Jóvenes: diálogo y esperanza

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Sumergirse en los procesos de los jóvenes obliga a afrontar aprendizajes en medio de circunstancias cambiantes, como cambiantes son las circunstancias de los jóvenes en su proceso de crecimiento y tránsito a una etapa más adulta. Supone una serie de retos y desafíos que conduce a afrontar procesos de recambio más profundos como los que compromete a cambios generacionales. Una cuestión así es transversal y atraviesa absolutamente todo. Por tanto, con esa dimensión habrá que mirar una temática como a la que nos convoca.

Una primera cuestión en ello será, por tanto, la de entender la complejidad de la realidad de los jóvenes, partiendo de su propia realidad y de contrastar dicha realidad dentro de la realidad más amplia que supone el contexto en que todos nos movemos. Siendo además conscientes que los temas de contexto no son elementos muy presentes en la preocupación de los jóvenes, ya fuera por desinterés o por confiar (o creer) que sus posibilidades descansan básicamente en lo que hagan o dejen de hacer.

Entender la complejidad supone tomar en cuenta una serie de elementos como la cultura propia de los jóvenes, así como los contextos culturales diversos en que se pueden mover, ya que es distinto hablar de un medio urbano o rural, de Lima o “provincias”, de rasgos étnicos más específicos según regiones, etc. Por tanto, supone entender también que no nos referimos a una realidad homogénea sino ante varios mundos de jóvenes.

Una segunda cuestión significativa es que para aproximarse a los jóvenes hay que replantear o revisar lo que han sido las metodologías de trabajo respectivas, asumiendo tensiones normales que se plantearán entre autonomía (libertad) y acompañamiento, entre novedad y experiencia, organización y acciones más espontáneas, entre creatividad y límites. Lo cual conlleva a revisar qué puede significar acompañar a jóvenes individuales y colectivos; establecer interlocución y protagonismos de los jóvenes; manejo del lenguaje y formas de llegar a ellos. Que no se sienta que existen (o pueden existir) “trucos” en el manejo de dichas relaciones.

Un tercer punto lo vinculamos al sentido de la vida, como cuestión que toda persona se plantea más allá de sus creencias religiosas o similares. A nadie le es ajeno situar un sentido de su vida, vinculado a la necesidad que todos sentimos de afirmación personal e identitaria, así como a un descubrimiento vocacional y de aprendizaje a valerse por sí mismo en la vida. Lo cual hay que saber situarlo también y empatarlo con los valores humanos fundamentales, derechos, preocupación por el otro, capacidad solidaria. Ayudando a encaminar un plan de vida y sentido de esperanza.

Un cuarto aspecto es relativo al testimonio que se puede brindar, como capacidad de transmitir con la vida actitudes concretas de fraternidad, coherencia, estilo de vida, espiritualidad… De ser referente para otros. Hablando como se actúa y actuando como se habla. Testimonio que será importante de entenderlo como expresión de una relación comunitaria (donde cuentan los “otros”), sintiéndose parte de una comunidad política más amplia que también cuenta y me interpela en tanto institucionalidad orientada al bien común.

Un quinto punto es la de tomar en serio las propuestas de los jóvenes y saber escucharlos. No como una cuestión de concesión que se concede, sino de saber situarse de modo adecuado. Lo cual debe ir acompañado de la emergencia de liderazgos con capacidad de interlocución, inevitablemente desde aproximaciones diversas de ensayo – error que serán normales a dichos procesos. Propiciando canales adecuados de articulación entre los mismos jóvenes y desde sus propias iniciativas y autonomía. Respetando su variedad y acciones diversas y simultáneas en las que se pueden involucrar. Planteándose factores como la sostenibilidad y duración de acuerdo al tipo de iniciativas que se realizan y la temporalidad que puede suponer muchas de ellas.

Una última cuestión que ponemos de relieve es la relativa a una “agenda joven” que es necesario de establecer y encaminar, vinculada a los temas de interés y preocupación propia, como pueden ser los temas vocacionales, educativos, laborales, de formación integral, pasando por temas espinosos como los relativos a los derechos sexuales y reproductivos, religión y culpabilidad, violencia familiar, opciones políticas, la diversidad y el diálogo cultural y religioso, entre otros.

Todo lo anterior es fundamental de incorporar para todo lo que puedan ser procesos de formación y trabajo con sectores juveniles, sean éstos los que fueran. Donde confianza, libertad y responsabilidad son claves para la reflexión, el relacionamiento y la acción.

Guillermo Valera Moreno
8 de febrero de 2012

Nota: el presente artículo esta inspirado en el evento de “Fe y Política y jóvenes universitarios”, realizado por el IBC, el 8 de febrero, como parte de su encuentro anual más amplio.

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