Estrés docente: Cómo entenderlo

Desde hace algunos años YA no escribo en este blog. Creo que el tema del estrés docente se ha ido desvaneciendo con el paso del tiempo; los asuntos que se gestionan en las escuelas son tan diversos, complejos y críticos que al parecer nadie toma conciencia de su realidad.

Pienso retomar mi blog y aportar periódicamente, pero ahora serán más reflexiones que indagaciones académicas.

Para reiniciar esta etapa les comparto un texto que pudo salir debido a las reflexiones presentadas a lo largo de este blog:

JOSÉ ZAVALA ZAVALA

ESTRÉS DOCENTE: CÓMO ENTENDERLO

MÉXICO

98 PP

ISBN 978-607-00-7278-9

 

Las etapas del burnout

Justo al terminar de redactar mi texto anterior Docentes al Límite, consideré necesario la revisión del concepto de burnout pero en relación a sus diferentes etapas. Es decir, cómo y por qué decir que una persona lleva cierto grado de este síndrome. Justo me vino a mente un documento sucinto de Miller y Dell llamado Ansiedad en el Trabajo: El camino al Burnout (Anxiety at Work- The Road to Burnout). Así que decidí hacer una traducción libre (con adaptaciones lingüísticas) que garantizara mejor la comprensión de este fenómeno.

Las diversas etapas del burnout incluyen las siguientes características:

1.- La luna de miel: Durante esta fase el trabajo es maravilloso. El individuo se caracteriza por una energía y un entusiasmo enormes, todo parecer ser posible. Se piensa que el trabajo satisfará las necesidades y deseos y resolverá tus problemas. Hay un encanto con la interrelación trabajo, colegas y organización.

2.- El despertar: Una vez que el periodo de luna de miel termina, surge el entendimiento que todas esas expectativas iniciales eran irreales. Pensamientos del tipo “el trabajo no resuelve las necesidades del individuo o la organización y colegas están muy alejadas de lo perfecto” aparecen. Entonces aparece la desilusión y el desencanto; inicia un estado de confusión. Algo anda mal pero no es posible definir exactamente qué es.

Generalmente el individuo buscará esforzarse más, para poder lograr todo eso inicialmente imaginado, pero este esfuerzo no logra nada y comienza la aparición del cansancio, el tedio y la frustración. Se cuestiona uno entonces esas habilidades y competencias hacia el propio trabajo y se comienza a perder esa autoconfianza.

3.- Brownout (O inicio de la quemazón*): Esta etapa comienza cuando ese entusiasmo y energía iniciales se vuelven lo contrario; fatiga crónica e irritabilidad. Pueden darse cambios también en los patrones de alimentación y sueño. Comienza además una etapa donde aparecen las conductas escapistas: [búsqueda de] sexo, aumento en el consumo de bebidas alcohólicas, de sustancias estimulantes como droga, frecuencia de asistencia a fiestas o manía por comprar obsesivamente.

La indecisión aparece y la productividad cae mientras la eficiencia en el trabajo se deteriora. Los colegas y superiores llegan a comentar sobre el desempeño de esta persona.

* adaptación del término de mi parte.

imagen de internet

4.- Burnout a gran escala: Esta fase puede tomar varios meses para alcanzarse, en la mayoría de los casos toma de tres a cuatro años.

Cuando se llega aquí, un sentido abrumador de fracaso invade al individuo así como una devastadora pérdida de autoestima y autoconfianza; comienzan etapas de depresión y sentimientos de soledad y vacío.

Ideas obsesivas en cuestionar el sentido de la vida así como un pesimismo sobre el hoy y fatalidad sobre el futuro se manifiestan. Se comienza hablar mucho de temas como “renunciar o irse del trabajo, de mandar todo a la basura” al grado que se vuelve distintivo de la persona [y hasta criticable].

El cansancio físico y mental es común. Pueden ser característicos de esta etapa los colapsos de salud en cuanto a estas dos dimensiones. Ideas o inclusive intentos de suicidio aparecen, apoplejías o ataques cardíacos no son siquiera raros en algunos individuos, y todo esto viene a ser el cierre de algo que empezó, tiempo atrás, como un estado de optimismo, alegría, entusiasmo y altas aspiraciones.

5.- El fenómeno del Fénix: Levantarse de las cenizas del burnout es posible aunque toma tiempo. Esto requiere de calma y descanso y una actitud que permita ese sano distanciamiento del trabajo excesivo sin sentirse culpable.

Regreso del Burnout

Un acertado regreso de esta etapa de desgaste debe considerar metas realistas en las expectativas de trabajo y las aspiraciones en él. Estos reajustes se deben dar por decisión propia, de uno y para uno en lugar de ser determinados por alguien más. Tratar de ser, hacer o trabajar como alguien más desea que uno lo haga es la forma más segura de continuar con sentimientos de frustración y burnout.

Pero sobre todo es muy necesario crear un balance de vida e invertir más tiempo en la familia y otro tipo de relaciones interpersonales, actividades sociales y pasatiempos. Expandirse como persona, es decir; comenzar a desarrollarse en otras actividades mientras se disfrutan tiene una influencia enorme en la autoestima y autoconfianza, tanto o más que la del mismo trabajo.

Imagen de internet

Referencia:

Miller, Lyle & Dell, Alma (2007). Anxiety at work: The road to burnout. En: Healthy Place, America’s mental health channel. Visitado 19/02/2010 en:
http://www.healthyplace.com/anxiety-panic/main/anxiety-at-work-the-road-to-burnout/menu-id-69/

Reflexiones al respecto:

Esta secuencia de etapas no debe considerarse como una trayectoria obligada en la vida laboral del docente, es decir; que todo maestro al iniciar su trabajo verá un mundo maravilloso y que poco a poco se iría desengañando hasta volver una persona enferma. Como se ha descubierto y comprobado, el trabajo docente es de alto riesgo para la salud física y mental (en este mismo blog). Ahora bien, cada individuo es único y viene apoyado en un background personal y una serie de características biográficas y sociales que hacen de él una persona o más capaz para desempeñar su trabajo o menos, o un individuo más vulnerable al estrés o uno de personalidad resistente al mismo, o más saludable por su educación y formación y así.

Los determinantes principales de encontrarse en una organización escolar donde convergen factores estresantes pueden ser: el contexto social (pobreza, violencia), la estructura física de la organización (instalaciones inadecuadas, ruido excesivo, luz inadecuada), la dirección de la organización misma y el clima laboral que en ella exista. (Véase en este blog)

Otros factores determinantes a considerar tienen que ver, como acabo de mencionar; años de servicio, la edad del docente, estado civil, grado de asertividad que tenga y más. (En este mismo blog)

Ahora bien, creo que uno de los factores más importantes que pueden contribuir a desarrollar una personalidad resistente al estrés docente es, precisamente, el conocimiento del fenómeno mismo y la conciencia de las reacciones y efectos del mismo en nuestro cuerpo, para ir desarrollando un aprendizaje en cuanto a la gestión del estés.. Y esto solo mediante la reflexión, introspección, así como una reconsideración de nuestros paradigmas de salud en cuanto al deporte, ocio y alimentación puede obtenerse.

Anexo: Una experiencia personal

El fenómeno del estrés docente y bunrout me llamó enormemente la atención justo cuando tocamos este tema en el curso Desarrollo Profesional Docente de mi postgrado. Mientras hacía mis tareas e investigaba sobre ello, llegó un momento en que me reconocí a mí mismo como un individuo y docente en una etapa (seguramente en la etapa del “inicio de la quemazón o Brownout” y con ciertos rasgos de la fase avanzada). Esta situación me preocupó mucho.

Y fue este temor sin duda, por lo que surgió un interés enorme de indagar más, temeroso porque ya conocía por mis lecturas los posibles y más dramáticos escenarios de este fenómeno: alcoholismo, frustración extrema, la imagen del docente severamente amargado… soledad y finalmente, suicidio.

Esos mismos sentimientos descritos como incapacidad e inutilidad me llegaron en un momento apenas un breve tiempo atrás, sobre todo cuando me observaba a mí mismo dando clase en unos registros videograbados unos años antes, con los cuales trabajé mi tesis de licenciatura. En ellos me veía muy bien vestido y sobre todo, con un semblante visiblemente atlético dando clase a grupos evidentemente interesados por mi entrega y propuestas temáticas y didácticas. Pero mientras volvía a mirar los videos, yo había cambiado enormemente; era más bien un individuo obeso, resignado y repetitivo en clase. Pensar que habían sido apenas tres años para que yo me transformara tanto (y en deterioro) me deprimía más aún. Constantemente pensaba y me cuestionaba cómo podía cambiar y volver a ser como era en esa etapa, pero sin tener una idea siquiera clara de cómo hacerlo.

Justo en mis deseos de huída, porque me sentía agobiado de seguir trabajando en la misma y conflictiva organización (y precisamente uno de los hallazgos de mi tesis de licenciatura fue determinar que el clima organizacional donde laboraba era, por excesivos factores de todo, de un clima muy adverso para la docencia). Recurrí como salida a participar en un concurso que me ofrecía ganar una beca comisión, la cual conseguí, y decidí estudiar en otro país. No quería saber nada de mi organización, colegas, alumnos ni nada relacionado con mi ciudad de residencia.

Estando en mi postgrado vino este “descubrimiento” (autorreconocimiento o self-awareness) y comprendí que debía transformarme como persona y docente, y si no tanto como para mejorar como maestro, al menos para mantenerme física y mentalmente sano.

Las circunstancias que yo inconcientemente busqué me favorecieron en mucho. Otro país, una gran universidad, catedráticos capacitados, un enorme grupo de amistades y, creo que influyó mucho sin duda las oportunidades que tuve de viajar y desarrollar otros intereses con los cuales siempre había soñado (viajar, fotografía).

A mi regreso a mi misma escuela dos años después noté entonces cómo se encontraban de afectados mis colegas: más cínicos, distantes, rutinarios, conflictivos, enfermizos, quejumbrosos, nada colaborativos, con enorme tendencia al ausentismo… y cómo prácticamente se había borrado cierto sello que la escuela solía ofrecer a la comunidad.

Estos rasgos no eran siquiera únicos de mi organización. Supervisores, jefes de enseñanza y personal de las oficinas de servicios de apoyo al magisterio estaban en situación semejante.

También debo decir que, en este contexto, a nadie se interesó realmente por mis propuestas de realizar talleres o charlas sobre estrés docente. El sistema educativo de mi realidad está regido por valores de atender cursos “gratuitos” que afectan la puntuación de la evaluación docente que permitiría al docente poder tener un salario mayor. Algo ajeno a este paradigma era una especie de lujo innecesario.

Desde mi regreso he seguido estudiando y tratando de proponer opciones para mejorar la salud del docente. Y mientras tanto me sigo inspirando en todas las patologías que veo a diario para continuar con este Blog. Si bien, de cualquier manera no ha sido tan fácil; muchas personas insisten en que yo sigo siendo (en cuestión de actitudes y conductas) como solía serlo, sobre todo amigos cercanos y parientes, y constantemente suelen hacerme comentarios refiriéndose a quien yo pude ser hace cinco años, por decir. Yo entiendo que ellos no tuvieron las oportunidades que al final de cuentas yo me generé… y es tan fácil mirar a los otros que mirarse a sí mismos.

(más…)

Docentes al Límite (Parte Uno)

En esta entrada me referiré a dos docentes de mi propia organización sindical. Dos docentes cuyo comportamiento dentro y fuera de la escuela misma es tan curioso y lleno de eventos tan peculiares como críticos. Si bien, sobre ellos me he referido previamente (en dos o quizá más artículos) su situación sigue sorprendiéndome y la acumulación de detalles dignos de análisis no cesan. Estando en el mes de enero, hablaré de Silvia.

Descripción de Caso

Con casi cincuenta años de edad, madre de tres hijos ya todos adultos, separada desde hace más de quince años, activa como docente cercana a los veinte años de servicio, Silvia desde hace muchos años se ha convertido en una maestra rechazada principalmente por sus alumnos así como de una buena parte del personal.

Las principales características de Silvia fueron –por un tiempo- su constante participación ciertamente creativa en varios eventos escolares, en los que casi siempre destacaba así como una elevada puntuación en su evaluación docente. Si bien, el sistema que pondera a los docentes en su medio valora aspectos indudablemente lejanos al desempeño dentro del aula sino más bien que “apoyan” a la imagen organizacional. Silvia a través de los años ha escalado varios niveles que han repercutido en un generoso sueldo que devenga cada quincena.

Sin embargo, por otra parte, siempre se ha caracterizado por una dureza emocional y es reconocida como una maestra de carácter fuerte, pero que a la vez nunca sonríe y nada le parece; especialista en criticar propuestas de los alumnos y negada a halagar. Ella ha sido una docente cuyas “clases” son una descripción de todo aquello que los alumnos deben hacer, pero pocas veces ella se ofrece a “dar la clase propiamente” con socialización de tema, presentación, exposición y debate (si es que el paradigma al que ella recurriera fuera este, o algún otro siquiera).

Otro aspecto destacado en ella siempre ha sido su relación con la parte directiva. Siempre defensiva hacia ellos, siempre agresiva cuando recurre a ellos. Al grado que siempre se ha ganado el temor y rechazo de manera simultánea –y cabe decir que el puesto de director en mi organización es de elevada rotación a través de los años-.

Pero su conducta más especial la comenzó a manifestar en este último año de servicio:

La única amistad de Silvia, perenne a través del tiempo, ha sido el profesor René. Con casi de veinte años de un cuestionado “acercamiento” con él han sido tachados de amantes desde muchos años atrás. Situación que a ambos les ha afectado. René es casado, y a pesar de estas críticas Silvia nunca se ha renunciado a esta amistad que incluso han mostrado en diversas partes del territorio. En un tiempo no era raro verlos platicar en un restorán en otra ciudad, o en un paraje en otro lugar…

René fue por muchos años un docente equilibrado y respetado, y por estas cualidades ha sido escogido como delegado sindical en más de alguna ocasión. Justo en su última gestión, en un concurso para cubrir una nueva necesidad de la organización (la atención de grupos contratando personal nuevo), y en un concurso presidido por el mismo René más la parte directiva, la hija mayor de Silvia fue contratada como nueva docente de un grupo de materias.

Así que el grupo de socialización más íntimo de Silvia ganó un nuevo elemento. Hubo comentarios sarcásticos que nombraron a ese grupo como la Familia Silvia (mamá, papá e hijita), dicha unión tampoco fue bien vista por los alumnos.

Imagen tomada de internet

Otro caso destacado fue cuando quiso iniciar una cruzada contra una empleada de servicio de apoyo para la escuela, la cual aparte de ser madre de familia de varios alumnos que desde hace doce años han pasado por la escuela –y en este mismo ciclo con una hija estudiando-, es la encargada de vender alimentos preparados (previo acuerdo con la Dirección sobre la paga de cuota y las condiciones de su servicio). Silvia argumentó, sin fundamento alguno, que dicha empleada atendía exageradamente bien al personal mientras que a los alumnos les daba trato pésimo. El objetivo de Silvia se manifestó un poco después; quería meter a su hijo recién casado y a su nuera en ese puesto de trabajo.

En otra ocasión, se en uno de sus típicos enfrentamientos con la parte directiva le llamaron “maestra soberbia” y ella rompió en llanto haciendo un enorme drama de algo inapropiado para una escuela.

En otra fecha, un inquieto grupo –caracterizado precisamente por su precocidad y cinismo- le espetó que ella como docente era injusta, demasiado rígida, que sus clases eran soporíferas, que nunca tenía el modo más adecuado hacia ellos y se excedía en intolerancia. Silvia, ante tales quejas fue a la misma dirección de la escuela y arguyó que esos reclamos “no podían ser de los alumnos, sino de algún maestro que le tenía envidia”. Y ni el director le hizo entender de ese reclamo justo -o no- de los alumnos. Silvia no los escuchó no cambió un ápice hacia ellos.

Acondicionó su salón para tener allí su cafetera, sus botellas de agua, sus cajas de cereal y nunca tuvo pena en comer delante de los alumnos. Inclusive, llegaron a asegurar que ella llegaba y en lugar de atender al grupo se preparaba sus primeros alimentos del día. Bebía su café “alegremente” sin mediar palabra con el grupo, y ya cuando terminaba les terminaba dando unos quince minutos de clase (en la primera del día).

Y un día haced dos meses atrás, en una de sus salidas comunes de la escuela (en horario de clase) y bien acompañada como siempre de René, a pocas cuadras de la escuela, tuvo un choque en su auto. Una situación donde ella argumentó no tener en nada la culpa y exigió más de 4 mil dólares para reparar su automóvil deportivo. La contraparte le ofrecía apenas 300 dólares. Por un mes no tuvo auto y finalmente comenzando el mes de diciembre regresó con su auto impecablemente reparado.

En otra de sus muchas y constantes ausencias, las alumnas del grupo donde solía desayunar terminaron poniéndole cloro en sus botellas de agua (de los frascos que se nos dieron por motivos de la “epidemia de influenza”) y regando el cereal por su mueble. Esto fue detonante para que ella rebasara todas las instancias y recurriera a donde no debía (a la misma instancia sindical, donde ahora tenía a un compadre allí) para exigir el castigo a las muchachas argumentando “atentado en contra de su salud”. Se salió con la suya al hacer que la parte sindical fuera el juez de la aplicación del castigo, pero logró causar una molestia enorme entre los alumnos, docentes y algunas más del personal.

Y justo, en las vacaciones de diciembre, volvió a sufrir otro choque automovilístico (donde ahora nadie supo si volvía a ser la víctima) pero su auto deportivo de apenas tres años de uso quedó completamente destruido. Considerando que las vacaciones decembrinas fueron más que largas; una ola de frío retrasó el retorno a clases ofreciendo en total casi tres semanas de asueto (justo con el cobro de jugosos aguinaldos de por medio). Silvia regresó a la escuela para de inmediato llegar tarde y pedir permisos (día justificado para no asistir al trabajo) para tratar de arreglar sus múltiples asuntos personales. Era obvio que se encontraba muy dañada emocionalmente…

Imagen tomada de internet

Análisis:

Como se ha analizado previamente en este blog, Silvia por una parte encaja sin problema en un perfil de persona vulnerable al burnout, lo peligroso es que ella sin darse cuenta se encuentra en un estado avanzado del mismo. El burnout puede ser revertido en ciertos momentos, pero cuando se llega al nivel crónico y con picos consecutivos de estrés elevado originado por las situaciones anteriormente descritas, el peligro de salud (y para la persona misma) es enorme.

El sufrir un accidente es una fuente de estrés per se, se puede considerar un evento mayor de vida, y todo ese mar de consecuencias inmediatas que surgen por dicho evento llevan a un individuo a una situación crítica. Así que Silvia, entre sus querellas organizacionales y devenida mujer sola –sin un grupo social que pueda ayudarla- está viviendo una serie de eventos muy desagradables y aumentando sus frustraciones.

Pero al estar ella tan “herida” se ha vuelto tremendamente defensiva. Sin darse cuenta, ella proyecta esto y el personal y los alumnos lo notan. Así que cada situación que ocurra en la escuela –muchas veces situaciones comunes precisamente para una escuela; como las bromas juveniles, la desmotivación de algunos y el comportamiento rebelde de otros más- ella terminará viéndola como un evento magnificado lleno de perversión y maldad hacia ella… porque ella es una mujer digna de ser envidiada (parece ser la neurosis que padece).

Silvia trabaja en una escuela ubicada en un contexto delicado; elevada pobreza, familias disfuncionales, consumo de droga, narcotráfico presente y con cierto índice de crímenes violentos. Alumnos y padres de familia de un lugar así presentarán conductas –tarde que temprano, más que menos- conductas disfuncionales. Esto, para un docente, debe ser algo que se debe entender y tomar en cuenta. El contexto de la escuela (y muchas veces el contexto de cualquier escuela) no es lo más adecuado para un individuo lastimado y afectado. Silvia seguirá expuesta a situaciones así y sus reacciones serán más complejas hasta que no pueda más.

Un accidente de auto con el vehículo destrozado. Esto no es una casualidad (y menos viniendo apenas de otro). Culpar a los grupos de atentados, a los docentes de tenerle envidia, a los directivos de incapacidad, a la empleada de desatendida… en general, culpar a otros es un síntoma muy serio a tomar en cuenta y para ser intervenida de manera urgente con ayuda profesional.

¿Quién puede acercarse a ella y decirle del peligro que corre? Se ha encerrado en dos personas solamente, demasiado cercanas a ella para ver su compleja crisis desde un alejado punto de vista, personas que le han dado la razón en todas sus constantes querellas laborales y se han encerrado en un grupúsculo de autodefensa.

¿Qué preparación tienen los directivos o alguien más dentro de una organización escolar pública? ¿Dónde quedó la quimera del directivo capaz de liderar e influir en los demás? Y los servicios de salud que gozamos los docentes, ¿son capaces de analizar una problemática así de compleja? ¿Qué se le puede ofrecer a ella? ¿Una larga incapacidad mientras recibe terapia de apoyo psicológico?

Docentes como ella no son casos únicos en las escuelas de esta realidad, el detalle es que dichas manifestaciones son generalmente vistas como mera fatalidad de la vida, y no como una ilación de actos que son consecuencia de historias de vida, de contextos de trabajo, de rasgos de personalidad… y que a la vez, estas características seguirán llamando a las crisis.

Véase también de mi autoría en este mismo blog:

Causas y factores que pueden originar el estrés (Segunda Parte)

Burnout, Desgaste Profesional o Síndrome de Quemarse en el Trabajo

Docentes y Quemados (Segunda Entrega: Marco teórico)

Otros enlaces de gran interés:

El estrés: un análisis basado en el papel de los factores sociales
Documento académicamente impecable de Bonifacio Sandín analizando al estrés como efecto social sobre todo.

El ciclo de vida en la carrera del maestro (Documento en inglés)

Por Betty E. Steffy y Michael P. Wolfe

Describe las etapas del docente a lo largo de su carrera y la importancia de ser un maestro eficaz (y cómo mantenerse como tal). (más…)

¿Cómo detectar el estrés en un docente?

Esta pregunta es dilemática por antonomasia. Lo aseguro yo, que trabajo en una organización “severamente afectada” por docentes convalecientes de estrés, depresión y frustraciones laborales (y quizá existenciales). Sin embargo, indagando en un texto localicé un listado de características atribuibles al estrés docente y ofrece una prescripción algo cuestionable.

Nota personal: Me tomé la libertad de omitir redundancias o mejorar ligeramente la redacción original.

Docente sano, por José Zavala

… La única manera de de afrontar un proceso de estrés es que quien lo sufre sea conciente de ello y, por tanto, la observación de quienes estamos cotidianamente a su lado puede darnos datos inequívocos y ayudar a que nuestro compañer@ tome conciencia de su estado. Por ello debemos dar un aviso de alerta si en su comportamiento vemos actuaciones como las que siguen o similares a ellas:

• Se ha deteriorado su relación con el alumnado o con los compañeros y estalla con ira extemporánea o bruscamente ante cualquier circunstancia.
• Aparece tens@ y con un mal humor que no parece justificado por motivos concretos previos. Así, su estado de ánimo se caracteriza por una irritabilidad palpable y por una volubilidad injustificada.
• Manifiesta un cansancio desacostumbrado que no parece motivado por una inusual carga de trabajo.
• Suele aislarse más de lo habitual y le cuesta entablar una conversación. Cuando lo hace, inequívocamente deriva a las dificultades de trabajo y de la incomodidad que siente.
• Parece frenad@ por su capacidad de interveción en los debates y de presentación en las innovaciones metodológicas.
• Se muestra reaci@ a intentar cosas nuevas…
• Su rendimiento en la labor docente baja en intensidad, calidad y cantidad.
• Acomete sus tareas con evidente desgano.
• Su actitud es taciturna o excesivamente solemne. Parece incapaz de actuar espontáneamente.
• Con frecuencia hace comentarios de desánimo y frustración.

Fuente: Menéndez y Moreno (2006: 15)

Docente estresado, por José Zavala

Y bien, si resulta a veces reconfortante ver ciertas experiencias plasmadas en un texto que pueden servir de alivio o esperanza para individuos afectados, se debe tener mucha precaución en tomarlas como verdades absolutas. El estrés, es un fenómeno sumamente subjetivo que se manifiesta de diversas formas en las personas, y a pesar de la lista de comportamientos que estos autores ofrecen, esta no llegaría a ser un catálogo “definitivo”.

En artículos previos de este blog se han hablado de más manifestaciones del estrés, pero a manera de conductas propiamente se me viene en mente aportar las siguientes:

• • Conductas escapistas, tales como estar constantemente llamando o contestando el celular; o aprovechar cualquier espacio para encerrarse en un lugar, como una oficina o en un auto… escuchar música.
• Lenguaje corporal tenso, gestos duros y posturas rígidas.
• Comportamientos defensivos todo el tiempo. Ausencia de saludos o de detalles como halagos, felicitaciones o muestras de afecto a otros.
• Calidad de enseñanza seriamente demeritada. Clases estresantes para los alumnos por su severidad y monotonía.
• Constantes enfrentamientos con alumnos y autoridades. Aumento en reportes por indisciplina del alumnado o llamadas de atención de parte de la Dirección.
• Lenguaje amenazante de parte del docente. Aparición de expresiones soeces no comunes en la persona.
• Quejas permanentes ante cualquier directiva anunciada.
• Elevada reprobación del alumnado por parte del docente.
• Ausentismo evidente. Retardos en la hora de entrada, salidas apresuradas.
• Incremento en la cantidad y constancia de la ingesta de alimentos del docente.
• Aumento en las quejas y críticas del alumnado hacia el docente.
• Deterioro de su arreglo personal; ropa desalineada, peinado descuidado, barba sin rasurar en los varones, etc.
• Aislamiento, ostracismo; negación del contacto hacia los demás en general.
• En posibles reuniones sociales la búsqueda del consumo de alcohol y tabaco.
• Aparición de enfermedades ligadas al estrés: gripes, gastritis y cefaleas entre otras.

Sin embargo, una situación es casi predecible: un docente estresado NO buscará ayuda y por instinto defensivo rechazará cualquier comentario hacia su comportamiento. No es fácil, por mucho acercamiento se tenga (o se haya tenido) poder hacer entender a un colega afectado que necesita… cuando menos, revisarse.

El dilema entonces es grande. Por mucha cercanía que se tenga (insisto, o se haya tenido) bajo el estrés la calidad de relaciones se deteriora increíblemente y esa “grande amistad” llega a pender un hilo.

Prescripción: Si uno como docente comienza a percibir conductas de riesgo, se pudiera mostrar un interés grande hacia la vida familiar de la persona; promover acercamiento constante y avisar a otras personas significativas para el afeact@. Y después de ese acercamiento sociohumano, poder comenzar a describir esas conductas aclarando que son manifestaciones de estrés y que deben tomarse con alerta.

Tarea compleja y difícil. Como la docencia misma lo es.

REFERENCIA:

MENÉNDEZ Montañés, Concha y MORENO Oliver, Francisco Xavier (2006). Ergonomía para docentes: Análisis del ambiente de trabajos y prevención de riesgos. Editorial Grao, Barcelona, 186 pp.

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Frustraciones laborales docentes: Estrés y fatalidad

Un docente frustrado puede llegar a percibir de una manera más que fatalista las situaciones de su trabajo o de asuntos relacionados al mismo y aún en su vida extralaboral. Sin embargo, es otra cualidad de seria consideración y que casi no se reflexiona; la de pasar al nivel lingüístico de la queja y el desengaño. En este breve artículo me referiré a unas experiencias vividas en un breve viaje a otra ciudad, donde tuve la oportunidad de socializar con otros docentes.

I Francisco, profesor de matemáticas en preparatoria

(En México se le considera como preparatoria o bachillerato a los tres años posteriores al periodo de secundaria -también de tres años-, equivalentes al rango de edad de 16 a 18 años en un estudiante promedio. Después de esta etapa continúa el nivel de licenciatura o bachiller.)

Francisco es un profesor muy capaz, él mismo pagándose de su salario y sacrificando su tarde cursó y se tituló de una maestría en la arraigada universidad estatal. Lleva 17 años laborando en su organización y en varias ocasiones se ha cuestionado cómo personas sin muchos méritos han logrado ascensos dentro de la misma. Desde que su sistema escolar se sindicalizó a nivel nacional ha cuestionado los logros conseguidos por medio del sindicato, y más aún, los intereses sindicales y sus ejes de lucha. Él aún no tiene cuarenta años de edad.

Francisco pasó a recogerme a las oficinas sindicales de mi sistema educativo y a las que fui en vano a querer hacer una gestión. Yo salí molesto en parte, pero sabiendo que no debería hacer mucho caso a lo que había platicado con los funcionarios; todo me era una vieja historia conocida.

Le pregunté a Francisco si no había tenido clase o si disponía de algún tiempo libre para hacerme esa amabilidad de llevarme en su automóvil a ciertos lugares donde yo quería buscar unos encargos. Para mi sorpresa mi amigo me contestó que dejó a los grupos trabajando solos –como si eso fuera posible-.

Un rato más tarde él recibió una llamada de un conocido a quien había dejado encargado de “checar su salida” mientras yo seguía más asombrado. Con algo de tacto unos minutos después le pregunté que cómo percibía el clima laboral de su organización y cómo él mismo se sentía como docente. Sus comentarios fueron los siguientes:

Pues mi escuela tiene la función de acaparar la mayor cantidad de alumnos posibles. Es bien sabido que a nosotros sólo llegan los que no pudieron aspirar a otras escuelas de mayor categoría académica y social… y aquellos reprobados de otras. El detalle malo para mí viene a ser que el gobierno federal nos otorga un recurso económico según la planilla de alumnos que tengamos; entre más alumnos más dinero puede recibir la escuela.

Al principio del año todo siempre es igual. Pero transcurriendo los meses comienzan a surgir alumnos que no tienen ni el interés o la capacidad de seguir estudiando; e inicia la reprobación de las materias como la mía. No es nada extraño que de repente te llamen de la dirección y estén allí un grupo de alumnos reprobados. Entonces, el director te dice personalmente que estos jóvenes tienen mucho interés en seguir en la escuela, que por favor se les dé otra oportunidad para que no se trunquen sus sueños.

El mensaje es más que explícito; el mismo director te pide que les regales la calificación, ya que él mismo sabe que esos alumnos han reprobado el mismo examen unas cuatro o cinco veces, y que la última vez inclusive se lo llevaron a su casa todo el fin de semana y ni aún así pudieron contestar correctamente la tercera parte del mismo. Es lo que la misma escuela pide, ¿qué más da si me salgo este día un par de horas para andar contigo?

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El ángel de la fatalidad

II Sandra, asesora docente de la Secretaría

Sandra lleva más de treinta años de servicio. Si bien hace más de quince que no está frente a grupo de alumnos pasó a asesorar y capacitar a grupos de docentes que así lo solicitan. Tiene una maestría en un instituto de ciencias de la educación.

Le pregunté a Sandra si sabía pormenores de una delicada situación legal de un profesor de cierta escuela. Un profesor que había sido demandado penalmente por “acoso sexual” a las alumnas. Ella me contestó que desconocía del asunto.

Sin embargo, una vez mencionado lo anterior, terminó agregando que ahora en estos tiempos cualquier alumna adolescente era una provocadora sexual, que si se le proponían un grupo de alumnas eran capaces de llevar a ese extremo a cualquier profesor. Que el descaro y la precocidad actuales habían rebasado todo tipo de límite moral.

(Me llamó la atención cómo, si me dijo desconocer la situación, declaró las conductas pervertidas de las adolescentes, como justificando a un profesor del que realmente no sabíamos más. Si bien no era una defensa hacia él sí era una acusación general hacia un grupo indefinido pero enorme; alumnas de secundaria).

III Luis, gestor sindical

Con veinte años trabajando diversos tipos de gestoría para el sector educativo, Luis es conocedor de muchas problemáticas en la ciudad capital y en el estado mismo. Comenzó su carrera laboral como personal administrativo, nunca atendió grupos –aunque le han hecho propuestas de cubrir y trabajar con alumnos y “sindicalmente” en algunas-. De hecho él viene a ser hijo de una familia dedicada a la docencia; hijo y hermano de profesores.

Luis de manera constante se queja de las actitudes de los docentes con los que se relaciona. Está cansado de su negatividad –a la que tilda de dramática- pero también de otro grupo de maestros a los que considera “demasiado fríos” emocionalmente. Sin embargo, él mismo ya comienza a mostrar en su comportamiento esas mismas características.

Luis suele tildar a muchos otros gestores como corruptos. Además dentro de su sistema de creencias él piensa que su grupo sindical vienen a ser “la solución” a una problemática multicompleja que aqueja al departamento de educación y las tantas escuelas que dependen de él. Se queja de manera constante y culpa a un sistema político de no querer dar salida a los tantos problemas que existen.

Para Luis las soluciones son las que él piensa y a su modo. Es decir, a la manera de pensar y actuar de su colectivo de trabajo. Otras opciones no tienen cabida… o son muy tibias o cobardes. Luis suele criticar demasiado tantas situaciones y a tantas personas.

Reflexiones:

La fatalidad es una manera negativa de ver el mundo. Un mundo como un espacio donde no tenemos la capacidad de influirlo, de transformarlo ya que todo parece estar determinado por una serie de condiciones predeterminadas.

El constante estrés por inesperadas cuestiones de trabajo, la frustración que se puede tener cuando las cosas no salen como habíamos pensado y planeado, o por ver con amargura cómo se complican y corrompen las personas y las instituciones influyen para el surgimiento de la negatividad y fatalismo.

Sin bien puede ser probable que efectivamente las problemáticas actuales sean tan difíciles que nuestra injerencia o poder de influir sea muy poco, es el asumir una actitud negativa el verdadero peligro para la salud del docente. Un docente impregnado de fatalidad llega a ser un docente amargado y resentido, que pueda ser inclusive hostil con sus alumnos y colegas e inclusive con su propia familia.

Por otra parte, una actitud positiva puede ser un “seguro médico” y si bien es posible que esa satisfacción no se va obtener dando clase o gestionando (o tratando de) asuntos laborales. Pero existe ese otro gran espacio extralaboral: La cálida relación familiar, los hobbies e intereses personales, el deporte y el ocio mismo.

Reunirse con parientes y con amigos para hablar y reír, para disfrutar una sabrosa comida. Tener como rutina una hora diaria cuando menos de un deporte apreciado (o de un par de diferentes actividades). Leer diarios y novelas, mirar alguna película cada semana, escuchar música apreciada, navegar por Internet, chatear con contactos de otras partes del mundo… vienen a ser alternativas para distanciarse por horas de un ambiente laboral que necesita ser mejorado.

Y quizá durante estos alejamientos pudieran llegar a concebirse nuevas formas de trabajar y de ser diferentes, como personas más fortalecidas.

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Revisarse y reinventarse: Cómo seguir sano y vigente

He notado cómo en mi contexto laboral comienzan a manifestarse cambios tan especiales entre mis colegas docentes. Esto no es exclusivo de mi organización escolar, sino su alcance inclusive sería mucho más amplio: Son tiempos difíciles para la educación y la economía del medio; tiempos de crisis y conflictos constantes. Y justo ahora, me da por percibir que la gente se encierra más en sí misma, y con esto negando tantos aspectos personales, justo cuando más contacto positivo se requiere.

Convergen de manera múltiple tantas epidemias y calamidades en un ambiente político y administrativo corrupto y perverso. Se vislumbra un desencanto enorme hacia el trabajo, la sociedad y el país mismo; la amargura y la frustración son más comunes que las posturas centradas, imparciales y optimistas. Invitaciones a sabotear, atacar y negar el trabajo de los demás, y peor aún; su persona misma. Simultáneamente, la visión propia de uno se ciega. Todo el mundo anda mal; pero, ¿y uno mismo?

Siempre he creído que crecimos sin saber establecer reglas claras hacia los demás. Esto quizá nunca se contempló en alguna de las escuelas donde aprendimos, y menos aún en la familia donde crecimos. Nadie nos enseñó, ni menos nos ha exigido a hablar claramente, de manera benigna… de poder retroalimentarse para hacerse ver todas las virtudes que tenemos, así como los posibles defectos. Una manera bondadosa, quizá exclusiva de las familias nutritivas; en cambio, parece que las familias comunes vienen a ser las disfuncionales.

Sólo podemos criticarnos, o deseamos imponernos… por eso siempre hay grupúsculos o pseudoélite que quieran decidir por nosotros; qué es “lo bueno, lo adecuado, lo conveniente”.

I

Veo a la población de mi región desconsideradamente obesa, o envejecida, o frustrada, o conflictuada, o desencantada hacia los demás. Siempre hablando de los demás, todo el tiempo quejándose de los otros. Pero es casi imposible cuestionar cómo estamos (cada uno de nosotros). Una reacción muy agresiva como defensa es lo esperable.

¿Es que acaso todo mundo es hostil en sus comentarios? ¿Se da la tendencia a lastimar o ironizar? ¿Quién es el obstáculo en la mejora de las relaciones? ¿Los unos, los otros o todos? Quizá la asertividad no sea tan común en cualquier parte. Ahora ni siquiera la diplomacia. Y mientas existen personajes a los que su sino les dio la fatalidad de recibir todas las críticas y todos los cuestionamientos habidos, hay otra estirpe intocable… aquellos que se defienden con un “¡Estás mal!” o un “¡Tú no te metas conmigo porque te va pesar!”.

II

Docentes con enormes vientres. Fumadores. Sedentarios. Con vidas que han querido hacer difíciles con sus tantos compromisos tan diversos (y a veces tan disímbolos). Reunidos para dar quejas, para vociferar que todo anda mal, que todos andan mal… Sin embargo, nadie desea abrirse un poco. Hablar de lo bueno que puede quedar. Darse una oportunidad para reinventarse. Sanarse un poco.

Cada día más aislados. Una manera de no percibir un punto de vista adverso. Una negación a la confrontación… pero esa que puede ayudar a aprender y crecer. También una manera de no ver a alguien mejor que uno… porque si ese alguien (a quien inconcientemente tememos) llegara a hacernos ver un defecto, una enorme vulnerabilidad padecida no soportará y vendría un colapso.

Imagen de internet
Ruina: Foto de Alejandro Emilio Fernández en http://www.adamar.org/oldesign/num3/pag33_37.htm

III

¿Todavía tenemos oídos que ofrecer al alumnado para que pidan cualidades deseables? ¿Es posible reconocernos como seres estresados? ¿Aceptarnos cómo profesionistas frustrados? ¿Hay manera de llegar a reconocer todas las incongruencias que hemos cometido? ¿Aceptar nuestras caídas y pedir ayuda para levantarnos? ¿Hemos reflexionado cómo nos veremos en ciertos periodos futuros?

Siempre existirá la posibilidad de poder mejorar nuestra salud y bosquejar un futuro más sano. Lo único que se necesita es reconocer cómo se está ahora sabiendo evaluar este estado: Si la personalidad propia es ahora muy conflictiva, muy beligerante no puede predecirse un futuro como persona emocionalmente estable. Si el sobrepeso y porcentaje de grasa corporal es evidente es inevitable una serie de enfermedades que afectarán severamente la salud en los próximos años (y quizá ya no se recupere la salud). Si se da la frecuente recurrencia al alcohol y al tabaco como manera de descanso emocional el riesgo de padecer tanto alguna adicción como un padecimiento a consecuencia de estos hábitos es enorme…

Por otra parte, la otra alternativa relacionada con el deporte, la alimentación prudente, el saber y poder disfrutar de los momentos alegres de la vida urge a ser retomada. Y dentro de este paradigma también debiera caber sin problema esa posibilidad de ser “evaluado” por otros de manera constante. Esos “otros” serían los miembros de la familial, los amigos, los colegas y los profesionales de la salud tanto física y mental.

Imagen de internet
Flor: Foto de Ricardo Díaz en: http://www.ricardodiaz.org/archives/2007/05/

Primer Aniversario

Esta reflexión me fue consecuencia de presenciar una serie de hechos en mi mismo centro de trabajo y en las academias de la zona escolar a la cual pertenezco… hechos y conductas que me causaron pena sobre todo, y una honda preocupación.

Y aprovecho para compartirla y aprovecho para mencionar el cumplimiento de mi primer aniversario administrando este Blog de Estrés Docente.

Próximas entregas: Más aspectos sobre el cortisol y su efecto negativo; un inventario emocional…. (más…)

Una escuela enferma (Una inevitable reflexión)

Es penoso pero necesario reconocer en las organizaciones de trabajo conductas y hábitos negativos. Me parece más lamentable aún llegar a aceptarlas y tomarlas con resignación y fatalidad. Una vez se me acercó un conocido que al parecer me notó algo triste en mi aula de clase, y me dijo: “Yo alguna vez me sentí como tú, pero aquí no se puede hacer nada más… tanto que intenté promover un cambio y ya vez… Cuando quise cambiarme a otra escuela, el gestor sindical me dijo que no tenía caso, que todas estaban iguales”.

Quedé pasmado por ese breve pero ridículo discurso. Precisamente él era uno de los profesores más conflictivos y conflictuados de la organización (protagonista constante de las anécdotas que he utilizado en mi blog), y su recurrencia a las suposiciones siempre me ha llamado la atención. En este caso él aseguraba haberse sentido como yo cuando Yo no ni siquiera le había dicho -en los últimos diez meses cuando menos- como podía sentirme. Es más, él adivinaba a descubrir mi tristeza, que no era una mera reacción de mi cuerpo a un problema de garganta que comenzaba a manifestarse -y que un médico confirmaría un par de horas después-, pero él daba por hecho varias cosas en mi persona… que sólo por en su mente ocurrían.

Imagen de José Zavala

La descripción de una escuela (con características indeseables)

Una escuela afectada por el paso de los años -y con una historia lamentable-, pudiera llegar a manifestar aspectos tales como:

• Profesores seniles que piropean a sus alumnas (casi niñas).
• Docentes con propensión al absentismo; con tendencia por una parte a llegar tarde y por otra, a salir temprano.
• Personal de la escuela demasiado apegado a sus computadoras o celulares por encima del cuidado de la atención que conlleva el proceso educativo.
• Personal femenino preocupado por su maquillaje y vestuario por encima de la atención o ayuda a quien lo solicita.
• Relaciones de “mutuo entendimiento” (con evidente carga afectiva involucrada) que conlleva al aislamiento de ellos mismos dificultando su integración y colaboración con el resto en la organización, y posiblemente cosechando comentarios negativos.
• Personal demasiado sensible y alterable ante ciertas situaciones que trae como consecuencia intolerancia, prejuicio extremo y falta de paciencia, tan necesarios en una organización escolar.
• Autoridades de la organización exageradamente pasivas y sin compromiso evidente, o por el contrario, autoritarios y despóticos hacia el personal.
• Relaciones entre colegas con intenciones de manipulación o de sabotajes entre ellos o dirigidos hacia otros entes de la escuela misma.
• Simulación o declaraciones falsas para justificar falta de trabajo o hechos cuestionables.
• Posturas defensivas que van desde la creencia de ser el miembro del personal más eficiente, honrado o dedicado, o por el contrario, llegar a considerarse mártir.
• Docentes de mucha autoridad y seguros de sí mismo ante los alumnos cuyas cualidades devienen incongruentes fuera del aula.
• Aparición de diversos grupúsculos (o tribus laborales) bajo una filosofía en común, que es opuesta precisamente a los valores de la organización.
• Incapacidad de analizar los aciertos y las fallas en manera conjunta, en cambio la culpabilización o el logro se manejan a manera personal.
• Ausencias constantes del personal para atención médica.
• Ausencias constantes del personal por gestión de asuntos administrativos en la Secretaría (o Ministerio).
• Ausencias constantes del personal por problemas individuales.

Todos los rasgos negativos recién mencionados, por increíble que parezca- pueden darse en una misma organización escolar –de hecho, he descrito la mía; cuyo contexto histórico y social ha llegado a permitir todo eso de manera conjunta-. Estos rasgos, además, son solamente aquellos observables de manera directa, quedando por cuestionar otros aspectos más tácitos en su percepción, como son:

• Quiénes padecen gastritis, colitis o insomnio de manera frecuente.
• Quiénes tienen relaciones familiares disfuncionales.
• Quiénes abusan del alcohol los fines de semana.
• Quiénes tienen grupos (o carecen de ellos) de interés común o amistades duraderas.
• Quiénes tienen un plan de vida al le dan un seguimiento constante.
• Quiénes son capaces de disfrutar su vida y manifestarlo.
• Quiénes encuentran otro sentido en su vida, aparte de ser docentes.

Imagen de José Zavala

Cuando todos estos rasgos negativos ocurren, se puede asegurar que el clima laboral de esa organización no se supo gestionar por años (por muy dramático que parezca aquí el tiempo pretérito). Esto vuelve a la organización adversa para la misma enseñanza, por contradictorio que parezca. Una escuela cuyas condiciones humanas propias no promuevan la enseñanza o el aprendizaje de aquellos atributos positivos deseados, sino la vuelve una, cuyo currículo oculto se vuelve bastante criticable.

La organización así ya no puede crecer, pero puede darse que el medio donde existe –como en mi caso- no tiene alguna otra opción de manifestar una posible exigencia social o política; y la organización seguirá día con día destruyéndose sola, bajo el amparo de los sindicatos, la abulia del gobierno y la ignorancia de los docentes.

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Docentes y Quemados (Tercera Entrega: Las psicopatologías laborales)

Es innegable asegurar que el trabajo constituye una parte fundamental en la vida del hombre. Desde ser el origen de sus recursos económicos para llevar su vida hasta el mismo sentido de esta vida para muchos. Sin embargo, cada trabajo tiene sus propias características dadas por su contexto externo e interno, algunas de estas no son propiamente modificables para que el mismo individuo se desenvuelva mejor en él. Una revisión a las características específicas y del contexto se ha visto en Causas y factores que pueden originar el estrés (Zavala, 2008).

Patologías Psicolaborales

Se habla de riesgos psicolaborales cuando en determinado trabajo se dan situaciones psicológicas que pueden suponer una probabilidad de sufrir alteraciones y desajustes emocionales tarde que temprano (FETE-UGT, 2003). Por lo mismo, a estas consecuencias se les llama psicopatologías laborales, y generalmente suelen reconocerse las siguientes: estrés laboral, burnout y mobbing.

El estrés laboral docente y el burnout ya se han discutido en varios artículos previos; el mobbing, en cambio, viene a ser un concepto nuevo en este Blog.

El término fue acuñado originalmente por el sueco Leyman para referirse al acoso u hostigamiento laboral, también llamado psicoterror; “por parte de una persona -habitualmente un superior jerárquico- o varias, durante un periodo continuado (varios meses)” (Acoso laboral o “mobbing”, s/a). Por su parte, Collado (en Romero, 15:2005) lo decribe “como un comportamiento atentatorio a la dignidad de la persona, ejercido de forma retirada, potencialmente lesivo y no deseado, dirigido contra uno o más trabajadores, en el lugar de trabajo o como consecuencia del mismo”.

Nota: Una definición de mob viene a ser “presionar en grupo” o “apachurrar” (Trad. lib. del Websters)

Las manifestaciones psicológicas de la víctima que llega a sufrir el mobbing, acoso, hostigamiento o psicoterror son ansiosas o depresivas, que inclusive la pueden llevar al suicidio.

Mobbing
Mobbing: Composición con imágenes de internet.

Algunos confunden las manifestaciones del hostigamiento o mobbing con las del burnout. En el documento de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza se pretende explicar esta posible razón de ello, que puede ser por la coincidencia de la depresión y la distimia.

El síntoma fundamental de la depresión es la tristeza. La tristeza del depresivo se diferencia de la tristeza normal en que está mucho más corporalizada. Es una tristeza vital, sin motivo concreto. Si se le pregunta dónde localiza su tristeza, se señala alguna parte del cuerpo: el corazón, el pecho, el estómago. La distimia, por su parte, es un trastorno que supone una alteración del estado de ánimo menos grave que la depresión mayor. Se caracteriza por ser constante, estable en el tiempo, mientras que la depresión mayor, presenta unos períodos de mayor gravedad alternado con períodos de remisión” (FETE-UGT, 2003: 11-12).

Otras psicopatologías docentes

Castilla del Pino (en Ortiz, 1995: 98) describe cuatro determinados tipos de actitudes entre los docentes que llegan a padecer desajustes y crisis de identidad:

a) Actitudes nihilistas que aparecen como consecuencia de una excesiva depreciación de sí mismo.
b) Actitudes autoritarias, que consisten en una desviación hacia el abuso de poder, al no lograr la afirmación equilibrada del sí mismo.
c) Distanciamiento, consistente en una especie de inaccesibilidad y autismo social, como estrategia defensiva de su “yo” débil.
d) Autoexaltación con heterodescalificación, que se manifiesta en un exhibicionismo de sí mismo en forma de pedantería, y de meticulosidad en exigir a otros lo que no se exige a sí mismo.

Estas tipologías ayudan a reconocer que esos rasgos tan peculiares que –posiblemente- se ven en más de alguna organización y que no son siquiera extraordinarios. Existen y hasta son más comunes de lo imaginado, pero que pocas veces se llevamos a un análisis más profundo: los docentes somos susceptibles a sufrir desajustes emocionales a lo largo de nuestra trayectoria laboral, sobre todo, después de algunos años en organizaciones que no ofrecen condiciones adecuadas para este tipo de trabajo. Claro que estas pueden ser parte de ese concepto incluyente que viene a ser el malestar docente y otra de sus consecuencias, como lo es el burnout. Sin embargo, en los estudios revisados estas manifestaciones no son atribuidas propiamente a este padecimiento.

La neurosis entonces, pudiera ser tan intrínseca a la labor docente que pudiera desarrollarse quizá de manera independiente a otras dolencias emocionales. “Sin entrar en las distintas características que puede presentar cada tipo específico de neurosis, la sintomatología general más frecuente del desarreglo neurótico se caracteriza por presencia de angustia, irritabilidad, déficit de atención-concentración, inquietud, deficiente control de impulsos agresivos, desarreglos en la alimentación, el sueño y la sexualidad, tics comunicacionales, y presencia de astenia como del estado de tensión que el sujeto debe soportar” (Vallejo et al. en Ortiz, 1995: 97).

Y esa supuesta “fama” de la conflictividad de los docentes parece argumentarse bajo estos estudios que nos llevan a pensar en la vulnerabilidad del docente para las neurosis principalmente. “La conflictividad del neurótico dificulta la relación del sujeto consigo mismo y con los demás, lo que impide la consecución de una buena integración interior, presentando un equilibrio interno inestable y una mala aceptación personal. Su propia inseguridad también dificultará la relación con los demás, adoptando posturas rígidamente defensivas, que impiden una relación fluida y espontánea” (Ortiz, 1995:97).

A manera de cierre del apartado:

¿Qué clase de organizaciones hemos creado? No es un cuestionamiento culpabilizador para los docentes de una escuela, sino un llamado a la reflexión a los mismos ministerios o departamentos de educación, escuelas formadoras de docentes y organismos y profesionales involucrados en el estudio y capacitación docente… pero también para nosotros, los docentes, que poco a poco debemos conocer y reconocernos como individuos posiblemente afectados y aceptarnos como somos para prepararnos, mejorarnos y corregirnos como docentes y personas.

REFERENCIAS:

Acoso laboral o “mobbing” (s/a). Visitado el 9 de agosto de 2009 en: http://www.acosolaboral.es/html/acoso.html

Federación de Trabajadores de la Enseñanza de UGT (FETE-UGT) (2003). Psicopatologías laborales: Enfermedades relacionadas con la docencia en Catálogos de Enfermedades Profesionales de los Docentes. Visitado el 9 de agosto de 2009 en:
http://fete.ugt.org/paisvalencia/salud%20laboral/Catalogo%20de%20enfermedades.htm

Ortiz Oria, Vicente M. (1995). Los riesgos de enseñar: la ansiedad de los profesores, Amarú Ediciones, Salamanca, 180 pp.

Romero Rodenas, María José (2005). Protección frente al acoso laboral en el trabajo. Bomarzo, España, 92 pp.

Zavala, José (2008). Causas y factores que pueden originar el estrés (Primera Parte) en Blog de Estrés Docente.

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Una hora de ocio deportivo (… y todo aquello tan agradable que puede conllevar)

Era un mal día, se anunciaba una fuerte lluvia y el calor bajó por lo mismo. Llegué a la casa y comí algo ligero y me puse a terminar un artículo, trabajé bastante concentrado una hora… pero había una ligera molestia que no me dejaría continuar más.

-¿Qué pude haber hecho por mi salud y cuerpo este día?- Era mi pregunta dilema.

Si bien resolví los trámites que tenía planeados en la mañana y tarde, y recorrí varias cuadras caminando, aunado a un par de comidas por demás ligeras pero con suficiente valor nutritivo y calórico para retomar mi forma física más adecuada… en este día no me había dado el tiempo de hacer deporte, ni tampoco había consumido la suficiente agua natural (dos litros o más, aconsejan los expertos).

Así que sin hacer caso a la amenaza de la lluvia (que nunca llegaría) me coloqué mi ropa de trote/caminata, que consiste solamente en unos shorts, un polo suelto y un buen par de zapatillas deportivas –algo indispensable para evitar alguna lastimadura en los pies-. El único elemento adicional fue mi ipod, en el cual unas horas antes acaba de cargar música de una agrupación que estaba descubriendo.

Salí con mis audífonos tomando todas las precauciones en cada cruce de calles, ya que estos aíslan a uno del mundo. Caminé casi media hora –primero pausadamente mientras incrementaba mi ritmo- hasta llegar al lugar donde trotaría. Y las sorpresas comenzaron a surgir…

La tarde-noche ofrecía una cierta calma, el ruido me parecía ser mucho menos de lo cotidiano, pero yo traía mis audífonos así que si el ambiente me ofrecía menos decibeles o no era relativo. El detalle fue la música que iba descubriendo; lo suficientemente suave y relajada, y me parecía idónea para esta incipiente noche.

Imagen de José Zavala
La noche calma, por José Zavala.

Una vez en la unidad deportiva las cosas mejoraban aún más: la pista iluminada la matizaba de manera nostálgica, y por el amenazante día, la cantidad de gente era mínima.

Durante treinta minutos troté/caminé/troté mientras el aire fresco de la noche y la música jazz me envolvían dulcemente. Y sin hacer esfuerzos excesivos ni exponerme a un cansancio inadecuado terminé bañado en sudor.

Cumpliendo una hora completa entre la caminata y el trote, y de regreso a casa comencé a beber agua. Las pantorrillas y pies los sentía calientes, cansados… a pesar de estas sensaciones en ningún momento me parecieron desagradables. Decidí tomar un bus de regreso en esta ocasión; caminar media hora más me parecía más que una exhibición un exceso que, considerando que al siguiente día tenía mentalizado alguna otra actividad física diferente.

De regreso en casa, ya con la música apagada, otro litro de agua me esperaba sin ningún esfuerzo. Ya con las zapatillas fuera y en su lugar unas sandalias, frente a mi computadora, surgieron tantas ideas para ser escritas sobre tantos temas… y mi disposición parecía más que adecuada.

Una hora (más veinte minutos del camino de regreso), casi litro y media de agua… un cansancio por demás relajado… y la satisfacción de haberle dado a mi cuerpo y salud otra oportunidad de seguirse manteniendo de manera adecuada.

¿Acaso esto puede ser un sacrificio de alto precio? ¿No es posible incorporar esta actividad un par de veces a la semana (para combinarla con algo más)? ¿Se requieren condiciones extraordinarias para alcanzar este nirvana antiestrés? ¿Nos está tragando la cotidianidad absorbente de una vida para trabajar solamente?

No lo creo así. Y espero que esta reflexión motive a cualquier docente a darse una oportunidad… esperando que se vuelva un saludable hábito.

Esta es la agrupación que tengo poco de descubrir. Quiero compartir su música, aunque es difícil que nuestros gustos coincidan… pero mi oferta es.

Mi música predilecta -como esta- generalmente la bajo de: El Arte de Compartir (Blog de Música)

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¿Realmente los docentes conocemos qué es “la enfermedad” o “la salud”?

En torno a esta cuestión se podría reflexionar bastante. Un trabajador puede considerarse enfermo solamente cuando reconoce que padece algo que puede sanarse con “medicina”, y este padecimiento le puede llegar preocupa porque merma su capacidad laboral únicamente. En una lejana definición de la Organización Mundial de la Salud, la salud era El estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Sobre este enunciado se pueden cuestionar algunos aspectos que resultan más que relativos; alusivos a la salud biológica y la salud social.

¿Puede considerarse sano a un individuo sin afecciones biológicas evidentes pero que esté constantemente en tensión o postura defensiva durante su horario laboral? Por supuesto que no. Las dimensiones de la salud involucran aspectos como poder llevar una visa gozosa, capacidad relacional y pensamientos positivos.

Los aspectos de salud y enfermad están ligados a tres dimensiones según los nuevos y más amplios enfoques. Estas dimensiones son la individual, la social y la ambiental. Como Lettieri menciona: “El medio socioambiental y los cambios que en él se experimentan, ya sean estos bruscos o paulatinos, son interiorizados por las personas de tal manera que pueden llegar a configurar algunos aspectos importantes de su estilo de vida, su carácter, sus preferencias, etc. Sin embargo, el medio socioambiental no es un factor determinante del desarrollo de las personas. Desde una perspectiva evolutiva e interaccionista se considera que toda persona dispone de sus propios mecanismos cognoscitivos y sociales con los actúa sobre el medio” (Lettieri, 2008:2).

Pero, ¿qué tan complejos se vuelven los ambientes laborales escolares con todo aquello que allí converge? ¿Está el docente realmente preparado para entender y hacer frente a estas dinámicas?

Es ciertamente complicado percibir en la población actual de manera general actitudes saludables. Y del docente pudiera esperarse aún más de esto debido a la importancia e impacto de su persona en los educandos. ¿Pero es posible esto? ¿Forma parte del perfil del profesor tener este conocimiento de su salud y cómo preservarla?

Imagen de Internet

Con esta última cuestión me refiero en sí a la misma formación docente, donde no se abordan los temas adecuados para lograr un perfil con énfasis en esto, o si en el proceso de selección y contratación llegan a considerarse este tipo de características saludables que le facilitaran una personalidad más eficaz para la enseñanza.

Tavárez hace un sondeo de los perfiles docentes de América Latina para hacer una comparación con las creencias reales, y en su reporte destaca que solamente un país (Panamá) define el perfil deseado como “un educador capaz de preservar y enriquecer su salud física, mental y social comprometido con los valores cívicos” entre otros aspectos que, prácticamente parecen excesivos. El utópico perfil del docente latinoamericano tiene fuerte tendencia a lo pedagógico, al conocimiento científico, a lo administrativo, a lo cívico y lo ético, pero a grandes rasgos el aspecto del conocimiento y metaconocimiento de la salud queda ignorado. “Como vemos son muchas las acciones tanto morales, científicas, de gestión y competencias personales que debe exhibir un docente cuando se gradúa y es colocado en su aula, ¿pero qué pasa luego con ese docente?, ¿quién lo apoya?, ¿quién le ayuda?, ¿quién lo supervisa o acompaña?, ¿qué investigaciones se hacen para verificar dicho perfil?” (Tavárez, 2005).

Todos los desafíos laborales que la docencia ofrece el individuo los enfrentará son sus propios recursos personales en una primer instancia; y en otra como parte del colectivo al que pertenece. La organización o escuela debiera pudiera gestionar entonces un capital cultural de la salud de sus miembros en promoción de la misma buscando mermar la fatiga residual y ese concepto multidimensional llamado malestar docente.

Se le llama fatiga residual aquel agotamiento que no ha podido tener una salida a manera de descanso con recuperación, y que por lo mismo se va acumulando con el paso del tiempo llegando a hacer que la persona se sienta cansada a pesar de las vacaciones o del posible ocio que esté en cierto momento disfrutando.

Por otra parte, la expresión del malestar docentees considerada como la más inclusiva para describir los efectos permanentes de carácter negativo que afectan a la personalidad del maestro como resultante de las condiciones psicosociales en que se ejerce la función pedagógica de enseñar. Este término antes mencionado es el que ha podido nombrar el complejo proceso en el cual los docentes han ido expresando sus marcas subjetivas y corporales producidas en un proceso laboral soportado a costa de un importante desgaste y sufrimiento” (Lettieri, 2008:4). Dentro de todas las afecciones que llegan a caber en esta amplia expresión se encuentra el burnout.

Imagen de Internet

A manera de cierre de esta entrega:

La locura es hacer una y otra vez lo mismo esperando un resultado distinto.

Si el colectivo docente en general, cada año continúa trabajando de la misma manera y percibiendo su persona, sus afecciones y sus relaciones como normales, poco a poco se estará entrando en un estado de salud difícil de entender y que traerá consecuencias en diversos ámbitos.

La salud docente es frágil por las condiciones laborales mismas y el contexto social que implica trabajar la enseñanza. Es hora de empezar a reconocernos como individuos cuyas competencias incluyan un estado de bienestar físico y mental; la gestión del estrés debe ser una parte obligada de toda organización escolar.

REFERENCIAS:

Lettieri, Adriana (2008). La salud del docente: Un docente sano como agente transmisor del concepto de salud. El Tercer Tiempo, Revista Digital para la Educación. Visitado el 28 de julio de 2009 en: http://www.eltercertiempo.com.ar/articulos/articulos-018.htm

Tavárez, Miledys (2005). ¿Perfil del Docente Latinoamericano: mito o realidad? Visitado el 20 de julio de 2008 en: http://www.educar.org/mfdtic/Documentos/perfildocente.asp

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