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Categoría: Desde adentro
Publicado por: a20061093

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El micro da brinquitos a causa de la tediosa remodelación de pista. Por ello, el apoyar su cabeza en la ventana del asiento preferencial se ha convertido en un vaivén de sutiles golpecillos.

El reflejo de una sonrisa distorsionada lo acompaña esta noche. Trata de enfocarse en esa boca para ignorar los gritos del cobrador y el disparejo gras de asfalto que retrasa su viaje.

En su mente, ha encontrado un pasaje de su vida muy remoto. Quizá, el momento más antiguo que ha podido recordar alguna vez.


Su papá subió al bus con un niño de la mano. El pequeño sostenía en la otra mano una bolsa gigante de Cheetos. Recuerda, fue la primera vez que subió a un bus con alguna chuchería tan grande.

Persiguió a su papá en fila india mientras se encargaba de buscar asiento. Encontró uno vacío casi al medio, lo cargó en sus rodillas.

Al fin ubicado, empezó el llamativo canto de una envoltura abriéndose. Ese sonido desencajado, nunca cambiará.

A punto de coger unos cuantos Cheetos se percató de la mirada de su vecino, un señor mayor. La curiosidad, eso tampoco cambiará.

Pensó, era casi hora del almuerzo.

De pronto, con una carita feliz le extendió la bolsa de Cheetos. El señor sonrió pensando que era broma. Luego buscó algún gesto del padre para encontrar respuestas.

Al padre también le había sorprendido aquel acto, sin embargo no lo detuvo. Asintió al desconocido, como invitándolo a acceder.

Se fijó otra vez en el niño, no vio maldad. Cogió unos cuantos Cheetos y le regaló un ‘gracias’ al chamaquito. Empezó a comerlos uno por uno.

De inmediato el niño se desprendió de su papá. Caminó al fondo del bus abrazando su bolsa de Cheetos.

El padre lo perseguía con la mirada, tratando de adivinar lo que iría a hacer.

Se acercó a la señora del último asiento, también le ofreció Cheetos. La señora preguntó ‘¿Para mí?’. El pequeño asintió con la cabeza. Ella aceptó coger unos cuantos, luego le agradeció.

Así continuó a lo largo de todo el bus, asiento por asiento. Una lluvia de agradecimientos se escuchó tras su paso. Unas señoras robustas predijeron que sería un santo o mínimo un sacerdote en el futuro. El niño no tenía idea de lo que significaba ‘sacerdote’.

La sonrisa no se le borraba. Una sonrisa real, en verdad se sentía bien consigo.

Cuando terminó de dar a todos los pasajeros del bus se sintió extremadamente feliz. Vio su bolsa de Cheetos, había mucho menos. Pero a cambio todos los demás habían comido de la misma bolsa.

Pensó, qué bonito.

Volvió al asiento de su papá. Él aún no entendía la actitud de su hijo, pero finalmente pensó que debía ser algo bueno. Decidieron compartir entre ambos lo poco que quedaba en la bolsa.

En los siguientes instantes trató de recordar otros momentos en los cuales hubo sentido esa misma felicidad. Sí, sí los hay…


Otro bache. Salir de este último lo hace volver al presente. Prefiere no volver a soñar más por ahora, la casa está cerca.
Categoría: Desde adentro
Publicado por: a20061093

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▪ Cuando llegué a Perú, era alguien de afuera.








▪ Cuando llegué a Perú, era de noche y no llovía.


▪ Cuando llegué a Perú, no habían estrellas visibles en el cielo.


▪ Cuando llegué a Perú, mis fosas nasales se tupieron por la humedad.


▪ Cuando llegué a Perú, sostenía con mi mano derecha una figura de acción.


▪ Cuando llegué a Perú, los adultos hablaban demasiado diferente por ello no les entendía.


▪ Cuando llegué a Perú, no hablaba con nadie porque tampoco me entendían.


▪ Cuando llegué a Perú, sólo quería dibujar.


▪ Cuando llegué a Perú, no extrañaba la malta Polar.


▪ Cuando llegué a Perú, me perdí en Miraflores.


▪ Cuando llegué a Perú, no encontré mini-markets.


▪ Cuando llegué a Perú, no comprendí porqué el mar era tan oscuro y verde.


▪ Cuando llegué a Perú, creí que Lima era todo el país.


▪ Cuando llegué a Perú, me extrañaba el cielo gris plomizo del centro de la ciudad.


▪ Cuando llegué a Perú, las verdes montañas sin pasto eran habitados cerros marrones.


▪ Cuando llegué a Perú, casi me atropella una 'combi'.


▪ Cuando llegué a Perú, no sabía que era 'escarcho 489-1891'.


▪ Cuando llegué a Perú, no entendí porqué las personas suelen santiguarse delante de una iglesia.


▪ Cuando llegué a Perú, no sabía lo bien que se siente comer un fresco tamal con ensalada de cebolla.


▪ Cuando llegué a Perú, no había probado cosa tan dulce como el turrón.


▪ Cuando llegué a Perú, no encontré respuesta del porqué de las diminutas casitas con cruces ubicadas a los lados de la carretera panamericana.


▪ Cuando llegué a Perú, me topé por primera vez a una mujer completamente desnuda en un diario 'chicha'.


▪ Cuando llegué a Perú, no sabía que era una vedette.


▪ Cuando llegué a Perú, no sabía porque habían niños subiendo a los buses para cantar.


▪ Cuando llegué a Perú, no conocía el sabor de Inca Kola.


▪ Cuando llegué a Perú, no me di cuenta lo importante que es el fútbol.


▪ Cuando llegué a Perú, no sabía quién era Miguel Grau.


▪ Cuando llegué a Perú, no tenía idea de cómo era la bandera de este país.


▪ Cuando llegué a Perú, era completamente otra persona diferente a la que soy ahora.


▪ Cuando llegué a Perú, no era peruano.


▪ Cuando llegué a Perú, no era alguien de adentro.



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16/07/07: Centro de Lima

Categoría: Otros cosas
Publicado por: a20061093

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Ayer te visité, histórico Centro de Lima. Me permití observarte a lo máximo mientras me dirigía a buscar algunos títulos de libros aquellas ferias del conocidísimo Jr. Quilca.


Desde hace poco tiempo no te visito. La última vez vine fui con un pata iniciando mis exámenes finales. Pero antes de esto, desde hace 2 años ya que no llego tu corazón.


Para comenzar, me permití crear tres divisiones en tus calles a partir de lo común en tus periferias:


▪ La primera división es la inferior, en la que pasan persona que transitan rápidamente de una calle a otro por veredas llenas de papeles y envolturas pasajeras. Los perros hambrientos y sin hogares no mejoran tu panorama.

▪ La segunda división la conforman las fachadas coloniales en los segundos pisos que se desmoronan a pedazos por la edad. Algunas personas la decoran y pintan alegremente para que cobren vida, pero se opacan por el polvo y el humo que se impregna por la contaminación.

▪ La tercera división es el cielo, nuestro gris claro y brillante cielo, que en esta parte de la capital es más gris que nunca.


❝En el centro de Lima las personas son más 'reales'. Ahora, ya no importa como estés vestido, nadie te juzga. Puedes encontrar desde mendigos pidiendo limosnas en el mismo Jirón de la Unión hasta ancianos con ternos, muy elegantes, tratando de pasar un especial fin de semana. Los más pálidos turistas contrastan con las mestizas caras de provincianos limeños; es muy fácil distinguirlos: mochilas enormes y una cámara digital a la mano. Los personajes envueltos en tatuajes y vendedoras son otras atracciones: repartiendo tarjetas y ofreciéndote ciertos productos de inglés. A ellos, nadie les gana❞



La selva de casas hibridas perdidas en el tiempo guardaban algunas construcciones religiosas llenas de ornamentos por donde se les vea. Pasé entonces por mi recordada Iglesia de Nuestra Señora de la Merced. ¡Demasiados recuerdos! Es el lugar que más conozco de ti. Unas turistas portuguesas hablaban en su idioma, con un plano en la mano, sobre mi iglesia. Para ellas, la fachada es lo más importante. Para mí, ser mercedario en ‘teoría’ va más allá que un simple conjunto de piedras superpuestas.
De pronto me abstraje un momento de la realidad, como siempre, e imaginé personas casi transparentes saliendo de la puerta junta a la entrada, llegué entonces a recordarme y recordarlos a ellos.


❝Siempre en los al rededores de las iglesias habrán esas señoras que venden velas gigantescas, escapularios y santos de yeso; y que gracias a su fe, montan el comercio de los famosísimos empalagantes turrones desde Enero❞



Aunque tus calles no parecieron tan peligrosas, traté en todo momento de caminar lo más rápido posible. Aún no he sido asaltado en Lima y no creí conveniente que lo sea en aquel momento.


❝Cuando camines, siempre frunce el ceño. Trata de lucir molesto, así, no se te acercará nadie. Tienes que tener cuidado en algunas calles. Siempre anda por donde vaya más gente❞



Me di un momento para llegar a la monumental plaza de Armas. ¡Cuánta gente! Más turistas y curiosos rondaban tomando fotos. Niños que limpian los zapatos se acercan ofreciendo sus servicios. Casi todo siempre anda en movimiento, casi pues hay ciertas cosas que nunca se mueven a tu alrededor: El Palacio de Gobierno, El Palacio Municipal y la Catedral de Lima.


❝La primera vez que llegué a la Plaza de Armas no me impresionó demasiado. Tenía más ganas de jugar en algún carrito mecánico de alguna tienda comercial. A comparación de Perú, en Caracas, Venezuela, el centro estaba rodeado de edificios cristalinos que combinaban con el cielo celeste nubloso y cerros verdes en el fondo, intocables a simple vista. Acá, en un principio, todo fue más marrón: las construcciones, los cerros e incluso el cielo gris perdía su color❞



Salí de la plaza de Armas para dirigirme finalmente al lugar indicado. Más adelante, en otras calles las pistas son las peligrosas. Las personas cruzan en grupos para no ser atropelladas. Muchísimos semáforos están detenidos en luz roja, el municipio limeño aún no los repara ¿Qué espera?


❝Suelo cruzar la pista mirando antes a ambos lados. Una tragedia me hace correr y a veces gritar cuando la cruzo, es un pánico enfermizo que espero lo elimine pronto. En el centro de Lima, es muy común que los carros se amontonen en los paraderos, siempre, hay que tratar de ir detrás del carro estacionado y no delante pues éste puede arrancar en cualquier momento llegando a ser fatal❞



Luego de mi cometido, me dio ganas de seguir explorándote. Aún me faltaron muchos lugares que espero sean más atractivos que los ya visitados. Quiero ir más allá, llegar a esas zonas que nunca he pisado por temor o por ignorancia: volverme un turista primero y al día siguiente ser un peruano más.


En estas fiestas patrias, los olores de los picarones y el arroz con leche invitan a cualquier limeño a disfrutar de ti.


Regresaré pronto Centro de Lima, espérame.




Foto de Jukus©Faldrengirl en www.deviantart.com
Categoría: Otros cosas
Publicado por: a20061093

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♦                                                                                                                   ♦


‘Combi estúpida ¡Te demoras demasiado!’.



Es una típica mañana de verano, en una típica combi limeña, rumbo a un típico trabajo provisional: ‘¡Qué típico!’.



El personaje llevaba esperando unos minutos en el paradero. Usaba unas gafas grandes y oscuras, como para ocultar su identidad.



La ‘eSe’ me lleva de San Miguel a Benavides. La combi está casi llena. ‘Usualmente se suele llenar todos los días a esta hora’ repito tres veces mientras el conductor pierde el tiempo estacionando en cada esquina para subir más ‘víctimas’.



Extendió la mano hacia la ruidosa autopista. Y detuvo la combi más cercana.



Suelo sentarme en uno de estos llamados asientos reservados. Miro por la ventana: me gusta sentir el calor de los primeros rayos matutinos a través del vidrio que lleva una calcomanía con los peajes… vidrio que me separa de la realidad.



Paco conocía el riesgo que corría al no viajar en un taxi y subir a una combi en vez de. La noticia aún era muy fresca… ¿surgirían chismes dentro de la combi?



De pronto, sube un personaje peculiar, distinto del resto: resalta a simple vista.
¡Es Paco Ferrer! Su postura, exagerada como para aparentar ser mujer entra en la combi y busca el asiento más próximo.



Paco no perdió tiempo en su búsqueda y se sentó en el asiento vacío al lado de un muchacho con terno junto a la ventana. A Paco no le importa realmente quién está a su lado o no. Ya está acostumbrado.



Estoy impresionado, Paco Ferrer está sentado a mi lado. No sé si pedirle un autógrafo o tomarle una foto con mi celular. Me acuerdo que ayer o anteayer salió en un programa televisivo denunciando a Magaly Medina por difamarlo con la enfermedad del SIDA.



Paco es así: sabe cuando debe callar. Sabe también que está rodeado de personas que hablan sigilosamente sobre su presunta enfermedad. Ya había la había desmentido, pero si no es gracias a esa aparición momentánea en televisión, aunque sea por difamación... ¿alguien se acordaría de él?



Siento cierto temor de tenerlo al lado, su presencia es extraña. Sin embargo puedo captar sus características físicas más resaltantes: tiene la cara demacrada, nada parecido al de ayer por la televisión; oculta los ojos bajo oscuras lunas, es muy incierto saber si está mirando fijamente a algo; su pelo es de un color zanahoria apagado, lo que me parece más extraño es que en la parte trasera de su cabeza, donde a los mayores de 35 se les empieza a caer el cabello, exactamente ahí... se desprenden extensiones de cabellos zanahorias más oscuras, pero estas extensiones son tan peculiares como él pues se unen al cuero cabelludo por medio de unos enganches metálicos que a simple vista resultan dolorosos.



Paco estaba apurado, ya quería que la combi lo deje en su destino y bajarse de una vez. ‘¿Tarde esta vez también?’.
Aunque era habitual, lo tenía harto oír que todos los presentes cuchicheen de él a su espalda. ¿Es que no tienen otro tema de conversación que no sea su vida privada?



Me doy cuenta… no es necesario que grite que le molesta ser observado y criticado por gente que nunca ha visto antes. ‘Creo que mejor prosigo con lo mío: ver las calles y adorar los rayos matutinos una vez más’.



Paco, si bien es un personaje conocido, supo que tuvo que pagar un pasaje al igual que los demás. El cobrador cumplió su labor de cobrar. Paco abrió su maletín, sacó la billetera y le dio una moneda 'grande'. Esperó su vuelto.



Ha dejado abierta su mochila mientras paga el pasaje. ‘¡Cuántos objetos resaltan a simple vista!’ Por un instante olvidaré la ventana y me concentraré cuidadosamente en su contenido: hay una decena de jeringas nuevas en sus empaques sellados, las envolturas suenan mientras introduce su billetera; muchos pomos de cremas para la piel, que se confunden con cosméticos o cosas así; y un par de frascos con pastillas. Cierra su maletín, regreso a mi ventana.



Faltaba poco para que Paco llegue a su destino. ¿Hasta cuando soportará esto? ¿Hasta cuándo será el ser extraño para todos?



Aunque ahora me concentro en la ventana, me da pena Paco Ferrer. El supuesto que tenga sida no lo discrimina como una persona más en el mundo. ¿Por qué Magaly Medina se empeña en hacer quedar mal a los demás? ¿Acaso le gustaría que le hagan lo mismo?... Claro, lo olvidé, a ella no le importa si la analizan de algo: no sufrió cuando le dijeron drogadicta ¿Por qué el SIDA le afectaría tanto entonces? ‘Qué iluso soy’.



Paco afinó la voz: ‘Bajo en la esquina por favor’. El cobrador gritó al chofer la parada. La combi se detuvo medio minuto. Paco llegó a su destino. Cogió su celular: alguien lo llamaba. ‘¡Ya estoy en camino!’. Luego, el personaje se perdió entre unas calles, caminando lo más rápido posible.



Acaba de irse Paco Ferrer; esto es algo que nunca olvidaré. No fue la gran cosa, pero realmente me pareció un encuentro cercano con un personaje lejano del tercer tipo.



‘Parece que voy a llegar tarde. Gracias combi estúpida’.


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Entrada sacada de Mi mundo: El mundo de Peter.
Finales: una pequeña pausa... y ya volvemos.