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09/01/09, 00:05 EL REINO DE LOS BEODOS ... Para quienes creen que todo se soluciona con nuevas leyes
Cuando inicié el tema de mi tesis, recuerdo que lo primero que tuve en mi cabeza es tener ubicado todos los libros que me iban a servir para la elaboración de la misma.
Recuerdo que la biblioteca de Registros me iba a dar más de una sorpresa. Era practicante del Tribunal, y a la hora de almuerzo, engullía -si es que tuviera que elegir un término- mis alimentos en no más de 5 minutos, y el resto del tiempo me iba a la biblioteca a leer.
Entre los libros que me facilitaba la Sra. Lucy, encontré una especie de historia en verso en una revista de mitad del siglo pasado que me llamó la atención, y me hizo recordar que las leyes -a diferencia de lo que piensan otros- es limitada para atrapar las conductas de los humanos, y siempre, podrá encontrarse un resquicio para vulnerarla.
Dicho texto es de autoría de Ramón de Campoamor, y es de amena lectura, se los recomiendo:
Tuvo un reino una vez tantos beodos
que se puede decir que lo eran todos,
en el cual por ley justa se previno
-“Ninguno cate el vino”-
Con júbilo el más loco
aplaudióse la ley, por costar poco:
acatarla después es otro paso;
pero en fin, es el caso
que le dieron un sesgo muy distinto,
creyendo que se vedaba sólo el tinto
y del modo más franco
se achisparon después de vino blanco.
Extrañando que el pueblo no la entienda,
el Senado a la ley puso una enmienda,
y a aquéllos de: “ninguno cate el vino”
añadió, “Blanco” al parecer con tino.
Recuerdo que la biblioteca de Registros me iba a dar más de una sorpresa. Era practicante del Tribunal, y a la hora de almuerzo, engullía -si es que tuviera que elegir un término- mis alimentos en no más de 5 minutos, y el resto del tiempo me iba a la biblioteca a leer.
Entre los libros que me facilitaba la Sra. Lucy, encontré una especie de historia en verso en una revista de mitad del siglo pasado que me llamó la atención, y me hizo recordar que las leyes -a diferencia de lo que piensan otros- es limitada para atrapar las conductas de los humanos, y siempre, podrá encontrarse un resquicio para vulnerarla.
Dicho texto es de autoría de Ramón de Campoamor, y es de amena lectura, se los recomiendo:
Tuvo un reino una vez tantos beodos
que se puede decir que lo eran todos,
en el cual por ley justa se previno
-“Ninguno cate el vino”-
Con júbilo el más loco
aplaudióse la ley, por costar poco:
acatarla después es otro paso;
pero en fin, es el caso
que le dieron un sesgo muy distinto,
creyendo que se vedaba sólo el tinto
y del modo más franco
se achisparon después de vino blanco.
Extrañando que el pueblo no la entienda,
el Senado a la ley puso una enmienda,
y a aquéllos de: “ninguno cate el vino”
añadió, “Blanco” al parecer con tino.
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