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Artículos con la etiqueta Escuela
abril 12, 2010
"¿Qué produce una escuela?" es la premisa con la que empieza el clásico "En la escuela. Sociología de la experiencia escolar" de Dubet y Martuccelli. Puede parecer una cuestión ya caduca para muchos porque implica pensar en el alumno, en un ser humano en términos de "producto"; sin embargo, es un hecho que toda escuela produce un perfil, uno oculto, uno totalmente inconsciente.
Básicamente, una escuela, lo quiera o no, introduce en las personas una serie de posibilidades y limitaciones, preceptos sociales, entre otros aspectos. Por ejemplo, una escuela pública en una zona marginal puede llevar un mensaje implícito que dice a sus alumnos que van a tener ocupaciones técnicas; puede decirles que han nacido y siempre vivirán en la marginalidad. Despúes de más de 10 años de escuchar este mensaje oculto, una persona terminaría creyéndolo. Por el contrario, una escuela privada en una zona socioeconómicamente alta envía un mensaje que exige a los alumnos llevar cierto estilo de vida, cierto estatus social y cumplir con una serie de expectativas sociales.
Estos ejemplos, obviamente, son meramente gráficos, son incluso, algo caricaturescos; sin embargo, ponen en claro la idea del currículum oculto: valores, principios, hábitos, expectativas, formas de interrelación, etc. que toda escuela posee.
En el caso de las escuelas públicas, a las cuales les exigimos una mejora en la "calidad" de sus contenidos o en la "calidad" de los aprendizajes, creo que es importante considerar el currículum oculto que se le brinda. Desde la entrada, al ingresar a un ambiente físico abandonado, sin mantenimiento, con una estructura arquitectónica rígida o cuasi militar, se está brindando un mensaje que quedará grabado.
No es imposible que exista gente con capacidad de cambiar su estilo y calidad de vida, pero este currículum oculto dificulta la posibilidad de movilización social.
En una futura entrega, ahondaré más en el tema a modo de reseña del libro de Dubet y Martuccelli.
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febrero 25, 2010
¿Qué es una escuela inteligente? En términos sumamente sencillos podemos decir que se trata de una organización educativa capaz de aprender, capaz de mejorar constantemente, de adaptarse a las transformaciones de la sociedad y los factores vinculados a ella -y en un sentido ideal, por qué no, incluso adelantarse al cambio entrante.
Para Senge (2002), las organizaciones deben centrarse en la naturaleza humana, desarrollando cinco tipos de competencias:
Desarrollar el dominio personal. Consiste en aprender a reconocer nuestras verdaderas capacidades y las de las personas que nos rodean; puesto que solamente si conocemos quiénes somos, qué queremos y qué es lo que somos capaces de hacer, podremos identificarnos con la visión de la organización, de proponer soluciones creativas, y de aceptar el compromiso de crecer y aprender junto con la organización.
Gestionar los modelos mentales. Nuestras formas de pensar o modelos mentales, en ocasiones restringen nuestra visión del mundo y la forma en que actuamos. Por eso resulta importante mirar hacia nuestro interior y descubrir todos esos conceptos que nos gobiernan. Conocer y manejar nuestros modelos nos permitirá promover comunicaciones claras y efectivas dentro de la organización, que sean un apoyo para el crecimiento.
Impulsar la visión compartida. La clave para lograr una visión que se convierta en una fuente de inspiración y productividad para la organización es que todos los miembros sean conscientes de sus visiones personales y que las concilien con la visión organizacional. Todas las visiones personales pueden alimentar la gran visión de la organización, y cada uno siente en ella una conexión íntima que lo impulsa para convertirla en realidad.
Fomentar el aprendizaje en equipo. El crear y fortalecer a los equipos de trabajo se centra fundamentalmente en el diálogo, en pensar juntos para tener mejores ideas. Es una premisa que arma un espíritu de cooperación sin anular al individuo.
Desarrollar el pensamiento en sistemas. Se trata de pensar en las organizaciones y sus contextos como sistemas que coexisten y se afectan unos a otros; ya que la realidad funciona en base a sistemas globales. Para ello es necesario que comprendamos como funciona el mundo que nos rodea y, así, observar el conjunto y no las partes aisladas.
De estas cinco competencias, quisiéramos resaltar la importancia en la inversión en el capital humano en la escuela, el cual pasa a jugar un rol mucho más protagónico vinculado estrechamente con los fines de la
organización y su cultura.
Referencia
Senge, Peter et al. (2002). Escuelas que aprenden: un manual de la quinta disciplina para educadores, padres de familia y todos los que se interesen en la educación. Bogotá, Norma.

Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons.
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diciembre 06, 2009
Con cada avance tecnológico, la educación formal suele tener una reacción (a veces) un poco tardía para acoplar esos avances en su beneficio. Pasó con la televisión y el video, y pasó con la Internet. En dicho campo, la avanzada le lleva sin ninguna duda la educación en línea o e-learning, como modernización de la tradicional educación a distancia, recordando la época de la correspondencia y las visitas periódicas de tutores a diversos puntos de un país.
La educación en línea optó por el desarrollo de plataformas de aprendizaje para optimizar el proceso educativo. Estas son las muy conocidas
LMS (Learning Managment System), las cuales agrupan varias herramientas ahora tradicionales como el correo electrónico, los foros de discusión, la administración de archivos y documentos compartidos, entre otros. Recientemente, algunas plataformas han incluido herramientas como el desarrollo de Wikis, la reproducción de video y audio, etc.
Entonces, las plataformas resultan un espacio en línea que concentra todos los contenidos y es el centro de comunicación formal entre los participantes y los docentes. Estos desarrollos pueden ser carísimos como la plataforma privada
Blackboard, o de presupuesto variable como la plataforma de sistema abierto y gratuito
Moodle. En todo caso, el mensaje oculto es el siguiente: para entrar al mundo de la educación en línea, una organización (escuela, universidad, instituto) debe contar con una plataforma educativa.
La pregunta ahora sería: ¿es necesario? ¿Realmente vale la pena en cuanto a inversión de costos, recursos humanos y tiempo? Y Lo pregunto porque con cada avance en Internet, resulta que las plataformas deben hacer innovaciones constantes que no son tan rápidas como la aparición de nuevos avances. Por lo tanto, surge una limitación y retraso de adaptabilidad.
Ello se compensa con el uso de otras herramientas pagadas o gratuitas como
Youtube,
Skype, herramientas para seminarios en línea o webinars, etc. Entonces,
¿cuán útil es la inversión en una plataforma si al final no cubre todas mis necesidades?
Personalmente, creo que no es necesario contar con una plataforma para incursionar en la educación en línea. Existen diversas herramientas que cumplen con casi todos los aspectos que cuenta una plataforma educativa.
Naturalmente, una plataforma ayuda al docente a la administración del curso, pero no es una herramienta indispensable.
De hecho, las nuevas generaciones de usuarios están acostumbrados a lidiar con diversos sitios web para obtener algo o trabajar. De modo que emplear diversas herramientas gratuitas resulta sumamente natural para ellos.
Por ejemplo, puede abrir un canal para una clase o institución en YouTube para subir videos de charlas, guías de trabajos manuales y laboratorios, etc.
Puede abrir una pagina en
Facebook para realizar notificaciones a los participantes de un curso, compartir información, subir videos y realizar discusiones grupales mediante foros; además del servicio de mensajería y chat que brinda.
El mundo de la educación en línea no tiene porqué inventar cosas complejas cuando hay soluciones simples. Es cosa de mantenerse informado del mundo Web, sus aplicaciones y tener un poco de imaginación.
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noviembre 02, 2009
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octubre 25, 2009
Varias veces he recibido preguntas de padres que preguntan por opiniones sobre escuelas. Desean saber cuáles son buenas, cuáles se les puede recomendar. Sin embargo, eso es muy variable porque lo que yo puedo considerar una buena escuela no necesariamente aplica para otra persona.
Pero sí creo que hay unos cuantos criterios que un padre debe sentarse a pensar bien antes de escoger una escuela para su hijo.
Lo primero es definir el tipo de niño y adulto que se desea formar. ¿Cómo desea que sea su niño y su infancia? ¿Cómo desea que sea cuando llegue a ser un adulto? ¿Qué valores o principios desea que profese y aplique? ¿Cómo le gustaría que eduquen a su hijo? Mientras un padre tenga en claro la imagen de su hijo, tanto como niño como adulto, más sencillo será escoger una escuela. Claro está que ambos padres deben estar de acuerdo en todo ello.
Desde aquí, los padres pueden definir si les interesa una escuela con inclinaciones artísticas, escuelas que refuercen la libertad y la individualidad, escuelas que se centren en la competitividad, escuelas que profesen una fe o religión particular, etc.
Al acercarse a una escuela, es recomendable que los padres siempre pidan el proyecto educativo. Toda escuela debería tener un documento en el cual quede declarado el perfil del alumno, la visión de ser humano que buscan formar, las metodologías aplicadas, los valores y principios en los que basa su enseñanza. Es un documento vital y todo padre de familia tiene total derecho a conocer esta información.
Los padres deben contrastar la información que brinden las escuelas con los conceptos de educación y formación que definieron inicialmente.
¿Por qué es importante ello? Porque no importa cuán buena sea la escuela, más allá de los conocimientos que un niño pueda aprender, lo más delicado es el aspecto formativo; y este debe ser coherente en casa y en la escuela. De lo contrario, se crea inestabilidad, inseguridad y confusión en el niño.
Finalmente, un aspecto vital es que el niño se sienta cómodo en la escuela. Si el niño es intimidado por el ambiente, si no siente bienestar en la escuela, es una señal de que algo no va a cuajar en el proceso educativo. Además, es importante que una persona se sienta bien en un lugar en el cual va a pasar de 6 a 8 horas, 5 días a la semana por 10 meses al año.
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agosto 01, 2009
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abril 26, 2009
En 1989, Stephen Ball publicó "La Micropolítica en la Escuela: Hacia una teoría de la organización escolar", en la cual describe a las organizaciones educativas como un ámbito en el cual existe una gran variedad de grupos heterogeneos, grupos muy diferentes entre sí, tanto en su formación y procedencia como en sus intereses personales y sus fines dentro de la organización. Esos grupos son fácilmente reconocibles en cualquier escuela: los profesores nuevos y los antiguos, los administrativos, los profesores de letras y los de ciencias, los padres de familia, los coordinadores, entre otros. Sean cuales sean los criterios, siempre existen grupos antagónicos, grupos con intereses opuestos. Naturalmente, cada grupo va a buscar lograr sus fines. Por ejemplo, los coordinadores intentarán hacer cumplir X medidas, mientras que los profesores intentarán obtener una reducción de la carga laboral. El resultado: la aparición de un conflicto.
Entonces, sucede una lucha por el "poder" entre los grupos con el fin de lograr sus intereses. Para ello, el "poder" no se sostiene por la jerarquía, es decir, por el cargo de la persona o grupo, sino que está ligado a la influencia. Así, un docente respetado y admirado, aunque no tenga ningún cargo que lo coloque por encima de otros, puede tener influencia sobre un la mayoría de docentes, quienes juntos pueden hacer "resistencia", por ejemplo, frente a una medida; en consecuencia, el poder será proporcional a la influencia que tenga una persona o grupo.
Otro ejemplo puede ser un director carismático, alguien que cuenta normalmente con el apoyo de padres y profesores. Ese director no deberá incurrir en presiones o imposiciones para llevar a cabo algún proyecto, pues muy probablemente contará con la colaboración del personal y las familias. Nuevamente, el poder está ligado a la influencia.
Siguiendo con el ejemplo anterior, puede decirse que la "resistencia" de los docentes puede ser directa, mediante una huelga, por ejemplo, así como clandestina: no acatando una medida en silencio, implantando rumores o chismes que desacrediten a los coordinadores o padres de familia, entre otras estrategias.
Ahora, Ball presenta esto como un aspecto natural y real en cualquier institución, aunque cada una con sus particularidades. Cada organización educativa, según su naturaleza, enfrentará de modos diversos los conflictos y la lucha de poder.
La Revista Iberoamericana de Educación publicó un número especial sobre este tema en 1997. Todos los artículos se encuentran en línea en forma gratuita.
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agosto 26, 2008
La concepción de hombre y sociedad son variables en el tiempo y desde ellos las ideas de Educación y, por extensión, de la escuela. Así, este fenómeno ha pasado por diferentes concepciones que pueden agruparse en tres tipos de paradigmas que se resumen a partir de García Requena (1997) y Díaz (2005).
El primer enfoque que trataré es el científico-racional o paradigma estructural; el cual observa la realidad educativa como una entidad cierta y observable, capaz de ser estructurada y organizada en un sentido razonable con la finalidad de obtener un alto nivel de competencia. La escuela es vista como una estructura rígida en la que lo principal es el funcionamiento más apropiado para alcanzar mejores resultados.
En un segundo momento, surge el enfoque interpretativo-simbólico o paradigma cultural. Éste centra su atención en el mundo de los significados y la simbología que configura las realidades de las escuelas. Lo primordial es la consideración de los actores educativos y de la existencia de una cultura institucional.
Finalmente, el enfoque socio-crítico o paradigma político se presenta como una perspectiva centrada en una lectura política de las organizaciones donde se descubre una realidad con la finalidad de transformarla para su mejora. Se reconoce a la organización como asociaciones de personas diversas y diferentes grupos de interés.
En la evolución de la concepción de las escuelas se ha llegado a observarlas como una creación cultural, como una cuestión no tangible pues yace en el interior de las personas y en el abstracto de las relaciones que se entretejen entre ellas. Sin embargo, hasta el día de hoy las organizaciones siguen desarrollando su cotidiano bajo paradigmas caducos que no responden a las transformaciones sociales que van de la mano con las innovaciones tecnológicas. Las escuelas siguen limitando su campo de acción a los horarios escolares y pareciera que creen que los procesos de enseñanza y aprendizaje son exclusividad de las aulas. Ello sin considerar que aún existe una dimensión jerárquica y rígida en las estructuras organizacionales que obstaculizan el dinamismo, el cambio, la adaptabilidad de las escuelas a la realidad (Ander -Egg, 2001).
Cabe plantear algunas interrogantes a partir de lo visto y lo planteado en el Proyecto Educativo Nacional (MINEDU, 2006). ¿Es posible acortar el desfase entre las escuelas y la realidad social bajo estos paradigmas positivistas? ¿Responden nuestras escuelas a las exigencias y demandas educativas y sociales? ¿Hacia dónde camina la autonomía escolar y la descentralización educativa bajo esta marcha?
En el contexto del uso de las tecnologías que parecieran flexibilizar y hasta difuminar las barreras del tiempo y el espacio, su adecuada implementación podría facilitar la transformación de las organizaciones educativas a la etapa exigida. Una escuela que no tenga limitaciones horarias ni requiera forzosamente de espacios físicos; que no se aleje de la realidad de la sociedad sino que se alimente de ella y se mantenga en un diálogo constante; que reduzca las brechas sociales e incremente el dinamismo entre todos sus miembros, los distintos actores educativos. Es decir llegar a la construcción de escuelas modernas (Trahtemberg, 2000).
Es importante aclarar que no se trata de la sustitución de la interacción presencial por los espacios virtuales, sino de la ampliación de ésta mediante mecanismos tecnológicos que respondan a la observación de que las escuelas no son los edificios. Las escuelas están conformadas por la totalidad de personas que pueden convertirse en constructores de aprendizajes compartidos. Es cuestión de planificar y facilitar espacios de asesorías virtuales, investigación crítica en línea, debates profesionales y docentes-alumnos en foros virtuales, bibliotecas virtuales y electrónicas, entre otros.
Se trata, en síntesis, de una redefinición de la concepción de las organizaciones educativas en la práctica desde la incorporación con sentido de las tecnologías para que las escuelas reduzcan el desfase con la sociedad y no se conviertan en lo que podría ser un futuro no muy ficcional: instituciones caducas.
Referencias
Ander-Egg, Ezequiel, (2001). Los desafíos de la educación en el siglo XXI. Algunas reflexiones sobre los retos del futuro inmediato. Argentina: Hommo Sapiens Ediciones.
Díaz, Carmen (2005). La organización escolar: ¿burocracia o comunidad? Reflexiones desde una mirada ética. En: Educación. Vol. XIV No. 26, pp. 43-58.
García Requena, Filomena (1997). Organización escolar y gestión de centros educativos. Málaga: Ediciones Aljibe, pp. 279.
Ministerio de Educación (2006). Proyecto Educativo Nacional al 2021. Lima: Ministerio de Educación.
Trahtemberg, León (2000). El impacto previsible de las nuevas tecnologías en la enseñanza y la organización escolar. En: Revista Iberoamericana de Educación No. 24. Pp. 37 - 62.

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