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Blog de Andre Suarez
Relatos que saben a cuentos cuando uno se toma el tiempo de escribirlo... Claro, la vida no deja de ser cuento.

Artículos con la etiqueta Lizardo Cruzado


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Vosotros sois


Vosotros sois mis padres:

El hombre con ávidas manos buscaba nalgas
maternas en noches estrelladas.
La mujer que fascinada contempló las dimensiones del
paterno falo en una noche sin estrellas.

Ese hombre cuya mirada ante
la felicidad y la desdicha es como la mía: tiernísima y
estúpida.
Esa mujer cuyos pezones
no mordí inútilmente aferrándome a la vida.

Aquel que me sacó de la boca todos los dientes de leche
y cuya herencia es
el idéntico perfume en los calcetines y en los huesos.

Aquella a la que desgarraron el cordón umbilical que nos
unía mientras lloraba yo
y despernancada ella sonreía.

Sois Vosotros:

Un hombre y una mujer miserables, simpes, maravillosos
y banales, a quienes
amo miserablemente, simplemente, maravillosa y
banalmente,
y de quienes heredé la sangre oscura, la lengua vesperina,
la bilis abundante también, y esta mueca de sonrisa
barbara y siniestra.

Un par de seres extraños entre sí, extraños ante mí
y a quienes conozco y odio y quiero mucho más que a un
simple par de extraños.

Vosotros sois:
el hombre cuyo pubis se arrugará junto a los flácidos
muslos de mamá
y pese a ello
seguirá buscando con manos ávidas aquellos paraísos
desolados.
La mujer que asombraba contemplará el paterno falo
cuando éste llegue a ser tan
tímido y ridículo como el de un niño.

Ese hombre.
Ese hombre de redondo vientre y calvicie dulce, al que
ebrio en el sofá lo vi dormir
y despierto vi soñar entre sus sueños oí cantar,
balbucear
y eructar.

Esa mujer.
Esa mujer cuyos guisos hirvientes y amorosos han
construido
mi pecho, y cuyos
ojos arrugados, indestructibles quedan en mis recuerdos.

Papá
y mamá:
Dos espíritus que unieron sus ilusiones para formar
una sola gran desilución.
Dos cuerpos amarillos y decrépitos, entrelazados como la
lejana noche en que se cruzaron
en mi camino para darme estos testículos y esta alma
y estos
recuerdos salobres que jamás podré olvidar.

Papi y mami:
Dos seres que cenaron y defecaron y copularon como
cualquier
pareja de hermosos animales salvajes o domésticos.
Un hombre triste. Una mujer sin dientes.
Huérfanos. Quebradizos. Enamorados.
Aguafiestas.

Vosotros sois.
Para M.M.

(O sea, para
Marilyn Monroe; para Mi Madre)

Decir que Marilyn Monroe no fue Mi Madre
no es lo mismo
que decir que Mi Madre no fue Marilyn Monroe.
Fijo que suena confuso como un sofisma;
pero viendo bien, viéndola bien,
viéndolas,
ambas tienen –aparte del
esqueleto lentísimo y el erizado pellejo celeste–
unos cuantos sueños hechos mierda,
fotografías amarillentas
–cual marchitas magnolias–
olvidadas bajo el colchón o los párpados,
y unas ardientes ganas de ser amadas
mordidas lamidas y apretadas
como maduras chirimoyas o como higos.
Aunque fuera el viento neoyorquino el que
alzó a Marilyn las faldas
y a Mi Madre las ropas oprimiesen
las resecas
brisas del arenal,
ambas han llorado desnudas, al menos una vez,
extraviadas entre ortigas y sedas.
Y si Mi Madre no hubiera
abandonado el cine oscuro donde su juventud aullaba
con la última butaca clavada
en pleno pecho,
tal vez estaría ella ahora escribiendo sus memorias;
y por otro lado -o por el mismo-
se hallaría Marilyn pelando legumbres y patatas
o hirviendo sopa y calcetines
cuando muere la tarde.

Ambas
fueron desgarradamente felices
e infelices también -desgarradoramente-
La única
y pequeña diferencia es que Marilyn reventó
al tomarse cincuenta cápsulas de nembutal
y que Mi Madre
me parió a mí.

Lo cual
verdaderamente es casi lo mismo.

Lizardo Cruzado