Categoría: General
Publicado por: a20053005
Visto: 1223 veces
(Año: 1994)

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¿Por qué exótica?. Es quizás la mejor forma de aproximarse a esta película. La descripción simple no basta para entender la naturaleza de la pregunta y lo visible en ella asemeja a la punta de un iceberg.

El juego de la palabra Exótica nos remite inmediatamente a la bailarina vestida de colegiala, a la imagen de Mia Kirshner sobre un escenario reacio, triste y solitario. Exótica es en si la bailarina, pero no únicamente. Exótico es el desarrollo, las mezcla de imagines y acciones, los actores transitando por un mundo contradictorio, la oposición constante de luz y sombra. Una guerra interminable que no se desequilibra nunca. Los bandos se anulan mutuamente. La sensualidad y el ambiente pérfido son la constante en la muestra visual de Egoyan.

Exótica es la sensualidad lograda bajo lo sugerente del baile, entregando las dosis necesarias para mantenerse atento. La relación de los personajes, la canción impropia de club “Exótica”, las presentaciones desfasadas, el visitante eterno de una mujer imitando a una niña, dotándola de lo que la inocencia priva: el deseo instintivo por lo opuesto. Egoyan revela para nosotros los placeres y temores de un mundo que parece construido solo para los personajes de la película que sin problemas transitan por la historia. Egoyan juega con los deseos del espectador, con su base instintiva, con el deseo sexual sobre lo que se mira. Eso provoca que lo visible sea solo punta del iceberg, pues lo monumental de la obra se inadvierte, hasta que ya muy cerca, al final, nos estrellamos con el fondo, con la colosal base de un mundo en contraste.

Prohibido tocar. Existe algo más exótico que la lucha entre el deseo y razón, entre naturaleza y ubicación. Los deseos instintivos son los más visibles. La vida social, la civilizada, se esconde de base. Los personajes se recluyen en un mundo donde todo se ha olvidado, años de instituciones, de programas, de evolución social, y se refugian en un mundo oscuro, marginado, llevado al límite, escondido del prejuicio y las creencias falsas. El ser evolucionado de la luz constante añora el espacio oscuro y triste, asumiendo su sexualidad como aliciente para continuar, sabiendo que en algún momento debe volver al mundo del que huye.

Egoyan construye todo, pero deja una pieza suelta, la misma que invita a mirar la película hasta el final. Tal vez no se note, pero en sí el espectador desea entender siempre la naturaleza de la relación entre el visitante y la bailarina, ya que cada uno tiene una fijación el uno por el otro, que escapaba el simple deseo sexual o a la simple perversión. Hay algo de fondo que no se entiende. Él siempre la visita, pero nunca ha intentado tocarla. Y ella baila solo para él, es decir lo disfruta, siente en ella cierta paz, como quien cumple con una misión, una responsabilidad que hasta el final no se comprende.

El quiebre de esta interacción desatará los hechos y nos mostrara los campos visibles, y estaremos más cerca de describir la naturaleza del iceberg. La vida social civilizada, aquella de la luz constante, es el monstruo y origen del deseo instintivo, simple y llano, sexual y erótico.

Egoyan hace de Exótica un espejo, capaz de reflejarnos como seres humanos, viviendo y refugiándonos en nuestras propias contradicciones.
Categoría: Año 2006 - 2009
Publicado por: a20053005
Visto: 517 veces
Año: 2007

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Eastern Promises encierra en ella un encanto que no había encontrado en otras películas sobre mafias. Para algunos no es usual que palabras como encanto y mafia se hallen en una misma oración, pero tratándose de películas no hago referencia al contenido social de la historia, sino a la expresión cinematográfica (literaria también) lograda con ella.

Es inevitable que la palabra mafia en el cine se relacione inmediatamente con “The Godfather”, del genial Francis Ford Coppola. El encanto encontrado en Eastern Promises no la hace superior al trabajo de Coppola pero la individualiza y escapa exitosamente de la sombra que “The Godfather” había proyectado y de la cual muchas películas de mafias no lograron escapar, arrojando copias mal hechas de un original difícil de igualar. El trabajo de Cronenberg alcanza un punto muy alto en su desarrollo, después de la grata sorpresa (a titulo personal) de “A History of Violence”.

Alejados de la Cosa Nostra de New York, Eastern Promises nos mete en la historia de la mafia Rusa dentro de Inglaterra. El contraste entre ambas culturas resalta las actividades de la mafia, como una luz sobre un fondo oscuro. Las sobrepone, como un constante alto relieve, que atrae profundamente e invita a seguir viendo. Dentro de este marco la historia se desarrolla, mostrándonos una mafia distinta, que si bien tiene algunos componente similares con la obra de Mario Puzo, como la importancia de la familia, no puede compararse, ya que el concepto de familia en “The Godfather” encierra componentes latinos que la hacen muy estrecha y hasta cariñosa, que por el contrario en Eatern Promises no son reproducidas, ya que el afecto familiar es de corte europeo que lo hace abierto y distante, lo que se refleja en un efecto frió y seco entre la interrelaciones.

Todo este marco es preciso para que Mortensen desarrolle uno de los mejores personajes sobre mafiosos. Su porte y presencia, así como su aspecto imperturbable, hacen de Nikolai un personaje atípico, incluso dentro de la película. Nos acerca tanto a la deshumanización que no es nada sencillo presagiar el final. Nos envuelve en sus acciones calculadas y frías, como un fantasma, inmutable, etéreo, pero siempre presente. Nikolai no posee las imperfecciones humanas más sencillas como la prepotencia, la inmadurez, la soberbia… se mueve ágilmente conjugándose con cada uno de los personajes, rozando la perfección del mal: una persona sin miedo.

Los temores son límites claros que nos humanizan y permite la vida en sociedad. Cuando un ser humano supera en serio su temores amplia su campo de acción y desarrollo. Pero nadie ha estado cerca de eliminar todos los miedos. Nikolai nos invita a echar un vistazo de cerca, donde todo puede trastocarse, cuando los límites han sido superados.

Todos los demás personajes son constantes observadores, movidos por Nikolai. Los males sociales de la película evitan que nos despeguemos del plano donde Nikolai habrá de revelar para nosotros los deseos oscuros y frágiles de cada individuo, y a pesar de su condición será capaz de superar el ambiente sombrío de la mafia en conjunto, para ubicarlo en un plano que ninguno de nosotros esta cerca de alcanzar, pues “como puedo ser uno rey si el rey sigue en su sitio”.
Categoría: 80's
Publicado por: a20053005
Visto: 1163 veces
(año: 1986)

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Somewhere I have never travelled

Somewhere I have never travelled, gladly beyond
any experience, your eyes have their silence
in your most frail gesture are things which enclose me
or which I cannot touch because they are too near

Your slightest look easily will unclose me
though I have closed myself as fingers
you open always petal by petal myself as spring opens
(touching skilfully, misteriously) her first rose

Or if your wish be to close me, I and
my life will shut very beautifully, suddenly
as when the heart of this flower imagines
the snow carefully everywhere descending,

Nothing we are to perceive in this world equals
the power of your intense fragility; whose texture
compels me with the colour of its countries,
rendering death and forever with each breathing

(I do not know what it is about you that closes
and opens; only something in me understands
the voice of your eyes is deeper than all roses)
nobody, not even the rain has such small hands.


E.E. Cummings


Hay cosas que no son fáciles de comentar, sobretodo aquellas que te generan mucha admiración. Eso que nos gusta tiende a ser muy sencillo para nosotros, pero complejo para ser explicado. Y es que la experiencia con lo que nos gusta termina por ser incorporado al largo y complejo sistema del gusto particular, aquel que se forma durante muchos años. Este sistema lo maneja su dueño con gran facilidad, sabe clasificar dentro de él todas sus experiencias; pero emitir un comunicado, un resumen de ese sistema resulta complicado, y más aun cuando dentro del sistema la experiencia con el mundo se ha mezclado con muchos factores, ha pasado por varios filtros… por una vorágine informática que ha terminado por etiquetarla como “me gusta”, “genial”, “impresionante”, “puedo morir en paz”, “que porquería”, “¿qué es esto?”, “¿verlo otra vez o la muerte?”…

Es como de pronto tener la capacidad de volar. Este hecho extraordinario lo asumimos con facilidad al saber que los humanos no vuelan, pero un ave (si es que pudiese entendernos y hablarnos) no lo tomaría como extraordinario, en tanto a la capacidad de volar… lo maravilloso de la acción fácilmente asimilable se diluye ante el observador que no comprende todo el sistema, hay que recurrir a procesos razonables, entendibles por los demás. No basta el simple “me gusta”, habrá que agregarle el “porque” o “ya que”. Habrá que explicar que durante toda la historia de la humanidad ningún humano pudo volar por sus propios medios, y esa es una de las razones que hacen de este hecho algo extraordinario. Y así nuestro emplumado amigo podrá ser parte de la sorpresa y asombro.

Aquí es donde todo se hace complejo porque las razones son confusas al ser extraídas y aisladas del sistema, lo que arroja generalmente resultados mediocres en tanto a lo que se quiere comunicar. De ahí que expresiones artísticas como la literatura, por ejemplo, no hacen ejercicios meramente informativos, sino que buscan reflejar, en el lenguaje, el nada fácil sistema de la percepción. Los literatos son observadores pacientes y firmes de un mundo que parece transitar muy rápido. Y para alegría, muchos los intentos de zafarse del comunicado mediocre han arrojado resultados muy buenos.

Comentar esta película obedece, como es evidente, a una fuerte admiración por el trabajo de Allan Stewart Konigsberg, el desalineado y sencillamente genial Woody. Allen logra un trabajo increíble con una precisión casi quirúrgica sobre las líneas y sucesos de esta historia. No solo es una historia sagaz, sino una combinación maravillosa de hechos. No una mezcla, sino una combinación, pues a diferencia de la primera todos los elementos, distintos el uno del otro, son perfectamente identificables.

Se han referido a la película como un producto inclasificable (para los que gustan de las etiquetas), ya que en tonos dramáticos, el humor infaltable de Woody termina por dominar ciertas escenas. Se descubre ante el espectador las visiones sobre la vida, el sexo y la religión, del genio neoyorquino que han terminado por marear algunos, pero el hecho de que no se confundan como en una mezcla permite evaluarlos y apreciarlos individual y conjuntamente.

Creo que si la historia resulta tan poco lineal, que parece saltar aleatoriamente, se debe a la naturaleza de la comunicación, propiamente la expresión artística, descrita líneas arriba. Es decir, Woody describe (comunica) aquello que le gusta. Trabajo nada sencillo. Hay que llevar al espectador de la mano pues se perdería sino tiene una guía en el complejo mundo del gusto particular. Hay que entender las ideas sobre todos los temas.

El hipocondríaco que parece afectarle todo, sentir cada suceso como un impacto enorme, sobre él, sobre su vida, pensando que solo a él le afecta, para luego descubrir que no se puede agradar a todo el mundo, que el mundo no es del todo para él sino solo una parte. Y que solo si se aprende a disfrutar de eso lo inverosímil se vuelve realidad: el hipocondríaco creído estéril termina por procrearse (incluso este hecho encierra el humor inconfundible de Woody).

Lo curioso es que Woody ha descrito su sistema de apreciación de los hechos, de sus experiencias, y nos arrojado muchos datos. Confundidos ante la información recibida no somos capaces de percatarnos en que momento dejamos solo de leer el comunicado y vamos asimilándolo, hasta terminar nuestro proceso y clasificarlo dentro de nuestro sistema particular, quizás, como: un intento felizmente zafado de la mediocridad.

I was thrown out of college for cheating on the metaphysics exam; I looked into the soul of the boy sitting next to me.”
-Woody Allen

If only God would give me some clear sign! Like making a large deposit in my name in a Swiss bank.”
-Woody Allen
Categoría: Año 2006 - 2009
Publicado por: a20053005
Visto: 1238 veces
(año: 2006)

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Pensé repetir el método de los anteriores comentarios, pero el ejercicio de entender el mismo hubiese sido excesivo, en tanto la película es de por sí un reto para el espectador y llevarlo por más ejercicios mentales podría generar un efecto que no deseo: el no disfrutar de la película.

En los anteriores comentarios me centré en los efectos de las películas y trate de construir nuevos supuestos donde pudiesen reproducirse, como el niño que se queda dormido y sueña con ir al parque; al despertar está en el auto y ve a otros niños jugando, mientras sus padres tienden una manta sobre pasto: El constante fantástico de la realidad.

En The Fountain ocurre una división de historias como oposición a una historia lineal, siendo meras historias desarrollándose a lo largo de la película. Sin embargo, más que una llana separación que suele ligarse por una idea general que da sentido a la película, The Fountain hace que las tres historias no se separen como parece, sino trabaja con historias simultáneas pertenecientes a una única historia.

Esto último no es fácil de comprender, así que vayamos por partes. El uso de los mismos actores para desarrollar historias temporalmente separadas denota la intención de que la historia sea una sola y no tres, por ejemplo. ¿Qué sentido tiene percatarse de esto? Bueno porque solo de ese modo se puede completar y entender las historias aparentemente confusas que se creen incompletas u oscuras.

Una película que une historias por una idea general es más sencilla, ya que cada historia es completa por sí misma y no hay que relacionar una con otra. Ciertamente, The Fountain no obtiene meritos por emplear una técnica narrativa y no otra, sino porque ha logrado una fusión entre ambas con un efecto muy bueno, ya que para entender esta única historia se ha relativizado un elemento en una de las sub-historias (por utilizar algún termino) cuya importancia final cierra el círculo. Es decir, este elemento no se halla resaltado (como la idea general que une cada historia) en ninguna de las sub-historias. Parece más bien muy vago ya que sólo en una de ellas es más o menos expresa: el amor.

Probablemente suene a un tema trillado (lo primero que evoca la palabra amor es cursilería), pero sobre historias no importa el tema sino la técnica en particular, la visión y expresión individualizada: hay muchas formas de hablar de un mismo tema, pero solo pocas pueden ser expresiones artísticas. Uno de los temas más recurridos en el cine se configura como el elemento que da sentido a las historias en la película. Llevados por un buen trabajo narrativo, el conquistador y el astronauta cobran sentido cada uno en su propio viaje por un móvil casi oculto. La vida eterna, la búsqueda del árbol de la vida, el viaje incomprensible, la ciencia infructuosa, son movidas por la necesidad humana de querer y apreciar lo se tiene, en una mezcla aun no clara que se resume como amor.

Debemos imaginar que cada historia completa una única historia, sobretodo cuando un tema como el amor tiene tantas aristas que cada historia sobre él parece incompleta. Y para aquellos que gustan de precisiones deberán tomar en cuanta el titulo como recurso válido de interpretación: la fuente en sentido amplio y quizás la fuente de todo lo que se ha hecho hasta ahora buscando la perfección (con todas sus variantes, matices, aversiones, perturbaciones…). Que hecho o que intento de hacer las cosas buenas no conlleva o no se deriva de un afecto único y particular, confundible y clasificable como amor.
Categoría: 80's
Publicado por: a20053005
Visto: 1016 veces
(Título en español: No matarás)
Año: 1988


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Tal vez en primavera...

Tal vez en primavera.
Deja que pase esta sucia estación de hollín y lágrimas
hipócritas.
Hazte fuerte. Guarda miga sobre miga. Haz una fortaleza
de toda la corrupción y el dolor.
Llegado el tiempo tendrás alas y un rabo fuerte de toro o
de elefante para liquidar todas las dudas, todas las
moscas, todas las desgracias.
Baja del árbol.
Mírate en el agua. Aprende a odiarte como a ti mismo.
Eres tú. Rudo, pelado, primero en cuatro patas, luego en
dos, después en ninguna.
Arrástrate hasta el muro, escucha la música entre las
piedrecitas.
Llámalas siglos, huesos, cebollas.
Da lo mismo.
Las palabras, los nombres, no tienen importancia.
Escucha la música. Sólo la música.


Blanca Varela


Son las 7. 30 am. Antonio, abogado, se prepara para desayunar. Coge un periódico y lee acerca de un asesinato pasional. Dos personas fallecen por acción de un tercero. Lejos de ahí, una mujer al enterarse que el padre de sus hijos está muerto, el único sustento de su familia, y atrapada entre la impotencia y el odio, da de desayunar una taza de leche a sus pequeños hijos, y sollozante comprueba que la bolsa de veneno para ratas está vacía. Temblorosa coge su ración. Luego, tal vez más lejos, en alguna parte del mundo un hombre termina de desayunar sin desearlo. Camina lentamente por un pasillo conducido por varios guardias hasta un cuarto, y al estar frente a la puerta recuerda un juicio, la palabra culpable resonando en la sala y la palabra muerte que le resuena en el alma… Antonio deja el periódico y coge un poco de pan, también algo de café. Se mueve de un lado a otro, piensa y se detiene súbitamente. La puerta suena al abrirse. Una visita no del todo inesperada. Un colega y amigo de la universidad. Una plática corta y el consejo de terminar el pan y el café. Pero antes algún encargo para el visitante que tiene como destinataria a su madre. Momentos más tarde caminando sin prisa, siente los pasos que van tras de él y aquellas manos que le sujetan los brazos de repente, intentaría zafarse pero comprende que sería inútil, lo superan en número y las condiciones no son las mejores. Frente a una pequeña puerta, Antonio siente recordar algo, palabras que resuenan cada vez más fuerte: sala, juicio, pelea, dos, amante, amor, dolor, muerte... e impotente se pone a llorar.”

Algunos eventos han sido asumidos como parte de un curso natural. Quizás el que más ha llamado la atención es la muerte, pues al tomar conciencia de ella aceptamos su llegada dolorosa e inevitable. Mientras vivimos nuestras relaciones con otras personas generan afectos diversos, en magnitudes y especies, que no suelen compararse y menos reproducirse. Lo cierto es que cada persona tiene un impacto sobre nosotros a manera de una huella digital, que los individualiza y los hace especiales.

El fin de una persona nos causa un dolor incomparable, justamente por la huella que ha dejado. El paso de una persona por esta vida se asemeja a un impacto: la colisión entre dos o más objetos. No importa cuál sea la magnitud del impacto ni el tamaño de los objetos, la misma colisión ha provocado un cambio, una alteración irrepetible (limitado por el tiempo y el espacio). Es cierto que la forma de los impactos es la causa de los afectos diversos entre las personas, pero lo más resaltable es como se llegan a dar estos impactos. Mientras que en el mundo material siempre requiere de actividad física, en el plano sentimental una persona puede impactar sobre otra a través de la trascendencia (actitud netamente humana). Es decir, que sin necesidad de actividades físicas entre los sujetos, se puede alterar nuestro curso en la vida (nuestro comportamiento). Trascender es la actividad humana más procurada, ya que con ella superamos las inmensas limitaciones que nos han impuesto como la geografía, la historia, la física...

Afrontar la muerte también tiene sentimientos diversos. La muerte no es deseable o procurable. Tratamos de evitarla (por decirlo de algún modo, ya que en verdad solo retrasamos su llegada) por todos los medios. Evitamos las enfermedades, reducimos los riesgos, condenamos los atentados contra la vida, escribimos... la forma de afrontar la muerte depende de cada persona. Creo que aquellas personas que no se afligen mucho ante la muerte son aquellos que por diversos medios han logrado entender la vida (sentirla y no observarla) asumiendo la naturalidad de la misma (que incluye la muerte), como la luz, el viento, el cielo...

Ante la naturalidad de la muerte y la vida, Kieslowski nos propone la vida protegida, partiendo del imperativo de que matar es una alteración de la naturalidad de estos hechos, así que internamente hemos determinado que matar está prohibido por no ser un hecho natural, completamente dependiente de la voluntad humana. Esta prohibición asumida por los hombres parece meterse de lleno en la armonía de la sociedad (aquella sin contradicciones). En términos simples: si matas te castigo. Condenado el homicidio evitaremos que la vida sea alterada (de cierta forma también evitar el dolor que la muerte puede causar). Al menos eso parece. Sin embargo, Krótki film o zabijaniu es una invitación a explorar nuestras creencias, nuestro orden, nuestras acciones y nuestras contradicciones.

Lo magnifico de enfrentar las contradicciones, nace de una idea acentuada católicamente. Como el dios que ordena no matar, los hombres sentimos que matar es una falta inmensa: que nada justifica una muerte no natural (fundamentada intrínsecamente en el impacto de una persona sobre otra). Sin embargo, por alguna razón el mandato de un dios termina por ser trastocada por los hombres, creyendo obrar conforme a lo ordenado pero obteniendo el mismo resultado y haciendo incluso aquello que se había prohibido.

La quinta película del decálogo de Kieslowski nos atrapa en nuestro propio orden moral, pero llega a más. Hace que las posiciones, el cómo afrontamos la muerte, se confundan obteniendo lo verdaderamente humano, que no distingue la muerte por castigo, por crimen, por naturalidad y nos desnuda ante el tramo final, doloso e inevitable, de la vida.
Categoría: Año 2006 - 2009
Publicado por: a20053005
Visto: 2194 veces
Año: 2009

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No luches contra monstruos, conviértete en monstruo.

Si miras al abismo, el abismo te devuelve la mirada ...
” (Friedrich Wilhelm Nieztsche)

A manera de precaución: no debe compararse expresiones artísticas (cine, teatro, literatura…), por ser un ejercicio inútil y tonto. Lo que se puede lograr en uno, no se puede hacer en la misma magnitud y a veces ni siquiera con similitud en otros. Hay que separarlos siempre cuando la base de un trabajo se sustenta en una disciplina distinta.

Debo admitir que este comentario se debe más a una profunda admiración por el cómic de Allan Moore y Dave Gibbons que por la película de Zack Snyder. Mas comentarla en el blog obedece a una serie de sentimientos encontrados que arrojan un saldo favorable para esta película, pudiendo calificarse como satisfactoria aunque no necesariamente como una buena película (una película gana por K.O. o por presentaciones memorables, pero no por puntos únicamente). He leído algunas críticas (por desafortunados eventos) que parten del cómic para mostrar falencias de la película, desilusionados por no encontrar el impacto del mismo. Lamentable ejercicio de comparación con un resultado ya previsto. El cómic es inmensamente más rico, más bello y encierra una genialidad que no se había logrado antes. Abarcar, con detalles y riqueza, los doce números de Watchmen en dos horas y media de la película es por decirlo de algún modo: imposible.

Advertidos, debo decir que los primeros minutos asumen, con elegancia y acierto, una exposición visual muy interesante que encierra al espectador en el deseo de conocer lo que viene con la misma intensidad del inicio. El trayecto nos empuja a enfrentarnos con un boom informático: muchos datos a entender, pero que con solvencia se han resumido. Aquí radica la mejor parte de la película y termina por salvarla de su apresurado final, que diluye el impacto que el desenlace debe generar, conforme al desarrollo de los minutos iniciales. La última parte es un intento de concluir la historia, pero el efecto no es el mejor, ya que entre no maltratar al público neoyorquino reviviendo eventos dolorosos (en si a todo el público estadounidense) y dar un mensaje esperanzador impropio (como la reconstrucción) terminan por hacer del final uno sumamente vulgar y patético que desmedra el esfuerzo puesto en la primera parte. El decaimiento se nota después del desarrollo del cómic de Rorschach, más o menos pasada la mitad de la película.

Sin embargo, resulta siendo satisfactoria ya que no es por completo un blockbuster como al que nos acostumbra Hollywood, sino que el esfuerzo técnico por intentar contener los detalles del cómic nos entrega una puesta visual agradable, que permite sujetarse a la película, verla. En si hay un espectáculo, una pelea que no decepciona pero que, sin embargo, no deslumbra. La dedicación por la recreación visual, que todo cómic siempre presenta como reto a quienes se basan en él para realizar un trabajo, hace que pasemos por alto las típicas tendencias del blockbuster que son las exaltaciones de la violencia y el sexo (sin olvidarnos del mensaje de esperanza o moralidad simplona), que normalmente se hacen en desmedro de la historia y la técnica (y algunas veces del sentido común).
Para aquellos que leyeron el cómic, y disfrutaron de él, resulta un ejercicio muy complicado el separar juicios en cuanto a uno y a otro. Creo que la película cumple con su cometido, aunque en ella no haya mucho que resaltar.

Para quien no ha leído el cómic puede disfrutar de él en los términos descritos, sin embargo, puede encontrarse ciertas dudas por temas mejor desarrollados en el cómic que en la película, aunque considero difícil que se arrepientan de haberla visto. Es más, de mis recomendaciones, solo escuché una réplica, a manera de reclamo, proveniente de un amigo, ya que cuando se enteró de mi interés por la película y me preguntó el porqué del mismo solo se me ocurrió contestar: “porque se basa en el mejor cómic de la historia”. Días después, con la película ya estrenada se sintió un poco disgustado y me increpó, pues obviamente no había encontrado aquello que una frase como la que dije puede generar. De ahí la precaución inicial para evitar otros disgustos, pues lo que le dije a mi amigo no deja de ser cierto, solo que hay que evitar confundir sentimientos que provocados o generados no pueden desligarse de su propio contexto y en el cual, por un lado, hay una película satisfactoria y por otro, algo distanciado quizás, el mejor cómic de la historia.


"Era un ejemplar avanzado en años, con su chillido como el de un viejo loco, internándose en la oscuridad, atravesando el cielo contra las nubes nocturnas, y el sonido detuvo mis pasos(…) El grito del búho es una voz infernal, que convierte a los ratones en estatuas y atenaza a la comadreja en el suelo. En ese momento, paralizado en el asfalto, entre los dormidos automóviles, comprendí el propósito del grito con una claridad meridiana, igual que cuando era chico, con el ombligo apretado a la cálida hierba del verano. En ese largo, eterno momento, sentí un parentesco con el animal aterrorizado, con aquellas pequeñas criaturas vulnerables, que habían escuchado el chillido como yo y también estaban inmovilizadas. El búho no quería espantar a su comida al revelar su presencia. Posado en una rama durante horas con desconcertante paciencia, bebiendo en la oscuridad con sus sedientas y dilatadas pupilas, el búho ya había detectado a su comida. El grito servía simplemente para paralizar a su bocado ya elegido, clavándolo al suelo con la aguda zarpa de un ciego y desamparado terror. Sin saber qué presa había seleccionado, permanecí inmóvil como los roedores del suelo, con mi corazón latiendo como si esperara el súbito zarpazo de una garra acerada que me indicaría que era la víctima elegida…
En algún lugar en las tinieblas crepusculares del amarillento terreno del hospital creí oír cómo algo pequeño emitía su último chillido. El momento había pasado. Podía moverme otra vez, junto con los demás invisibles y revividos ciudadanos de la hierba alta. Estábamos a salvo. No gritaba por nosotros, no esta vez…"
(“Sangre en el Hombro de Pallas” por Adrian Dreiberg.)


Categoría: Año 2006 - 2009
Publicado por: a20053005
Visto: 1914 veces
(Título en español: El Ilusionista.)
Año: 2006


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Mencioné en un comentario anterior que este mundo le debe mucho a aquello que llamamos irreal, fantástico, imposible… creo que también sería correcto afirmar que la realidad simplemente observada suele ser desilusionante, hay que recurrir a un proceso más intenso, que podría definirse como sentir la realidad y no solo observarla. Esto me recuerda a un curso de la universidad en el cual nos dedicamos a leer poesía. Debo admitir que la poesía nunca me había atraído, pues siendo impaciente creía leer de un tirón todo poema y pensaba que bastaba la lectura del mismo para entenderlo a plenitud. La consecuencia de mi actitud tenía un resultado inevitable: la desilusión. Pretender leer únicamente un poema es como preparar helado sin llevarlo a congelar. No basta tener los ingredientes, ni la mezcla si no se lleva a cabo un proceso tan esencial como el congelamiento. Esta afirmación tan obvia con respecto al helado, no lo es tanto para la poesía, así para aquellos incautos novatos que nos iniciamos en su lectura creemos que todo termina antes de congelarse. Lo que ocurre con la poesía es que la realidad simplemente observada es desilusionante y por eso, a través de un proceso, nos invita a sentirla.

En clases no decían, hoy día entenderemos que es lo que un poeta quiere decir cuando escribe: “Hay una manzana roja sobre un prado verde”. Bueno lo que quieren decir es que hay una manzana roja sobre un prado verde. Por un momento puede sonar a broma, pero si lo piensan bien no lo es. Lo que un poeta quiere decir es justamente lo que escribe. Siendo poeta si digo: las horas transcurren lentamente, es lo que quiero decir al igual que si digo: (…) En el desierto, a oscuras, / temerosa del amor/ la ostra llora a solas./Caen las lívidas hojas de tu frente, /te alejas, negra burbuja sin destino (…).(“Destiempo” de Blanca Varela). Lo que ocurre es que teniendo todos los ingredientes y la mezcla, nos toca empezar el proceso, que no es otro más que un proceso imaginativo. Cierren los ojos y piensen en la manzana roja sobre el prado verde por unos segundos, piense en la manzana y en el prado hasta que estén completamente claros en sus mentes. Miren los detalles de su imaginación y deténganse. Cuando hice esto por primera vez, la imagen que obtuve no era únicamente de una manzana roja y de un prado verde, sino había detalles que nunca hubiese advertido de no entrar en el proceso imaginativo. En mi imagen no solo hay un prado verde, sino también un árbol que se mueve ligeramente por una brisa constante. No hay cielo, el fondo es completamente negro y mi manzana no es puramente roja, hay líneas amarillas naciendo de sus bases.

Una lectura simple nos pone dos cosas estáticas como el prado y la manzana, pero el proceso nos permite ver que hay movimiento, y eso es lo maravilloso de la poesía. Pues solo cuando sentimos la realidad podemos modificarla, ya que la entendemos de una mejor manera. Y para llegar a ella hemos hecho de una actividad que evoca procesos imaginativos, que solemos llamar fantasiosos, irreales…

La fantasía es parte de nuestra vida y el medio idóneo para mejorarla, dejar que avance o se detenga. La fantasía nos permite llegar a estados que jamás habíamos previsto, pone en nuestras cabezas las ideas de aquello que aun no existe pero que podemos hacer o deseamos hacer. Creemos sentirnos seguros ante la imaginación porque sabemos diferenciarla muy bien. La fantasía por un lado y lo real por el otro. Si digo que escribí un comentario para este blog será real, palpable. Pero si digo que caminando ayer por la calle encontré un pequeño unicornio, entenderemos que no corresponde a la realidad. Terminaran de leer este comentario seguros de esta diferenciación, hasta que vean que por la acera de enfrente un hombre pasea a su pequeño unicornio.

Las confusiones de la realidad y la imaginación son necesarias, en ocasiones. Imagínense la situación que les he descrito arriba, imaginen que en verdad sucediera. Entre el desconcierto y la angustia, personalmente, me sentiría emocionado de haber encontrado un unicornio. Y eso es lo que The Illusionist nos propone con mucho acierto. Para darle marcha a nuestro mundo real, recurre a algo fantasioso que parece fundirse con la realidad de modo que nos hallamos desconcertados de ver un unicornio en la acera de enfrente. Una historia bien contada, captada desde lo mágico y maravilloso, y un mago dedicado a sentir la realidad, desafiando a los simples observadores, que por un momento suele ser el espectador mismo de película.

Hay que meternos en el proceso propuesto para sentir la realidad, esta mezcla incesante de lo real y fantasioso que evita desligarnos de la historia, pues los limites parecen trastocarse de modo que lo fantasioso (incluso ya dentro de la película) se empieza a sumir como verdadero. Hay que dejar embarcarse por la confusión muy bien lograda, pues escapa del imaginario simple, del que está en nuestras mentes, para hacerse palpable y real sin dejar de ser fantasioso al menos en apariencia.

Categoría: Año 2006 - 2009
Publicado por: a20053005
Visto: 717 veces
(Título en español: La vida de los otros)
Año: 2006


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Recuerdo la primera vez que decidí escribir un cuento. La atracción sobre un ser creativo que dibuja su mundo sobre una hoja con nada más que su ingenio, ímpetu y deseo. Tal actividad no puede ser un hábito, pues los hábitos tienen la mala costumbre de volverse mecánicos, monótonos y sosos. Escribir será siempre una pasión enteramente pura. Sentimientos llamados a enfrentarse y amistarse cuantas veces sea posible. Se trata de un arranque violento que desnuda la naturaleza humana y nos enfrenta a un mundo frío con el cuerpo caliente (sin sentirlo), como quién quiere evitar en una muestra de ternura la vulnerabilidad de nuestro ser. La simpatía de escribir a veces nos embriaga, pero sobre todo nos ilusiona. Pues que sería de este mundo sin aquello que llamamos irreal, fantasía, imposible…

No es un hábito porque al escribir no hay planes ni un camino guiado, sino simple atracción. No hay razón, hay motivos. La razón es el resultado de evaluar diferentes eventos y seguir lo que se consideraría normal. Los motivos no tienen la base de una evaluación razonada, solo son causas sin la necesidad de una conexión lógica con el resultado: Escribo porque mi vida es un constante minuto y medio de quince minutos (tomando la frase de Cortázar en El perseguidor).

Lo cierto es que aquello que yo sentí al escribir por primera vez un cuento, se siente de manera distinta (tal vez) para toda creación artística. No importa de qué manera se exprese. Sostenía que no hay planes para hacer aquello que te atrae, simplemente hay gusto y placer. Del mismo modo, no hay espacios, lugares, ni tiempos. El hecho de que escriba no evita que mi vida siga siendo un constante minuto y medio de quince minutos. Por ello, uno nunca se da cuenta en qué momento empieza y termina este arrebato pasional sobre aquello que nos atrae. Parece una suerte de estado que solo se advierte una vez que ya se está inmerso en él.

El habito hay que dejárselo a la vida “reglada y ordenada” del sistema (¿o no?). Hasta el más metódico puede fundirse en la ira pasional que la vida (correctamente llamada) puede ofrecernos. Florian Henckel von Donnersmarck se encarga de que ciertas pasiones se vean envueltas y confundidas en un mundo aparentemente ordenado y controlado. De fondo, nuestro mundo reglado y ordenado, pero en enfrente un sujeto común adentrándose en el estado que la vorágine pasional ha creado, sin darse cuenta de ello. Hace que lo observado y sobre todo aquello que escucha se convierta en un mundo literario que lo impulsa a moverse como todo artista (aunque parece no serlo) de manera motivada y no razonada.

Hace, como quién escribe un cuento, que su propio ser creativo dibuje su mundo pero ya no sobre una hoja, sino sobre la realidad que le toca vivir. Se siente atraído por contacto de un mundo del que es observador y cree no pertenecer. Y como todo ser protegido del mundo gélido y agresivo se halla en el anonimato, para desde ese lugar saber que sus decisiones pasionales resuenan en un mundo que no se percato de su presencia, y que debe su marcha y presente a miles de seres anónimos.

Quien mire la película Das Leben der Arderen, podrá preguntarse que lo que aquí se ha dicho es tan diferente a lo que se mira, que parece haberse hablado de cosas muy distintas, pues para muchos solo se trata de espionaje ejercido por un gobierno aberrante, pero tengo que replicar que lo que se ha dicho solo puede entenderse si se ha entrado en el estado pasional de hacer algo y de este modo observar en qué momento el mundo real y frio deja de serlo para convertirse en un mundo literario. Por algo es un buena película que con sutiliza logra este cambio. No olvidemos que los que están detrás (siendo espiados) son escritores, actrices… artistas y no otro tipo de personas. Habrá de entenderse que una película no tiene el tiempo ni el espacio para gozar de elementos independientes que no tienen alguna relación o importancia. En todo caso, esto no es un blog de críticas, sino de comentarios y de una manera particular de ver algunas expresiones artísticas.
Categoría: Año 2000 - 2005
Publicado por: a20053005
Visto: 1319 veces
(Titulo en Alemán: 79 qm DDR )
Año: 2003


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La ubicación histórica es una actitud innata (creo yo) de las personas. Somos y seremos, ante el mundo, entes temporales, no solo por nuestra existencia limitada, sino porque es imposible tratarnos o vernos sin un contexto social, sin pertenecer a una comunidad geográfica e históricamente ubicada. A pesar de que el aspecto geográfico ha recibido criticas convincentes que proponen su desaparición, no han logrado lo mismo con la historia.

Cuantas cosas cambian, a veces sin darnos cuenta. Todo es un transcurso constante. Mientras estemos en la corriente y asumamos los cambios, no seremos verdaderamente conscientes de lo mucho que puede diferenciar un tiempo pasado de uno más reciente. Solo los agentes externos, los que no están en la corriente suelen ser observadores concientes. Uno no se da cuenta que ha envejecido, agrandado, cambiado (hablo de los detalles, los pormenores de las novedades)… hasta que una tía lejana nos dice que la última vez que nos vio éramos del tamaño de una sandia. Resulta casi imposible que nuestro observador externo no se dé cuenta de los cambios. Algo estaría mal si mi tía creyera que sigo siendo del tamaño de una sandia.

Nuestro camino por la vida nos obliga a ser entes temporales, nos aferramos a ciertas vivencias, aquello que nos impacta y nos gusta. Solo cuando envejecemos empezamos el abandono del deseo por el cambio. Preferimos la estabilidad pues a manera de auto-piedad nos damos cuenta de que ya no somos tan buenos, ni ágiles para seguir el ritmo de los cambios. No comprendemos los nuevos gustos, tendencias… cada vez nos cuesta más asumir las novedades y nos sentimos consternados pues nos vemos alejados de una actualidad que ya no es tan nuestra. Y ante el mundo agresivo, que cuestiona nuestra estabilidad, edificamos una fortaleza, protegiendo aquello de lo cual nos sentimos parte alguna vez.

¿Como evitar que un observador conciente del cambio, no lo sea del todo? Habría que recrear el mundo y evitar el paso del tiempo, de modo que mi tía al verme nuevamente asuma, como ayer, que hoy tengo el tamaño de una sandia. Pero qué trabajo tan monumental. Sin cuestionamientos, una empresa harto complicada. Sin embargo, Wolfgang Becker se embarca en tal propuesta y con mucho éxito (para resumir con mezquindad). No solo es una película dinámica, sino que lo monumental del trabajo se diluye (se hace liviano para el espectador) por la fabulosa secuencia de hechos, que curiosa y graciosamente cuenta la historia de un hijo evitando que su madre sea una observadora consciente para no dejar que su débil corazón termine con ella, al darse cuenta que históricamente ha sido desubicada.

Good bye Lenin! recoge en sus imágenes la edificación de nuestras murallas, de nuestra fortaleza, pero a la vez nos invita a mirar por encima de ellas y comprender que aunque el cambio nos cueste y esta actualidad ya no sea tan nuestra, podemos encontrar ayuda y consuelo en las personas que nos rodean, como quien abre, por un costado de la fortaleza, una puerta pequeña de madera, para entender que nuestra realidad, nuestro alejamiento de la actualidad es compartida, aunque nos miremos y nos miren de manera distinta.


Categoría: Año 2000 - 2005
Publicado por: a20053005
Visto: 1718 veces
(Titulo en Inglés: The Barbarian Invasions)
Año: 2003


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Hace poco, pensando en la película que me gustaría comentar esta semana, recordé haber leído una “crítica” muy agresiva contra Les Invasions Barbares. No es que buscara críticas sobre la película, eso es un trabajo que no me gusta y, por tanto, no lo hago. Encontré ésta crítica por casualidad cuando buscaba fotos de Inés Orsini, la misma que en una escena describe la esencia cautivadora de la película (quise que esa imagen encabezara este comentario, pero no encontré la foto): la escena en la que Inés Orsini entrando en el mar, se recoge tímidamente la falda, permitiendo que en blanco y negro sus delgadas y finas piernas se hallen expuestas, un acto que, como Remy (protagonista de Les Invasions Barbares) describe, hace del espectador un mirón lujurioso (para resumir en mis palabras).

Ciertamente, eso es lo que ocurre con el espectador de Les Invasions Barbares: todos somos espectadores (mirones) lujuriosos con la diferencia de que gustamos de algo no sexual, aunque mantenemos el vigor sobre lo que estamos viendo. Como el chico que mira a Inés Orsini, nosotros miramos a Les Invasions Barbares, no sobre alucinaciones y deseos sexuales, sino sobre como un acto tan simple puede acarrear un cumulo de emociones, todas a la vez. Un catalizador que crea una reacción en cadena difícilmente describible.

Ocurre que al ver la película no nos encontramos con un trama complicado, ni personajes extraordinarios. Son sencillamente gente común. Amigos compartiendo el tiempo, con diálogos simpáticos y congruentes con esta informalidad muy bien lograda. Las sorpresas sobre lo simple de las cosas inician rápidamente en la película: una cámara que no se entorpece al recorrer un hospital fundido en el caos, con enfermos que seguramente dejaran este mundo, lamentablemente, hacinados en un pasillo caótico. Lo que viene después es un muestra de nuestro ser finito, temporal, e increíblemente vulnerable. Lo ajeno, aquello que llamamos bárbaro, viene a nosotros como un intruso. Intruso que tratamos de mantener alejado pues su diferencia nos aturde y nos asusta. Sin embargo, nuestros prejuicios pueden terminar por liberarse si les damos la oportunidad de mostrarse. Las personas (y nada en esta vida) son Imperios infranqueables, aunque crean serlo.

En la crítica que leí sobre esta película sostiene que hay ciertas tendencias pro canadienses, como si las tendencias estuvieran prohibidas, sobre todo cuando la película trata de personas corrientes, que como cualquiera de nosotros tiene una posición sobre el mundo, preferencias, disgustos, errores.... La crítica es tan lamentable que parece sostener sus argumentos atacando la humanidad (preguntándose por qué personas comunes, se ven y actúan como personas comunes), cuando la película consiste en mostrarnos el lado más humano de los personajes (de su ser como un todo, maravilloso y defectuoso a la vez), alrededor de un amigo moribundo.

Espero que sea la única vez que hago comentarios sobre una crítica (y pido disculpas por hacerlo, sobre todo tratándose de una muy mala), de la cual no daré más datos, pues no merece más atención de la que se le ha dado aquí.