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15/04/13: Una muerte más de César Vallejo
Por Jaime Abanto Padilla
“He nevado tanto, para que duermas.”
Hoy se cumplen 73 años de la muerte del más grande de los poetas peruanos, aquel que murió en la pobreza y perseguido por la justicia; una injusticia que solo hace unos meses recién el Poder Judicial decidió ponerle fin como una manera de desagravio al más connotado representante de las letras peruanas dell siglo XX. Vallejo murió el 15 de abril de 1938 a las 9.20 a.m., a los 46 años de edad.
Vallejo no fue solo el hito en la poesía modernista, significó también el muchacho provinciano que llegó a las esferas más altas de la literatura y la cultura europea. Fue parte del núcleo generador de la cultura peruana de su época junto a Víctor Raúl Haya de la Torre, Antenor Orrego, Alcides Spelucín, Oscar Imaña, Camilo Blas y otros grandes exponentes de la cultura peruana en las primeras décadas del 1900.
Perseguido y encarcelado, libre y enamorado, enamorado de la mujer que vendía chicha en su pueblo, enamorado de la hija de su hermano mayor, – a quien le hizo bellos poemas que fueron clandestinos un tiempo – enamorado de varias francesas después; bebedor y seductor, mujeriego y galante, pero sobretodo un poeta con una fuerza indomable y una nostalgia que se hizo casi una patología que lo crucificó en los maderos curvos de su angustia y su pena insondable por su Santiago de Chuco y el Perú.
La poesía de César Vallejo nació fortalecida por el sentimiento andino y la influencia de los clásicos que había leído sumado a la efervescencia de sus tertulias con los ilustres amigos con los que frecuentaba. Pero se fortaleció más en Europa donde no solo se fortaleció literariamente, sino que asumió un rol decisivo en la compleja situación en que vivía España, por ejemplo, o sus viajes a Rusia y a otros países con políticas distintas, en donde se nutrió ideológicamente de conceptos filosóficos nuevos.
César Vallejo murió sin saber a exactitud la trascendencia que tendría su obra, muchos años antes de viajar a Paris, antes aún de conocer a Georgette soñó que velaban su cadáver en una habitación casi desierta donde solo había una mujer gorda con sombrero llorando – años después, así fue el escenario de su muerte -.
Georgette Philippart, la última mujer de Vallejo, ha sido satanizada por los amigos del poeta. La defensa que hizo siempre de él la convirtió en una mujer intratable. Después de la muerte de Vallejo se peleó con muchos de los amigos del poeta, cacheteó a más de un editor y se enfrascó en dimes y diretes con todo aquel que osaba hablar de Vallejo en forma despectiva. - durante un evento público Georgette le dio una bofetada al editor Carlos Milla Batres, debido a que éste incumplió su promesa de publicar una foto de Vallejo en la carátula del “Homenaje internacional” al poeta consagrado por la revista “Visión del Perú”. En lugar de la foto, Milla Batres colocó un óleo de Macedonio de la Torre, con una representación irreconocible del poeta-
Para Geogette Vallejo era su “Cholo sano y sagrado” y sin duda tenía una similitud con Eliane Karp y Alejandro Toledo, había asumido luego de la muerte de Vallejo una facilidad única para caerle mal a la gente. Era la Florinda Meza de Chespirito, una mujer odiosa e insoportable, pero tierna al fin para enamorar al poeta.
Pero a Georgette le debemos el rescate de la obra de Vallejo, de la póstuma literatura que conocemos de él, aquella que se pudo perder para siempre y que pudo condenarlo al olvido. Georgette le dio a Vallejo una tumba y fue también la que se opuso al traslado de sus restos al Perú. “Porque en su tierra le dieron de palos, lo maltrataron y yo soy obediente a su voluntad.” Había dicho alguna vez. Georgette fue la continuación de Vallejo por muchas décadas. En el epitafio de la tumba de Vallejo escribió “He nevado tanto, para que duermas.” Ella murió en 1984, sus restos están enterrados en el cementerio de la Planicie de Lima, a miles de kilómetros del Vallejo que ella amó como no lo hizo nunca el Perú. Lejos, muy lejos como esa mañana de 1938 cuando se ahogó en su pena cuando Vallejo partió a la gloria para siempre.
Jefe de la Oficina de Control de la Magistratura
Vocal Titular de la Corte Suprema de Justicia

Discurso pronunciado en la ceremonia de “Homenaje al poeta César Vallejo”, el día 2 de agosto de 2006, en el salón de Juramentos del Palacio Nacional de Justicia , como parte del ciclo de actos programados por el “Día del Juez”
Quisiera empezar esta breve presentación expresando mi sincero agradecimiento a Ud. Señor Presidente de la Corte Suprema, por darme la oportunidad, de reiterar la importancia y vigencia de César Vallejo, del poeta – como diría Luis Alberto Sánchez – de incuestionable singularidad y expresarle también mi felicitación por esta ceremonia, que es un acto de justicia.
Mi corta alocución, no puede aspirar más, que a ser un pálido prólogo del fecundo programa que se ha preparado para esta noche y que obra en poder del auditorio, a cargo de versados especialistas en la materia. Por ello, mis palabras sólo son el testimonio de un ferviente lector y sincero admirador del poeta homenajeado.
¿Qué estará haciendo? ... ¿Dónde estará mi amada?, se pregunta el vate, en el poema que hemos escuchado... se interroga por aquello que conoce y que sin embargo se haya ausente, su amada se encuentra lejos de él, y él lejos de ella, casi como un exiliado, como quien se ha despedido de todos, y se haya desterrado en la lejanía... lejos de su madre, lejos su pueblo natal, lejos de sus amigos, lejos de su país...Vallejo murió lejos de su patria, pero su obra, vive con nosotros, soberbia y actual, muy actual, presente, y viva, con todos nosotros.... entre nosotros...
Quiero en esta breve alusión, decir algo sobre César Vallejo, de su actualidad, y asimismo de la vigencia del oficio de poeta, del artista, en nuestra sociedad contemporánea. Estas reflexiones no tienen la pretensión de arrojar luces, sobre una materia ya bastante trabajada, y visible, para los doctos en literatura y en poesía, específicamente. Como un admirador de la tarea artística, sólo quiero hacer públicas, de modo apretado, mis apreciaciones.
Soy un apasionado lector de Vallejo, como tantos hombres y mujeres del Perú, y del mundo, que pertenecen a generaciones disímiles, lectores que han encontrado siempre, un sentido nuevo, a la obra de Vallejo, una literatura que se rescribe en el imaginario de cada época, porque Vallejo, como esos singulares espíritus de nuestra especie, escribió desde lo más hondo de lo humano, para lo humano, a un costo, que el afrontó con terror, y también con entereza.
En el año 1922, escribió Vallejo, en una carta remitida a Antenor Orrego, su compañero espiritual, luego de la publicación de una de sus obras capitales, Trilce, que :
“Siento que gana el arco de mi frente
su más imperativa fuerza de heroicidad.
Me doy en la forma más libre que
puedo y ésta es mi mayor cosecha artística
[...] ¡Dios sabe hasta que bordes
espeluznantes me he asomado, colmado
de miedo, temeroso de que todo se
vaya a morir a fondo para mi pobre
ánima viva”
Otro gran poeta escribiría en un intenso
poema:
“....Pues la belleza no es nada sino el
principio de lo terrible, lo que somos
apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos
porque serenamente
desdeña destrozarnos...”
La belleza, la poesía, nos dice Rainer María Rilke, exige del poeta una entrega absoluta, porque creo – y me atrevo a expresarlo – no se puede ser un artista de horas; quien dedique su vida al trabajo literario, no puede anular su sensibilidad mientras no escribe, ésta se haya abierta al mundo, de modo permanente, y cobra un cariz casi dramático, en el momento mismo de la creación poética, que parece - cuando la obra es absolutamente sincera, y viene del hontanar del espíritu – colocar al poeta en las orillas del abismo, en cuyo fondo yace lo más insondable del espíritu, pero también la belleza, de ahí el terror, pero también la atracción, la idea de creación a través de lo que casi es una autodestrucción del poeta, digámoslo en símil. Es mi punto de vista honesto sobre tal extremo.
Una de las expresiones más altas del trabajo literario de César Vallejo, lo constituye su obra Trilce, sin desmerecer su obra “Los Heraldos Negros”, que considero – personalmente – revela una poesía de suma belleza. Es de consenso, dentro de la critica literaria, el señalar que con Trilce, Vallejo logró liberarse de las formas literarias de su época, específicamente del Modernismo (cuyo máximo exponente fue Rubén Darío, seudónimo de Félix Rubén García Sarmiento), para encontrar su propia voz, su individualidad poética. Por ello no falta razón a Ricardo Silva-Santisteban, el señalar que:
“Frente a la aparición de Trilce el estupor fue casi total y solo a la vuelta de los años este libro sería reconocido como una obra excepcional no solo de Vallejo y de la poesía peruana de todos los tiempos, sino también de la poesía contemporánea universal” . Continua luego, el mismo autor: “No se trata, pues, de una simple habilidad verbal, pero hueca; Vallejo hincha y colma sus poemas con una gran carga existencial y con el vigor dinámico de su expresión. En Trilce los poemas parecen surgidos de la nada por tocar el abismo del lenguaje”.
Nos habla el estudioso peruano, que Vallejo se acercó a los abismos del lenguaje, pero creo yo también, que Vallejo, se aproximó a las orillas mismas de la experiencia existencial. Su voz, como venida directamente, y de modo indetenible, de lo más prístino del alma, resulta nueva, parece salir de su tiempo, sin ser ajena a las convulsiones de su época, para insertarse en lo imperecedero, en lo perpetuo. Vallejo forma parte de esos grandes representantes del genero humano, que ha captado no solo el drama existencial de su época, sino también el de la nuestra, y tal vez, el del porvenir. Pertenece a esa pléyade de escritores, de la talla de Baudelaire, Rimbaud, o Kafka, entre otros grandes. El propio Jorge Basadre nos ha dicho, refiriéndose a Vallejo, que:
“Su voz suele dar la impresión del abismo. Coloca a los hombres frente a su propio drama y las nuevas generaciones encuentran allí un desasosiego,
unas contradicciones, un malestar psíquico que son como los de ellos y los del mundo y de la época en que viven. Con Vallejo se inicia en América un nuevo proceso cultural, un proceso de alcance y sentido universales. Y ha surgido para la valoración de su vida y de su obra el empeño no sólo en el campo literario y en el terreno social sino en una tercera dimensión de índole metafísica y mística”.
La poesía de Vallejo es, en apretada fórmula, un himno a la humanidad, cantado con un lenguaje extraño, y que sin embargo, ostenta una musicalidad y contenido que nos recuerda lo primario, un origen que dormita en lo inescrutable.
He allí la grandeza de la obra de Vallejo. Su producción literaria es considerada uno de los pilares de la poesía contemporánea. Basta citar como ejemplo, que en la última edición del suplemento Babelia, del 22 de julio de 2006, perteneciente al diario español “El País”, uno de los más importantes de Europa, se inicia un reportaje sobre la poesía latinoamericana actual, con las siguientes palabras:
“...Los herederos de clásicos de la poesía latinoamericana del siglo XX
como César Vallejo, Pablo Neruda, Octavio Paz o Jorge Luis Borges ya
están aquí...” Y luego, que la prestigiosa casa editora Alianza Editorial, de España, publique hace poco, una nueva impresión de la “Obra Poética Completa” de nuestro vate universal, con prologo del poeta Américo Ferrari.
Estos hechos revelan, que para comprender la poesía de hoy, se ha de
tener como referente la obra de Vallejo. Este gran poeta insertó, no cabe duda, la poesía peruana, dentro de la poesía universal. Su trascendencia e importancia, es patente. Como lo han señalado los numerosos estudios biográficos que se han hecho sobre Vallejo, este fue un hombre con sobradas capacidades intelectuales. Destacó en sus estudios escolares, secundarios, como en los universitarios. ¿Pero por que un hombre, cuyo talento se eleva por encima del carácter e intelecto del promedio (como era ciertamente el de César Vallejo) elige uno de los caminos humanos más difíciles, más arduos, y que menos ventajas materiales le ha de traer, como es el del arte?. Nos preguntamos. Más aún, cuándo la labor literaria exige del poeta una entrega total. Expreso Bertrand Russell, en uno de sus innumerables ensayos, que: “...A pesar de que tienen seguramente tanta capacidad como muchos de los hombres que se elevan a las más encumbradas posiciones, no se hacen árbitros de los acontecimientos de su época ni alcanzan riqueza, ni el aplauso de sus contemporáneos.
Los hombres que tienen capacidad para ganar esos galardones, y que trabajan tanto o bastante más que los que se los llevan, optan por el camino que les hace imposible ganarlos; estos hombres deben ser juzgados considerando su desinterés personal en la finalidad de sus actos...”
Esta escena, la de un hombre, que poseyendo capacidades excepcionales, elige el camino de la poesía, nos transmite la imagen del sacrificio, de la acción desinteresada, ya que como bien advierte Bertrand Russell, y efectivamente fue así, nuestro poeta no alcanzo, en vida, las más “encumbradas posiciones” sociales, no logró riqueza, ni tampoco, el aplauso merecido de la gran mayoría de sus contemporáneos. Por el contrario, conoció la escasez material, el desdén, y también la injusticia (fue una victima del sistema judicial), una situación que hoy, nuestra institución, dirigida dignamente por nuestro Presidente, el Dr. Walter Vejarano, quiere corregir, reivindicando la memoria del poeta con esta significativa ceremonia de homenaje.
Porque como escribiese nuestro distinguido historiador Jorge Basadre:
“En 1920 viajó Vallejo a Santiago de Chuco y fue acusado sin fundamento,
con diecinueve más, de los delitos de daño e incendio de una tienda. Preso,
fue conducido a la Cárcel Central de Trujillo. Hubo gestiones de intelectuales y estudiantes en su favor; en octubre de 1921, a los 113 días de permanencia
en la prisión, obtuvo la libertad condicional. Este episodio ejerció gran influencia en su vida. Entonces escribió varios de los poemas de Trilce.”
Lo dicho por nuestro historiador se confirma plenamente con el siguiente texto, escrito por el poeta:
“El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú”.
Pero en una de sus cartas, aquella que fuera dirigida a su abogado, César Vallejo escribiría que :
“....Me quedo lleno de inquietud puesto que sé que todo es posible en materia judicial...” . Premonitorias palabras.
Una critica como esta, respecto de la falta de predectibilidad judicial, muy a nuestro pesar, no ha perdido todavía actualidad. Forma parte
aún de la problemática judicial, en la que para su solución, se han realizado insistentes reformas, innumerables seminarios y foros, no obstante, tal problema persiste.
Sin duda, este suceso marcó profundamente la vida del poeta. En la poesía de Trilce se puede ver reflejada aquella experiencia de soledad, de injusticia, y de absurdo. Como se sabe, este acontecimiento, junto a otros, desencadenaron la escritura de aquella poesía, tan intimista, como es la de Trilce. El estudioso Silva-Santisteban nos expresa que:
“los sucesos de los años 1918 a 1922 que fueron sentidos con intensidad
y en forma persistente por Vallejo, y motivaron no sólo la escritura de
poemas aislados sino su reunión en un libro de hondo patetismo en
el cual el poeta, delastrado de la ya insuficiente, para él, retórica modernista,
perseguía una forma que, por suerte, su estilo supo encontrar para
concretarse en Trilce”.
No podía, nuestra institución, seguir de espaldas, frente a una acción judicial que ha significado un yerro tan pernicioso, como el cometido contra
el vate. La misión de la judicatura, tiene una honda vocación humana, dado que junto, al Derecho, es un instrumento, al servicio del ser humano.
No puede ser entonces, un medio que agobie al hombre, pues este es su razón de ser. Partiendo de tal basamento, resultaba ineludible, por ser de justicia, que nuestra institución jurisdiccional, reivindique a nuestro escritor, recuerde su trayectoria, su obra, dentro de una ceremonia, que en su más sincero simbolismo, quiere ser un acto que ratifique la absolución del poeta, pues la fuerza de los hechos y de la historia, ya lo han hecho. La verdad de nuestro literato, su inocencia, queda revelada y asentada, en cada página de su obra, y en los innumerables trabajos académicos que han reconocido en César Vallejo, a uno de nuestros más grandes poetas. Él es nuestro vate universal.
Expreso Vallejo que:
“Cualquiera que sea la causa que
tenga que defender ante Dios, más
allá de la muerte, tengo un Defensor:
Dios”
Tales palabras del poeta, como se ha visto, no han caído en el olvido.
Escribió sabiamente César Vallejo que “todo pertenece, en el fondo, al mundo moral” . El espacio moral, el mundo del espíritu. La elección de aquello que exige un denodado sacrificio, sin duda se nos aparece como una elección moral, una acción que define una posición determinada ante el mundo y la sociedad. César Vallejo fue en gran parte coherente con ello, mantuvo su poesía, aquello por lo que Vallejo es un “hombre representativo” - utilizando la formula de Ralph Emerson – alejada de intereses coyunturales. El mismo poeta expresaría que:
“Una cosa es mi conducta política
de artista, aunque, en el fondo, ambas
marchan siempre de acuerdo así
no lo parezca a la simple vista. Como
hombre, puedo simpatizar y trabajar
por la Revolución pero, como artista,
no está en manos de nadie, ni en las
mías propias, el controlar los alcances
políticos que pueden ocultarse
en mis poemas” . Esto es libertad
Para Vallejo, la poesía es libre, no puede nacer para el cumplimiento de fines determinados, ex profeso, no hay un arte ad hoc, este nace espontáneo, como una exclamación que extiende su raíces a lo más intimo del ser humano, y está por tanto, ahíta de honestidad, de sinceridad.
El arte no puede ser fingido sino vivido. En esto, nuestro poeta trató de conservar su integridad, y lo logró, de modo plenario, en su poesía.
Como intelectual, no aprovechó las circunstancias para endilgarse puestos políticos, para –sirviéndose de las tendencias sociales de la nación – arribar a cargos dentro del Estado. Prefirió el camino que no le ofrecía ninguna tranquilidad material, con desinterés, sirvió a las causas sociales y artísticas, que creyó justas, de irremisible compromiso, movido por una profunda sensibilidad por el hombre, sin hacer distingos de patria, ni de condición, su vocación social y de poeta, estuvo dirigida a lo humano, a los valores universales como es de los grandes poetas hacerlo, y César Vallejo, el mundo lo reconoce, lo fue, y sigue siéndolo.
De ahí que Vallejo, dentro de los puntos anotados, puede ser considerado un arquetipo de “hombre virtuoso”, y por tanto, su recuerdo no solo tiene valor para el mundo cultural de nuestra patria, sino también ostenta un valor moral. Como hombre sensible al dolor ajeno, al sufrimiento del prójimo, y también, de una praxis honesta y sincera de sus convicciones, se nos presenta a la judicatura, como un modelo ético, a emular.
El Derecho se realiza con mayor justicia, creo yo, mientras sea aplicado con sensibilidad, con una sensibilidad que todos sabemos se enriquece
de las expresiones artísticas, del arte en su conjunto. Por ello, me siento complacido que esta Corte Suprema tenga entre sus miembros a un magistrado que a su versación jurídica ha unido una especial sensibilidad por el arte, un magistrado que ha identificado su vida no solo con el Derecho, sino también con la música, en lo que significa el arduo quehacer de su composición e interpretación...
me estoy refiriendo al colega y amigo, el Señor Vocal Supremo Robinsón
Gonzáles Campos, quien el pasado año, en este mismo recinto, en un evento que creo es inédito en los anales judiciales, quebró el silencio anquilosado de este espacio e hizo que cobraran vida los sólidos y gélidos
muros y pisos de este marmóreo Palacio de Justicia, aquel día que presento su obra musical, en la que rindió tributo a la música peruana e internacional.
La música es un arte excelso, de ella dijo Kant que constituye una de las cimas del arte. Como lo asevera nuestro Colega, con su ejemplo: los hombres de Derecho no debemos ser ajenos al arte.
Como ha dicho, con suma dureza, otro gran artista, el gran escultor francés Augusto Rodin:
“...Hoy en día la humanidad cree que puede prescindir del arte. Ya no
quiere meditar, contemplar, soñar; quiere gozar físicamente. Las altas y las profundas verdades la dejan indiferente; le basta con contentar sus apetitos corporales. La humanidad presente es bestial...”
En una época como la nuestra, signada por una búsqueda casi febril de lo material, en el que lo humano parece haberse reducido al acto mismo del consumo, en el que la irracionalidad del mercado, de la utilidad, del beneficio
material, aparece como el fantasma vacío que inunda todos los actos humanos, el rescate de los valores primarios de la humanidad, resulta una tarea ineludible. Por ello la tarea artística cobra visos casi de salvación
de lo humano, de emergencia, de manos que acuden a salvaguardar el espíritu del hombre, de aquel reino de los objetos, que lo asfixia.
Por eso estamos aquí, no solo para recordar la trascendencia literaria de
nuestro poeta César Vallejo, su trayectoria vital, su verdad, sino también para destacar el mensaje ético de su existencia, el contenido moral del arte, que nos exhorta, a no sacrificar los grandes valores de lo humano, en nombre de un progreso material que termine por cosificar al hombre. Porque como ha advertido Rodin:
“Hoy la gente sólo se preocupa por el interés material; yo quisiera que esta sociedad práctica de nuestro tiempo se convenciera de que está en su propio interés el honrar a los artistas, tanto por lo menos como lo
está el honrar a los industriales y a los ingenieros”
Otra gran virtud de Vallejo, y que justifica aún más este homenaje, es que fue un gran patriota. Recordemos que cuando al poeta, un amigo suyo, le sugirió nacionalizarse francés, dado que afrontaba serias
dificultades para la obtención de su pasaporte, pues lo había extraviado, el vate respondió, con seguridad:
“En ese caso, prefiero regresar al Perú, aunque apenas llegue me encarcelen. Si algo tengo de ser humano y vuelo de cóndor, es porque nací en la sierra del Perú y aunque no tuviera pasaporte o me lo quitaran,
jamás dejaría de ser peruano”
Sea esta ceremonia, una reivindicación sincera y sentida de nuestro más grande poeta. César Vallejo no ha muerto, nuestro gran poeta vive en el espíritu y en el recuerdo de todos quienes lo admiramos.
Muchas gracias,
En http://ocma.pj.gob.pe/contenido_archivos/boletin/055-056.pdf
pp. 15-20
Esta entrada se debiera titular: “En La Florida, los jueces no pueden aceptar como amigos en Facebook a abogados litigantes“, pero era un nombre muy largo y decidí por algo más breve aunque dijera menos. La entrada es sobre jueces y cómo es que se entiende la ética judicial desde las dos orillas del Río Grade. Pero antes, giremos hacia atrás algunos decenios.
En mayo de 1920, César Vallejo (1892 – 1938) regresa a Santiago de Chuco. Apenas unos meses después ya andaba metido en problemas. En agosto, desconocidos incendian y saquean la casa de la familia Santamaría ubicada en el pueblo. Nuestro crédito nacional es acusado de participar en el suceso y va a parar a la cárcel de Trujillo donde permanece enjaulado 112 días entre 1920 y 1921. Durante ese tiempo, como Cervantes, Marco Polo o Sade, Vallejo se dedica a escribir los poemas de Trilce.
Noventa años después, una universidad peruana decide “desagraviar” al poeta, y no sólo eso, estima que este acto debe hacerse no en los claustros limeños o en la tierra de Vallejo. No, debe hacerse a todo pasto a los pies de su tumba en París. El homenaje se realizó en la Casa de América Latina (Maison de l’Amérique Latine) de la ciudad del Sena. Como fue nuestro Poder Judicial el que encauzó y condenó a Vallejo, se invita a participar de la ceremonia parisina a dos vocales de la Corte Suprema.
Que la Universidad Alas Peruanas decida y realice este descabellado fasto parisino no tiene más importancia que la de evidenciar los delirios de quienes la dirigen. Sin embargo, no es tan anecdótico cuando se revela que esta institución discute más de un centenar de procesos ante el Poder Judicial y solventó los gastos de viaje y estadía, no sólo de los magistrados supremos, sino también de sus esposas. No parece por tanto que nos encontremos ante un accionar muy ético, por decir lo menos (la noticia en El Comercio y José Miguel Cárdenas en enfoqueDERECHO).
Casi al mismo tiempo que nuestros vocales supremos viajaban a París gracias a la generosidad de un litigante, en los Estados Unidos el Comité Asesor de Ética Judicial (Judicial Ethics Advisory Committee) de la Corte Suprema de la Florida discutía como debían proceder los magistrados frente a las redes sociales como Facebook, MySpace o LinkedIn.
Producto de estas deliberaciones el Comité decidió que los jueces con página abierta en una de estas redes sociales deben evitar aceptar como “amigos” a abogados litigantes. Tampoco los jueces pueden ser “amigos” virtuales de abogados.
El razonamiento que se esconde detrás de esta proscripción es evitar que se genere la impresión que estos abogados “amigos” están en la capacidad de influenciar en las decisiones del juez. Esto último considerando que las listas de amigos tienen un importante grado de publicidad en las redes sociales.
Para el Comité, la aceptación de la solicitud de amistad de un abogado litigante viola el artículo 2B del Código de Conducta Judicial del Estado (Code of Judicial Conduct), que dice: “Un juez no prestará el prestigio del cargo judicial para promover intereses privados del juez o de terceros; un juez tampoco dará ni permitirá que otros den la impresión de que están en una posición especial para influir en el juez “.
Cuestión de matices, por el contrario sí se permite que un abogado se declare “fan” de un juez. Para el Comité ello es posible en la medida que las redes sociales no otorgan las herramientas para que el juez pueda aprobar explícitamente al litigante o la facultad de rechazarlo.
Un tema interesante, cómo responderían las autoridades judiciales locales frente a retos como el que acabo de describir. Pero antes, bien podrían registrar en los códigos limitaciones del tipo: “Un juez no se prestará al desprestigio de la carrera judicial aceptando viajes pagados con el dinero de los litigantes“.









