Archivo por meses: julio 2008

60.- Querer bien

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Querer bien a alguien es difícil,
muy dificil cuando no se vive el amor,
cuando lo vemos distante,
como un horizonte,
si lo creemos imposible
como una fantasía extraña,
cuando lo vemos tan lejos,
privándonos la espera de su alcance.

Querer bien a una persona es amarla,
pero amar es difícil
si no nos han enseñado,
si no hemos visto
como es que se ama,
porque llamamos amor a muchas cosas perversas,
y la gente se burla de los que aman.

Querer bien a una persona es soportarla,
aunque sea antipática, aunque haga daño,
aunque su corazón nos odie y sus labios engañen,
aunque sienta celos, aunque sea egoísta,
pendenciera, jactanciosa o materialista,
aunque nos reproche o nos haga injusticias.

Queres bien a una persona es compartir,
compartir la vida, compartir las cosas,
los buenos vientos y las largas horas,
compartir los versos, el ideal, la gloria,
compartir los sueños, compartir la historia,
el llanto del fracaso y los gritos de victoria.
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53.- A Sor Giselle

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Gris blonda la cabellera,
el color desconocido.
Madre sin haber engendrado
rodeada de niños,
jugando y riendo
entregando cariño,
jugando y viviendo
amando a los niños.

Se oye el motor de auto
como un claro fijo,
como mi sombra,
como mis brazos,
anunciar tu llegada,
cesada la espera,
como siempre
el saludo cariñoso
y la sonriza…

Te sientas y cantas
y cantar nos haces,
vibrar las paredes
y los vidrios,
retumbar el eco,
alegrarse la noche,
retroceder el frío
dispersar la neblina.

Y cantas.
Y sonríes.
¿Pensarás en qué
Sor Giselle?
¿En los niños
que dejaste
después
de la comida?

¿O en el tiempo
implacable
que anuncia
la partida?

Tal vez en tu patria
te estén extrañando,
tal vez te añoren
la nieve y los prados,
los paisajes
que aquí
nos parecen paraíso…

Lloras.
Lloras también,
conozco tu alma,
yo también soy tu hijo
y algún día seré padre.

El río.
El río que emana
de tus ojos extraños,
tus ojos de película importada,
tu piel blanca
resquicio de nieve,
resquicio de tu patria.

Salta y juega
como cuando cantas,
como cuando juegas
con tus niños,
cuando paseas
por la casa,
y el trabajo
y los amigos.

La sangre es la misma,
el mismo el ideal
y los amigos…
Los niños idénticos
en todo el mundo…
las horas, los gritos
y el bullicio y el llanto
las canciones…

Nunca dejes de cantar…

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52.- Fugaz

[Visto: 712 veces]

Fugaz
y el tiempo contigo,
como estrella marchita
te ví la primera vez,
sin dibujar
siquiera
una sonrisa,
el cabello largo,
la mirada
triste
y los ojos de niña…

Era de tarde
y lo recuerdo,
pequeña niña,
hará pocos años,
hará muchos días…
sin quere
sigues siendo la misma.

Oculto
de tu mirada
te veía jugar
y esbozar una sonrisa,
se alegraba mi corazón,
mi pequeña amiga,
por no verte triste.

Sí,
porque no estabas triste,
aunque parezca una tontería
a los que nunca
invadió la alegría de un niño sonreir.

¿Y el poema?
Si se escribe al sol
¿por qué no escribir
a una amiga?
si se canta a la música,
al calor y a la agonía,
a los pensamientos,
a los libros, a las chicas,
¿por qué no cantarle
a una niña?

Tal vez no me entiendas
y y pasen los años,
tal vez en el tiempo
quedemos lejanos,
pero al ver la sonrisa de un niño
podrás entenderme…

***
La última vez
fugaz te ví
y estabas triste
y con una amiga.
Yo sé porqué
y tú lo sabes también
y te entiendo;
sonríe niña, sonríe,
sonríele a la esperanza
rosa de los vientos,
sonríele a la vida
que te abre los brazos,
sonríele al mundo
y ríete del tiempo:
¿no ves que es maravilloso
ser una niña? Sigue leyendo

51.- Como hace más de diez años

[Visto: 815 veces]

Amaneció y me acordé de tí.
Lo recuerdo muy bien, fue hace dos días.
Te ví, aunque estabas muy lejos,
entre sábanas y frazadas muy gruesas,
bostezando el final de tu sueño.

Te levantaste, arrugado el pijama,
deshecha la cama y tu mujer…
caminaste hacia el baño
entre maldiciones,
te lavaste la cara y al secarte
sentiste la pegada del hielo.
Frío. Mucho frío por allá tam lejos,
no sé a cuantos metros
de lo alto.

Aseado y vestido ya,
era tal vez muy temprano,
nadie tal vez sabía que era tu cumpleaños,
yo sí, pero muy lejos como para darte un abrazo.

Pasaron minutos y tu porte imponente,
las horas transcurridas y los años,
los hijos, tu mujer te dieron el abrazo.
Y te besaron, y te dieron el mundo;
antes después de eso vinieron los amigos
y los tragos,
en alcohol el delirio,
servido en cada vaso,
que se bebe
en cada sorbo cada vez más aciago.

Estuviste tal vez muy ocupado
entre groserías y entre tragos;
entre vasos, espuma, botellas
y cenizas de tabaco…

Y yo aquí tan lejos
para sacrte de allí …

Ven padre, deja eso y ven conmigo,
aquí, donde estás a salvo,
sígueme que todavía estoy
al alcance de tus manos.

Ven juguemos donde lo hicimos
hace montones de años,
por los parques y paseosque tomamos,
por las minas, por el drío
y por la casa,
la casa amarilla y colorada,
la casa, nuestra cada entre jardines
entre el jardín de mi madre
y el jardín de los prados,
en que no jugué
cuando estuve lejos
extrañándolos.

Ven, ven, regresar en el tiempo
y cambiarlo,
hacerlo a nuestro gusto, a nuestro sueño,
hacer el paraíso con tus manos,
como cuando entre volquetes
y soldados de plástico
tú eras mi héroe y mi esperanza.

Vamos, ponte el casco y el abrigo,
toma presto la escopeta,
llama a “lobo”
y vayamos, vayámonos lejos
a buscar a los patos
y a las vizcachas,
por la laguna
reflejando el cielo celeste y blanco,
el suelo color escarcha,
pasto seco,
tantos años.
Regresemos como antaño,
sudorosos y extenuados,
bañarnos y luego al calor de la estufa
contarle a mamá lo que pasamos:
vuelve papá, que te estoy esperando.
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49.- Aquella tarde llovió

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Aquella tarde llovió.
El viento azotando,
el agua inmunda,
el hielo granizo;
la estufa tenue,
las manos frías
la mirada triste.

Te fuiste el día aquel
muy lejos,
te perdiste en la distancia
y en su agrazo,
te meció en sus brazos
pleno de caricias
el tiempo artero…

Esperó aún hoy un milagro;
Dios quisiera ser
para cambiar el tiempo,
para hacer tan solo una cosa,
a la manera mía,
sólo tú podrás
entenderme,
las ojeras,
los cabellos canos,
los cabellos que se escapan,
el bigote marchito…

Sonríe, sonríe otra vez,
como cuando jugabas conmigo
entre tus brazos,
cuando caminabas conmigo
tomándome de la mano,
por tiempos lejanos…

Vayamos juntos,
burlemos el tiempo,
ignoremos la distancia,
borremos del mundo
la palabra lejos,
matar para siempre
lapalabra tiempo,
ser juntos
el uno para el otro,
como siempre,
en la materia,
en la no materia,
como amigos,
olvidemos los años,
olvidemos lo ocurrido,
recuerda solo
que eres mi padre
y yo tu hijo.

***

En verdad
estás muy lejos.
pero también estás muy cerca,
hoy te quiero como nunca
y no sé porqupe será;

La vida nos jugó sucio,
tal vez pasó eso,
¿acaso nosotros
no hacemos nuestra vida?

juntemos nuestras manos,
hagamos un paraíso
o huestro Hado,
Tánatos, Hades e Hipnos
tan solo son marbetes,
somos nosotros
uno solo,
por eso es
incomprensible
una manera
de quererse
que nunca
podrá eliminarse.

Vivir divagar
entre borrones,
garabatos y palabras,
por eso te escribí
algún día
que mi vida
es tan solo
un refugio entre paradigmas…

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46.- De pie estoy en lo alto

[Visto: 830 veces]

De pie estoy en lo alto
y no se cuál de mis cuatro costados mirar.
El viento frío helando mis costillas
y mis brazos,
el cielo en lo alto
se ve tan inmenso
como desde las las profundidades
del abismo.

Y estoy extasiado,
porque puedo ver
tanta belleza a mi lado,
captar el silencio
y los gritos ahogados
ver las cumbres inaccesibles
para meros pasos,
los niños me atropellan
al correr jugando.

Es éste el poema
de la vida,
es este el paraído
de tus manos,
el bosque blindado
por rocas inmensas,
las hojas caídas
de las ramas
de los árboles.

Y sentor el viento
como un susurro
de tus labios,
ver el sol que me ciega,
como sonrisa de tus labios,
recrearme en la soledad
y en el calor de tu regazo.

Ver los cuerpos agitados,
cual ramas
y las hojas de los árboles…
Ver sombras, ver pasos,
ver casas y paisajes,
y no ver lo desordenado,
caminar y seguir caminando,
caminar y seguir agradeciento… (31/08/85). Sigue leyendo

47.- Letargo postergado

[Visto: 806 veces]

Letargo postergado,
límpido fulgor de garabatos,
trazos frustrados,
las manchas de tinta
y los borrones.

Voces entrecortadas,
las manos ocultas
de ajenas miradas,
los pasos recorriendo
la madera y el cemento,
las miradas que se cruzan
y las voces que se pierden…

Siguen los dígitos andando;
el tiempo es inmisericorde,
las luces tímidas
con bosquejo de rayos,
cabezas que se agitan
y dormitar por el patio…

Vive el tiempo,
muere la noche,
cuando parece que
la tarde se está ocultando,
lloran las paredes,
me estremezco
en tu regazo,
pienso tantas cosas
que pasaron en lo alto,
los cabellos que marchitan
los minutos que pasaron…

La sublime sucesión de paradigmas,
los rincones inaccesibles,
los pasos, las miradas que se cruzan,
el silencio de lo alto
y las paredes…

Todo se confunde
nada se comprende… (19/09/85) Sigue leyendo

45.- Para tí es, Señor

[Visto: 784 veces]

Para tí es , Señor
el poema mejor,
el cantar de la vida
ni paraíso
ni infernal,
mi primer pensamiento
del día,
mi última palabra
de la noche,
el llorar de mi tristeza,
la alegría sin soberbia,
mi esperanza, mis martirios
y mi tiempo.

Te veo en un madero clavado,
y te digo: “ven a mí”
y me dices:
“carga tú mi cruz
y contigi estaré
para siempre”.

Tú lo sabes todo, Señor,
y sabes que estoy triste,
fueron muchos mis pecados,
mis angustias y mis faltas:
¡qué difícil es seguirte!

Tú haces milagros,
tú todo lo puedes,
yo solo soy un fariseo,
yo solo soy un hipócrita,
el de vanos juramentos.

Guíame Señor
en los primeros pasos,
guíame también
por el estrecho recorrido,
guíame en la vida,
guíame en las sombras,
que el pecado
envenenó mi corazón.

Tú eres tan grande
y yo sólo un pródigo,
tú perdonas porque amas
y yo me contamino
en el rencor.

Ver los cuerpos agitados
cual ramas
y las hojas de los árboles…
ver sombras, ver pasos,
ver casas y paisajes,
y no ver lo desordenado,
caminar y seguir caminando,
caminar y seguir agradeciendo… (31/08/85)
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44.- Te amo

[Visto: 807 veces]

I

Por el clamor de poemas sin título
que solía escribirte cunado era niño,
recordé aquellos versitos
que te diera la primera vez.

Ahora ha pasado el tiempo
y con él muchas cosas también;
pasaron los días, vinieron las canas
pero aún no te dejé de querer.

Hará tal vez medio siglo (un poco más)
cuando un cariño de infante
vestido con uniforme albiplomo
se sembró al perecer sobre roca.

Pero presto los relojes andaron
y al basurero fueron
los calendarios a parar:
tal vez nuestro cabello blanco
y las arrugas cual pliegues diminutos,
avivaron como la leña
el fuego de nuestro amor.

Pareciera que rondamos
los cuatro lustros de soñar,
los cuatro decenios de crecer y madurar…
Fue todo hace tanto tiempo
mil problemas, malos momentos,
dolor y tristeza}y aún así
no te puedo dejar de querer.

El invierno llegó hace mucho,
la tarde ya está muy lejos
¿se viene el final
o esto es solo el comienzo?
¿Quien dijo que muere el amor?
¿Quién dijo que el amor no existe?
¿Quién dijo que un anciano,
con el paso de los años
ya se muere en el amor?

II

Están equivocados.
Yo siento correr por mis venas
y en mi respiración,
ese aire que vivifica
el corazón,
esa brisa transparente
que ilumina como el sol,
ese soplo ce ternura,
transparente y sin color.

Yo lo veo en tí
y en tu retrato,
lo percibo al recostarme
con la cabeza
apoyada en tu regazo
como un niño, esperando
a que acaricies mis cabellos.

Yo lo veo contigo
cuando ahora,
al igual que hace tantos años
tomamos nuestras manos
y dalos juntos
-aunque lentos-
cientos de pasos.

Yo lo veo en tí,
en aquellos ojos
de sol que se va apagando
y se resiste a lo inminente,
y sol quiere ser
para seguir iluminando.

¿Acaso olvida el becerro
la fragancia de los prados,
acaso olvida el hombre
a la madre que lo tuvo,
con cariño,
en tiernos brazos?

¿Acaso olvida el poeta
su primera estrofa,
que aunque mala,
que aunque coja,
le recuerda
como en todo,
la imperfección
de los primeros pasos?

¿Acaso olvida la noche
el tiempo en que solo había sombras,
acaso olvida el piano
los diestros dedos
que pasearon por sus teclas?

¿Acaso crees que puedo olvidarte
por arrugas y otras simplezas,
por cabellos blancos,
por los pliegues de tus manos?

¿Acaso se olvida
a la que fue amiga,
amiga y también compañera,
acaso se olvida el primer amor,
o la primera ilusión?

III

Déjame tomar tu mano,
y vayamos juntos,
como en los tiempos lejanos
otra vez,
sentados al pie de un árbol,
viajemos por el tiempo
recordando el feliz ayer.

Vivamos hoy el pasado,
sigamos siendo felices,
déjame gritar que te amo
como cuando tenía dicisiete años,
teniendo tan solo a un paso
un barranco
y muy por debajo un río,
los montes semihelados
surcando los cielos,
destrozando las nubes
en lo alto,
cuando el exo repetía incesante
lo que siempre te repito
desde no sé cuántos años:
“te amo”. (29/08/85).

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43.- Desde el día en que te fuiste

[Visto: 813 veces]

I

Desde el día en que te fuiste
la alegría ya no existe
sólo una cruel e injusta pena
a mi alma lastima y envenena.

Agónicos los ojos, el llanto maternal,
la luz y el horizonte, el canto matinal,
las voces que se apagan
y las almas que se van.

El canto en el silencio, recobra su vibrar,
el tiempo adorcmecido, las horas al pasar;
la luz enternecida, el cielo raso,
las parcas de la muerte y el fracaso.

Las olas que sa agitan
en el fondo de la mar,
las flores que dormitan
y se vuelven a cerrar,
el día que amanece,
la luz de la verdad,
el viento que estremece
y me encierra en soledad.

Las aguas de la cumbre que se pierden en el mar
las rosas que marchitas ya no pueden perfumar;
las nubes en el cielo tan difícil de alcanzar,
recuerdan un juramento
que perdido con el viento
se fue y no volverá.

II

Era muy temprano
y no llegaba el profesor,
sentado en un asiento
en el aula matinal,
las horas van pasando
y yo solo, aquí esperando
las señales del reloj.

Aquí pasando ratos
mis mañanas de cristal,
alejado de la noche,
esperando consolarme,
mientras muero,
mientras duermo
en soledad.

Vuelve el aura,
muta el sol con timidez,
la neblina dispersando
hielo frío por doquier,
los pasos creciendo
como hiel a fuego lento,
como nubes de papel.

Aquí los paradigmas,
se derraman con la tinta,
la mente está pensando,
en lo oscuro de lo alto,
los dedos cansados
por los trazos
en papel…

Esa balada suena
sin dejarme y sin cesar,
tarareando en mis oídos
desde un páramo perdido
el simpático sonido
que me cansa
al extasiar.

Nunca vendrá el final
de este largo poema,
el poema de vida,
que se escribe cada día,
la existencia prometida,
el paraíso,
el infernal. (28 y 29/08/85) Sigue leyendo