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Blog de Andre Suarez
Relatos que saben a cuentos cuando uno se toma el tiempo de escribirlo... Claro, la vida no deja de ser cuento.

Artículos con la etiqueta Hojas de diario con insolación




El sètimo suspiro de seis silencios
se ahogò en una incertidumbre.
Cumbre entre motivos y miedo
batallan el quizàs y el no pude.
Una sètima que no calla sola
los mapas reprochables de libertad.
Guìame donde el quinquè
perdiò la centella que encubre
el secreto de un mar de dos plazas...
Me sumergo en incertidumbre.
Nàufrago a la deriva encantada
del vaivén de piernas ajenas.
Un mapa que despide marineros
en un puerto en medio de la nada.
Duermo sin temerle al público...
Duermo sin Norte en constelaciones...

Soy
Retrato del Sueño Lùcido
de pocas revelaciones.


-¿O sea, me dices tú que cuidemos tu carro?

Fue lo que me dijo un Mayor de la PNP al estacionarme a la vuelta de la comisaría de Barranco. Estaba con Yuri, porque nos íbamos a un concierto por Barranco, pero antes, como me recomendó mi padre, debia pedirle, en forma de favor, que si un guardia pudiera velar por el auto por unas horas mientras yo me iba a Barranco.
"Buenas noches oficial. Soy hijo del comandante Suárez y aquel auto es de su propiedad. Tenga aquí mi identificación del Carnet Oficial. A pedido suyo, me pidió si pueden dar una mirada al auto del comandante, mientras él está por Barranco", eso fue exactamente lo que dije antes de acercarme a dos suboficiales que estaban reunidos en una esquina en la parte de atrás de la comisaría. Ya sabía que uno vigilaba la parte de atrás, así que me acerqué a él, pero estaba al costado de un Mayor, que se metió a la conversación sin haberselo pedido.

Luego de que me dijera la oración del principio me disculpé, aunque le dije que "Disculpe, oficial, pero en ningún momento le dije eso. Además, el auto no es mío, sino del comandante Suárez que si podían ver un rato su auto". El Mayor entrometido respondió "Yo te he escuchado que dijiste que cuidemos tu carro. O sea, la policía no está para hacerle favores a privados, ¿me entiende? Así que retráctese de lo que dijo señor". Y a mí me comenzó a molestar sus gestos predispuestos por un mal entendido. "Oficial, desde que me acerqué, mi intención era decir cualquier cosa, menos eso. Además yo opino que la policía no debe rendir favores a privados, pero le digo que el auto es del comandante Suárez, solo si lo pueden ver de favor".
El suboficial cambió su cara y dijo "Ahh, eso es diferente. Bueno, no sé. Preguntale ahora al guardia para que diga si puede o no". Cuando terminó de hablar, su compañero, el suboficial encargado de la vigilancia de la parte trasera, se fue caminando evitando que le hable.
Me quedé parado en la esquina luego de una discusión que a nada llevó. Me acordé de mi padre que algunos suboficiales son resentidos y se desquitan con la sociedad civil. Por un momento, pensé que era por capricho de mi padre, pero aquel Mayor parecía gozar del gusto al tener razón, incluso, en lo que comenzó en una sinrazón.
Me fui al Boulevard de Barranco comentando de lo sucedido con Yuri. "Brother, yo estaba atento. En ningún momento, yo oí que le dijiste eso al oficial. Está loco", me dijo mientras buscábamos un cajero por las avenidas concurridas de Barranco. Yo estaba haciendo dramatizaciones en mi mente para saber en qué momento le dije eso al oficial. La verdad, no lo recuerdo, pero me dio una pica haber sedido simplemente para darle el favor y me cuide el carro. No, cuide el carro del comandante Suárez.

Cuando regresé más tarde esa misma noche, vi que no hubo ningún oficial, pero sí muchos autos estacionados. Otro oficial me dijo que eran de los requisitoriados o de los intervenidos. Vi que nada le faltaba al auto, aunque me puse a imaginar qué hubiese pasado si hubiese pasado lo contrario.
Y más aún, me puse a pensar cómo no le dije algo al Mayor para que se sienta más incómodo. Le hubiese dicho algo como "Bueno, Mayor, parece que no quiere hacerle el favor al Comandante. No se preocupe, entonces. Le reportaré su actitud frente a un simple favor. Buenas noches, oficial". Me hubiese sentido mucho mejor.


Varias fueron las noches que bebí entre los amigos y los "nuevos amigos", que se hacen amigos por la confianza etilica. Desde casas ajenas, grandes y quintas, hasta el colegio de mi primaria, utilicé como cantina al paso, de barra a sol pensante de la lucidez, un pub con "drugos" y mucha tertulia.
Hay noches, cuando la sombra se hace más tenue y oscura, que el alcohol nos sumerge en temas tabues. La confianza crece como la espuma de una Cusqueña y la palabras "rojas" que si paaaaaaasan, como sugiere el comercial de Brahma. Un tabú. Dos tabúes. Tres tabúes. Muchos tabúes.

-Vamos, André. Tú pregunta- me cede la palabra un amigo mientras bebíamos un ron en un colegio cercano a mi casa. Era el salón de tercero, donde yo estudié alguna vez.
-No sé. No se me ocurre nada...- Confían en mi perspicacia, pero esta vez se me obstruyó. Y en realidad dije "No se me ocurre nada", porque no ya no se me ocurría qué más hablar que no fuese de sexo. Todo el mundo lo hablaba y hasta compartian experiencias que mejor son no imaginarlas, mientras termina la oración.
-...

Silencio en el aula. Las dos chicas que nos acompañaban habían salido hacia el baño. Solo quedabamos los hombres mirándonos los rostros rojos y de desvelo. Eran las dos de la mañana y aún quedaba suficiente ron para un hora más, parece.

-¿Tú pagarías por una prostituta?- me pregunta uno de los presentes.
-No creo. Supongo que alguna vez te diría que sí. La verdad, no me parece denigrante. Lo que le puedo reprochar es que banalice el acto sexual al hacerlo corriente. Ya sabes, eso de "hacer el amor". Solo por eso. Y no por el dinero- contesto luego
-Si, cierto. Pero no sale a cuenta. O sea, no es lo mismo que pagar y que seducir. No va. Como que pagar por una prostituta es una masturbación de cuarenta soles. ¿Me entiendes?

Todos lo entendimos. Palabras sabias de un chico de veinte años. Las chicas regresaron del baño para preguntarnos de qué tanto nos reímos. Le explicamos y ellas nos miran con cierto gesto de aparente sonrisa. "La verdad, para qué pagar si puede ser gratis, ¿no?".
Concluyeron. Y sonreímos juntos.


-No sé. No la vería tanto así. Ella es para un agarre, manyas.
-Sí, pero su amiga también como que me mueve el piso. Es demasiado coqueta...

La coqueteria es la insinuación al sexo que no resulta. Fue una reflexión de la noche anterior que se quedó grabada en el repertorio de la intelectualidad. Coquetería. Muy buena expresión para la insinuación pseudopecaminosa, pero inocente a la misma vez.
Una mujer coqueta, una mujer que insinúa, que persuade, quizás. Entonces sería un arreglo de las apariencias para que una mujer convenza a un hombre de sus deseos sin necesariamente hacerlos referencia. Es decir sin decirlo. Es insinuar sexo, pero que no resultará.
Coquetear es un arte. Las mujeres son artistas. Silogismo resultante: Toda mujer es coqueta.
La noche continuaba y el alcohol comenzaba a fluir como el corazón que bombea sangre en los rinconres de un cuerpo, de un alma de la conversa en la sala de un amigo por Magdalena. Eran casi las cuatro y media de la mañana y la bruma del mar comenzó a penetrar en la quinta. No hacía mucho frío y los dos rones de cartavio eran bebidos por los marineros en tierra, por los sexologos de tercera, por aprendices que la noche desvela.

-Huevón, pero, o sea, no es mamacita, mamacita, ya, pero es coqueta. Ya eso es mucho, ¿me entiendes?
-Es por lo que te digo, brother. Es una insinuación por ser truca. Eso te friega mucho, chino. Nada más.

Yo no participaba aún de la conversación. Mi intervención se resumía en pedir encendedores o en molestar al ebrio dormido en el sofa con una batea al lado por el vómito.
-Ponlo de costado. No será que se nos muera. Y la canción.

-Lo que pasa, muchachos- intervine-, es que todos los hombres imaginan que su vida es como una película porno. Cuando te despides de una chica en la puerta de su casa, o hablar en la cocina, o subir junto a una chica en el ascensor... Siempre piensas que eres actor de una película porno en alguna circunstancia. Resulta, a veces, irremediable.

E irremediablemente cierto. Se ríen y confirman el enunciado con una bocanada de humo en los labios. "Muy cierto, loco. Eso es cierto". Dicen que los hombres piensan en sexo cada seis segundos. Los cínicos lo niegan. Los sinverguenzas lo confirman. Los "diferentes" lo piensan cada tres segundos.

-Salud por eso... ¡Oe, acaso no te acuerdas de la chica esta...!- Pasaron siete segundos. No somos como los demás.


-Bueno, aquí vivo yo. Gracias Jesús...

Baja "La Suiza". En realidad, se llama Melany (o con "ie", pero suena igual). Ella es de Suiza, aunque parezca más a una modelo bronceada de un réclame de cerveza nacional. Su dejo medio aleman le da esa característica de ser ajena a nuestro vocabulario nacional, es decir, la jerga, o la jeringa, como dicen los veteranos.
Ella baja de la puerta derecha de atrás del auto. Mi amiga Eliana está sentada al otro extremo del asiento de atrás y yo, como Rey por ser derrocado, estaba sentado en medio de las dos viendo cómo Melany se alejaba del auto, como el imperio mío se alejaba en pasos de slap.
Bajo después que ella para revisar algunas cosas en la maletera. Melany saca su bolso y comienza a despedirse de Jesús, mi amigo y chofer del viaje al Bosque, club sureño de la capital.
Ella se despide aún vestida con su bikini y pareo. Se pone los lentes como bincha para que el cabello no le moleste los ojos y me abraza como despedida. Así se despidió de todos, incluso del mar, porque no lo volvería a ver por un buen tiempo. Hay que recordar que Suiza no tiene mar.

-Caray... bueno, se acabó. Un sueño menos a la lista.
Digo muy tranquilo y feliz sentado en el lugar donde estaba Melany. Eliana me mira mientras se acomoda el bikini y el jean, porque vestirse en pleno camino es dificil en un volkswagen gol, creo.
-¿Cómo que sueño menos?- me pregunta Eliana extrañada. Jesús voltea para entender lo que acababa de decir.
-Es que un sueño mío era estar sentado en medio de dos mujeres en la parte de atrás de un auto por la carretera. Y dos mujeres bellísimas.
Río por lo simplón que puede ser un sueño de un joven como yo, que aún tiene una vida por delante para tener mejores sueños. Y más complicados, también.
-Jajaja, y todavía con bikinis- me hace recordar Eliana mientras se sonroja.

El carro andó por la pista y nos alejabamos de la casa de Melany. Ella regresará a Suiza este fin de semana. Y este fin de semana también se irá la otra mitad artífice de un sueño cumplido por pura casualidad, por imaginación mía.


Partir hacia Lima desde las playas del sur es sentirse, en parte, tomado a menos. Como que la fiesta del fin de semana murió un sábado y el domingo es una continuación de la resaca y las largas horas de aburrimiento en el auto.
Lo más triste en ese viaje de regreso a Lima debe ser observar el reverso gris de las gigantografias. Verlas allí paradas, sin más que hacer o decir y solo responden al consumo mediático: al momento de ir y divertirse en la playa.
Una bella mujer con poca ropa, una bebida hidratante o una familia feliz del seguro son imágenes constantes cuando te diriges al sur, pero cuando vuelves de allí, estas te dan la espalda literalmente. Solo se ve ese contorno gris tan aburrido como las nubes del mismo color que señalan dónde se erige el destino de regreso, la casa.
Algunas veces me sentí utilizado por la publicidad al ver el reverso gris y no la bello modelo que nunca conoceré o tener la ilusión de la seguridad plena al depositar mi dinero en un Seguro. Creo que son las ganas de sentirse engañado por bellas imágenes para matar el tiempo, para ver algo por la ventana del vehículo.


Antes de haber ido a la carpa, donde Brendititita dormía plácidamente antes de la pesadilla en vida, estaba en la casa de Hisao, un amigo de Mario y Yayo, quienes conozco desde hace más de siete años. A Hisao lo reconocí por un campeonato de fulbito que hubo en Lobos, entre todos los socios. Ganamos, por ser campeones, media jonca de cerveza. Se suponía que era la jonca completa, pero solo fue la mitad, porque éramos muy jóvenes por entonces.
Eran las 2.30 am, cuando la cerveza había embotado a todas los amigos-por-un-día que conocí. Eran como 12 personas, todas en la terraza del segundo piso de la casa de Hisao. Todos eran promoción, porque no dejaban de hablar de miles de personas en común. Yo, para no sentirme ajeno, llevé una botella de pisco y 3 litros de coca cola.
Mario casi me abraza, pero otro parecía sentirse engañado, porque nunca vio un pisco oscuro. "Cojudo, es que es macerado", reconoce Hisao despues de oler el pisco. Era un Quebranta, recuerdo. Yayo lo tuvo entre sus manos y lo olió, como si fuera veneno. "Esa huevada no le entro..." le dijo a su prima, una norteamericana que hablaba spanglish, pero más inglés que español. Incluso, hubo uno que me dijo que yo le eché ron a una botella de pisco, incrédulo a que había pisco oscuro. "Concha de tu madre..." me decía en la cabeza, mientras bien que se servía de mi trago. Al final me lo agradeció, porque le pareció buenazo.

Ya a las 3 am, antes de irme, recuerdo que Yayo estaba dormido y Mario había salido a solas con la Norteamericana a pasear por la playa. "Puta que Mario no cree en nadie", decía Hisao mientras estábamos en sobre mesa con tres chicos más que no me acuerdo bien de sus nombres. En una esquina extrema de donde estaba sentado, había un brother con su amigo hablando de hombro a hombro.
Uno de ellos, el que tenía un polo sin mangas, escuchaba atento y respondía al confesatorio de su amigo. Cuando había silencio en el grupo donde estaba yo, se escuchaba siempre las mejores frases como "pero mi enamorada no...", "tu eres mi pata, huevón... en serio". Frases así de desgarradoras, como conmovedoras, pero tan mal vistas entre los más sobrios.
-Brother, eso es lo clásico cuando chupas entre patas- digo en forma general para romper el hielo y dejar de escuchar el confesatorio.
-Tú lo has dicho, clásico.
-Yo no haría esas huevadas. Si fuera él (quien escucha) lo mandaría a la mierda. Haría la clásica del "¿Qué hora es? Chuuu, me tengo que ir a dormir".
Todos nos reímos y, pensandolo bien, yo alguna vez pasé por lo mismo. Sharon, mi amiga y vecina,debe recordarlo bien, porque esa vez le vomité el zapato izquierdo de su padre, en la calle.
Reflexiono.
-Fuera de jodas, para que diga eso es porque hay algo en el fondo que es Hardcore. O sea, es como que una vía de escape, pero lo que dice no es lo que quiere decir, sino que hay algo más a fondo. Algo jodido.

Como que cuando uno está ebrio y sufre de Confesatoritis, comienza hablando de "A" cuando realmente quiere hablar de "Z", su problema. Pero, para ello, el ebrio-paciente debe pasar por toditas las letras del abecedario para llegar a la "Z". Pobre, aunque no lo conocía tan bien. No supe en qué terminaría su relato.
Ya la mayoría se iba a dormir en los demás cuartos que tiene Hisao en su segundo piso. Yo me iba para no incomodarlos con algo, porque, como que recién nos conocíamos, les era un extraño.
Antes de irme, les pregunto si quieren que lleve algo para botarlo en el tacho que hay en la calle. Ellos me dan un par de botellas y el resto del Cartavio que quedó. Era casi una botella entera, pero no había tapa.
-Llévate esa huevada... Te la regalo.
Me voy sin más que despedirme de cada uno. Aunque ahora no esté ebrio como para confesar cosas como estas, me dio cierta pena despedirme ya tan avanzada la noche. Agradecí a Hisao por recibirme, aunque no se acuerde ahora de mi nombre, como los demás que estaban allí.
No los volveré a ver hasta el siguiente año, porque solo nos vemos de verano en verano. Caminé hacia la playa, donde el campamento, y dejaba atrás la bulla de sus risas y del confesatorio. Sigo con la duda, aunque me sea un extraño, ¿qué habrá estado contando con tanto ahínco?
El misterio acercó un poco más al extraño de cabello largo.