Asumir nuestra responsabilidad

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Más allá de las agendas previstas, la siguiente asamblea nacional CVX (a realizarse en noviembre) debiera intentar reflexionar y entroncar tres cuestiones: la misión, el sentido de lo comunitario y la colaboración. Además, por supuesto, de renovar el equipo del Consejo Ejecutivo.

Sobre la misión, hay una buena reflexión recogida en la última asamblea mundial y sus conclusiones, las mismas que debieran ser objeto de volver sobre ellas y ver en qué nos inspira y de qué modo. Lo más importante de ese tema no son las cuatro campos de misión que se logra identificar (globalización y pobreza; ecología; familia; juventud), podrían haber sido otros temas. Lo más significativo es que se ubica como “cuestión previa”, como base fundamental, el sentido de vivir toda la vida como misión, a partir de lo que es la experiencia de cada uno en su vida cotidiana, integrando fe y vida. La vida cotidiana como base de nuestra misión y desde la que se puede comprender y emprender acciones mayores en campos de misión comunes (comunitarios o no), bajo la lógica del DEAE (discernir – enviar – acompañar – evaluar), tan vigente como necesario de incorporar en nuestro quehacer comunitario.

En ese sentido, detenerse sobre la misión debiera significar principalmente el insistir en ese sentido básico pero fundamental. Pues la misión no es una actividad (ni adicional ni principal), sino es la manera de situarnos en la vida, asumiéndola toda como misión, viviendo nuestro seguimiento de Jesús y discipulado en todos los aspectos de nuestra vida, con alegría, sentido de perdón, búsqueda de la justicia, compasión, amistad, servicio, amor. Si de esa refrescante reflexión se logra arribar a un campo de misión común para nuestra comunidad nacional, en buena hora. Pero sólo uno, el que tenga que ser. Con el cual nos identifiquemos en los siguientes 3 años de modo especial y procuremos todos aportar desde el lugar donde nos encontremos. Puede ser la educación, derechos humanos o cualesquiera de los sugeridos por la asamblea mundial.

Ahora bien, la misión puede devenir en simple activismo si no va de la mano con una comprensión cabal del rol y necesidad de la comunidad como espacio de vida de nuestra fe y compromiso. Me refiero al valor que le damos a la comunidad pequeña en la cual nos corresponde participar regularmente a todo ceveco, a todo integrante de la comunidad más amplia de CVX. ¿Nos reunimos periódicamente? No por un tema de obligación o norma establecida, sería lo menos importante. Se trata del espacio desde el cual aprendemos a cultivar un sentido solidario y de servicio como nos lo reveló Jesús; un modo de cultivar nuestra fe y el sentido de su amor. Justamente para saber revisar nuestro andar cotidiano y aprender a escuchar a los otros y desde ellos lo que nos dice nuestro Padre grande.

Para saber leer los “signos de los tiempos”. Para saber situarnos en la vida de mejor manera, desde lo que nos acontece a cada uno. Para formarnos desde pequeños temas de tratamiento. Para desarrollar relaciones de amistad y cultivar nuestra propia forma de aproximarnos a Dios, compartiendo las experiencias que cada uno va haciendo. Siempre cada una de ellas será extraordinaria, si sabemos descubrir la presencia de Dios en cada uno. Y ese es todo un desafío. Como desafío lo es el aprender a vivir como Jesús en nuestra vida cotidiana, sin perfeccionismos, haciendo lo que a cada uno le pueda corresponder y bien, sobretodo buscando hacer el bien.

Es muy importante que la comunidad nos ayude a marcar la pauta de nuestra vida, nos de centralidad, teniendo como centro a Jesús en nuestras vidas. Tanto en lo personal como en lo comunitario. En cada uno de los espacios de nuestra vida.

La tercera cuestión que es clave de tomar en cuenta es lo relativo a la colaboración. Normalmente planteada como CVX – Jesuitas y es una parte. Pero la colaboración debemos aprender a plantearla de modo más amplio como Iglesia y, como Iglesia, con la misión de Dios, la misma que incluye nuestro ser ciudadanos y compromiso con el país, desde lo que cada uno hace. De todos modos, el situar la colaboración desde CVX – Jesuitas nos da un punto de partida que debemos saber trabajarlo para una sistemática labor de formación y desarrollo de comunidades de base desde los más jóvenes, especialmente desde los colegios, las escuelas. Allí tenemos un desafío pendiente, aunque algunas cosas se vienen avanzando.

Parte de lo anterior es la dimensión del acompañamiento, la misma que ya no podemos pensar en que descanse sólo en religiosos o jesuitas. La labor que nos corresponde como laicos es algo cada vez más evidente. Así lo hemos podido apreciar también desde la Mesa de Movimientos Laicales y se empieza a trabajar labores de formación en esa dirección, en la cual tenemos que también situarnos. En CVX algo avanzamos con la formación de guías y cursos de acompañamiento, pero puede ser mejor integrarlo a los esfuerzos de otros también. Ese puede ser otro desafío a tomar en cuenta.

El nuevo equipo de dirección nacional de la CVX tendrá varias tareas entre manos, las cuales estamos seguros sabrán encaminar.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 11 de septiembre de 2014

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