Es resaltable…

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Ayer sábado (26 de septiembre) estuve por Mi Perú, por Ventanilla (Callao), dedicando tiempo a encontrarme con un amigo que se presenta a la alcaldía del novísimo distrito del mismo nombre (en realidad estuvimos varias personas en dicho propósito, pero lo hablo desde mi propia experiencia). Es tercera vez que lo intentará (antes como centro poblado menor) y, aunque tiene limitadas posibilidades de lograr éxito, es interesante su actitud animada para servir a su localidad, de ir más allá de las cosas que ya hace con esfuerzo y generosidad, tanto en el sector educativo, su hogar, su comunidad cristiana.

Daniel Barreda es un profesor a quien le tengo una especial consideración, tanto como estimado amigo, integrantes de CVX y una particular admiración por su vocación antes descrita, ejemplar en varios sentidos y necesaria de reproducir en nuestros tiempos de política marcada por la corrupción, el “robo pero hago obra”, “soy ladrón y con orgullo”, el “todo vale” (en tan diversos sentidos), el “yo la sé hacer” (a los otros los pescan por cojudos)… Frases que, en el cotorreo político son tan comunes y Daniel me lo hacía notar. Seguramente, Daniel, sería una gran cosa que llegaras tú a la Alcaldía. ¿Qué habría que hacer para traducirlo en realidad?

Hace más de dos semanas tuve ocasión de ir con mi hijo Pedro a ver la Cautiva, presentación teatral que se reestrenó con motivo del buen festival “Sala de Parto” y que debo decir, como a mucha gente que la ha visto, me impresionó como pocas, o podría decirse mejor, me impresionó de manera especial. Es una gran invitación a asumir nuestra historia, nuestra vida por crítica que sea o nos haya tocado vivirla, como ha sido esa fase de la guerra interna que nos tocó vivir durante dos décadas, especialmente en Ayacucho.

Es un gran llamado a dialogar sobre lo que nos puede ayudar a crecer como conjunto, desbloqueando resistencias comprensibles pero que no pueden quedar solo planteadas como vallas o procesarse de las maneras primarias como varias veces ha sucedido (por ejemplo, la de supuestas apologías). Porque nos afecta a todos: a quienes nos tocó vivirla de modo más o menos directa, y para quienes hoy la viven como algo que sucedió antes de que nacieran (ya sea porque literalmente es su situación o aún se sienten ausentes de conciencia sobre hechos tan vitales).

Sólo agregaré que esa misma noche me fui a dormir con más conciencia de la importancia de lo que vi y la necesidad de reconciliarnos como país en nuestras raíces profundas de cada persona que le corresponde ciudadanía o es habitante de nuestro territorio. Esa noche sentí que algo se reconcilió en mí y que algo maduró mejor en mi interior. Fue algo en lo que hay que continuar dando significación a todo nivel.

En poco menos de dos semanas, estaré en Piura. Voy a reunirme con mis compañeros de promoción de colegio (Vizcardo 75, Colegio San Ignacio – Piura). Celebramos 40 años de ex alumnos y es motivo de alegrarnos por ello, de agradecer la formación que recibimos, de compartir algunas de nuestras vivencias, tan diversas. Seguro estaremos una buena cantidad de nosotros (¿llegaremos a 50?), algunos viajando desde otras latitudes.

Se me ocurre que debiéramos hacer el esfuerzo de compartir cómo agradecemos la formación que recibimos cada uno en el colegio; cómo agradecemos el derrotero que nos tocó seguir, con sus altibajos y caminos singulares, todos muy respetuosos de ser escuchados, considerados, tenidos en cuenta. Quizás debiéramos hacer como los niños: cada uno en una hoja de papel (o cartulina) podríamos poner en un dibujo (el que sea) lo que ha sido su vida, su experiencia, su derrotero. Quizás conseguiríamos un mosaico muy significativo. Será una celebración agradable.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 27 de septiembre de 2015

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