El origen de la Marinera y su relación con la Marina de Guerra del Perú.

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El antecedente de la marinera se encuentra en el fandango y las tonadillas populares españolas que, afirma Elena Gastelumendi, el mestizaje hizo peculiares e inconfundibles. Los estilos musicales de la península ibérica habían llegado a Perú bajo diversas denominaciones y en los viejos tiempos se les conocía indistintamente como maicito, ecuador, zanguaraña y chilena. Estos serían los precedentes de la marinera, confirmados en el completo estudio inédito de Julio Rojas Melgarejo.
El bautizo con el nombre definitivo de Marinera y, de hecho, su nacionalización peruana, corresponde al satírico escritor Abelardo Gamarra El Tunante. En su obra Rasgos de Pluma escribió:
“El baile popular de nuestro tiempo se conoce con diferentes nombres: se le llama tondero, mozamala, resbalosa, baile de tierra zanguaraña, hasta el año 1879 era más generalizada llamarla chilena. Fuimos nosotros quienes, una vez declarada la guerra entre el Perú y Chile, creimos impropio mantener en boca del pueblo, en sus momentos de expansión, semejante título, y sin ningún acuerdo de Consejo de Ministros, resolvimos sustituir el nombre de Chilena por el de Marinera, tanto porque en aquel entonces la marina peruana llamaba la atención del mundo entero y el pueblo se hallaba sumamente preocupado por las heroicidades del Huáscar, cuanto porque el balanceo, movimiento de popa, etc. de una nave gallarda, dice mucho del contoneo y lisura de quien sabe bailar, como se debe, el baile nacional.”
Corresponde a Rosa Mercedes Ayarza de Morales, hermana de Alejandro Ayarza Karamanduka, la distinción de haber sido quien llevó al pentagrama, por primera vez, la marinera La Concheperla que pertenece a Abelardo Gamarra. De El Tunante es, también, la primera marinera que se conoce, La Antofagasta.
La marinera se cantaba y bailaba en las casonas de los ricos, en las casas de mal vivir y en barrios serios como la cuadrilla, el rigodón, la pavana, se reclamaba la marinera. Eran los dueños de casa quienes bailaban primero, invitación formal y licencia para que hicieran lo mismo las demás personas de la reunión.
El viejo criollo César Andrade, cuenta que se bailaba marinera en Palacio de Gobierno, hasta las cuatro de la mañana. La aristocracia, pues, fue cautivada por la danza. Julio Vargas refiere que los jóvenes de sociedad iban donde un moreno apellidado Arredondo, para aprender marinera y que éste les decía, después de haber hecho lo imposible: Es dificil hacerles bailar marinera, que ésta es muy celosa y no se deja manosear.
En sus Recuerdos de Lima, el escritor y filósofo mexicano José Vasconcellos, describe las fiestas a las que asistió durante su permanencia en esta capital. Cuenta que se animaban las reuniones con el baile titulado marinera… danza la pareja un paso emparentado con la jota: ceñida, flexible la cintura, en alto los brazos; ágiles las piernas, van y vienen los giros fogosos; el hombre el pañuelo ondea… hay un instante de vértigo y el trozo concluye con un grito seco y hondo pone los rostros radiantes… Después seguian los dulces valses, las danzas románticas y todo lo que es universal; pero era la única suave gracia de las mujeres, el encanto amable, la alegría de aquellas horas dichosas.

Fuente: “50 AÑOS DE MUSICA CRIOLLA”. Ricardo Miranda Tarrillo. Lima, Perú

VIDEO: La marinera un homenaje a Don Miguel Grau Seminario y la Marina de guerra del Perú.

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