Los últimos virreyes del Perú.

Christopher Cornelio y Alberto Lavanda (PUCP)

 

Las guerras de independencia en América fueron extensas y sangrientas. Por dieciocho años, el continente se convirtió en un campo de batalla entre insurgentes, que luchaban por acabar con el poder español, y fidelistas, defensores del orden que España había establecido en América. Pese a que el virreinato del Perú fue el bastión del fidelismo, no estuvo al margen del conflicto, pues tuvo que enfrentar no solo disidencias internas, sino también externas, como las de Quito, Chile y el Alto Perú, debido a que amenazaban su propia estabilidad. 

Sobre el tema, en los últimos años los historiadores han superado la visión tradicional en que los patriotas, representados en las figuras de los próceres y precursores, eran los protagonistas por excelencia del proceso; en su lugar, han estudiado la cultura política, la actitud de los sectores sociales, la financiación de la guerra, entre otros. En esa línea, si bien ha habido renovado interés en las figuras de los virreyes, especialmente en la de Fernando Abascal,  está pendiente la tarea de escribir, por ejemplo, biografías que vayan más allá del dato erudito y que entiendan al personaje en su contexto.

A continuación, recogiendo esta necesidad, se presentarán breves biografías de Fernando de Abascal, Joaquín de la Pezuela y José de la Serna, quienes fueron, en su tiempo, los últimos virreyes del virreinato peruano. Adicionalmente, con esta información se pretende cubrir los vacíos de información que presenta la web al respecto.

 

José Fernando de Abascal (1806-1816)

El periodo de la independencia Hispanoamericana  abarcó el gobierno de tres autoridades en el espacio del virreinato peruano: José Fernando de Abascal (1806-1816), Joaquín de la Pezuela (1816-1821) y José de la Serna (1821-1824). En este texto, nos acercaremos a la figura del primero de ellos. El también conocido marqués de la Concordia ha sido asociado comúnmente con la represión de las juntas  en Caracas, Quito, Chuquisaca, entre otras, y de las rebeliones de Tacna, Huánuco y Cuzco. A continuación, se presentara una breve biografía de aquel.

Este personaje nació en Oviedo, Austrias, el 3 de julio de 1743 en el seno de una familia noble. En esa ciudad realizó sus estudios hasta 1762, año en el cual entra a formar parte del regimiento en Mallorca. A partir de este momento, no abandonó la actividad militar, siendo participe durante dicha época de la expedición al Rio de la Plata en la década de 1770.

La presencia de Abascal en América se dio de forma intermitente hasta 1799, debido a que era requerido para diversas tareas, las cuales terminaron por valerle el grado de coronel dado por el rey Carlos IV.  A causa de su habilidad, en dicho año tuvo su último traspaso a América al ser nombrado gobernador y comandante general de Guadalajara (territorio de Nueva Galicia). En este año, enfrentó una revuelta de indígenas conocida como la “conspiración de los machetes”, a la cual neutralizó. Al mismo tiempo, consciente de los desórdenes internos que tenía que afrontar, decidió calmar las tensiones mediante la mejora de la infraestructura de la ciudad.

Esta habilidad para pacificar y ganarse a la gente por medio de obras públicas le valió para ser nombrado en 1804 virrey de las provincias del Rio de la Plata. No obstante, no llegó a ocupar dicho puesto, ya que fue designado virrey del Perú en el mismo año, el cual lo desempeñaría recién en 1806, dado que fue apresado por los ingleses mientras viajaba rumbo a su destino. Su entrada como Virrey, aunque tarde, fue el 20 de agosto.

Hasta este punto, las acciones de Abascal permiten observar una capacidad para el ámbito militar y para ganarse el favor de la gente. Esto último puede verse reflejado en la creación del Panteón a cargo del presbítero D. Matías Maestro y en la formación de un Colegio de Medicina. No obstante, las acciones más reconocidas del Virrey no son dirigidas específicamente a la mejora de la infraestructura, sino a su labor en la represión de todo movimiento independentista en el sur de América.

Abascal era fiel a la monarquía española, pero los problemas que acontecen durante su gobierno no son sencillos. Cabe tomar en cuenta que en 1808 eran obligados Carlos IV y Fernando VII a abdicar en favor de José Bonaparte, hermano de Napoleón Bonaparte, con lo cual la dinastía de los Borbones quedaba destituida. Sin embargo, José I no fue un rey aceptado: desde un inicio se comenzaron a formar juntas en España que asumían el poder en nombre del rey ausente. Sin embargo, este fenómeno, cabe mencionar, no solo se produce en Europa.

La formación de juntas sucede también en América; no obstante, difirieren de las europeas en su sentido práctico: si bien en un inicio plantean la autonomía bajo el imperio español, posteriormente no aceptaran estar de nuevo bajo una monarquía, querían la independencia a pesar de decir que esos movimientos utilizaban el nombre de Fernando VII.

Así, ante este panorama, el Virrey desarrolló una maquinaría represiva en torno a dichos movimientos. Sin embargo, este personaje no solamente tenía que luchar contra aquellas, sino también contra las rebeliones acaecidas en el territorio local, de las cuales las principales fueron la de Tacna (1811), Huánuco (1812) y Cuzco (1814-1815).

De este modo, Abascal gobernó el virreinato peruano en una etapa turbulenta. Aunque Fernando VII recuperó su poder en 1814, esto no significó que el sentimiento separatista cesara. Desde ese año, la principal característica de su régimen fue realizar una política represiva contra los movimientos revolucionarios en América. Hacia 1816, el virreinato había cambiado, aunque se hubiera vuelto al orden previo a la invasión francesa. Ese mismo año  Abascal dejó su cargo  y le sucedió Joaquín de la Pezuela.

A continuación, se brindan referencias virtuales sobre José Fernando de Abascal

http://es.scribd.com/doc/100867235/Abascal-y-Sus-Luchas-Contra-Las-Juntas-Del-Gobierno

https://www.academia.edu/2341743/Cuando_no_habia_rey_en_Espana_Abascal_lo_era_de_America

http://www.historiasiglo20.org/HE/9a-2.htm

http://www.slideshare.net/NAVICO37/abascal-y-la-contrarrevolucion                    

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Fernando_de_Abascal

http://es.wikipedia.org/wiki/Juntas_de_Gobierno_de_Am%C3%A9rica

 

José de la Serna y Martínez de Hinojosa (1770-1832)

Fue el último virrey del virreinato del Perú. Natural de Jerez de la Frontera, Cádiz, se formó como cadete en la Academia de Artillería de Segovia desde una temprana edad. Durante la guerra contra Francia en España, participó, en calidad de sargento mayor, en la defensa de Valencia (1808) y en el segundo sitio de Zaragoza, donde fue hecho prisionero y llevado a Francia (1809). Tras huir de su cautiverio, continuó luchando contra los franceses y, al final de la guerra, recibió el grado de brigadier del ejército (Más información sobre su trayectoria en España en el link de “Jerez Siempre”).

Destinado a América con el cargo de general en jefe del ejército del Alto Perú, José de la Serna llegó en setiembre de 1816 acompañado de un grupo de oficiales que desempeñarían un rol esencial en las guerra de independencia: Jerónimo Valdés, Antonio Seoane, Valentín Ferraz, Alejandro Villalobos, entre otros. Al igual que sus predecesores, Manuel de Goyeneche y Joaquín de la Pezuela, organizó sus fuerzas con la finalidad de avanzar hacia Jujuy, Salta y Tucumán, zonas ocupadas por los insurgentes desde 1813. Para ello, dispuso una serie de reformas militares que tenían el propósito de disciplinar al ejército y de adaptarlo a las nuevas estrategias militares aprendidas en la Península. En ese proceso, La Serna consideró que la oficialidad y las tropas españolas fueran el nervio central de sus reformas para que su ejército se convirtiera en una maquina ofensiva y movible. No obstante, estos cambios ocasionaron reclamos por parte de los oficiales americanos, cuyas armas habían defendido la causa del Rey en los últimos siete años, y por el mismo virrey, Joaquín de la Pezuela, quien se opuso, además, a la forma en que La Serna y sus oficiales dirigían la guerra.

Hasta 1818, el Alto Perú era el principal teatro de operaciones, pero, tras la independencia de Chile en ese año, perdió esa condición. Pezuela, preocupado por la defensa del virreinato, creó un nuevo ejército que defendería el litoral del sur, por lo que el ejército del Alto Perú fue drásticamente reducido. La Serna, luego de discutir con el virrey sobre la ubicación del cuartel de este nuevo ejército, renunció a su cargo en 1819. Sin embargo, esto no significó el fin de su presencia en el Perú, ya que se quedó en Lima en calidad de segundo al mando y de reemplazar al virrey Pezuela en caso que no estuviera en condiciones de asumir el mando.

Para enfrentar la invasión de la Expedición Libertadora al mando de San Martín, Pezuela convocó a los oficiales españoles que habían combatido en el Alto Perú. Al mismo tiempo, La Serna sugirió la creación de una Junta de Guerra que se encargue de discutir los asuntos diarios de la guerra. Pese a estas prevenciones, el virrey no pudo impedir que las fuerzas libertadoras desembarcaran en Pisco en setiembre de 1820, bloquearan por tierra y por mar a la capital y fortalecieran sus filas con la defección de las tropas reales. Estas derrotas debilitaron la autoridad política y militar de Pezuela entre sus oficiales españoles, con quienes había tenido discrepancias desde la guerra en el Alto Perú (1816-1819)). Debido a esta incapacidad de defender el poder real, el 29 de enero de 1821, los jefes militares, a través de un oficio, le obligaron a renunciar, y nombraron en su reemplazo a José de La Serna. El pronunciamiento de Aznapuquio –llamado también motín o golpe de estado- ha sido conocido en la historiografía como el inicio del militarismo y caudillismo de la historia política peruana o como el enfrentamiento entre liberales, dirigidos por La Serna y conservadores, representados por Pezuela.

               Aunque es difícil determinar el grado de participación de La Serna en el pronunciamiento, sí se puede afirmar que ubicó a los firmantes, como Valdés, Canterac, Loriga, García Camba, Rodil, entre otros, en posiciones claves del ejército. Asimismo, siguiendo los dictámenes del restablecido gobierno constitucional de España, se organizó una entrevista entre el nuevo virrey y el general San Martín en la hacienda de Punchauca (2 de junio de 1821). Al igual que las negociaciones entre Pezuela y San Martín en Miraflores, no se llegó a ningún acuerdo, salvo una tregua entre ambas fuerzas. Posteriormente, el 5 de julio de 1821, La Serna  abandonó la capital y estableció su cuartel en el valle de Jauja, Huancayo;  cuatro meses más tarde, recibió una invitación de la Real Audiencia del Cuzco para que establezca su gobierno en dicha ciudad, a la cual llegaría el 29 de diciembre de 1821.

A partir de ese año hasta los primeros meses de 1824, La Serna obtuvo una serie de triunfos militares sobre las fuerzas patriotas: Ica (7 de abril 1822), Torata (19 de enero de 1823), Moquegua (21 de enero de 1823). De la misma manera, sus fuerzas ocuparon Lima dos veces: en junio de 1823 y desde febrero hasta noviembre de 1824. Entre las razones de su éxito, están la debilidad política y militar del gobierno independiente, y su ejército contaba con un núcleo de oficiales profesionales encargados de la dirección de la guerra, como Valdés, Carratalá, Canterac, entre otros. Tan grave era la situación de los independentistas que la leyenda cuenta que Bolívar, enfermo en Pativilca, al enterarse de la pérdida de Lima y la deserción de los principales representantes del gobierno limeño, como Torre Tagle y Berindoaga,  exclamó que su objetivo, pese a sus adversidades, era triunfar.

Para alivio del Libertador, la deserción de uno de los generales de La Serna, Antonio de Olañeta, alteró la ofensiva final que preparaba el virrey contra las fuerzas colombianas acuarteladas en el norte. Ante la ausencia de iniciativa por parte de las fuerzas reales, Bolívar avanzó hacia Jauja y derrotó a la caballería realista en la batalla de Junín (6 de agosto de 1824). La Serna, consciente de que Canterac fue responsable de la derrota en Junín y para evitar mayores desacuerdos entre sus generales, especialmente entre el último y Valdés, asumió el mando del ejército. Con este, enfrentó a Sucre en la Pampa de Quinua el 9 de diciembre de 1824. En esta batalla, célebre por sellar la independencia en Hispanoamérica, La Serna no solo fue derrotado sino también fue herido y hecho prisionero. Ese mismo día se firmó la capitulación de Ayacucho, documento que confirmaba el fin del dominio colonial en el territorio peruano.

A su regreso a España, La Serna, al igual que sus oficiales, no fueron bien recibidos por la corte española. En efecto, los también llamados “ayacuchos”, tuvieron que enfrentar las acusaciones que recibieron por ser los principales responsables de la derrota en Ayacucho y de la pérdida del virreinato. A diferencia de sus compañeros de armas, La Serna no participó en la vida política y militar de la Península, sino que se retiró a su natal Jerez de la Frontera. Al igual que Abascal y Pezuela, fue premiado con un título nobiliario, el condado de los Andes, por sus servicios prestados a la Corona. En julio de 1832, el último virrey español en América murió a la edad de 63 años.

A continuación, en los siguientes enlaces se pueden encontrar más datos biográficos sobre José de La Serna:

Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_de_la_Serna

Jerez Siempre:

http://www.jerezsiempre.com/index.php/Jos%C3%A9_de_la_Serna_y_Mart%C3%ADnez_de_Hinojosa

Portal informativo de Salta: http://www.portaldesalta.gov.ar/laserna.htm

 

Puntuación: 3.18 / Votos: 16

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *