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17 ene '10-13:44
Docentes al Límite (Parte Uno)

En esta entrada me referiré a dos docentes de mi propia organización sindical. Dos docentes cuyo comportamiento dentro y fuera de la escuela misma es tan curioso y lleno de eventos tan peculiares como críticos. Si bien, sobre ellos me he referido previamente (en dos o quizá más artículos) su situación sigue sorprendiéndome y la acumulación de detalles dignos de análisis no cesan. Estando en el mes de enero, hablaré de Silvia.

Descripción de Caso

Con casi cincuenta años de edad, madre de tres hijos ya todos adultos, separada desde hace más de quince años, activa como docente cercana a los veinte años de servicio, Silvia desde hace muchos años se ha convertido en una maestra rechazada principalmente por sus alumnos así como de una buena parte del personal.

Las principales características de Silvia fueron –por un tiempo- su constante participación ciertamente creativa en varios eventos escolares, en los que casi siempre destacaba así como una elevada puntuación en su evaluación docente. Si bien, el sistema que pondera a los docentes en su medio valora aspectos indudablemente lejanos al desempeño dentro del aula sino más bien que “apoyan” a la imagen organizacional. Silvia a través de los años ha escalado varios niveles que han repercutido en un generoso sueldo que devenga cada quincena.

Sin embargo, por otra parte, siempre se ha caracterizado por una dureza emocional y es reconocida como una maestra de carácter fuerte, pero que a la vez nunca sonríe y nada le parece; especialista en criticar propuestas de los alumnos y negada a halagar. Ella ha sido una docente cuyas “clases” son una descripción de todo aquello que los alumnos deben hacer, pero pocas veces ella se ofrece a “dar la clase propiamente” con socialización de tema, presentación, exposición y debate (si es que el paradigma al que ella recurriera fuera este, o algún otro siquiera).

Otro aspecto destacado en ella siempre ha sido su relación con la parte directiva. Siempre defensiva hacia ellos, siempre agresiva cuando recurre a ellos. Al grado que siempre se ha ganado el temor y rechazo de manera simultánea –y cabe decir que el puesto de director en mi organización es de elevada rotación a través de los años-.

Pero su conducta más especial la comenzó a manifestar en este último año de servicio:

La única amistad de Silvia, perenne a través del tiempo, ha sido el profesor René. Con casi de veinte años de un cuestionado “acercamiento” con él han sido tachados de amantes desde muchos años atrás. Situación que a ambos les ha afectado. René es casado, y a pesar de estas críticas Silvia nunca se ha renunciado a esta amistad que incluso han mostrado en diversas partes del territorio. En un tiempo no era raro verlos platicar en un restorán en otra ciudad, o en un paraje en otro lugar…

René fue por muchos años un docente equilibrado y respetado, y por estas cualidades ha sido escogido como delegado sindical en más de alguna ocasión. Justo en su última gestión, en un concurso para cubrir una nueva necesidad de la organización (la atención de grupos contratando personal nuevo), y en un concurso presidido por el mismo René más la parte directiva, la hija mayor de Silvia fue contratada como nueva docente de un grupo de materias.

Así que el grupo de socialización más íntimo de Silvia ganó un nuevo elemento. Hubo comentarios sarcásticos que nombraron a ese grupo como la Familia Silvia (mamá, papá e hijita), dicha unión tampoco fue bien vista por los alumnos.

Imagen tomada de internet

Otro caso destacado fue cuando quiso iniciar una cruzada contra una empleada de servicio de apoyo para la escuela, la cual aparte de ser madre de familia de varios alumnos que desde hace doce años han pasado por la escuela –y en este mismo ciclo con una hija estudiando-, es la encargada de vender alimentos preparados (previo acuerdo con la Dirección sobre la paga de cuota y las condiciones de su servicio). Silvia argumentó, sin fundamento alguno, que dicha empleada atendía exageradamente bien al personal mientras que a los alumnos les daba trato pésimo. El objetivo de Silvia se manifestó un poco después; quería meter a su hijo recién casado y a su nuera en ese puesto de trabajo.

En otra ocasión, se en uno de sus típicos enfrentamientos con la parte directiva le llamaron “maestra soberbia” y ella rompió en llanto haciendo un enorme drama de algo inapropiado para una escuela.

En otra fecha, un inquieto grupo –caracterizado precisamente por su precocidad y cinismo- le espetó que ella como docente era injusta, demasiado rígida, que sus clases eran soporíferas, que nunca tenía el modo más adecuado hacia ellos y se excedía en intolerancia. Silvia, ante tales quejas fue a la misma dirección de la escuela y arguyó que esos reclamos “no podían ser de los alumnos, sino de algún maestro que le tenía envidia”. Y ni el director le hizo entender de ese reclamo justo -o no- de los alumnos. Silvia no los escuchó no cambió un ápice hacia ellos.

Acondicionó su salón para tener allí su cafetera, sus botellas de agua, sus cajas de cereal y nunca tuvo pena en comer delante de los alumnos. Inclusive, llegaron a asegurar que ella llegaba y en lugar de atender al grupo se preparaba sus primeros alimentos del día. Bebía su café “alegremente” sin mediar palabra con el grupo, y ya cuando terminaba les terminaba dando unos quince minutos de clase (en la primera del día).

Y un día haced dos meses atrás, en una de sus salidas comunes de la escuela (en horario de clase) y bien acompañada como siempre de René, a pocas cuadras de la escuela, tuvo un choque en su auto. Una situación donde ella argumentó no tener en nada la culpa y exigió más de 4 mil dólares para reparar su automóvil deportivo. La contraparte le ofrecía apenas 300 dólares. Por un mes no tuvo auto y finalmente comenzando el mes de diciembre regresó con su auto impecablemente reparado.

En otra de sus muchas y constantes ausencias, las alumnas del grupo donde solía desayunar terminaron poniéndole cloro en sus botellas de agua (de los frascos que se nos dieron por motivos de la “epidemia de influenza”) y regando el cereal por su mueble. Esto fue detonante para que ella rebasara todas las instancias y recurriera a donde no debía (a la misma instancia sindical, donde ahora tenía a un compadre allí) para exigir el castigo a las muchachas argumentando “atentado en contra de su salud”. Se salió con la suya al hacer que la parte sindical fuera el juez de la aplicación del castigo, pero logró causar una molestia enorme entre los alumnos, docentes y algunas más del personal.

Y justo, en las vacaciones de diciembre, volvió a sufrir otro choque automovilístico (donde ahora nadie supo si volvía a ser la víctima) pero su auto deportivo de apenas tres años de uso quedó completamente destruido. Considerando que las vacaciones decembrinas fueron más que largas; una ola de frío retrasó el retorno a clases ofreciendo en total casi tres semanas de asueto (justo con el cobro de jugosos aguinaldos de por medio). Silvia regresó a la escuela para de inmediato llegar tarde y pedir permisos (día justificado para no asistir al trabajo) para tratar de arreglar sus múltiples asuntos personales. Era obvio que se encontraba muy dañada emocionalmente…

Imagen tomada de internet


Análisis:

Como se ha analizado previamente en este blog, Silvia por una parte encaja sin problema en un perfil de persona vulnerable al burnout, lo peligroso es que ella sin darse cuenta se encuentra en un estado avanzado del mismo. El burnout puede ser revertido en ciertos momentos, pero cuando se llega al nivel crónico y con picos consecutivos de estrés elevado originado por las situaciones anteriormente descritas, el peligro de salud (y para la persona misma) es enorme.

El sufrir un accidente es una fuente de estrés per se, se puede considerar un evento mayor de vida, y todo ese mar de consecuencias inmediatas que surgen por dicho evento llevan a un individuo a una situación crítica. Así que Silvia, entre sus querellas organizacionales y devenida mujer sola –sin un grupo social que pueda ayudarla- está viviendo una serie de eventos muy desagradables y aumentando sus frustraciones.

Pero al estar ella tan “herida” se ha vuelto tremendamente defensiva. Sin darse cuenta, ella proyecta esto y el personal y los alumnos lo notan. Así que cada situación que ocurra en la escuela –muchas veces situaciones comunes precisamente para una escuela; como las bromas juveniles, la desmotivación de algunos y el comportamiento rebelde de otros más- ella terminará viéndola como un evento magnificado lleno de perversión y maldad hacia ella… porque ella es una mujer digna de ser envidiada (parece ser la neurosis que padece).

Silvia trabaja en una escuela ubicada en un contexto delicado; elevada pobreza, familias disfuncionales, consumo de droga, narcotráfico presente y con cierto índice de crímenes violentos. Alumnos y padres de familia de un lugar así presentarán conductas –tarde que temprano, más que menos- conductas disfuncionales. Esto, para un docente, debe ser algo que se debe entender y tomar en cuenta. El contexto de la escuela (y muchas veces el contexto de cualquier escuela) no es lo más adecuado para un individuo lastimado y afectado. Silvia seguirá expuesta a situaciones así y sus reacciones serán más complejas hasta que no pueda más.

Un accidente de auto con el vehículo destrozado. Esto no es una casualidad (y menos viniendo apenas de otro). Culpar a los grupos de atentados, a los docentes de tenerle envidia, a los directivos de incapacidad, a la empleada de desatendida… en general, culpar a otros es un síntoma muy serio a tomar en cuenta y para ser intervenida de manera urgente con ayuda profesional.

¿Quién puede acercarse a ella y decirle del peligro que corre? Se ha encerrado en dos personas solamente, demasiado cercanas a ella para ver su compleja crisis desde un alejado punto de vista, personas que le han dado la razón en todas sus constantes querellas laborales y se han encerrado en un grupúsculo de autodefensa.

¿Qué preparación tienen los directivos o alguien más dentro de una organización escolar pública? ¿Dónde quedó la quimera del directivo capaz de liderar e influir en los demás? Y los servicios de salud que gozamos los docentes, ¿son capaces de analizar una problemática así de compleja? ¿Qué se le puede ofrecer a ella? ¿Una larga incapacidad mientras recibe terapia de apoyo psicológico?

Docentes como ella no son casos únicos en las escuelas de esta realidad, el detalle es que dichas manifestaciones son generalmente vistas como mera fatalidad de la vida, y no como una ilación de actos que son consecuencia de historias de vida, de contextos de trabajo, de rasgos de personalidad… y que a la vez, estas características seguirán llamando a las crisis.

Véase también de mi autoría en este mismo blog:

Causas y factores que pueden originar el estrés (Segunda Parte)

Burnout, Desgaste Profesional o Síndrome de Quemarse en el Trabajo

Docentes y Quemados (Segunda Entrega: Marco teórico)

Otros enlaces de gran interés:

El estrés: un análisis basado en el papel de los factores sociales
Documento académicamente impecable de Bonifacio Sandín analizando al estrés como efecto social sobre todo.

El ciclo de vida en la carrera del maestro (Documento en inglés)

Por Betty E. Steffy y Michael P. Wolfe

Describe las etapas del docente a lo largo de su carrera y la importancia de ser un maestro eficaz (y cómo mantenerse como tal).