RÉQUIEM por ADON HEREDIA del TRÍO LOS PUQUIALES de AYACUCHO.

La música tradicional del Perú, tan rica en estilos y diversa, según las regiones;  tiene una de sus mejores vertientes en la música  de la región ayacuchana. Amalgama de pueblos waris,  pokras, chankas, rukanas, puquinas, quechuas y españoles. Pueblos de cuya hirviente mixtura (por usar un término de moda) deriva la música tradicional ayacuchana, tan variada, tan diversa y también tan afectada por cambios, fusiones y sincretismos  sucesivos.

Tenía unos diez años, cuando por primera vez llegué con mis padres a Ayacucho. Sobre aquella ciudad de casonas e iglesias de estirpe centenaria; sobre aquellos patios empedrados y balcones de perfil severo, había algo que bullía, que vibraba en cada casa, en cada aparato radiorreceptor. Era  algo que empapaba de tierra fresca y campo abierto, a todos, aún a los que no lo querían entender: eran sus huaynos:  tiernos, agridulces,  diáfanos, redentores;  en los que vibraba sin ningún empacho la raíz del  pueblo.

Eran los años 70 y en Ayacucho florecían de  cabo a rabo un sinnúmero de estilos y agrupaciones; cada cual con un tono y giro muy propio: El TRÍO AYACUCHO, el TRÍO VOCES DE HUAMANGA,  las HERMANITAS ASCARZA, EL DÚO HERMANOS GARCÍA, LOS MANANTIALES, LOS PUQUIALES,  LOS HERALDOS,  JAIME GUARDIA… (los cuatro últimos de la zona sur de Ayacucho – PUQUIO, LUCANAS y CORA CORA). Conjuntos a los que menciono, sólo por citar a los más célebres de esos tiempos precursores.

De aquella copiosa llamarada de cantos y trovadores quiero hablar hoy de ADON HEREDIA. Yo era niño aún; pero aquella música suya, en muchos tramos glosada en quechua, me remeció el espíritu; aún cuando pudiera no entender los párrafos de dulce runasimi que cada cierto trecho engalanaban sus canciones (o quizás si lo entendían mis genes, decidida y mayoritariamente andinos); lo cierto es que su dicción,  sus giros vocales, su ternura, su manera de decir aquellos puros cantares, me conmovieron desde un principio en una forma profunda  y esencial.  Aún hoy,  sus huaynos pueden sacudir mi alma, al cabo de infinitos diluvios y eclosiones.

ADON HEREDIA, era profesor y era abogado, pero sobretodo era un hombre realmente cultivado de espíritu y por ello mismo decididamente comprometido con la música tradicional de nuestro pueblo;  nadie podrá negar que hizo del canto un ministerio de alegatos y lecciones. Jamás buscó lucrar con ello, ni persiguió curules ni recompensas inmensas.  No hizo de su compromiso con el canto un comercio, como tantos y tantas “estrellas” del hoy en día citadino. No sometió jamás su repertorio al visto bueno de canales y auspiciadores.  Pasaron los años y siempre quise imaginarlo tan igual como lo había visto permanentemente en mi adolescencia: seguro, expresivo, firme, en su señorío, de cantor del pueblo andino.

Hasta el día de hoy, que acabo de enterarme de su muerte. Ocurrida hace tres años. No lo sabía, perdón por ello. Me cayó de sorpresa, como un  baldazo de agua en plena calle de invierno. A veces,  no queremos aceptar,  que la muerte también silencia, aunque solo sea físicamente… a nuestros ídolos mayores.

Puntuación: 0 / Votos: 0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*