El pacto corrupto del Apra y el fujimorismo: Un pésimo ejemplo para la ciudadanía

El Comercio

Es un escándalo y un pésimo ejemplo para la ciudadanía lo que han mostrado las fotos contundentes sobre las visitas masivas que recibe el delincuente Alberto Fujimori, condenado por delitos de corrupción y lesa humanidad. El trato que le dispensa el gobierno aprista viola la ley y el régimen igualitario que debe darse a todo preso y lo convierte en actor importante de la campaña electoral de su hija. El autócrata de ayer tiene la osadía de mostrar los restos de su poder para seguir engatusando a ciudadanos ingenuos o equivocados. Pero este es solo el último escándalo.

El Partido Aprista blindó en el Parlamento al fujimorista Raffo impidiendo que el Poder Judicial lo procese por un acto de corrupción que surge de la entraña de Montesinos asaltando el presupuesto público. No es el único caso, pero sí el más grave, y tratando de confundir a la gente lo mezclaron con el del congresista abusivo que mató a un perro, algo que rechazo, pero no puedo comparar con la corrupción. Estos escándalos no son casualidad y solo se explican por el pacto producido entre Alan García y el fujimorismo que ha terminado caracterizando todo su gobierno. Tenemos registradas las votaciones de la bancada fujimorista apoyando al Apra en los momentos de necesidad que cualquier analista objetivo tomará en cuenta. Estos hechos escandalosos por corruptos son parte del pago que reciben por ese apoyo. Es obvio que el pacto no podía incluir la sentencia de dos instancias supremas a Fujimori porque Alan García y su partido no tenían manera de intervenir en ellas y estuvieron blindadas por el propio Poder Judicial. Pero en cambio sí entran en la lógica de este pacto el indulto a Crousillat y el debilitamiento de los mecanismos para la lucha anticorrupción cuyo efecto terminará siendo la prescripción de procesos judiciales a muchos de los implicados. Como de imágenes se hace mucho en política ya contamos dos casos de corruptos que amenazan con enjuiciar a quienes los señalaron como tales, uno de ellos en carta dirigida desde la prisión al presidente del Congreso.

Al principio se podía pensar que los hechos de este gobierno provenían de que Alan García no estuvo aquí en la larga noche del fujimorato, cuando su partido fue parte del esfuerzo multipartidario por recuperar la democracia. Elegir sus dos vicepresidentes de esta cantera, el desgano inicial ante el proceso que terminó trayendo al autócrata y el trato preferencial mientras era solo un inculpado podían entenderse. Fue más difícil de entender el permiso para la boda de su hija que solo puede otorgarse si a todos los casos similares se les permite lo mismo y lo similar no proviene del cargo que ocupó para delinquir desde él. Ciertamente, muchos recordarán que fueron los votos del fujimorismo los que archivaron el informe de la comisión investigadora de la masacre de los penales salvando a Alan García.

Llegamos al último año del gobierno aprista con una sucesión de escándalos de corrupción que hacen crisis en el Partido Aprista y que han afectado todo el gobierno, pero especialmente —por sus funciones de control incumplidas— al Parlamento. En este hay responsabilidades compartidas, pero la mayor es la del partido de gobierno. Muchos ciudadanos miran con desilusión las instituciones democráticas por este festín de escándalos que ocurren porque tener poder para estos políticos es colocar candados para que no se enjuicie al corrupto, no se acuse constitucionalmente al responsable de una barbaridad y no se censure al ministro que mete la pata incluso causando escándalo ético o, ahora, para lucirse como poderoso aun estando en infamante prisión. Se está haciendo escarnio y burla de las instituciones, como se ha vuelto a confirmar en el Caso Barba, que usa la inscripción de su partido burlándose de la ley a vista y paciencia de un Jurado Nacional de Elecciones que está pintado en la pared y de partidos políticos que no defienden su decoro y por eso no denuncian este caso de corrupción. La pregunta de fondo es si no estará construyéndose para superar el 2011 un fujimorismo sin Alberto Fujimori que enlace al desgastado partido de Alan García con Kouri y con la amalgama de la corrupción que tiene tantos exponentes alimentados desde el fujimorato.

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