Artículos con la etiqueta Cronica
30/01/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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Cuando no venían las transnacionales, pues creo que el mundo era más feliz; por lo menos así lo recuerdo en mi infancia. Recuerdo, por ejemplo, las noches en que me iba con mi padre y mi hermano a un Plaza San Miguel totalmente azul, con pequeñas luces de neón morado y jugaba al slam con mi padre. Incluso, seguíamos jugando a pesar que el aire de la mesa se haya acabado.
También recuerdo que comía Pizza Raúl con la familia, que no tenía nada que envidiar a Pizza Hut, pues la diferencia plus ultra era que la pasaba en familia. Sin embargo, como todo tiene su final, el cabalgar de los transnacionales cambiaron de horizonte mis pequeños recuerdos familiares.
Mi padre, complejizado por el cambio económico, pues dejó de llevarme a Pizza Raúl para ir a Domino´s o KFC. Recuerdo que le pregunté por qué no vamos otra vez a Pizza Raúl, como quien revive aquella austeridad que caracteriza mis recuerdos más sensibles de mi vida familiar. La respuesta de mi padre fue contundente: "Pues allí comen los pobres".
Y así fue como se fue marchitando la esperanza de volver a la Pizzería Raúl, pues mi padre, con sus ideas de grandeza, como todo padre en realidad, quiso orientar mis expectativas en el mundo. Lástima que nunca le di la razón en eso. Sin embargo, mi hermano sí se la dio, pues comenzó a discriminar las tazas viejitas de mi alacena.
"Esa taza no uses, porque esa es de la empleada", dijo mi hermano a su pareja que cogió una taza al azar para servirse el café. Pasa hasta en las mejores familias, pienso.
Pero como de alguien tuve que sacar esta loca forma de pensar las cosas, con un poco de nostalgia para revivir el pasado, pues mi madre piensa igual que yo, pues no piensa tanto en la imagen de las cosas y de los lugares si se trata de pasarla bien. Así fue como muchas veces fui al Play Land Park, a pesar que mi padre no le pareció muy "de altura".
Incluso, recuerdo que una vez me fui a un quinceañero por la Avenida Perú y me padre me sentenció con una frase que jamás olvidare: "En vez de subir, pues bajas". Recuerdo que por ese entonces no me fastidio su comentario, pero como siempre dicen de los chicos, pues somos como unas grabadoras.
Eso somos, desde pequeñitos, unas grabadoras que algunas veces buscan ser manipuladas, pensando que es tan facil regresar la cinta para poner REC sobre los recuerdos que se escuchan como bulla en una cinta que no deja de rodar.
20/11/10 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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Quiero estar lo suficientemente loco como para saber que el resto está equivocado. Loco por saber que yo tuve la razón en esta ciudad de orines y alcohol. Ser el loco quien prometa que mañana estará todo bien, que en el amor siempre ganas los cojudos (romanticos), que Dios es peruano y come ceviche en la Caleta del Sabor cerca de mi casa, donde brindamos por su dictadura y mi locura.
"Dios, quiero ser loco", una vez supliqué, lo admito, mientras las voluntades humanas eran de todo, menos voluntades sino un dedillo tenso a punto de jalar el gatillo y volarse los cesos de la cabeza. "Quiero ser loco", repetí, pero nadie me oyó.
Ser loco debe ser una carrera, una vocación para la vida, porque puedes ganar plata haciendo locuras, así como criar una familia, tener carro y un perrito llamado Peluche. Sí, debe ser un estado de vida.
"Papá, quiero ser loco", dije antes de ingresar a la universidad. Y bueno, estudio periodismo, pero para hacer eso hay que estar recontra loco.
Tan loco como para que los locos me digan "loco de mierda". Esos locos quiero ser yo. Yo quiero ser ese loco que camina por las paredes, que corre calato por cualquier cosa, que no necesita del alcohol para pasarla bien en una alucinación que me aleje de este planeta. Tan lejos como para no diferenciar la vida de la muerte y ser esencia entre tantas almas encerradas en carne, mierda y razón.
Dios, hazme loco para hacer lo que tengo que hacer, para hablarle a aquella chica de la barra que no me mira, para besar a la madre de mi amigo... Hazme más loco para desatender las incomodidades emocionales ante la injusticia... Y entre todos los locos hazme el más loco, amén.
15/11/10 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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A un instante olvidado, engendrado en el pasado, mientras jugaba a ser niño, me haces recordar. Me haces recordar a una pequeña niña que desapareció de mi vida tan lentamente, como los caramelos que compartimos y que se deshicieron en la boca, como la tiza que se volvió polvo luego de las clases escolares. No sé cómo, menos por qué, pero me haces recordar a aquella que se extravió de mi mirada mientras me forzaban a crecer.
¿Serás quien pienso que eres? ¿Será que el devenir te trajo otra vez, como quien encuentra un sentido a la casualidad? Aquella sonrisa semimetálica, tus pecas rebeldes a la melanina que combaten al sol, tu andar cansado como si no se te escapara la vida... Parece que eres un recuerdo que temo haber olvidado. Y también temo inventarme esta historia creyendo que eres quien pienso que eres o quisiera que seas.
Quizás por eso justamente escribo estas palabras, porque eres un referente en el tiempo pasado, donde encandilaba la ternura en una niña que se extravió de mi vida. Y si eres ella, si la casualidad trajo a una mujer con el tiempo, pues no temería volver a comer caramelos contigo en el recreo, así como jugar a tantos juegos que ni conocemos, con tal de reirnos de todo a partir de la nada.
¿Eres ella, la niña que recuerdo? El corazón se esperanza en una lógica que la razón descarta. ¿Lo eres? Si la vida fuese una película, seguro que sí; por lo tanto, estoy más seguro que nunca que también quizas no lo seas, porque no siempre ganan los buenos y no los puntos finales terminan con un beso antes de los créditos.
Sigo, ¿serás aquella niña? No me lo responderé hoy. Lástima... ¿Y a qué todo esto si al final sé que no me responderé jamás? Pues no encuentro mejor manera que transcribir los pulsos de una pasión soterrada, resguardada en los brazos del olvido que ahora te abrazan en un instante pasado, eterno, congelado en el tiempo, que solo habita en mi cabeza.
04/03/10 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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Besar es como comer maní, eso lo supe un lujurioso sabado por la noche cuando el sabor amargo del limon con tequila fue diluido por un par de labios que, pienso yo, no debi besar debido al contrato tácito de amistad. Estoy seguro que se preguntan por qué digo que besar es como comer mani, sucede que hay un capitulo en especial de La Granja de Orson que el gallo Roy come un solo maní, que genera en él una adicción. Igual sucede con los besos: cuando das uno no te detienes hasta la adicción.
Y para bien o para mal eso lo aprendí el sabado cuando el alcohol provocó el libre albedrío y besé, con sorpresa al inicio y con curiosidad al final, a una amiga. El beso ocurrió de manera improvista, cuando hablaba de que no la besaría y ella arremetió contra mis labios para callarme la boca. Y así comenzó la adicción para que a lo largo de la noche se den una serie de besos provocados por el reto de los amigos. "Te creo a que no besas al negro", decia uno. "Si tu lo besas, yo beso a tu prima", decia otro.
El resultado de esa noche fueron los celos de un amigo, las lágrimas conmovedoras de la pareja de mi amigo, la traición de otro amigo hacia una chica que juró fidelidad, el castigo de una amiga por un beso lésbico y en un idiota que escribe en un blog que besar es como comer maní, encimismándose en el pasado para satisfacer el "¿y por qué no uno más?".
01/02/10 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Ensayos
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Mi padre me decía siempre que la Universidad Católica era la mejor del Perú. Bueno, pues, yo siempre fiel a mi criterio relativista de las cosas le comenté que no es necesariamente cierto, que la Universidad de Lima tiene sus cosas, así como la Cayetano y San Marcos. Una vez le dije a mi padre que la comida era mala, que el servicio del comedor de Letras es el peor de todos (antes que haya la expansión hacia el jardín de al frente) y él me dijo que no, que la cafetería de la Católica brilla por su habilidad culinaria, que sabe rico y que no debería quejarme si suben el precio del "manjar" que es el menú.
Y así puedo narrarles miles de discrepancias que tuve entre mi padre y yo, que las cosas no son siempre buenas y que pague mensualmente a dicha universidad no significa que por eso todo me debe parecer bien. Incluso, pertenecer a dicha universidad no debe limitarme al criticarla por ciertas cosas, como el aumeto de las boletas, el desinterés de las políticas internas y, lo que a mí profesionalmente respecta, la baja cantidad de herramientas audiovisuales con las que practicar, sea estudios de radio, sea computadoras para ediciones de video.
Un día, cuando las necesidades metabolicas deben expulsar los malos elementos, encontré una sorpresa en el baño y me acordé inmediatamente de mi padre. No dudé dos veces y tomé fotos con mi humilde cámara-celular. Y fue esto.
Creo tener ahora la prueba contundente de que no necesariamente todo es bueno cuando el prejuicio invade la mente de las personas. Aún no le muestro esta foto a mi padre, como para decirle "Mira, pues el mejor lugar del mundo también tiene sus salvajadas inherentes a la naturaleza humana".
Eso debe ser el simil entre todas las clases sociales, económicas, académicas, políticas y teológicas, la naturaleza salvaje humana. Y todo esto en mi cabeza gracias a un water sin tapa.
24/12/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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"Hola, somos del programa...", fueron mis primeras palabras al ingresar al cafe Berisso, ubicado en el cruce de las avenidas Arenales y Francisco Javier Mariategui. Mis palabras se atragantaban por mi timidez: sabía que la pregunta que debería hacerle sería incomoda para él, porque es un personaje típicamente nacionalista con un pensamiento retrógrado del "sistema capitalista".
Él me observa desde la mesa del café, me ve con unos ojos típicos de un profesor universitario por dar una lección de vida. Sus canas perfectamente alineadas a su cuero cabelludo y sus parpados cargados de la pesadumbre de los años hacían de él una persona aparente de temperamento fuerte.

"Ya le dije a tu amiga, a la chica que vino antes, que no declararía a la prensa hasta que las elecciones terminen. Por favor, no insista, estoy ocupado haciendo mis cosas y prefiero no declarar. Aunque si me permites hablar en vivo con la doctora, la directora de tu programa, pues declararé todo lo que quieras. ¿Y qué me ibas a preguntar?", preguntó. "Quería saber qué opina sobre las políticas sociales adoptadas por su hijo durante la campaña, nada más señor", le respondí con una mentira. Mientras él seguia su discurso, yo posé mi mano sobre una de las sillas vacías de la mesa. Pensé en sentarme junto a él y dialogar, parecía un viejo entretenido, aunque mi primera impresión fuese la del metiche de prensa. Laboralmente, mi misión era joder a un viejo que habla con pensamientos retrógrados de la dictadura militar de los sesentas, según la opinión pública. Sin embargo, mi personalidad por escuchar a los incomprendidos y comprenderlos de cierta forma era mi prioridad. Lástima que no me senté junto a él, porque sentía que invadía más su privacidad.
"Y por favor, ya que no hablaré en vivo, se puede retirar. Muchas gracias por estar acá. Déjeme seguir trabajando", dijo.
Luego de sentenciar mi intento, veo el micrófono que siempre lo tuve apagado. Me despedí sin olvidar de agradecerle por nada. Al salir, el camarografo que hacía guardia conmigo me pregunta sobre qué me dijo. "No va a declarar a menos que sea en vivo...", le dije. El camarografo mira al cielo desde la sombra: el sol quemaba la melanina hasta el hartazgo. "Sol de mierda y el viejo que no quiere salir. No puedo meter cámara, pues. Esa es la huevada...", dijo el camarografo. "Sabes, pero mientras hablaba con él sabía que el viejo quiere hablar, porque tenía unas entre pausas en sus declaraciones que deseaban iniciar el diálogo. Solo le metemos la cámara y el viejo cantará", le dije.

Esperamos media hora más. Eran las 2.30 de la tarde y el estómago exclamaba por alimento. Temía por si me da la maldición del periodista: la gastritis por comer siempre a deshora, como la noticia que no tiene horarios laborales. Veo por la vitrina que mi víctima no estaba más en su asiento, lo busco apresurado para que no me gane el tiempo, prendo el micrófono para iniciar la balacera de preguntas ni a penas el viejo pise la calle. "Ya va a salir, prenderé la cámara", dijo el camarografo mientras se asomaba a la ventanilla. La víctima deja el periódico sobre el mostrador del café, saca un cigarro Lucky que se coloca entre los labios y lo prende en la puerta de ingreso al café. El camarógrafo y yo nos quedamos quietos, como fingiendo el desinterés por sacar declaraciones. El viejo sale pisa por fin la calle y se dirige hacia nosotros. En mi mente me dije "lo sabía, viejo, solo era cuestión de meterte la cámara". En la segunda pitada es cuando me acerco con el puñal, el micrófono, para recibir las declaraciones. Él disparó primero "No voy a declarar, joven, ya te lo dije adentro". En tal caso preferí por incurrir a la duda, la carnada para el instinto intelectual deseoso de contestar con mayor certeza que se asemeje con la verdad.
"Son solo dos preguntas, nada más, señor. Son pequeñas", seguía dicíendole.
"A ver, dígamelas"
"¿Aún sigue pensando que deberían fusilarse a los homosexuales?", pregunté medio avergonzado
"¿Qué clase de pregunta es esa? Yo no sé señor, eso yo no lo he dicho. Además, no quise decir eso, sino que ustedes, la prensa, maltergiversó mis declaraciones. No declararé hasta que termine elecciones. Ustedes montan todo esto para colaborar con el sistema, seguro. Hay cosas más importantes que discutir, como la corrupción del Congreso, por ejemplo..."
"Pero ese caso lo sacó nuestro programa, señor", se defendió el camarógrafo mientras iba grabando a paso lento.
"Bueno, no lo sé, pero no sé porque tú y tú -señalando con los ojos- colaboran con el sistema. Yo me considero un antisistema, por lo que yo no colaboraré con ustedes, que sirven a un sistema que no beneficia al país. Si me permite, por favor, seguiré mi camino. Muchas gracias ah", y nos dejó una bocanada de humo en nuestras caras.
El camarografo aprovechó para grabar imagenes de apoyo mientras el anciano caminaba por Arenales en sentido hacia Cuba. No miró para atrás nunca. Sus pasos eran tranquilos, como si la vida se posara sobre él con un peso enorme, pero facil de conllevar.
"Te dije que el viejo hablaría, solo faltaba la cámara", le dije al camarografo.
"Bueno, ya lo tengo. Aunque no respondió a las preguntas de cierto modo, es algo qué poder utilizar".
Horas más tarde vería los videos en que Ollanta Humala exculpa las declaraciones de sus padres por ciertas "barbaridades" que la prensa utilizó para desprestigiar su campaña. Él hacía entender que sus padres no estaban en la estabilidad ni condición propicia para declarar en presa y sufrir sus embates. Recordemos que Isaac Humala, el patriarca de los Humala, fue quien dijo alguna vez que los militares son los mejores depositarios del poder y señaló a Lourdes Flores como "solterona". Así también recordermos que el diario El Comercio fue el medio que publicó las declaraciones Elena Tasso, madre de Ollanta, declarando que se deben fusilar a los homosexuales y la vida revolucionaria de Antauro Humala postrada en una celda de Piedras Gordas.
Si aún no adivinaron, mi víctima, el viejo del café Berisso, fue Isaac Humala, que seguramente vio el video del mitin de Ollanta en Tarapoto, donde un grupo de homosexuales se acercaron al candidato para darle un beso y un abrazo, que Ollanta trataba de evitar por moral, pero que aceptaba por la presión de una cámara de televisión, generadora de las imágenes públicas. Ollanta habló de una campaña en beneficio de la comunidad gay al sugerir mayores puestos de trabajo para ellos. Dios sabrá si lo que dijo será verdad en aras de la democracia o solo lo dijo para no perder votos en Tarapoto.
Pobre Don Isaac, si sus hijos se han flexibilizado, ¿quién hará campaña por él?
13/09/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Ensayos
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Y las cosas no duran para siempre. O por lo menos asi dice una vieja salsa que se adecúa a nuestro devenir futbolítico. Una derrota más en nuestro haber y lo que se transmitía por la TV aquella noche como posible felicidad, terminó siendo una película repetida de Freddy Kruder: una pelicula de miedo que ya nos aburre.
El partido lo vi en las idas y venidas que hacía entre la oficina y el edficio de producción donde trabajo. Corría como supuestamente estarían corriendo 11 seleccionados en el país venezolano. Y no tuve oportunidad de ver la pantalla cuando se escuchó el primer gol venezolano. "Puta mare... asi no es pues", se escucha entre voces por los pasillos. Miro la televisión y la repetición confirmó mis miedos: gol venezolano.
El equipo no parecía ser el mismo al que vi en Lima, por lo menos no como para que nos metan aquel primer gol. Hice lo que tenia que hacer por el trabajo para sentarme a ver la respuesta del Perú. Y fue cuando la casualidad, el champan y un "Dios, tu eres peruano, carajo" hizo que se haga el auto gol más espectacular. Un gol peruano a medias tintas, pero es gol.
-A ese huevon Chavez lo va a desaparecer... Pero que increible...
Sonríen los trabajadores que miran la pantalla. Se juntan en grupos de 5 o 4 en cada televisor. La voz del narrador se escucha desde el primer piso y su grito de gol hacía temblar la casa.
La esperanza parecía .....
-Goooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooool venezolano
No terminé la idea cuando el gol del equipo contrario llego, justo de un contragolpe que podía ser el gol de Perú. "Goles que no haces, goles que te hacen, pues Osama", me dice un reportero quien pronosticaba ese gol en nuestra contra.
Y el partido continuó con la fe del empate, de decir "no perdimos, pero tampoco ganamos". Pero ese no sé qué que afecta tanto a los jugadores en el extranjero terminó por liquidar el juego peruano. El tercer gol fue inminente como los millones de botones que habran apretado el televisor para apagarlo: nadie quería seguir viendo.
Las cosas regresaron a su orden en el trabajo, los grupos se desintegraban y con nostalgia se extrañaban a nuestros héroes del mundial de España, que alguna vez descalificamos a Argentina y que el pasado fue siempre mejor que el presente era la constante.
-Yo no me puedo morir sin ver a Perú en un mundial
Dije sin pensarlo luego de que el partido acabe. "Todavia hay un soñador, muchachos", me dijo un editor y las risas sonaron...
El pitazo terminó por lapidar al muerto. ¿Por qué juegan tan diferentes cuando no están en Lima? ¿Por qué venden ilusiones a corazones párvulos? El futbol no es siempre cosa de suerte. Si bien no siempre se gana, es imposible que siempre se pierda. Y es un momento, cuando me detengo entre el partido y algún programa de cable en decirme "son 11 seleccionados de 27 millones de peruanos que somos... ¿y no podemos ganar? Tenemos 2 piernas, dos manos y seguro el ánimo".
El recuerdo con el partido de Uruguay se desvanece, Venezuela se hace presente... ¿Y Argentina? Está herida. Creo que no le ganamos a Argentina desde que la independencia y ese posible partido quizás puede ser.
Es que así es el hincha peruano: terco al fatalismo de nuestro devenir futbolístico...
PSDT: Burga, si eres peruano y tienes dos dedos de frente, por favor, ya largate.