05/07/10 | Publicado por: machicaojc | Categoría GOP Sector Público
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Actualmente en el Estado (y en general en toda la gestión pública) finalmente se está planteando como un consenso que debe gerenciarse por resultados que tengan líneas de base y metas. Hay toda una cultura de gestión de indicadores que nació hace varias décadas como implementación pionera en algunos gobiernos locales de Australia, Nueva Zelanda, Canadá y algunos lugares de Estados Unidos, en Latinoamérica con Brasil (gobiernos locales), Colombia y Chile. Hoy en día es casi un estándar: "Debemos gestionar la acción del Estado por sus resultados" es la frase típica de tecnócratas y cada vez más representantes políticos. Esto es muy bueno!
Sin embargo esto lanza otro reto. Se debe aprender cómo definir resultados e indicadores de estos resultados. Por ejemplo, no basta decir que se gastaron 10 millones de soles en infraestructura para la asistencia a las víctimas de un terremoto, sino que es necesario plantear metas que apunten directamente a la solución del problema para el ciudadano a servir. Por ejemplo un buen indicador es: "% de víctimas del terremoto con condiciones de vida mejores a las que experimentaba antes del terremoto". Este sí sería un indicador en el cual todos los actores estarían de acuerdo en incrementar hasta poder lograr el 100%, mientras que el indicador financiero podríamos elevarlo y elevarlo y no saber si realmente estamos logrando impacto Estatal o Ciudadano (lo que cada vez es más conocido como Valor Público).
Algunas recomendaciones se incluyen en un artículo anterior en este blog.
Esto lleva a identificar una gran traba que tienen los responsables de definir indicadores, y es que a menudo escuchamos en los discursos políticos que "la tarea del Estado es infinita". Pero si queremos adoptar una escuela de gestión por resultados y con indicadores, es imposible seguir pensando que la tarea del Estado es infinita. No es correcto considerar que todos estamos trabajando para algo infinito. Esto debe estudiarse con mayor profundidad. Nosotros (ciudadanos, funcionarios y empresarios) trabajamos para lograr algo finito.
Si el Estado empieza a definir metas finitas, es verdad que se expondrá al inicio a mayores críticas porque no todos estarán contentos por estas definiciones. Sin embargo, en el mediano plazo ganará viabilidad de ejecución de las metas y ganará (o recuperará) confianza. Si el Estado insiste en decir que "la tarea es infinita", siempre sonará a excusa y será imposible construir un sistema de aportes que aglutine los esfuerzos de todos los actores de un país. Por esto, la propuesta es deshacerse del mito de la "tarea infinita", enlazarlo con una sólida cultura de gestión para resultados, usando indicadores adecuados que ayuden a los actores beneficiarios (ciudadanos, empresarios) a tener claridad sobre lo que los actores operadores (funcionarios estatales) están haciendo. Esto generará una gran capacidad de contribuciones mutuas que podrán aprovecharse siempre para la construcción de sociedades más humanas.







