Semana Santa personal

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Fue un inicio de semana realmente triste, por la partida de una querida amiga de comunidad, cosa que nos sorprendió un tanto porque pensábamos que la situación podía ser reversible y resultó algo distinto. Entre cantos y oraciones Mirtha partió y nos dejó su tesón, su alegría, su don de vida. Fue un preámbulo de semana santa que nos dejaba mucho para orar y, a través de ella, sobre lo que sucede en nuestro país, el agitado mundo de violencia que todavía tenemos, la necesidad de aprender a amarnos y que muchas veces lo damos como obvio…

Por contraste, me tocó recibir en la media noche del miércoles a mi hermana que venía de Alaska, zona bastante alejada y fría, con 4 horas de diferencia horaria (3 según el adelanto que ha habido recientemente en USA). Fue motivo de alegría y, mejor, hacerlo en compañía de Nila y Nando. Llegó con Chris (su esposo), siempre con su semblante sencillo, alegre y bromista. Comer un pollito a la brasa, un pisco sour, un heladito en jueves y algo parecido en viernes (aunque ésta vez en casa de mi hermano Carlos), fue su grato paso familiar, camino a Piura, lugar donde vive mi madre y varios de mis hermanos (4).

No hice Ejercicios Espirituales esta vez. La semana santa, por tanto, la pude dedicar a éstas y otras cosas equivalentes, buscando darle un tono personal de oración, muy contemplativa por cierto, muy libre, muy desde lo que no me es tan usual hacer. Así fue que decidimos visitar a unas tías que vemos poco (4), hermanas de mi madre y bastante mayores. Emprendimos el sábado por la tarde dicha visita que nos permitió ponernos al tanto de lo sucedido en los últimos meses de modo más preciso con ellas. De esas cosas que a veces no se cuentan por teléfono o no se entienden suficientemente, salvo in situ.

Por ejemplo, la gravedad de la fractura de cadera de una de ellas y los meses que duró su recuperación. Las peripecias con el atenderse unas a otras. La incorporación más permanente de una enfermera que las atiende en cosas específicas, en especial a una de ellas que permanece más en cama. Los desencuentros que suelen darse en ponerse de acuerdo, en que no te hacen las cosas del todo bien, o que se llevan algunas cosas de casa, etc. Pero aprendiendo a convivir en ese marasmo de cosas que requieren ayudas externas que ya no se pueden evitar.

De Surco pasamos a Chorrillos ese día, visita adicional a una de mis cuñadas y su familia que por allí viven. Llegamos ya tarde y pudimos conversar un cierto rato dentro del contexto que teníamos. Comentar que mi suegra era probable que llegara a Lima la siguiente semana y las cosas que habría que considerar, en particular, sus citas en el Hospital de Policía donde normalmente se atiende.

Fue un cerrar la noche, esa noche del sábado, con algo más que comimos por el camino de regreso. Y llegar a dormir. No faltaron los quehaceres de la casa. Algo de limpieza, compras diversas al mercado, lecturas, pequeñas ayudas en los cursos que realiza Luis Fernando en la U. compartir diversas cosas que nos hacen al conocernos mejor, aceptarnos en lo que es cada quien, escucharnos un poco más y cosas de esas.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 27 de marzo de 2016

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