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Blog de Andre Suarez
Relatos que saben a cuentos cuando uno se toma el tiempo de escribirlo... Claro, la vida no deja de ser cuento.

Artículos con la etiqueta Liderman




Para Líderman pareciera que la noche del jueves 12 fue el introito de un viernes 13 cargado de mala suerte. Esta vez la cita fue en Hunter, justo al costado de La Noche, en el Boulevard de Barranco. Eran las diez de la noche y yo apuraba el paso pensando que se me hacía tarde. Las diez de la noche era tibia por el bochorno del verano y creo que fue por eso que toda la banda de Liderman estaba en plena calle, en las afueras del Hunter.
-Siento mariposas en el estómago, pero no necesariamente por el miedo, ¿me entiendes?- Escucho a Martín, segunda guitarra de Liderman, explicarle a su amiga de promoción, parece, muy simpática que acaba de llegar a diez minutos después de mí.
-¿Y qué musica tocan, ah?- escucho que pregunta un sujeto, alto, de tez blanca y colorado. Era el enamorado de la amiga de Martín. Parecía un poco desconfiado al resultado de esa noche.
-No sé... No sabría cómo explicartelo, pero es Rock...- Vuelve a decir Martín luego de rechazar un vaso de ron con gaseosa. Me lo pasa a mí y dude en beberlo.
"¿Es gaseosa sola?", pregunté ingenuo, a pesar que supiera bien que si venía de Toño, baterista de Liderman, tenía que ser alcohol necesariamente. Un si solo si bicondicional que nunca se romperá.
Me saluda Alejandra, seguidora del grupo desde las tocadas en el garage. Estaba con su enamorado, Seca, que estudié con él un par de cursos en la Facultad. En fin, la noche seguía avanzando y aún los chicos de Liderman no ingresaban al local.
-¿Brother, y el guitarrista y el bajo?- Pregunté a Martín al no recordar bien los nombres de Daniel Llatas y Victor Najar. Me respondió Martín que Daniel estaba chambeando y que se demoraría un rato más. Victor aún llegaría mas tarde por razones que aún no las sé.
El frío barranquino se hizo sentirse. Sobretodo en las chicas que vestían una falda tan corta como mi valentía por ver las piernas por completo y unos escotes que, bueno, daban la sensación de sufrir más el frío. "Vamos entrando, mejor. Ya siento frío", dice Alejandra que jala de la mano a su enamorado. Toño se queda afuera para terminar la chata de Cartavio. Martín nos recomendó ponernos cómodos dentro mientras mirábamos las otras funciones.
No me acuerdo bien exáctamente fue cuando uno de los invitados preguntó "Brother y tocan covers?". Personalmente lo tomé algo así como "Pucha... quiero escuchar algo que me puede gustar, manyas?", pero Martín solo repuso "No, todas son nuestras". Y así es Liderman, como Dios manda.

Entramos a Hunter. Un local algo pequeño, todo adornado de madera con un segundo piso que sirve de terraza para ver el escenario. Esta vez fueron más amigos de la banda. Noté una mayoría en el público. Pedí mi cerveza por la promoción de diez soles la entrada. Todos hicieron lo mismo y nos detuvimos a ver las funciones. El audio se escuchaba mejor. Aunque el problema del micrófono me seguía pareciendo constante en estas barras. Habrán pasado dos o tres bandas antes de Liderman sea lider del escenario, como su nombre lo indica y como Dios vuelve a mandar.
Victor entra al local con varias guitarras. Una es de Daniel que aún no viene del trabajo. El presentador se acerca al micrófono con un papel roto. "Liderman... liderman es el siguiente". Esucho un "Ya, huevón, somos nosotros... vamos, vamos". Ayudé a Victor a bajar una de las guitarras, porque necesitaban manos para bajar algunos equipos del segundo piso. Todos se instalaron y todo los amigos también en el primer piso del local. Comienza el Rock a la voz de Martin mientras Daniel se ocupa de afinar la guitarra. Todos empiezan a tomar sus posiciones y comienza el concierto.
Pensé escuchar "Ritmo y colo", una nueva canción que escuché detalles en una de las prácticas del grupo. Pero pareció que la partera de los talentos aún no recibió a la cría llamada "canción nueva". Tocaron Turbo Nada, Bullet... casi todas las que recuerdo haber escuchado antes. Los gritos de las féminas comenaron y el descargo de la adrenalina hizo lo suyo. A unos pocos metros veo al padre de Martin viendolo desde su mesa. Tenía boleto a primera fila para ver a su hijo gritar como loco, pero con sentido en el mundo del Rock and Roll.
La noche continuaba y el viernes 13 se apareció de las peores maneras por haber. El calor comenzó a impregnarse en las manos del baterista en forma de sudor. En una de esas golpeadas al tambor, como lo hacen en la película BEN HUR en las galeras, el palito salió disparado hacia al frente. Quedó en medio del escenario. Y, es más, estaba roto. Veo a Martin que se acerca a levantarlo y se lo da a Toño. Acaban la penúltima canción y los aplausos de su padre se escuchan como si en su tiempo viera a Felipe Pinglo Alva en vivo. Creo que es eso... cada uno de los hijos tienen dentro a un héroe representado de los padres.
Comienzan a tocar la última canción. Para entonces me doy un paseo por el local. Veo que el local no estaba tan lleno como pensé. Subo al segundo piso y estaba vacio. Todos estaban en el primer piso y Liderman seguía brindado de su rock.
Escucho unos cuantos sonidos peturbantes como el pitido agudo que produce el micrófono con el stereo y el sonido opaco de la batería por el palito roto del baterista. El concierto termina entre una semisonrisa y un semidisgusto. Es como cuando tratas de convencerte que el vaso está semilleno, en vez de semivacío.

-Puta, este fue hasta las huevas- me dice Martín que ahoga las ganas contenidas al tener ciertos sucesos dificiles de controlar en plena tocada. Supe despues que ellos eran la última banda de Hunter y por eso ya nadie más estaba en el local. Me acordé de Gian Marco que dijo una vez que la peor expeirnecia de un cantante es cantar en los restaurantes donde te escucha y solo se toman el calibrado tiempo de alimentarse tranquilos.
-¿Brother, dime que te parecio el concierto?- Me pregunta Victor una vez sentados en BOZZ, el mismo local anterior que fui a tomar con el grupo despues del concierto. En su Afterparty. Daniel Llatas, creo, que fue el primero en irse con un mal sabor de la noche. Victor esperó mi respuesta mientras intentaba explicarle las fallas que percibi. "De todas sale una crónica", le prometí y creo que hice mal por volver inmortal un sinsabor de gloria en el escenario. Victor me da una palmada en el hombro para luego coger sus cosas e irse a casa. Un largo camino, seguro, para todos los líderes de Liderman.
Me quedé al final con Toño, Alejandra y su pareja, y tres chicos más que aún los veo tantas veces, pero no me acuerdo sus nombres. Martín sale un rato a tomar aire y también se va sin dejar su "Conchasumadre... esta vez fuimos salados. Salimos últimos". Lo observo mientras le doy curso a la cerveza. Todo parecía dar que la noche terminaría antes de lo que esperé.
Un poco después de la 1.00 am ya estaba en el auto de regreso a casa... Solo que no estaba solo, sino con todas las personas que se quedaron en Bozz. Como seis personas en mi carro que luego fui dejando a todos por el camino.
Toño fue el último en preguntarme sobre el concierto antes que lo deje en la Avenida La Marina, cerca de mi casa. Le dije lo del micrófono y del pitido que produce las guitarras. También le dije que sentía mucha guitarra, mucho razgueo y bulla, y que sigo marcando el ritmo solo por el bajo y la batería.
Toño se despide en la avenida y su amigo, que tambien es mi amigo, pero no me acuerso su nombre, me dio dos soles por el favor del "taxeo" luego de haber pedido mil veces a todos que me dieran para la cochera. Algo que no tuve éxito...
Y así comenzó a amanecer el viernes 13 luego del jueves 12, día de la presentación de Liderman en Hunter... Una ligera aura de sal en las prácticas cotidianas del ROCK.



-Hola, somos Liderman

Martin Bustamante, segunda guitarra y voz del grupo Liderman, se lanzó a ser el blanco -o el negro, como bromerarían sus amigos- de ojos espectantes de buen espectaculo musical. La cita, o el pelotón fulminante de miradas, era en Zipango, en el mismo boulevard de Barranco.
Los nervios estaban de más decirlos: era el debut "formal" del grupo Liderman. Reafirmo "formal", porque los garages y los cumpleaños de algún integrante del grupo no cuenta como una "tocada" legal y como el más ingenuo lo puede creer.
La cosa es lanzarse al escenario y tocar con ropa, si pueden aguantar el miedo escenico, o tocar calato, si el miedo escenico se revela. Como ocurrió con la banda anterior a Liderman que tenía buen tono, pero pésima coordinación general de edición de audio -y un cantante estático queriendose encoger-. No eran ellos -en parte-, sino el de "arriba" -literalmente-. No Dios ni la suerte, sino el editor de audio que recibía las órdenes de bajar el tono al sonido y a los micrófonos.
Al fondo del escenario, debajo de un arco que conforma toda la pared alfrente de la barra, se encuentra Toño Palomino -Retoño, para los más amigos- rodeado de los tambores y platillos que conformaban la batería negra y radiante ante las luces de colores. Suda tranquilo sin dudar de su habilidad. ¿Qué hay de temer?
Mientras Fiorella, fan número uno de Liderman con Alejandra, se sirve de cervezas y del grito agudo y chillón de las fans enamoradas sin desmayo aún, Daniel Llatas, primera guitarra y voz del grupo, ata y desata nudos de metros y metros de cable. Lucha un poco con su cabello que le cubría parte de los anteojos, pero logra enchufar por aquí y por allá.
Parece todo listo, pero Victor Najar, bajo, se acercó a decirle palabras a Martin antes de debutar. Parece muy tranquilo como diferente al resto del grupo. Sus lentes y el cabello negro bien peinado hacia atrás le da cierto aire "académico". Su guitarra dice todo lo contrario de él, pero así es Liderman, como señalan en su space: "no sabemos a que carajo sonamos", pero suenan. Y suenan bien.



Empieza el concierto y el primero en cantar es Martín. Veo atrás, a dos mesas a mi izquierda, estaba el padre de Martin viéndolo. Su cabello blanco es como el humo de cigarro que sales de los labios. Ve a su hijo un poco como captando la cosas y como desatando nudos de la garganta al ver con orgullo a su hijo desenvolverse, algo duro aún, en el escenario.
Mientras sigue la siguiente canción, TurboNADA, que es cantada por Daniel Llatas -apodado el Chino-, me doy cuenta de cómo saber que al público le gusta la música. Tan solo ver debajo de las mesas y si mueven un solo pie es que estaba más o menos. Si son los dos, bueno, va para bien. Y si son los dos pies con tocadita de mesa, es porque "la rompes brother", como grita una amiga de Martin desde su mesa. Una amiga que, al rato, le jalaría el short a cuadros de Martin, en plena tocada, por la algarabía del momento.
Unos zapatean entre gritos y lisuras. Daniel toma el control del escenario y dispone a activar sus dedos epilépticos para energizar el momento. Es como una droga la exitación de ser escuchado y, mejor aún, saber que lo haces bien. Se desespera. Su cabello le caen más en los ojos y me recuerda a la película de "The Doors" -así es su aire-.
-AH!!!- Y saltó en medio de una canción con su guitarra en el hombro. Se enloquece, a pesar que canciones antes Martin se quejara del micrófono que nada se entiende. Ni J de la letra, solo algunas canciones, pero, más allá del formalismo de "entender letras", el sonido fue el idioma idílico para reconocer tonos y matices, sentimientos y energía por kilowats que del parlante Meteoro somete a la inmovilidad del más tranquilo, del aburrido, del aguafiestas.
Treinta minutos pasaron como quien no quiere irse por que la cosa estaba buena. "Si quieres escuchar mejor a Liderman, vayan a Ekeko -al lado del boulevard de Barranco- para que nos escuchen mejor".
Muy cierto, el sonido del micrófono no dio para tanto. Lo mismo le dije a Martin y a Toño cuando fuimos a tomar luego en el bar BOZZ, donde cobraron dos soles el vaso, porque a nadie se le ocurría ir a tomar un lunes.
Bajan todos del escenario entre aplausos y mangas recogidas por el calor. Salen con una sonrisa y con un "Son todos tuyos, chicos" que decirle al grupo que viene después. Y lo necesitan. Tocan un metal que animó a mis amigos para salirse de Zipango e ir al bar que dije, a Bozz.
Mientras Liderman salía por la misma puerta que entraron, pero ahora sí sentían que era la más grande -metafóricamente hablando-, Alejandra ríe y bromea con Toño y Martin recibe un abrazo de Fiorella como felicitaciones. Fueron ellas dos quienes más gritaron en el concierto, mientras yo me sujeto el oído derecho, porque me dejaron algo sordo estar tan cerca.
El grupo metal, que no me acuerdo cómo se llama, termina de tocar su cancion justo cuando todos nos vamos del local. Desconcertante debe ser tocar y que la gente se vaya. Para ser primera vez, como que uno se dice, a falta de autoestima: se van por mi musica, carajo. Pero no parecía perjudicarlos, porque "En sí cualquier cosa que se haga con honestidad", sin duda, vale la pena tocarlo y gozarlo, sobre todo.
Se pararon como doce personas que rodeaban el escenario, un buen número de personas para lo que había en el local. A eso de las 11.30 nos vamos. Escucho la voz del vocalista "metal".
-Gracias, gracias... sobretodo a aquellos que se van.

Una vez en Bozz comenzó el after party, como los buenos, como lo que son, amigos que se juntaron en la universidad a mezclar habilidades y formar algo "con honestidad", repitiendo la frase que hallé en el space de Liderman.
Lástima que estoy con antibióticos y no le di curso a la cerveza, pero Martin y Toño le daban al trago. La guitarra de Martin se la llevó su padre. Seguro a ponerla en un frasco con formol para que se retire de la música, como bromearía Philips Butters. Es la primera vez y fue buena, como la primera tranca o el sexo.
-¿Cuánto ganaron por la tocada?
-50 lucas, loquito- me responde Martin, sentado en un sofá junto con Toño y Fiorella dentro del bar Bozz.
Se ríen tranquilos y con la duda del "¿cómo me salió?". La mayoría: sonido, mala distribución y micrófono una mierda. Lo resuelven con una sonrisa cada uno de Liderman al escuchar estos comentarios sinceros para una música hecha "con honestidad" -repito por última vez esta frase honesta.