DORMÍ NERVIOSO ENTRE LAS CUATRO CHINITAS

Siete de la noche de un viernes frio llegué al pueblo que está anclado en el valle del rio villcanota. Ubicaba el lugar donde se llevaría la orgia y el ritual de la noche, camine hacia el oeste logrando percibir el local adornado con algunos globos rosados. Me acerqué, en la puerta estaba la controladora, tendría que pagar quince nuevos soles  para poder ingresar al local, no pagué por ser el primero en llegar. El local yacía con su ausencia  de gente y el sonido se adueñaba de todos los rincones creando un ambiente bastante conmovedor para tomarse algunas botellas de cerveza y bailar.

En unas horas llegaron todos los cachimbos, cada uno de ellos eran cortados una porción de su cabello, se les colocaba un seudónimo y a la vez azotado después de haber desfilado por la pasarela. Algunas señoritas rondaban con sus bandejas llevando algunos vasos de vinos. Rápidamente  bebí algunos vasos de vino, el ánimo de hebreo daba sus primeros indicios invadiendo mi nostálgico ser, hasta que luego me compré algunas botellas de cerveza para embriagarme moderadamente esa noche pulverizada por el desorden. Bailé algunas horas hasta que las dos de la mañana finalizaron la fiesta del cual fue expulsado por destiempo.

Junto con algunas chinitas, en un vehículo blanco conducido por un chofer embriagado fui trasladado hasta el depósito de cerveza que estaba a unas cuadras de local. El vehículo me abandonó en aquella vía frente al depósito de cerveza. La amiga de las chinitas nos ofreció el cobijo por las pocas horas que quedaban para la amanecida.  Nos dirigimos  hasta la cabaña, donde todos dormimos en el mismo camastro, estaba nervioso, era el único varón mientras pasaban las pocas horas entre la manada de mujeres que estaban a mis costados roncando.

Amaneció, rápidamente abandoné el cobijo trepando al bus que venía a lugar de mi residencia. Cuando faltaban solo algunos minutos para llegar a mi destino el sueño se apropió de mi alma trasnochada hasta que desperté ya habiendo pasado tres pueblos más de lo que debí bajar para llegar a mi destino. Tuve que regresar subiendo a un taxi para poder llegar a ese pueblo que me achata con su frio durante los días hábiles de la semana.

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