Nunca estuve a tiempo, a tu tiempo. No estábamos en el mismo momento. Quizás, a veces la mente nos jugaba sucio y todo parecía encajar perfecto, tal como habíamos venido soñando por 7 años. 7 años. Te quise tanto y por tanto tiempo, a ti sí pude imaginarte tanto y por tanto tiempo, y cuando por fin llegaste, te fuiste, te me fuiste como si se cayera la venda de mis ojos porque se desgastó el nudo con el que estaba amarrado por atrás de mi cabeza y salió volando y ya no la puedo alcanzar, porque corro, y corro rápido, y ya sé que en verdad no corro muy rápido, solo me queda imaginar que mis piernas son como las de un raptor, pero no es suficiente y ya ni siquiera te veo, ¿y qué me queda después? Ya no estás tú ni tu imagen idealizada, solo el dolor y el hecho de que no éramos para estar juntos.

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