Quedé pasmado por ese breve pero ridículo discurso. Precisamente él era uno de los profesores más conflictivos y conflictuados de la organización (protagonista constante de las anécdotas que he utilizado en mi blog), y su recurrencia a las suposiciones siempre me ha llamado la atención. En este caso él aseguraba haberse sentido como yo cuando Yo no ni siquiera le había dicho -en los últimos diez meses cuando menos- como podía sentirme. Es más, él adivinaba a descubrir mi tristeza, que no era una mera reacción de mi cuerpo a un problema de garganta que comenzaba a manifestarse -y que un médico confirmaría un par de horas después-, pero él daba por hecho varias cosas en mi persona… que sólo por en su mente ocurrían.

La descripción de una escuela (con características indeseables)
Una escuela afectada por el paso de los años -y con una historia lamentable-, pudiera llegar a manifestar aspectos tales como:
• Profesores seniles que piropean a sus alumnas (casi niñas).
• Docentes con propensión al absentismo; con tendencia por una parte a llegar tarde y por otra, a salir temprano.
• Personal de la escuela demasiado apegado a sus computadoras o celulares por encima del cuidado de la atención que conlleva el proceso educativo.
• Personal femenino preocupado por su maquillaje y vestuario por encima de la atención o ayuda a quien lo solicita.
• Relaciones de “mutuo entendimiento” (con evidente carga afectiva involucrada) que conlleva al aislamiento de ellos mismos dificultando su integración y colaboración con el resto en la organización, y posiblemente cosechando comentarios negativos.
• Personal demasiado sensible y alterable ante ciertas situaciones que trae como consecuencia intolerancia, prejuicio extremo y falta de paciencia, tan necesarios en una organización escolar.
• Autoridades de la organización exageradamente pasivas y sin compromiso evidente, o por el contrario, autoritarios y despóticos hacia el personal.
• Relaciones entre colegas con intenciones de manipulación o de sabotajes entre ellos o dirigidos hacia otros entes de la escuela misma.
• Simulación o declaraciones falsas para justificar falta de trabajo o hechos cuestionables.
• Posturas defensivas que van desde la creencia de ser el miembro del personal más eficiente, honrado o dedicado, o por el contrario, llegar a considerarse mártir.
• Docentes de mucha autoridad y seguros de sí mismo ante los alumnos cuyas cualidades devienen incongruentes fuera del aula.
• Aparición de diversos grupúsculos (o tribus laborales) bajo una filosofía en común, que es opuesta precisamente a los valores de la organización.
• Incapacidad de analizar los aciertos y las fallas en manera conjunta, en cambio la culpabilización o el logro se manejan a manera personal.
• Ausencias constantes del personal para atención médica.
• Ausencias constantes del personal por gestión de asuntos administrativos en la Secretaría (o Ministerio).
• Ausencias constantes del personal por problemas individuales.
Todos los rasgos negativos recién mencionados, por increíble que parezca- pueden darse en una misma organización escolar –de hecho, he descrito la mía; cuyo contexto histórico y social ha llegado a permitir todo eso de manera conjunta-. Estos rasgos, además, son solamente aquellos observables de manera directa, quedando por cuestionar otros aspectos más tácitos en su percepción, como son:
• Quiénes padecen gastritis, colitis o insomnio de manera frecuente.
• Quiénes tienen relaciones familiares disfuncionales.
• Quiénes abusan del alcohol los fines de semana.
• Quiénes tienen grupos (o carecen de ellos) de interés común o amistades duraderas.
• Quiénes tienen un plan de vida al le dan un seguimiento constante.
• Quiénes son capaces de disfrutar su vida y manifestarlo.
• Quiénes encuentran otro sentido en su vida, aparte de ser docentes.

Cuando todos estos rasgos negativos ocurren, se puede asegurar que el clima laboral de esa organización no se supo gestionar por años (por muy dramático que parezca aquí el tiempo pretérito). Esto vuelve a la organización adversa para la misma enseñanza, por contradictorio que parezca. Una escuela cuyas condiciones humanas propias no promuevan la enseñanza o el aprendizaje de aquellos atributos positivos deseados, sino la vuelve una, cuyo currículo oculto se vuelve bastante criticable.
La organización así ya no puede crecer, pero puede darse que el medio donde existe –como en mi caso- no tiene alguna otra opción de manifestar una posible exigencia social o política; y la organización seguirá día con día destruyéndose sola, bajo el amparo de los sindicatos, la abulia del gobierno y la ignorancia de los docentes.
ESTE TRABAJO ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS








