Flores de civilización

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Es deseable siempre un clima de paz y sensación agradable de aceptación y correspondencia, especialmente entre las personas que uno siente como más cercanas, por ejemplo, en la familia, antes que tener una circunstancia de tensión anodina, conflicto larvado por diversas razones, sea que éste sea manifiesto o transite una procesión interna, invisible. Por supuesto, a uno le anima mejor a hacer las cosas que tiene entre manos, pensar con más transparencia, oler con menos dificultad, relacionarse con más inteligencia. Ello me trae a colación los niveles de violencia familiar que vivimos como un tema cotidiano y tan aceptado como tal. Algo más seguro podemos hacer.

Es casi normal que las cosas sucedan con un vaivén diverso, como de aguas mansas que se convierten en pequeñas tormentas o aguas bravas que transitan por momentos tranquilos. Lo cierto es que aprendemos a movernos en situaciones muy diversas porque la vida es diversa y la hacemos así y ésta nos va haciendo diferentes, tomando conciencia de cómo intervenimos en ella y de qué modo colaboramos o nos sentimos invitados a influir en las ondas marinas de un oleaje calmado o más violento. Esa es en parte la vida. ¿Cómo manejamos nuestras relaciones cotidianas? ¿Levantar la voz y molestarse es tener carácter? Y muchas veces tenemos que hacerlo, para no dejar pasar cosas que nos parecen injustas, por ejemplo que te cobren de más un servicio o un producto. O tareas mayores como reordenar el tránsito de Lima o La Parada.

No tenemos que inventar situaciones excepcionales porque podemos constatar, si nos detenemos un momento a ver un poco mejor las cosas, que puede ser muy fácil dejarse arrastrar por una situación tensa o tal vez necesario el aprender a tomar “el toro por las astas”. Intentar conducirse por sendas distintas o perder en el intento, pues no siempre se logra un propósito. Lo real es que estamos sujetos a vaivenes que nos desbordan muchas veces; pero también podemos intentar conducir dichos vaivenes, pues no somos un simple corcho o materia flotante que vive según las ondas que marca la naturaleza o quien decide encaminarlas o influir también en ellas. Temas como el sicariato, la corrupción o el narcotráfico son cuestiones muy propicias a ello. ¿Cómo podemos vivir sin cruzarnos de brazos en lo que sucede en la región de Ancash, donde tantas muertes de corte político parecen no alcanzar a asomarse en la Capital?

Aprender a conducir esas ondas significa de alguna forma, aprender a conducir nuestra propia vida, teniendo en cuenta no sólo nuestra vida sino también la de los demás. Vivimos en medio de múltiples ondas, de diversos vientos que soplan, de variedad de ideas y modos de pensar que se entrecruzan, algunas veces interactuando funcionalmente, otras veces confrontándose, las más de las veces intentándose dominar unas a otras en el sentido de subordinación. Es propio que cada quien crea que su razón es la mejor razón y baste para intentar imponerla a los demás, muchas veces sin tomar en cuenta tampoco lo válido de “los otros”. Es lo que nos suscita temas como los de la “unión civil”, donde puede haber tan diversos argumentos para descalificar pero poca creatividad para acoger.

No reivindicamos una suerte de relativismo de pensamientos donde todo es igualmente válido, aunque a todos les cabe el derecho de pensar, opinar y vivir como mejor cree conveniente, mientras no violente los derechos de terceros. Algo tan elemental como lo que afirmamos no siempre se asume en todas sus consecuencias. Más aún si reivindicamos el sentido de pluralismo con el que debiéramos habituarnos a vivir, para hacer posible un sentido de convivencia amplio, aunque sujeto a las regulaciones que como sociedad también nos damos (decidimos en democracia darnos). Porque podemos tener “reglas de juego” válidas para todos y donde caben todos/as. Donde no se anteponen juicios ni perfeccionismos.

En éste tipo de cuestiones, es deseable aprender a identificar valores que nos son significativos para dicha convivencia y que no siempre coincidirán con todos/as de la misma manera. Porque siempre estará ubicado su significado de acuerdo a intereses y creencias que no siempre son similares para todos (no tienen por qué serlas). Pero hay acuerdos reconocidos como derechos que se intenta sean universalizables, defendibles desde nuestro reconocimiento como ciudadanos y respaldados por los Estados. Por lo tanto no sujetos a opiniones parciales, como las que puede emitir cualquier otro organismo de la sociedad, por ejemplo una Iglesia, Club, Asociación, etc. Aun así, muchos temas son delicadamente discutibles ¿deben los niños/as trabajar… por horas, reemplazando horas de ocio o juego? El aborto es un atentado a la vida humana, pero ¿ello debe de impedir legislar y formular con justicia políticas públicas y sociales adecuadas? ¿Las estirilizaciones forzadas son una solución? No es deseable la prostitución, ¿la solución es perseguir a las prostitutas?

Queremos una civilización donde las flores se puedan apreciar por todas las personas. El agua o el aire limpio sea un bien natural de acceso a todos. Y el afecto (¿el amor?) no se le niegue a nadies.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 23 de abril de 2014

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