El cuidado de la creación nos implica

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Hay reuniones que siendo sencillas y breves, dan lugar a un despliegue de detalles e inspiración que pueden ser un eficaz motivo para trabajar más a profundidad lo que llevaba como propósito. Me refiero a la jornada de oración a la que nos convocó el Grupo de Ecología CVX (31 de mayo), en torno a reflexionar sobre su significado, implicancias y proyección. La necesidad de volver sobre un tema que no sólo es para abordarlo como tal, si no, para intentar hacerlo vida, tanto en lo personal, familiar, comunitariamente y a todo nivel a nuestro alcance.

Tomar conciencia sobre lo ecológico, va más allá de lo que para algunos puede ser una moda o algo simpático que nos relaciona con la naturaleza. Porque cuando hablamos de lo ecológico pretendemos establecer vinculaciones sobre cómo hacemos para mejorar la relación histórica del Hombre con la Naturaleza, pero implicando al propio Hombre en esa dimensión de naturaleza.

Es decir, pensamos que tomar en serio esa mejora en nuestra relación con las plantas, los animales, el clima y todo cuanto orden “natural” nos rodea, debe de implicar siempre mejorar nuestras relaciones entre los propios seres humanos. Aprender a querernos un poco más entre nosotros mismos. Saber poner en juego el cuidado de unos con otros (especialmente con los diferentes), como parte clave del hábitat que necesitamos mejorar. Donde la presencia del ser humano le da sentido a toda naturaleza (o debiera serlo).

Eso mismo podemos mencionarlo también en su dimensión política y social. Porque desde las políticas públicas que se sigan y del modo cómo se respete los derechos de quienes pueblan los territorios, los muy diversos territorios, se incidirá en que podamos garantizar buenas prácticas y posibilidades adecuadas para las generaciones futuras. Contando siempre con que la extracción de riquezas naturales y el desarrollo de la ciencia y tecnología esté al servicio de las personas y de su crecimiento, y no sólo para el afán de lucro e intereses individualistas.

A propósito de ello, el P. Javier Uriarte nos recordó (en la Eucaristía que celebramos), lo acontecido en situaciones como el Baguaso (del que estamos conmemorando 5 años, el 5 de junio) y los desencuentros del que seguimos siendo objeto, marcando con signos de muerte la vida de muchas personas que, como Santiago Manuin (dirigente Awajun que casi muere entonces), han visto comprometida su salud y su vida. Ha quedado en estado delicado y, pese a ello, sometido a juicios que reclaman su encarcelamiento, así como la de una cincuentena de involucrados.

Volviendo a lo más específico de lo conversado, pudimos ver que comprometerse desde nuestras comunidades con el cuidado de la creación (la naturaleza y las personas que la habitamos), debiera llevarnos a revisar una serie de prácticas a las que estamos habituados, así como a promover iniciativas más amplias, las que puedan estar a nuestro alcance (que siempre es factible de acoger con un poco más de atención). Tomando conciencia de que siendo parte de una misma “aldea global”, de estar en “una misma nave”, hoy nos vemos confrontados a cuestiones comunes como las del llamado cambio climático, el cual nos afecta a todos. Porque todos somos parte de una misma humanidad, “de la misma creación”.

En la dimensión personal / familiar se insistió en diversos detalles al alcance de todos y que cada uno debiera discernir cómo lo asume y procesa. Por ejemplo, el uso materiales plásticos, como bolsas o vasos, de uso tan extendido; los envases de tecnopor (muy común en lugares de “comidas rápidas”. ¿No debiéramos intentar limitar su uso, sustituirlos o idear formas creativas de reciclaje? Se sugirió promover cementerios de pilas (muy contaminantes por cierto), sugiriéndose envases o espacios cerrados para su depósito permanente.

El tener un uso adecuado de los servicios con los que nos beneficiamos de agua y luz. Saber hacer un uso ahorrador y razonable de la energía eléctrica. Evitar fugas de agua o usos excesivos y que desperdicien el líquido. Atención en el manejo de nuestra basura, su eliminación, clasificación y reciclaje. Tomar idea en expandir las áreas verdes en nuestros espacios más inmediatos, ya fuera a través de maceteros o jardines en nuestra azotea (si la tenemos).

En la dimensión comunitaria, podemos intercambiar diversas posibilidades, siendo un tema que debiera ocupar un permanente lugar en nuestras conversaciones y atención en nuestros de modos de vida. Empezando por hacerlo un tema de reflexión periódico, de oración e intercambio. Seguido por plantearse “reformas de vida posibles” en cada caso. Planteando posibilidades también, para “quienes más quisieran afectarse” de desarrollar iniciativas grupales. Tal como nos lo presentaba la CVX El Agustino, donde un grupo de señoras, junto a otras personas, se decidieron a impulsar un proyecto de siembra de Tara en la ladera del río Rimac, con la idea de desarrollar un pequeño “pulmón” en beneficio de su distrito, ya que se carece de áreas verdes y hay mucha polución ambiental. Han tenido que afrontar dificultades diversas, como a los drogadictos que frecuentan la zona; la incomprensión de las propios trabajadores municipales; limitaciones por el lado de sus propias familias. Pero se ha logrado salir adelante.

Puede haber distintas cosas que se pueden hacer. Cada quien lo podrá encaminar; mejor si se hace juntos, entre varios. En torno a la vida que se nos ha dado, la naturaleza, tenemos que saber cuestionarnos; preguntarnos sobre nuestros usos y costumbres que llevamos y cómo nos afectan hoy y qué mundo les dejamos a los que vienen más adelante. ¿Les dejamos un mundo mejor, un mejor lugar donde vivir? ¿Damos ejemplo de convivencia, de saber relacionarnos con los otros, de tolerancia y aceptación?

Hay muchos elementos que se pueden ir incorporando. Termino con la preocupación manifestada de construir también un mensaje en torno a ésta temática. ¿Qué le podríamos decir a otras comunidades, a otras iglesias, a otros sectores, a nuestro país, incluso al mundo, sobre éstos aspectos? ¿Podemos decir algo? Más aún, pensando en la reunión mundial que tendremos en Lima (COP 20), en diciembre próximo, en torno al llamado “calentamiento global”.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 1 junio de 2014

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