Afrontamiento a la enfermedad cronica

¿Existen formas más saludables de afrontamiento al estrés?
¿Existen afrontamientos más adaptativos ante la enfermedad?

A estas preguntas intentamos responder con esta discusión sobre el afrontamiento y la enfermedad crónica

El siglo veinte ha sido testigo de numerosos avances en tecnología médica que han colaborado con el control parcial o total de diferentes enfermedades que acortaban la esperanza de vida de las personas, permitiendo así que ahora se viva más y en mejores condiciones de salud. Sin embargo, en paralelo con estos logros así como con el incremento de la esperanza de vida, ha surgido el concepto de enfermedades crónicas. Estas enfermedades, en la mayoría de casos, son propias de una edad avanzada aunque también suelen ser indicadoras de condiciones en que las personas sufren enfermedades de larga evolución cuya mejoría es lenta, pasajera, casi nunca asintomática y cuyos tratamientos más allá de curar, intentan alargar la existencia el mayor tiempo posible.

Si bien es cierto que las enfermedades contemporáneas no poseen un carácter de inmediatez en la ocurrencia de la muerte, si causan deterioro en la calidad de vida de los enfermos, afectándolos en el ámbito personal, familiar, social, laboral y originando nuevas exigencias que deben ser afrontadas (DiMatteo, 2002; Limonero, 1994). Por ello, la incidencia de las enfermedades crónicas no sólo es percibida como una amenaza ante la posible pérdida de funciones necesarias para el bienestar personal sino también como un desafío ante las nuevas condiciones de vida, las mismas que implican la introducción de tratamientos y nuevos regímenes alimenticios, la modificación de actividades laborales y sociales y la alteración de las relaciones interpersonales con seres significativos (DiMatteo, 2002; Maes, Leventhal y De Ridder 1996; Rodríguez, 1995; Taylor, 2003). El afrontamiento que adopte el enfermo crónico será vital en la anticipación del impacto que pueda ocasionar la enfermedad, ya que este puede mediar, aminorar y/o amortiguar los efectos del estrés.

Las investigaciones respecto al afrontamiento señalan que el uso de estrategias focalizadas en el problema, son las de mayor utilidad para la persona, en tanto éstas se relacionan con un mayor bienestar físico. Por el contrario, aquellos sujetos que preferentemente utilizan estrategias paliativas, como es el centrarse en las emociones o el escape conductual y/o cognitivo, manifiestan un mayor malestar físico (Carver y Scheier, 1994). Aquí es importante señalar que investigaciones con enfermos crónicos indican que es mucho menos frecuente el uso de métodos de afrontamiento activos; mientras que, los métodos que involucran posturas más pasivas son las más utilizadas (Taylor, 2003).

Los estudios sobre afrontamiento y enfermedad crónica buscan determinar cuales son aquellos estilos y estrategias que favorecen un mejor ajuste a las condiciones de la enfermedad y que disminuyen los riesgos asociados a las mismas. Por ejemplo, Martin y Brantley (2002) sostienen que el afrontamiento de tipo activo (el que busca ejecutar acciones directas con el fin de apartar o evitar el estresor) y el estilo enfocado en el problema (orientado a cambiar o eliminar la fuente de la amenaza) parecen estar asociados a los resultados psicológicos más positivos al favorecer la adaptación a la nueva condición de enfermo; mientras que el afrontamiento por evitación, de confrontación, de distanciamiento, de auto-control y de escape parecen estar asociados a resultados psicológicos negativos, tales como la depresión y la ansiedad.

Sin embargo, otros autores reconocen que el uso de estrategias mixtas (centradas en el problema y en la emoción) brindarían mayor versatilidad al enfrentamiento de condiciones estresantes, ya que el afrontamiento centrado en el problema es útil cuando la enfermedad es percibida como un evento que puede ser controlado por quien la padece; en cambio el afrontamiento enfocado en la emoción presenta mayores resultados positivos cuando la enfermedad es percibida como incontrolable. Lazarus y Lazarus (1999) agregan que el uso de un afrontamiento centrado en la emoción es particularmente útil cuando la situación estresante que enfrenta la persona no puede ser cambiada, ya que ayuda a controlar la angustia y disfunción que podría generarse cuando poco o nada puede hacerse, de tal forma que este estilo ayudaría a mantener la moral en alto al mantenerse la esperanza

Hay que recordar que la vivencia de la enfermedad crónica imprime nuevas y cambiantes condiciones, por ello, el afrontamiento utilizado en una situación o etapa de la enfermedad no necesariamente será útil en otra. Newman (1990) considera que el afrontamiento debe poder cambiar para adecuar su efectividad a las demandas que surgen en momentos y períodos determinados.

Por eso, consideramos que la efectividad del afrontamiento en la enfermedad crónica se logra tratando de tener variedad y versatilidad de respuestas que procuren una mejor adaptación debido a que no todos los estilos y estrategias son útiles en todo momento ni para todo tipo de enfermedad. Asimismo, Aldwin (2000), Felton y Revenson (1984) y Taylor (2003) concluyen que el desarrollar la capacidad de aceptar las limitaciones y pérdidas que la enfermedad impone y el mantener un balance entre sentimientos positivos y negativos sobre la vida y el sentido de uno mismo, son la clave de un afrontamiento eficaz.

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Comentarios

  1. sara barrientos escribió:

    soy sara quisiera saber si hay algun cuestionario o test donde se evalue el tipo de afrontamiento familiar frente a enfermedades cronicas

  2. Stephanie escribió:

    hola mi nombre es stephanie quisiera recibir informacion acerca de la importancia del afrontamiento familiar ante la enfermedad de uno de sus mienbros; más si es el caso de padres con un niño enfermo; como deben afrontar tal situación?

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