Algunas incidencias de la Mesa el 2012

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Estimados amigos/as de la Mesa:

Me dirijo a cada uno/a con el propósito de agradecerles por lo que ha sido el presente año de camino, con diversos momentos intensos, como lo vivido en torno a la sanción del P. Garatea, los plantones y pronunciamiento que significó o la preocupación por su salud en los últimos meses. La partida de Pilar Coll o las premiaciones a Juan Dumont (asesor de EDOP) por la Embajada de Francia o el Premio Nacional de Cultura (entre otros premios) para Gustavo Gutiérrez, personas muy queridas por todos.

Tuvimos un curso para Reflexionar la vida desde Vaticano II, evento que abrió una perspectiva muy significativa para la Iglesia que queremos seguir construyendo, entendiendo que debemos movernos entre horizontes amplios, mayor tolerancia, exigencia de sintonizar con los nuevos tiempos que se viven, compromiso con los más débiles…, todo conjugado en el seguimiento fiel de Jesús. Fue muy importante las entradas que nos dimos de situarnos en su dimensión histórica, intentar leer los signos actuales del hecho, e ir a una reflexión de lo laical desde varias perspectivas como las presentadas (muy a modo de lecciones de experiencia). Todo recogido en unos DVDs que fueron una novedosa forma de recoger lo vivido.

Hicimos el intento de abordar una mirada de más largo aliento. Darnos una perspectiva a varios años. Sabiendo que nos movemos en un contexto complejo a diverso nivel y donde los jóvenes constituyen hoy un desafío especial por los cambios en los que se va inscribiendo su desarrollo y los varios desafíos que nos plantea. La dimensión de la globalización en la que estamos inscritos son elementos que también nos retan. De hecho, nos hemos sentido parte de ello en noviembre, cuando se realizó la asamblea mundial de MIAMSI; en enero habrá otro evento de Latinoamericano de EDOP; más adelante, la CVX mundial realizará su evento mundial en el Líbano.

Recientemente, en la celebración de nuestra misa anual (coincidente con el 2do domingo de adviento), tuvimos ocasión de reunirnos un buen grupo. Más allá de algunos detalles que tenemos que mejorar, lo importante fue que pudimos darnos un tiempo juntos de celebración, de orar por el enorme significado de la encarnación y de lo que ello nos expresa como sentido del amor de Dios hacia todo ser humano, lo cual se nos da más allá de lo buenos o mejores que somos (que también hay que serlo), pero donde lo principal nos viene de nuestro Padre grande y su infinita generosidad y expresión de amor. De cómo nos enseñó a amar y a saber amar. Que las semillas que simbólicamente se entregaron nos motiven a sembrar y germinar, a ser fecundos en la vida que cada uno lleva, de modo individual y comunitario, en todos los ámbitos de nuestra vida, ya sea familiar, laboral, de estudios, como ciudadanos y como iglesia.

Todos estamos invitados a colaborar con la misión de Dios y ha descubrir con esperanza los caminos que más nos centran a su llamado y compromiso. Parte de ello, seguramente, será cómo nos situamos en la realidad de nuestra Lima, destacando el esfuerzo y ejemplo que reconocemos en nuestra Alcaldesa, Susana Villarán; cómo nos situamos en la memoria de nuestro país y algunos de los aspectos duros de la vida que nos ha tocado, recogida hace 10 años por la CVR; qué nos dice el “año de la fe” convocado por el Papa Benedicto XVI y que nos debe convocar a recrear nuestra experiencia de fe, a profundizar en ella y a pedir la gracia de ser mejores creyentes porque nos comprometemos mejor con la justicia, la verdad y la solidaridad.

Tengamos confianza en que la Mesa es un espacio de inspiración para nuestra labor en cada movimiento y como conjunto; que todos debemos ayudarnos a florecer esa dimensión. Debemos convencernos que podemos dar pasos, pequeños o grandes, que nos sitúen en tareas claves para nuestra iglesia y país, porque todo lo que nos toca vivir desde lo cotidiano es clave para construir cosas mayores; desde allí, nos toca aprender a vivir, a ser cristianos, a sabernos relacionar, a conocer el misterio de la vida humana y sus diversas aristas. Es importante que aprendamos a “acompañarnos”, tanto a los que son parte de nuestras comunidades, entre nosotros mismos; también a quienes quizás no son parte de nuestra experiencia comunitaria pero vive sentidos de compromiso que reflejan la presencia viva de nuestra fe, espiritualidad y misión.

En fin, hay varias cosas sobre las cuales podríamos seguir comentando. Parte de ello es el valorarnos unos a otros. El reconocer todo lo que aporta cada uno y lo importante de contar con todos en el camino que vamos haciendo y queremos seguir recorriendo. Que todo ello nos inspire en las próximas navidades, donde lo importante no es lo que nos regalamos unos a otros, sino el regalo que recibimos de Dios con el nacimiento de su mismo hijo. Una Feliz Navidad para todos/as… y un mejor año 2013.

Guillermo Valera Moreno
Coordinador de la Mesa
Magdalena del Mar, 12 de diciembre de 2012

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