Indulto no improvisado

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Tengo la impresión que mucho se ha pensado que una persona técnica puede ser alguien también político por añadidura. Que alguien con mucho manejo técnico es neutral y puede ser un buen manejador de diferentes escenarios de actividad. Alguien que sabe de economía y relaciones interpersonales (especialmente en el loobing), es suficiente para desempeñarse en el manejo de la política y del Estado. Incluso, la idea que un buen gerente es lo que se necesita para el gobierno de un país, como si un buen gestor es sinónimo de un buen político.

Es cierto que para ser un buen gestor no se requiere ser político. Se puede administrar una empresa sin conocer cómo se gestiona el Estado. Sin embargo, para ser un buen político es necesario saber administrar para que funcionen las cosas pero es también fundamental aprender a ponerse de acuerdo con las partes que intervienen en un tema, problema o necesidad, especialmente si es de orden público. Después de todo, la política se mueve mucho en el ámbito de la concertación, el diálogo, los consensos.

Buena parte de ello tiene que ver con garantizar los votos para tomar una decisión; saber concertar y garantizar el número de votos que puedan corresponder para lograr un propósito. Se entiende, dentro de medios y fines válidos. Sin embargo, hay acciones que se mueven en lo invisible, fuera de la escena pública para lograr garantizar los aspectos que faciliten una decisión, llegado el momento especial de tomarla. Algo de todo lo anterior se movió en la decisión y concreción del indulto a Alberto Fujimori.

Analizando el tema uno puede darse cuenta que, así como Keyko Fujimori quedó resentida y con deseo de venganza contra PPK por su derrota electoral en junio del año 2016, el Sr. PPK quedó convencido que la única forma darle estabilidad a su gobierno era aliándose con el Fujimorismo, cuestión sobre la que nunca logró persuadir a la líder de Fuerza Popular. Sin embargo, PPK estaba muy claro que jugando al indulto de Alberto Fujimori tendría que concretar dicha alianza.

Sin embargo, PPK no sabía cómo concretar el hecho y apareció siempre como alguien que “jugaba” al indulto y no lo daba. En realidad estaba jugando a convencer a sus propios seguidores y sociedad más en general de la validez de dicha opción, más allá de sus dificultades procesales y validez ética y legal. El desenlace del 24 de diciembre es la culminación de algo forjado desde el mismo inicio del gobierno de PPK, como sentido pragmático de su quehacer. Finalmente, como hombre de negocios, le interesaba poco cómo llegaba al resultado, lo importante era lograrlo.

Puede parecer muy maquiavélico de parte de PPK. El hecho es que él siente hoy que ha llegado al punto ideal de recomposición de fuerzas al interior del régimen político, el cual podría darle (si sabe concertarlo) la base social ideal para su gobierno. El gran problema es que su núcleo interno se ha debilitado aún más (ha perdido varios congresistas); su núcleo de alianzas más inmediato ha variado y ahora lo ha pasado a conformarlo APP y el sector fujimorista de Kenji. No sabemos cómo se recompondrá el sector fujimorista de Keyko con relación al Gobierno. Lo que sí es seguro es que tendrá como claros opositores a las agrupaciones de izquierda (Frente Amplio y Nuevo Perú), AP, Apra y los sectores que se desgranen de otras agrupaciones (incluyendo Peruanos Por el Kambio y APP).

Aunque no es claro el panorama, estamos asistiendo a una recomposición política de nuestro débil escenario político, forzado esta vez de la mano con los movimientos sociales que se han desencadenado con el canje de indulto vs vacancia, la cual sólo ha logrado postergar una decisión que puede bien culminar en una renuncia más delante de PPK (o su eventual vacancia) y el adelanto de elecciones para encaminar una salida política.

Cada fuerza política tiene que evaluar muy bien lo que se viene en la coyuntura inmediata y el accionar por el que optará, discerniendo los pasos más propios que le corresponderá dar. Lo que no debemos perder de vista es que estamos ante un tinglado político que no ha dejado de ser legal, más allá de cuanto nos gusta o no. Y lo que venga hacia adelante, es fundamental que conduzca a reforzar nuestra democracia y una lógica de política más legítima y vinculada al bien común y al servicio, antes que a intereses subalternos y corruptos.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 26 de diciembre de 2017

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