“Lo primero que noté fue que los alumnos presentaban un grado de apatía muy por encima de lo acostumbrado. Entonces tuve que ser más enérgico para exigir con el cumplimiento de sus trabajos… incluso llegué a reportar alumnos argumentando esta causa (apatía desmedida para el trabajo escolar) y esto me causó cierta incomodidad. Es decir, siempre me he considerado alguien con la suficiente capacidad para motivar, y mis actividades extraclase no son ni complicadas ni extensas.”
“Los grupos comienzan a manifestarse de manera muy diferente a lo que uno ya conoce; las sorpresas aparecen. Socializan de manera peligrosa con docentes con los que antes ni siquiera toleraban, rompen acuerdos de manera grupal. Es decir, ciertos rasgos de volubilidad que bien pudieran referirse a los adolescentes aparecen de súbito…”
“Todos los acuerdos tenidos en tantas discusiones de repente se vienen abajo. Estando en su último grado y teniendo encima una serie de planes para hacer un viaje de estudio terminan comportándose de manera tan inmadura y el personal de la escuela comienza a reportarlos a cada rato…”
“De repente, en la última semana de clase llegaba tan cansado a casa que apenas si comía algo y terminaba dormido de súpito… Mira, yo suelo hacer mi siesta a diario, una hora u hora y media a media tarde después de navegar en Internet un rato… de repente ni siquiera eso… llegaba a casa buscando la cama para poder sacudirme el cansancio.”
Si bien, estas situaciones pueden ser no desconocidas del todo en las organizaciones escolares no pasa de ser un conocimiento por demás informal, que se gana por la experiencia meramente y se vuelve como un acervo meramente anecdótico. “Cada año, exactamente el día de la Entrada de la Primavera siempre hay una pelea” me comentó Gonzalo hace unos diez años. Esto se cumplía proféticamente, mientras que por otra parte no se tomaba alguna precaución en la prevención de comportamientos agresivos; ni siquiera era considerado en algún aspecto de planeación que de antemano considere que el rendimiento puede bajar. Claro está que el inicio las temporadas de calor ya no es tan predecible; las experiencias aquí mencionadas ocurrieron en una zona donde simplemente la temporada de altas temperaturas se adelantó por dos meses.
Queda claro que la percepción de estos fenómenos mencionados llegan a ser fuentes de estrés para varios profesores: la violencia de las peleas y la desmotivación para las clases son por ejemplo dos fuentes ampliamente reconocidas y mencionadas en varios estudios. Por otra parte, esa sensación de agotamiento inesperado en sí puede sorprender al docente que no entienda la causa de esto.
Prescripción
De manera personal no conozco experiencias o estudios sobre estrés por la mera influencia del cambio de clima. Sin embargo, sus efectos en los cambios de comportamiento en el alumnado y, a la vez, su impacto en la percepción del docente (como en estos casos) sí me parecen estresares a tener en cuenta para afrontarlos.
Estos efectos cuando generan cambios en la concentración y motivación del alumno demandan un esfuerzo mayor y constante a lo largo de la jornada del docente. Este, al no estar acostumbrado puede resentirlo. Preocuparse al respecto complica más la situación. Cuando esto llega a ocurrir el docente afectado pudiera tener en cuenta una serie de consideraciones para afrontar este caso peculiar:
• En el salón de clase pueden proponerse ejercicios corporales que lograr reducir la ansiedad o energía de los alumnos.
• El uso de música en el aula para crear un clima más relajado puede ser otra alternativa interesante; una música adecuada que no interrumpa por una parte, y que los alumnos no tilden de “aburrida o arrulladora” por otra.
• La actividad física a manera de relajante puede ayudar al docente a “adaptarse” a las condiciones imprevistas –y lograr el equilibrio en horas de sueño por ejemplo-, y sobre todo esto aunada a una buena ingesta de agua natural en definitiva traerán resultados de bienestar de inmediato.










