juegos didácticos en familia

Qué hacer cuando no hay nada que hacer

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Corren los días y mientras más corren, más pierden su identidad. El lunes ya no parece lunes, el domingo ya no parece domingo.  Ya no existen fines de semana, no hay salidas al cine, ni al parque.

Tanto tiempo en casa nos obliga a reencontramos con un ser a veces extraño, casi ignorado; con nosotros mismos. Retoman las viejas pasiones: tocar la guitarra, cantar a pulmón vivo, cocinar para la familia y otras actividades que por el trabajo o el estudio dejamos de lado. Asimismo, en casa, muchos de nosotros volvemos a ver a nuestra familia un lunes por la tarde, un sábado por la noche, nos encontramos reunidos y juntos más tiempo que nunca. 

Nacen las pláticas, las conversaciones de hermanos, de padres e hijos, de abuelos y nietos. De pronto, se desenpolva el Twister, mi hermano recuerda que teníamos un tablero de ajedrez, mi padre recuerda que compramos un bingo. Y así nace un nuevo hobby: divertirse con la familia, que es tan divertido como un sábado de reuniones con amigos.

De pronto las tardes ya no son aburridas, y la vida de mi hermana ya no es desconocida. De pronto me vuelvo el mejor contorsionista y el peor jugador de ajedrez.

Es un tiempo extraño el que estamos viviendo, si el destino lo permite, hay que aprovecharlo para volver nuestros lazos interiores y familiares más fuertes, porque la familia es el primer rostro que vimos al llegar a este mundo, y es el que siempre estará en los momentos buenos y malos.

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