Conversación en la rotonda:


- ¿A que carrera me dijiste que vas?

- Jaja... a Derecho... supuestamente.

- ¿Supuestamente?

- Es que no estoy seguro aún. Quiero tomar ese test vocacional de Letras para decidirme recién. Nunca he dado uno, que yo sepa.

- ... Bueno, la verdad, no me confío mucho en el test vocacional. Pero fácil a ti te servirá. A mí me salió algo completamente opuesto a lo que estoy siguiendo y no me arrepiento hasta ahora.

- Veo. Pero necesito ayuda urgente y por eso recurro al test.

- Ya te dije. No te le confíes mucho. No te dirá nada nuevo: no te impondrá una carrera, sólo te orientará. Aunque no necesariamente acertará.

- ... ¡Qué complicado resultó el bendito test!


Esta conversación se repite siempre cuando charlo con otros estudiantes. Los que han dado el test me dicen lo mismo: a algunos les reitera su vocación... a otros totalmente lo contrario, pero no lo toman en cuenta.

¿Debo hacer caso al resultado del test?... parece que me confundirá más.






Me equivoco: no 'parece', me confundirá más... acá sí prima mi seguridad.