La izquierda ¿un tema perdido?

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Hablar de la izquierda en nuestro país a veces cuesta en demasía. No sólo por la crisis en general que atraviesa la política y hace poco apetecible hablar de ella, sino porque se ha continuado nadando en un estanque de contornos muy apocados y por donde no ha fluido mayormente agua de entrada o de salida en forma constante.

Si algo ha mantenido el “pozo” sin secar pareciera deberse más a la existencia de alguna “lluvia” que nos ha llegado más de fuera (la extendida aceptación de opciones de izquierda en buena parte de países de América Latina) que los propios méritos de alguno de nuestros líderes tradicionales. Y porque la pobreza sigue siendo muy extendida en nuestro país y, quienes la encarnan (los pobres), al menos muestran un sentido contestatario, aunque muy voluble a las opciones que pueden hacer carne de él.

¿Qué nos puede ayudar a ampliar el “estanque”? ¿Cómo darle un flujo constante de agua? ¿Podemos convertirla en una enorme laguna con flujos diversos de ríos que la alimentan y generan o permiten diversos cauces de salida? Pienso que algo puede ayudar si volvemos sobre nuestros pasos, no generamos camisas de fuerza innecesarias (determinismos o condicionalidades de “principio”) y se empieza más a escuchar lo que la gente puede estar aspirando, antes que enlatarnos en propuestas ya consabidas o ideas que resuelven de antemano los problemas de nuestro país que normalmente son un poco más complejos. Y si a todo ello le ponemos una cuota adecuada de sentido práctico.

Se me ocurre que sería de interés que pudiéramos volver sobre lo que fue el mayor hito de nuestra izquierda peruana y que se tradujo en la llamada “Izquierda Unida”. Fue el capital más extendido y movilizador que tuvimos y, desde el cual, se produjo conjunción de diversos sectores populares, intelectualidad, organizaciones partidarias y opinión pública. Llegamos a sentirlo como la utopía realizable, aunque al que también se le quemó el pan en la puerta del horno.

A estas alturas, buscar culpables, como suele ser nuestra tradición y cultura política quizás sea lo menos importante, aunque sí pueda ser interesante establecer qué fue lo que permitió avanzar tanto y que llegó ha hacernos sentir y a pensar que la “izquierda podía ser gobierno”. Porque es cierto que el liderazgo de Alfonso Barrantes jugó un papel invalorable, pero no fue lo único. ¿Cómo influyó la valoración de la democracia en la izquierda? ¿Qué tanto nos descaminó el accionar de Sendero Luminoso y el MRTA?

Volver sobre lo que significó y aconteció en el primer (y único) Congreso Nacional de Izquierda Unida nos pueda ayudar a centrar nuestro caminar actual. Empezando por recuperar lo que fue de consenso de todas las fuerzas como fue el Programa aprobado en ese congreso. Desde allí, tratar de rescatar un norte que tome en cuenta a todas las fuerzas que se reclaman de éste espacio, puede ser importante para ayudarnos a marcar un derrotero como país y no quedarnos sólo como la expresión contestaria o el lado “legal” que legitima el sistema actual, el mismo que ha seguido asentándose en bases autoritarias y excluyentes de muchos sectores sociales, olvidados estructuralmente y en forma recurrente.

Porque tampoco puede hacerse del debate el cómo nos aliamos a Humala para garantizar una mejor perfomance en el 2011 que la tenida el 2006. De hecho, hay que pensar en grande y reconocer los liderazgos que han ido emergiendo en el camino. Pero necesitamos que nuestras apuestas vayan más allá de las definiciones de curules y espacios de poder particulares. ¿Es posible algo así o estamos siendo muy ingenuos?

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