enfoques modernos de gestión pública: 

Hay diversas propuestas. Pero nosotros podemos referirnos -a partir de la utilidad demostrada- a dos:

2.A) Desde la propuesta de Carlos Matus de las ciencias y métodos para la acción del gobierno, el gestor público debe ser un funcionario técnico-político, es decir, un funcionario que realice un análisis técnico-político.

        El ANÁLISIS TÉCNICO debe privilegiar el logro de la eficacia y eficiencia de los objetivos organizacionales,        entendiendo “eficacia” y “eficiencia” en los conceptos que el management nos refiere.

        Y el ANÁLISIS POLÍTICO debe también privilegiar la “viabilidad política” de la propuesta que elevemos a nuestros líderes o superiores jerárquicos en la organización donde ejercemos funciones, y también verificar “la aceptabilidad social” que la misma tenga en quienes son los destinatarios finales del actuar público y estatal: la ciudadanía, la sociedad, el pueblo, o como quiera llamársele.

Aunque sea un trabalenguas, el gestor público debe ser un funcionario con olfato político en el sentido de ser el técnico que realice análisis y elabore propuestas estratégicas efectivas para el logro de las políticas públicas adoptadas por el gobierno, por el Estado. Para lograrlo, Carlos Matus desarrolló un marco conceptual denominado “ciencias y técnicas de gobierno” y su metodología rotulada “Plan Estratégico Situacional”.

2.B) Desde la Teoría del Valor Público entendemos que el gestor público debía ser un estratega, pues y con respecto a su institución debe ver y coordinar:

1.- Hacia arriba, para renegociar el mandato político y lograr una definición política de “valor”, “valioso”.

2.- Hacia abajo, para ver la situación y actuación organizacional actual (sobre todo de sus colaboradores).

3.- Hacia afuera, para ver el valor de la producción, del producto que logra la organización.

4.- Hacia dentro, para ver la situación y actuación organizacional actual (como contexto).

5.- Hacia dentro de sí mismo, para ver que la situación responda a una decisión justa, equitativa.

Pero además de estratega, el gestor público debe verificar que, paralelamente, se cumplan las tres dimensiones del valor público:    

A) Dimensión Política: Cómo gestor público debo tener bien en claro que apoyo político y legal obtendrá su propuesta de acción que estoy elaborando. De nada servirá que trabaje más de las 8 horas legalmente establecidas y presente una gran propuesta técnica, si ella chocará contra el momento político, o las creencias ideológicas de mi jefe. Por ello debo preguntarse ¿Qué expectativas (políticas) hay?                                                                                  

B) Dimensión sustantiva: Cómo gestor público deberá verificar si al alcanzar mi objetivo propuesto generaré “valor”. Me puedo esforzamos mucho por alcanzar el objetivo que ha dado mi jefe, pero ¿hemos verificado que ese objetivo es el que necesitamos para satisfacer una necesidad pública?. Por ello, como gestores debemos preguntarnos ¿Alcanzar este objetivo es valioso, es eficaz?                                                                     .    

C) Dimensión administrativa: Cómo gestor público debo hacer un análisis administrativo u operativo y ver si mi gestión es sostenible. Deberé preguntarme ¿es técnicamente viable lo que propongo?

 

Todo lo anterior nos parece algo muy complejo para coordinar, pues no estamos acostumbrados, pues no se nos ha formado para ello en la universidad, ni se nos ha capacitado para ello en el trabajo. Por ello, la teoría del valor público nos dice que todo gestor público deberá ser formado seriamente para pensar y desarrollarse idóneamente dentro de las siguientes cinco (5) tareas:

1.- Promoción emprendedora.

2.- Gestión del desarrollo de la política.

3.- Gestión del desarrollo de la Negociación.

4.- Deliberación pública y Liderazgo.

5.- Marketing público.

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NOTA 1.- Así, es conveniente esclarecer algunos conceptos de “política” que luego utilizaremos:

  1. La “política” es un concepto jurídico indeterminado, pues puede ser llenada de diverso contenido, variable, según cada circunstancia;
  2. La “política partidaria” es aquella que busca el poder para el logro de sus intereses y forma particular de organizar el mundo;
  3. La “política pública” es aquella que tiende al logro de la Agenda Pública, la cual tiene diversos puntos en acción y gestión.

 

TEORÍA DEL VALOR PUBLICO (V):  ¿QUÉ TIPO DE GESTOR QUEREMOS?

Ya vimos que hay diversas formas de entender la gestión: la privada y la pública.

Dentro de la Gestión Pública, también hay diversos enfoques: uno tradicional y uno moderno.

Es el enfoque de la gestión publica moderna, se tiene muy en cuenta la acción del Estado y del funcionario público, pues afecta no solo la autonomía del consumidor, sino también generan costos de oportunidad en el ciudadano o usuario de los servicios públicos. ¡Por ello, es tan importante que toda actuación del Estado o de sus funcionaros públicos se justifiquen plenamente!

Ante todo lo anterior, una de las propuestas que responde a la inquietud ¿cómo gestionar?), es la denominada Teoría del Valor Público, que nos dice que el VALOR PÚBLICO no es otra cosa que satisfacción de necesidades básicas, bienestar general, beneficio social, etc.

 

Ahora veremos la parte que corresponde al hacer del funcionario público que se adscribe a esta teoría (Valor público), aunque para ello tenemos que seguir haciendo  observaciones y contrastes entre lo privado y lo público (ello  es muy pedagógico para descubrir la naturaleza de las funciones y obligaciones de un gestor público):

  1. Al gestor o directivo de las organizaciones privadasse le pide ser un líder, un innovador, “el mesías organizacional” (Decimos sarcásticamente ello, por el conjunto de virtudes y talentos que debe de reunir para dirigir a la organización privada y a las personas que la conforman o se interrelacionan con ella).
  2. Al gestor púbico,por simple copia irreflexiva, los políticos y la sociedad les exige lo mismo: ¡ser líderes!, ¡ser innovadores!, ¡ser todo lo que ellos no son!

 En efecto: Sí analizamos el discurso político efectista, vemos las grandes exigencias de liderazgo. Pero cuando analizamos el marco normativo y reglamentario que existe en las organizaciones públicas reales, se constata que, muchísimas veces, a los funcionarios públicos solo les permiten ser meros administradores, simples guardianes de la misión institucional y del mantenimiento de sus funciones, es decir: solo se les deja ser responsables administrativos, sin presupuesto para lograr cambio e innovación que se les exige pública y socialmente.  Y SERVIR parece incurrir en lo mismo, cuando convoca a sus concursos para integrarse al “cuerpo de gerentes públicos”

Si usted analiza los documentos de gestión de diversas organizaciones públicas (Yo lo hice con respecto al ROF y MOF del JNE y la AMAG, donde –sumados- trabajé casi diez años), al directivo o gerente público les pedimos que cumpla el perfil de un enfoque que muchos consideran fracasado y en franca retirada de las administraciones públicas: el enfoque weberiano que privilegia al “burócrata ilustrado”, donde el funcionario público, para ser tal, debe de tender a:

1.- La Especialización,

2.- La Jerarquización,

3.- La Formalización,

4.- Personal operativo,

5.- Impersonalidad,

6.- Carrera profesional (meritocracia)

 

Si ante esta contradicción entre lo que se le pide “boca para afuera” y lo que está en la normativa vigente, el buen funcionario público busca responder a estas demandas sociales y, por lo menos, perfeccionar las operaciones de su organización para aumentar su eficacia y eficiencia, ¿Qué hacemos los ciudadanos? ¡Desconfiamos!

Cuando algún gestor público hace alguna innovación, la misma sociedad que le exigía cambió, liderazgo, etc. se pregunta: ¿por qué innovó?, ¿Qué interés tenía?, ¿Qué ganó con ello?, ¿Quiénes ganan con ello?

Todo lo anterior genera un gestor público más confundido aún, pues no sabe sí mantener el status quo weberiano o innovar según las tendencias del management privado, ya que el riesgo es:

  1. Sí fracasa en la gestión, será penalizado por la Contraloría General de la República, el Ministerio Público y el Poder Judicial, o hasta el Congreso de la República
  2. Sí tiene éxito, no será recompensado, pues la sociedad sospechará de él.

Así, es evidente que nosotros mismos, como Estado, como organización pública, no sabemos ni tenemos muy en claro que tipo de gestor público queremos: si un burócrata weberiano (que no es un término peyorativo) o un líder.

 

 

LA TEORÍA DEL VALOR PÚBLICO (IV). Dimensiones del valor público.

Mientras los gestores privados tienen un cierto consenso sobre el conjunto de herramientas que han sido diseñadas para medir el logro de su objetivo empresarial (que se concentra en conceptos como Economía, Eficiencia, Eficacia), los gestores públicos debemos buscamos lograr un “valor” fijado por el legislador (quien no es un técnico) en una realidad que muchas veces es compleja (diversos actores sociales reclamando atención, diversas unidades organizacionales reclamando mayor presupuesto, etc.) y más: sin un consenso ni uniformidad sobre las herramientas que son propias “de” y “para” la naturaleza de la gestión pública. ¡tamaño problema!

Por todo ello, actualmente, en nuestro país, mientras las organizaciones privadas se concentran en conceptos como Economía, Eficiencia y Eficacia para base para medir el valor que han generado, las organizaciones públicas debemos recurrir al uso de indicadores de los organismos internacionales como la ONU y sus dependencias, y así hablamos –por ejemplo– de “Índice de Desarrollo Humano” NOTA 1  y hablamos de comparaciones, contrastes y crecimientos en el nivel de ingreso por persona (que mide el acceso a bienes y servicios), en el nivel educativo (que mide el potencial humano), en la distribución de ingreso (la oportunidad de acceso a la riqueza), en la esperanza de vida actual, o disminución en la tasa de mortandad infantil, disminución de la desnutrición crónica, etc.

El valor que buscamos los funcionarios públicos no es la rentabilidad económica o patrimonial. Es un valor que compense las restricciones a la libertad del ciudadano y al costo de oportunidades que le generamos por el cobro de los impuestos. Y por ello, el valor público solo puede ser algo muy valioso, si sirva a la “satisfacción de necesidades básicas”, al “bienestar general”, al “beneficio social”, etc.

Lo decimos bien claro: no importará que un gestor público alcance los objetivos trazados en la Ley o en los reglamentos, si ello no se traduce real y efectivamente en satisfacción de necesidades básicas de los ciudadanos, ¡no habrá generado ningún valor público!

Ahora debemos precisar que el “valor público” tiene tres (3) dimensiones:

  1. Dimensión Política: Aquí el gestor público debe tener bien en claro que apoyo político y legal obtendrá su propuesta de acción. Efectivamente, de nada sirve que el gestor trabajo más de las 8 horas legalmente establecidas y presente una gran propuesta técnica, si ella chocará contra el momento político, o las creencias ideológicas de su jefe.Por ello debe preguntarse ¿Qué expectativas hay?
  2. Dimensión sustantiva:Aquí el gestor público deberá verificar si al alcanzar su objetivo generará valor. Muchas veces nos esforzamos por alcanzar el objetivo que nos han dado nuestros jefes, y no nos preocupamos de verificar que ese es el objetivo que necesitamos para satisfacer una necesidad. Por ello, el gestor debe preguntarse si alcanzar este objetivo ¿es valioso, es eficaz?
  3. Dimensión administrativa:Aquí el gestor público debe hacer un análisis administrativo u operativo y verá si su gestión es sostenible. Deberá preguntarse ¿es viable técnicamente? Si el funcionario o gestor público considera que, al evaluar el desempeño de sus labores, ha respondido afirmativamente las tres dimensiones, estará encaminado a la generación de valor público.

Creo que estas tres (3) dimensiones son esenciales. Sin embargo, me ha resultado mucho más útil la propuesta metodológica que hiciera el maestro chileno Carlos Matus, que considero totalmente compatible con lo expuesto líneas arriba.

Y en ese sentido, Carlos Matus sostiene que, cada acción de gestión y gobierno debe pasar por una doble prueba acida:

  1. ElANÁLISIS TÉCNICO, que debe privilegiar el logro de la economía, de la eficacia y de la  eficiencia de los objetivos organizacionales, según con los conceptos que el management nos refiere.
  2. ElANÁLISIS POLÍTICO, que  debe privilegiar la viabilidad política de la propuesta que elevemos a nuestros líderes o superiores, y también la aceptabilidad social que la misma tenga en quienes son los destinatarios finales del actuar público y estatal: la ciudadanía, la sociedad, el pueblo.

Solo sí nuestras propuestas de acción y gestión superan positivamente los cuatro elementos (eficacia, eficiencia, viabilidad política, aceptabilidad social) estaremos encaminados a realizar una gestión exitosa y reconocida.

 

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NOTA 1.-  Siendo que, en el management moderno y la gestión pública moderna se orienta a una gestión por resultados favorables a las necesidades de los ciudadanos, encontramos necesario que, por lo menos, los funcionarios públicos de todo nivel, deberían de conocer –como mínimo- la técnica y el arte de la gestión por indicadores, para acreditar su labor en la creación del valor público.