Nunca pude decirte adiós como habría querido. La primera vez, me hiciste llorar y suplicarte que no me dejes, durante horas. La segunda, me dijiste que siempre me ibas a querer. La última vez, jugaste tu mejor carta y me trataste como a un trapo viejo, sucio, roto y triste con el fin de que no me queden ni un poquito de ganas de volver a hablarte, y lo lograste. No te volví a hablar, no te busqué, no te llamé. Funcionó. Lo sabías. Pero al final yo nunca me pude despedir. Las despedidas, los cierres, a veces tardan más de lo que esperamos, estoy tarde más de año y medio, pero siempre es necesario. Hoy yo me siento segura de escribirte esto, pero en verdad lo escribo para mí porque yo sé que tú no lo vas a leer, porque 1. No te pasé nunca el link de mi blog y 2. Te parecería demasiado dramático leer el cierre que te dedicó tu ex después de tanto tiempo

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