Artículos con la etiqueta malestar docente


02 ago '09-22:09
¿Realmente los docentes conocemos qué es “la enfermedad” o “la salud”?

En torno a esta cuestión se podría reflexionar bastante. Un trabajador puede considerarse enfermo solamente cuando reconoce que padece algo que puede sanarse con “medicina”, y este padecimiento le puede llegar preocupa porque merma su capacidad laboral únicamente. En una lejana definición de la Organización Mundial de la Salud, la salud era El estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Sobre este enunciado se pueden cuestionar algunos aspectos que resultan más que relativos; alusivos a la salud biológica y la salud social.

¿Puede considerarse sano a un individuo sin afecciones biológicas evidentes pero que esté constantemente en tensión o postura defensiva durante su horario laboral? Por supuesto que no. Las dimensiones de la salud involucran aspectos como poder llevar una visa gozosa, capacidad relacional y pensamientos positivos.

Los aspectos de salud y enfermad están ligados a tres dimensiones según los nuevos y más amplios enfoques. Estas dimensiones son la individual, la social y la ambiental. Como Lettieri menciona: “El medio socioambiental y los cambios que en él se experimentan, ya sean estos bruscos o paulatinos, son interiorizados por las personas de tal manera que pueden llegar a configurar algunos aspectos importantes de su estilo de vida, su carácter, sus preferencias, etc. Sin embargo, el medio socioambiental no es un factor determinante del desarrollo de las personas. Desde una perspectiva evolutiva e interaccionista se considera que toda persona dispone de sus propios mecanismos cognoscitivos y sociales con los actúa sobre el medio” (Lettieri, 2008:2).

Pero, ¿qué tan complejos se vuelven los ambientes laborales escolares con todo aquello que allí converge? ¿Está el docente realmente preparado para entender y hacer frente a estas dinámicas?

Es ciertamente complicado percibir en la población actual de manera general actitudes saludables. Y del docente pudiera esperarse aún más de esto debido a la importancia e impacto de su persona en los educandos. ¿Pero es posible esto? ¿Forma parte del perfil del profesor tener este conocimiento de su salud y cómo preservarla?

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Con esta última cuestión me refiero en sí a la misma formación docente, donde no se abordan los temas adecuados para lograr un perfil con énfasis en esto, o si en el proceso de selección y contratación llegan a considerarse este tipo de características saludables que le facilitaran una personalidad más eficaz para la enseñanza.

Tavárez hace un sondeo de los perfiles docentes de América Latina para hacer una comparación con las creencias reales, y en su reporte destaca que solamente un país (Panamá) define el perfil deseado como “un educador capaz de preservar y enriquecer su salud física, mental y social comprometido con los valores cívicos” entre otros aspectos que, prácticamente parecen excesivos. El utópico perfil del docente latinoamericano tiene fuerte tendencia a lo pedagógico, al conocimiento científico, a lo administrativo, a lo cívico y lo ético, pero a grandes rasgos el aspecto del conocimiento y metaconocimiento de la salud queda ignorado. “Como vemos son muchas las acciones tanto morales, científicas, de gestión y competencias personales que debe exhibir un docente cuando se gradúa y es colocado en su aula, ¿pero qué pasa luego con ese docente?, ¿quién lo apoya?, ¿quién le ayuda?, ¿quién lo supervisa o acompaña?, ¿qué investigaciones se hacen para verificar dicho perfil?” (Tavárez, 2005).

Todos los desafíos laborales que la docencia ofrece el individuo los enfrentará son sus propios recursos personales en una primer instancia; y en otra como parte del colectivo al que pertenece. La organización o escuela debiera pudiera gestionar entonces un capital cultural de la salud de sus miembros en promoción de la misma buscando mermar la fatiga residual y ese concepto multidimensional llamado malestar docente.

Se le llama fatiga residual aquel agotamiento que no ha podido tener una salida a manera de descanso con recuperación, y que por lo mismo se va acumulando con el paso del tiempo llegando a hacer que la persona se sienta cansada a pesar de las vacaciones o del posible ocio que esté en cierto momento disfrutando.

Por otra parte, la expresión del malestar docentees considerada como la más inclusiva para describir los efectos permanentes de carácter negativo que afectan a la personalidad del maestro como resultante de las condiciones psicosociales en que se ejerce la función pedagógica de enseñar. Este término antes mencionado es el que ha podido nombrar el complejo proceso en el cual los docentes han ido expresando sus marcas subjetivas y corporales producidas en un proceso laboral soportado a costa de un importante desgaste y sufrimiento” (Lettieri, 2008:4). Dentro de todas las afecciones que llegan a caber en esta amplia expresión se encuentra el burnout.

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A manera de cierre de esta entrega:

La locura es hacer una y otra vez lo mismo esperando un resultado distinto.


Si el colectivo docente en general, cada año continúa trabajando de la misma manera y percibiendo su persona, sus afecciones y sus relaciones como normales, poco a poco se estará entrando en un estado de salud difícil de entender y que traerá consecuencias en diversos ámbitos.

La salud docente es frágil por las condiciones laborales mismas y el contexto social que implica trabajar la enseñanza. Es hora de empezar a reconocernos como individuos cuyas competencias incluyan un estado de bienestar físico y mental; la gestión del estrés debe ser una parte obligada de toda organización escolar.

REFERENCIAS:

Lettieri, Adriana (2008). La salud del docente: Un docente sano como agente transmisor del concepto de salud. El Tercer Tiempo, Revista Digital para la Educación. Visitado el 28 de julio de 2009 en: http://www.eltercertiempo.com.ar/articulos/articulos-018.htm

Tavárez, Miledys (2005). ¿Perfil del Docente Latinoamericano: mito o realidad? Visitado el 20 de julio de 2008 en: http://www.educar.org/mfdtic/Documentos/perfildocente.asp

ESTE TRABAJO ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS

27 jul '09-11:59
Docentes y Quemados (Segunda Entrega: Marco teórico)

En la entrada anterior describí siete casos de docentes y trabajadores auxiliares del sector educativo público en determinado contexto. Estos individuos, en mi percepción, padecen el síndrome del desgaste profesional o burnout -y no lo saben-. Es el desconocimiento de este padecimiento de salud física y mental que caracteriza a los trabajadores de las profesiones asistenciales un asunto que resalta y me parece de importancia urgente darlo a conocer para tener conciencia del mismo y comenzar a disminuirlo hasta evitarlo de ser posible. Esta tarea debiera ser principalmente de competencia organizacional, aunque todo trabajador –dadas las condiciones actuales- debiera tomar una decidida iniciativa para revertir este proceso degenerativo de la salud y poder llegar a disfrutar de una mejor salud, y por lo tanto su vida y su trabajo.

Sociedades modernas

Las sociedades actuales tienen características que hace veinte años era difícil imaginar. En mayor o menor grado estamos en la sociedad del conocimiento y de la información, por lo tanto la tecnología ha penetrado muchos campos y con mucha fuerza. Las competencias que un docente ahora necesita para atender a “los hijos” de esta sociedad son otras, lejanas a lo aprendido antaño.

Ahora tampoco es raro encontrar padres de familia laboralmente activos, por lo tanto algo alejados de la formación de sus hijos, y esto a veces puede tener ciertas dificultades. La existencia de familias disfuncionales es otro fenómeno que resulta común así como fenómenos sociales ligados a la pobreza; como el narco (venta y consumo de drogas) y la delincuencia misma.

Así que el panorama de un docente ahora le ofrece perspectivas muy diversas por ejemplo a las que él vivió cuando fue alumno. Comer chicle, no entrar a clases, hablar y hacer ruido en clase, no llevar las tareas eran los actos comunes de indisciplina de antaño. Hoy en día la realidad es muy diferente y sorprendente; mobbing, drogas, agresiones y comportamientos disfuncionales, apatía enorme por la escuela… y una figura docente cada día más desvalorada.

Otro punto que me llama la atención tiene que ver con que las sociedades actuales se comienzan a identificar mucho con el “paradigma de la satisfacción al cliente”, algo que considero peligroso para la comunidad docente. Por una parte, en cada servicio que se solicita comienza a ser una cultura exigir la máxima satisfacción por el pago hacia este; y comienza a verse a la misma Educación como un servicio que se compra (se paga por el cliente, o por el Estado para el cliente). Esta concepción tomada fríamente puede llegar a ser un estresor enorme para el maestro, que lejos de recibir algo de reconocimiento o de agradecimiento por “sus clientes” podría recibir, precisamente, lo contrario.

La vida personal

Padecer estrés es algo tan común en esta época moderna. A lo largo de la vida de cualquier persona se llegan a experimentar momentos traumáticos y eventos mayores de vida. Cuando se pertenece además al mundo laboral se agrandan las posibilidades de estrés. La misma vida familiar puede generar conflictos continuos que se vuelven una carga más a la persona. Por contraparte, disfrutar de momentos de descanso y relajación no es algo tan común. Puede parecer una tendencia que con el paso del tiempo, los trabajos se vuelvan más demandantes y complicados y la vida en sociedad más compleja mientras el individuo se aleja cada día del ocio saludable y de la actividad física. Esta relación directa –y encontrada- viene a otorgar una vulnerabilidad enorme a las personas.

El mundo laboral

Con la contextualización anterior, es más fácil comprender que la profesión docente implica muchas variables además de complicadas que posiblemente ni siquiera fueron consideradas en los cursos de formación que tuvieron. Así que la posibilidad de que no estén capacitados para hacerles frente efectivamente es enorme. Esas variables llegan a darse tanto por asuntos de clase o de administración escolar como por cuestiones externas tan lejanas a un posible control que se pueda tener sobre ellas. No es raro llegar a sentir impotencia o frustración en diversos momentos de la labor docente, y el sufrimiento -por lo tanto, insatisfacción- puede comenzar a ser vividos desde el inicio del ejercicio de la carrera.

Otros aspectos necesarios de conocer y tener en cuenta para conocer la naturaleza misma de los trabajos son sus características específicas y aquellas que el mismo contexto laboral aporta (Zavala, 2008).

Además, debemos de recordar que la docencia es una profesión asistencial (de servicio público ofertando atención y cuidado. Y es en este tipo de profesiones donde existe una evidente propensión a padecer el burnout y presentar el desgaste profesional, fenómeno estudiado por Freudenberger, Gil-Monte y Maslach entre otros.

Malestar docente y Burnout

Básicamente cuando se habla de malestar docente se hace referencia a un fenómeno que afecta a una buena parte del profesorado y que se origina en respuesta a una serie de factores o acontecimientos negativos que aquejan a dicho profesorado en el marco educativo. Tal respuesta vendría precedida de un estilo atributivo pesimista que sería el responsable del incremento de los índices de estrés laboral (burnout) y ansiedad que exhiben los docentes afectados, pudiéndose llegar a alcanzar la depresión como resultado último (De la Torre, s/a: 2).

Los docentes que sufren este criterio generalmente se sienten como si fueran incapaces de apoyar a sus estudiantes e inclusive actitudes más negativas hacia ellos, padres y colegas, así como incapaces de lograr metas. Los maestros con síndrome de desgaste laboral están menos comprometidos para crear buenas lecciones, corregir [y revisar] trabajos y tienen menos tolerancia a las interrupciones [comunes] de la clase" (trad. lib. Colangelo en Zavala, 2008-2).

El fenómeno del malestar docente considerado como los efectos en la calidad de salud física y mental llega a ser preocupante en realidades de los países avanzados- algunos estudios sobre este alcance se vienen dando desde los años setenta y muestran como efectos entre los docentes los siguientes: Depresiones reactivas, neurosis de ansiedad, fuerte tensión emocional y trastornos psicosomáticos y afectivos (De la Torre, s/a: 3-4).

Con un escenario así expuesto queda hacerse varias cuestiones, desde una inicial como: ¿Qué tan satisfecho puede encontrarse un docente con sus condiciones de trabajo? Si siente que esta insatisfacción es gradual con el paso del tiempo; y por último, si es capaz de notar en su persona cambios severos en su salud.

(Entrega siguiente de este tema viernes 31 de julio de 2009)

Ayuso Marente, José Antonio (2006). Profesión docente y estrés laboral: una aproximación a los conceptos de estrés laboral y burnout. Revista Iberoamericana de Educación, 39/3. Visitado en: http://www.rieoei.org/deloslectores/1341Ayuso.pdf el 29 de junio 2008.

De la Torre, Carmelo (s/a). El malestar docente: un fenómeno de relevancia internacional. Visitado en: www.uclm.es/profesorado/ricardo/Docencia_e_Investigacion/7/Carmelo_Torre.doc el 27 de junio de 2008

Zavala, José (2008). Burnout, desgaste profesional o síndrome de quemarse en el trabajo en Blog de Estrés Docente. Publicado el 5 de octubre de 2008 en: http://blog.pucp.edu.pe/item/32848

Zavala, José (2008-2). Causas y factores que pueden originar el estrés en el Blog de Estrés Docente, artículo publicado el 12 de octubre de 2008 en: http://blog.pucp.edu.pe/item/33499


ESTE TRABAJO ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS