O renuncian o los renuncian

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Estamos siempre con diversas dificultades, en el país, en el mundo, en mi trabajo, en… qué duda cabe, siempre afrontamos dificultades. No todo es lo mismo, ni tiene el mismo calibre ni sentido, qué duda cabe… Hay que tomar siempre el pulso de las cosas, en lo que corresponde, tomando cuidado, discerniendo, que las cosas a veces no son lo que aparentan o nos podemos confundir sin quererlo.

Un caso es el referido a la elección de integrantes del directorio del BCR de parte del Congreso de la República, como se hace para otros cargos como la Defensoría del Pueblo. Es legítimo que el Congreso los elija, así está establecido jurídicamente. Lo que no es legítimo y no puede ser es que se haga de modo arbitrario, que se imponga personas que no se corresponden con el sentido común, la usanza, lo conveniente para el país o con las leyes establecidas o la construcción democrática que tanto nos cuesta desarrollar.

Nos referimos efectivamente al hecho de que se haya cometido el error de elegir a Rafael Rey y a José Climper al directorio del Banco Central de Reserva (BCR). Rafael Rey es un buen político; puedo discrepar con sus posturas conservadoras pero es un político que ha tenido desempeño aceptable en el Congreso de la República; menos cuando fue Ministro de Defensa, pero eso lo dejamos a otros análisis. Sin embargo, si hablamos de funciones estrictamente técnicas, tenemos que respetarnos sobre lo que nos puede convenir.

Es como si pusiéramos a Juan Carlos Oblitas a dirigir el Ministerio de Economía, con el perdón de Oblitas. O si pensáramos que el Colegio de Abogados lo pudiera dirigir un Ingeniero Industrial. No es el caso. Y forzamos algunos ejemplos para hacer notar que no se trata de una función política, en la cual se puede adaptar a cualquier político con cierta habilidad. No es el caso y no debemos forzarlo. A Rey se le podrá proponer para un cargo más afín y donde también políticamente genere los consensos necesarios.

El caso de Climper es distinto. Se podría decir que él si tiene los “pergaminos” para el cargo. Efectivamente, profesionalmente lo podría abarcar. Sin embargo, su problema no es el de sus conocimientos técnicos, su idoneidad profesional. Su problema raya con otros aspectos más sustantivos y es en lo relativo al campo de lo ético, de su probidad, de su consistencia y coherencia. Pues se trata de una persona que jugó un papel funesto en la recta final de la campaña electoral pasada, donde contribuyó a que –entre otras razones- Keyko Fujimori perdiera una elección presidencial que consideraba ya ganada.

No es poca cosa que el señor Climper (y hay un proceso legal en curso) falsificara unos audios para torcer la verdad de un tema que implicaba a su propio Secretario General de partido (Fuerza Popular), incurso en temas de narcotráfico y lavado de activos. ¿A qué nos queremos exponer? El BCR es una entidad muy delicada y sensible en el manejo de las finanzas de nuestro país. ¿Tenemos que exponerlo a riesgos innecesarios? ¿No habría sido mejor esperar a que se declare la inocencia del señor Climper (si realmente lo fuera), antes de elegirlo para ningún puesto público? ¿A qué nos estamos exponiendo?

En todo esto no confundamos lo correcto con la condescendencia; el dejar actuar a quien empieza a gobernar porque al Gobierno de PPK no responden éste tipo de exabruptos que surgen del fujimorismo desde el Congreso. Tenemos que entender que tener poder no significa “cheque en blanco” o tiranía en los procederes. Se puede discrepar y tener puntos de vista distintos pero no confundir lo arbitrario con lo legítimo. Decisiones como la elección de Climper y Rey al BCR son ilegítimas y contrarias a la salud de nuestra débil democracia. Por el bien del país, esperamos su renuncia o que los renuncien.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 4 de noviembre de 2016

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